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AUTORES QUE MENCIONAN A MIGUELTURRA EN SUS OBRAS - MANUEL BRETÓN DE LOS HERREROS

Manuel Bretón de los Herreros, que tuvo a bien mencionar a Miguelturra en dos de sus obras, fue uno de los dramaturgos más destacados del teatro español del siglo XIX. Su prolífica carrera literaria, marcada por el ingenio, la sátira social y una aguda observación de las costumbres de su tiempo, le permitió consolidarse como uno de los principales renovadores del teatro cómico español.

En La cabra tira al monte, comedia estrenada en el teatro Variedades de Madrid en 1853 menciona a Miguelturra en dos ocasiones.

La primera cuando la protagonista, Casilda, le narra a su amiga Eugenia sus desventuras con un pretendiente que la abandonó. Al preguntarle Eugenia dónde se fue, Casilda responde haciendo clara referencia al Quijote: “A un lugar, de cuyo nombre, como dijo el otro, no quisiera acordarme; á Miguelturra.”

La segunda es poco después, cuando preguntándose qué hacer, si acudir a la justicia para buscarle, afirma: “Y estará ó no estará en Miguelturra, y puede que haya nacido á cien leguas de allí; y no he de ir yo á buscarle á ciegas por esos caminos…”

Poco después, preguntándose qué hacer, si acudir a la justicia para buscarle, afirma: “Y estará ó no estará en Miguelturra, y puede que haya nacido á cien leguas de allí; y no he de ir yo á buscarle á ciegas por esos caminos…”

En la otra obra que menciona a Miguelturra es El Ