LA RESISTENCIA DE LA MÁSCARA CALLEJERA

Contenido de la charla con el mismo título realizada, con motivo de la charla debate previa a las IV Jornadas Culturales del Carnaval de Miguelturra, el 31 de enero de 2026 en el salón de actos de la Biblioteca Pública del Estado en Ciudad Real.

Antecedentes:

La Prohibición del carnaval ha sido un tema recurrente a lo largo de la historia española ya que su espíritu, que permite temporalmente la burla del poder y las convenciones sociales, ha chocado repetidamente con la Iglesia y las autoridades civiles, que lo veían como una amenaza al orden moral y público, así como al control de ambos. Entre los principales motivos de la prohibición están el considerar los carnavales como un peligro para el orden social y político (uso de la sátira, crítica al poder, inversión de roles, anonimato y descontrol) y una amenaza a la moral y religión (exceso, transgresión moral, libertinaje y pecado y paganismo)

Ya en el siglo IV hubo una presión eclesiástica reflejada desde los primeros concilios, como el de Laodicea y los Concilios de Toledo, en los que la Iglesia condenó y prohibió el Carnaval en estatutos sinodales a lo largo de toda España.

Carlos I impuso en 1523 severas penas para quienes fueran disfrazados de máscara en la vía pública durante el día (100 azotes o seis meses de destierro), doblando la pena si la celebración era de noche.

Felipe IV, sin embargo, fue una excepción ya que se mostró partidario de la fiesta y llegó a protegerla.

Felipe V volvió a ser contrario a la celebración y en 1716 elevó las penas contra los carnavaleros, que podían ir desde 30 días de cárcel hasta cuatro años de galera.

Carlos III, muy influido por la moda italiana, fue más tolerante y favoreció ciertas celebraciones, aunque las prohibiciones no cesaron completamente.

Fernando VII no consintió la celebración del Carnaval.

Con la llegada del liberalismo y la Constitución de Cádiz (1812), cesaron muchas de las prohibiciones. Se permitió el uso de máscaras bajo ciertas condiciones marcadas por las autoridades para velar por la "pública moralidad y decencia".

En 1832 se permitió el uso del antifaz en los carnavales.

A finales del Siglo XIX ya no se prohibía la fiesta en general, aunque se instaura la censura sobre el carnaval y ese control va a durar hasta 1931

En la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) por motivos de orden público, censura política y por el control nacional tras un periodo de crisis se prohibió parte del carnaval (se eliminaron los días festivos de carnaval). Sin embargo, ya en esta época encontramos una noticia en El Pueblo Manchego, el 24 de febrero de 1928, en la que se destaca la animación en Miguelturra en los días del carnaval y nos habla, por primera vez, de la calle Ancha como epicentro del mismo. Eso sí, las máscaras las califica como “de poco gusto y originalidad”, coletilla muy empleada en las publicaciones durante esos años.

La prohibición definitiva del carnaval llegó con la Dictadura Franquista (1937-1978) y fue el periodo de prohibición más estricto y duradero de la historia contemporánea de España. El régimen consideraba el carnaval como una fiesta paganizante y, por lo tanto, contraria a la estricta moral católica del nacionalcatolicismo y peligrosa, pues el anonimato de las máscaras permitía la crítica política y la subversión del orden público. El Carnaval se prohibía porque desafiaba al poder en sus tres formas fundamentales: el poder político (mediante la sátira), el poder religioso (mediante la transgresión moral) y el poder social (mediante la inversión jerárquica).

El 3 de febrero de 1937, en plena Guerra Civil el Boletín Oficial del Estado publicó una orden circular firmada por el Gobernador General en la que se suspendían las fiestas de Carnaval. La razón oficial era la situación bélica, pero tras la victoria franquista en 1939, la prohibición se mantuvo indefinidamente (reafirmada en 1940 por Serrano Suñer). La prohibición permaneció oficialmente hasta 1978 inclusive, año en el que aparece la última nota acerca de esta prohibición en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del 30/01/1978.

Pocos días antes de la celebración del carnaval, y prácticamente todos los años de la dictadura aparecía una nota en la que, desde el Gobierno Civil, se recordaba esta prohibición publicada en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real y reflejada en la prensa (diario Lanza). “Suspensión de fiestas y bailes de carnaval” rezaba un titular en la edición del 04/02/1948. Aunque en todas esas notas se especificaba que sí que estaban autorizados los bailes “que periódicamente se vienen celebrando en las distintas localidades”, siempre y cuando diera el visto bueno de forma expresa el propio Gobierno Civil.

Apoyando la prohibición abundaron en la época de la dictadura numerosos artículos en contra del carnaval, tratando de convencer de todo lo malo que este conllevaba. Son ejemplos el titulado Todo el año es carnaval (11/02/1948) de Miguel García de Mora, la editorial El carnaval (22/01/1953), Ni ñoños ni paganos (30/01/1959) de Carlos María San Martín, ¿Todavía hay carnaval? (31/01/1959) de C.C.G., El eterno carnaval de la vida (19/02/1966) de Carlos María San Martín. El Carnaval (2102/1969) de A.R.J., Carnaval (12/02/1975) de D.N. Ramírez Morales…

El caso de Ciudad Real

El antiguo Carnaval ciudadrealeño era un Carnaval sin organización institucional, muy similar al de Miguelturra, cuyo protagonista era la máscara callejera y que se celebraba en el recorrido de la calle Morería (por entonces, calle General Margallo y luego Juan II), donde estaba su epicentro, calle Postas y Plaza Mayor. Además, como actividad de cierto prestigio se realizaban los tradicionales bailes de carnaval en el antiguo Casino y en otros centros sociales. En 1919 se produjo un hecho crucial en el devenir del carnaval ciudadrealeño: el Ayuntamiento, cuyo alcalde era Cruz Prado, trasladó la celebración del Carnaval al Parque Gasset (El Pueblo Manchego 07.02.1919). Con este paso, el carnaval se institucionalizó y perdió el sabor popular. Además, desde el propio ayuntamiento se comenzó a prohibir las caretas y máscaras en las vías públicas (El Pueblo Manchego 03.02.1921)

Estos dos hechos hacen que el carnaval popular de máscara callejera desparezca de Ciudad Real, manteniéndose el de los desfiles y bailes de sociedad.

El caso de Miguelturra

Con el carnaval prohibido en toda España, existieron lugares donde su tradición no fue solo una celebración, sino un acto de rebeldía. Miguelturra es el escenario de una de las historias más singulares de la posguerra española.

La pregunta resuena a menudo entre historiadores y curiosos: ¿Es un mito o una realidad que este pueblo siguió celebrando el carnaval a pesar de la férrea prohibición de la dictadura de Franco?

La respuesta es rotunda: Es una realidad. Y no solo se celebró, sino que se convirtió en una seña de identidad inquebrantable que hoy le vale el título de Fiesta de Interés Turístico Nacional.

No obstante, la celebración durante la dictadura no era cómoda; era una carrera constante, una adrenalina compartida entre vecinos llevando a cabo un carnaval sin altercados, solo con desobediencia civil. La Guardia Civil y la Policía Municipal tenían órdenes de detener a cualquiera que fuera disfrazado. 

Problemática de las fuentes

De toda esta época no quedan muchos testimonios gráficos salvo fotos particulares (teniendo en cuenta que la mayoría de personas no se podían permitir el realizarlas) y el testimonio de nuestros antepasados se realizó a través de la transmisión oral.

¿Cómo logró un pueblo manchego burlar a la autoridad durante 40 años? 

La clave principal no estaba en grandes desfiles organizados, sino en la anarquía de la máscara callejera. Esta figura es el alma del carnaval churriego y su herramienta de supervivencia. A diferencia de los carnavales de plumas y lentejuelas, la máscara callejera se caracteriza por:

- Los trapos y los pingajos: Se utilizaba cualquier ropa vieja, colchas, cortinas o sábanas para cubrir el cuerpo. El objetivo no era la belleza, sino el anonimato absoluto.

- El rostro cubierto: Un trapo con dos agujeros para los ojos o caretas de cartón bastaban.

- La voz de falsete: Para evitar ser reconocidos por los vecinos o la autoridad, los participantes agudizaban la voz hasta hacerla irreconocible.

- El grito de guerra: La frase que resonaba (y resuena) en las calles no era un saludo, sino un desafío: "¡A que no me conoces!". Esta frase encierra la esencia de la fiesta: la burla, el juego y la victoria de la identidad oculta sobre el control social.

Otras claves fueron:

- Alcaldes, concejales y hasta algún que otro Gobernador Civil, se atrevieron a romper las prohibiciones que ellos mismos recordaban año tras año. Así, Amalio Segura, segundo Rey del Carnaval de Miguelturra, dejó escrito lo siguiente: “El 31 de enero de 1948 fue la última acta firmada por el alcalde Manuel Ramos. El primero de febrero de 1948 fue domingo de carnaval y el ocho domingo de Piñata. Sobre el nueve o el diez de febrero es Manuel Ramos destituido de alcalde, telegráficamente y de orden del Gobernador Civil de la Provincia por no querer respetar la orden de prohibición del Carnaval de Miguelturra”.

- La estructura urbana de Miguelturra que, con sus callejones y casas conectadas, jugaba a favor de los carnavaleros. Las máscaras salían, molestaban (la broma pesada es parte de la tradición) y, al ver el tricornio de la Guardia Civil, corrían a esconderse en casas vecinas que dejaban las puertas abiertas para dar refugio. A menudo, los propios agentes locales hacían la "vista gorda" porque, bajo la máscara, podía estar su hermano, su primo o su vecino. Las multas, cuando se imponían, a veces se pagaban de forma simbólica o colectiva.

- El carnaval estaba tan introducido en el acervo popular que reunía en Miguelturra a personas de todas las tendencias políticas y religiosas.

- Las mujeres fueron fundamentales en esta resistencia. Muchas veces eran las más atrevidas a la hora de increpar a la autoridad o de mantener viva la confección de disfraces con ropas viejas.

El hecho es que la celebración del carnaval en Miguelturra durante esos años de la dictadura fue algo aceptado y, con el paso del tiempo, adquirió total normalidad a pesar de la continua prohibición que sobre él se ejercía.

Las autoridades provinciales e incluso nacionales optaron por ignorarlo y por silenciarlo en lugar de perseguirlo.

El carnaval de Miguelturra fue silenciado en esa época por los medios de comunicación (todos bajo la censura del régimen). No obstante, hubo excepciones. Así, la primera noticia sobre el carnaval profano de Miguelturra en el aparece en el diario Lanza el 09/02/1951, en un breve artículo junto a la noticia del carnaval religioso en el que se da cuenta que los bailes en el Centro Obrero y en el Casino han resultado “desanimados”, debido al mal tiempo y a los cortes de luz. 

Pasaron bastantes años hasta la aparición de la siguiente noticia en ese diario sobre el carnaval de Miguelturra, de hecho, ya fue en los últimos años de la dictadura; en concreto en 1973, pero unos días antes, Miguelturra y su carnaval fueron mencionados en un diario de ámbito nacional, fue en Pueblo el 08/03/1973, en primera página y bajo el epígrafe de El Carnaval en la Mancha donde dice: “El Unicornio, el Cerdo, la Muerte, figuras de hoy y del ayer, mezcladas en colorido; máscaras goyescas, a la vez alegres y tremendas, corren estas fiestas del carnaval en numerosos pueblos de la Mancha: Villafranca de los Caballeros, Miguelturra, Malágón, Almadén”. 

A partir de aquí las noticias, aún sin abundar, ya fueron más frecuentes. Volviendo al diario Lanza, el 15/03/1973 y junto a dos fotografías del carnaval y la noticia de la construcción del que sería el complejo del “Jani” hay una noticia sobre las “fiestas tradicionales” (curiosa la forma de denominar a la fiesta para evitar la palabra carnaval) celebradas recientemente en Miguelturra “coincidentes con las suprimidas del carnaval”. En la noticia destaca que “habían estado animadísimas… concurridas por muchas personas de Ciudad Real y pueblos limítrofes; viéndose por las calles y plazas varias comparsas musicales, ataviadas con trajes mejicanos y, cómo no, también una carroza simulando el programa de televisión Un. dos, tres… Los bailes que se celebraron en el casino y círculo de Artesanos y Obreros, estuvieron concurridísimos, reinando alegría y buen humor… en resumen, han sido unos días de esparcimiento...”

El 01/03/1974 el diario Lanza publica: “Con gran brillantez y esplendor se celebraron las fiestas tradicionales”. En ella destaca que el domingo de carnaval apenas había lugar para el estacionamiento de los coches debido a la gran cantidad de personas que se desplazaron desde la capital y pueblos limítrofes. También habla de la gran animación y concurrencia a los bailes del casino y centro Obrero, así como hace un guiño al que, posteriormente, sería nuestro primer rey del carnaval, José Gornés, del que alaba su “euforia y alegre juventud derrochada… por las calles, casinos y bares, siendo un hombre incansable en este tipo de diversiones”

Unos días antes, el 22/02/1974 hay un artículo en el Lanza del escritor y poeta de Campo de Criptana, José González Lara, titulado “El carnaval y la foca” donde, de forma muy sutil, analiza y justifica el carnaval profano. José fue posteriormente el primer pregonero del carnaval de Miguelturra en 1982.

Conforme iban avanzando los años, comenzaron a aparecer ciertas insinuaciones en la prensa acerca de lo que todo el mundo sabía: en Miguelturra se celebraba el carnaval. En La Hoja del Lunes del 09/02/1970 podemos leer que los jóvenes de Ciudad Real durante los carnavales “se llegaron a otros pueblos donde las reuniones sociales están más animadas … ustedes nos entienden”. En la del 22/02/1971 leemos: “Con febrero ha llegado el carnaval, fiesta que, si en muchos lugares de por aquí ha quedado reducida a los bailes de sociedad, no falta tampoco alguno bien próximo, donde el consabido a que no me conoces es la coletilla para pasar un rato distraído y animado”. En la edición del 14/02/1972 aparece el siguiente texto: “Ayer fue domingo de carnaval. Aquí en Ciudad Real no se notó, pero si en los pueblos próximos donde los jóvenes salieron mañana y tarde para ver las máscaras y participar en los bailes” (aquí ya se reconoce abiertamente la existencia de máscaras). Ya el 17/02/1975, comenta: “Con motivo de la Piñata aún circularon no pocas máscaras por las calles de nuestros pueblos más carnavaleros y hasta algún mascarón, que hicieron pasar un buen rato a los nativos y visitantes que se desplazaron, con el aligüí del no me conoces. Y algunos se trajeron para la capital el cabello un tanto enmarañado y lleno de papelillos…”

Incluso en los primeros años del periodo de transición democrática las noticias sobre el carnaval de Miguelturra no son muy abundantes.

En la edición de marzo de 1976 de Veinte mil kilómetros cuadrados hay un artículo firmado por José González Lara, titulado “El carnaval sin diablo” en el que se nombra al carnaval de Miguelturra junto al de Herencia, manifestando que están “liberados de intención demoniaca”.

En La Hoja del Lunes del 01/03/1976 se incide en la masiva presencia de ciudadrealeños en el carnaval de Miguelturra. El 21/02/1977 menciona el mal tiempo en ese año que redujo la presencia de visitantes en Miguelturra “cuyos carnavales tienen fama por esta comarca”

En 1978, último año de prohibición “oficial” del carnaval y en el diario Lanza, se publicó el 04/02/1978 un artículo sobre el carnaval bajo el epígrafe de “El alma del carnaval” dedicado a José Gornés. En él, alababa su figura y su persona, mencionaba a dos de sus fieles acompañantes carnavaleros, Herminio Gornés y Félix Ramos, a la calle Paquito León (actual calle Carnaval) como epicentro de la fiesta, destacaba los bailes del Centro Obrero y que el carnaval churriego, tras algunos vaivenes “está llegando otra vez a la cumbre”.

En La Hoja del Lunes del 6 de febrero del mismo 1978, se rememora los antiguos carnavales reconociendo lo que todo el mundo sabía, que habían existido en Miguelturra durante la prohibición y, además, contaban con gran popularidad y participación: “Y aunque el carnaval estuvo prohibido, siguió perviviendo en las últimas décadas en algunos pueblos de la provincia. Bien cerca de la capital, en Miguelturra, se celebraba con gran animación callejera y luego por la noche en los bailes llamados de sociedad...”. Al año siguiente, en 1979, en la edición del 26 de febrero critica la falta de carnaval en Ciudad Real y el “exilio” de sus habitantes al carnaval churriego, reconociendo que “Miguelturra, como siempre, habrá visto sus calles paseadas por numerosos vecinos de la capital en busca de la broma de las máscaras, que allí nunca faltan”.

Conclusión: 

Los motivos por los que la prohibición fracasó tan estrepitosamente en Miguelturra mientras triunfaba en pueblos vecinos apuntan a: 

- arraigo identitario (el carnaval no era una fiesta más; era la fiesta y renunciar a ella era renunciar a ser churriego), 

- carácter transgresor (la máscara callejera es, por definición, incordiante y prohibirla solo aumentó el deseo de salir) 

- la cohesión social (fue una desobediencia civil colectiva; no eran unos pocos rebeldes, era el pueblo entero protegiendo su tradición).

Esta resistencia, esta lucha de la máscara callejera de sobrevivir en situaciones tan adversas contribuyó de manera especial a que la sociedad (pueblo de Miguelturra) convirtiera el carnaval en un rito, en una tradición; claves en la popularidad y el gran prestigio con el que esta fiesta cuenta en la actualidad, refrendada por su declaración como Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Fuentes:

- Carnaval de Miguelturra (página web oficial de la Asociación de Peñas del Carnaval de Miguelturra)

- Conóceme, Carnaval de Miguelturra: 40 aniversario Asociación de Peñas / Berna Martínez Romero. - Miguelturra [Ciudad Real]: Asociación Histórica-Cultural carnavaldemiguelturra.es, 2022

- El carnaval / [realizado por María del Castillo González Garrido]. - Miguelturra (Ciudad Real): Universidad Popular, D.L. 2001

- El carnaval en La Mancha: Miguelturra y la provincia de Ciudad Real / Aula de Estudios de la U.P. de Miguelturra; [coordinador], Julián Plaza Sánchez; prólogo, José López Martínez. - Ciudad Real: Área de Cultura, Diputación Provincial, 1992

- Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España

- Centro de Estudios de Castilla La Mancha



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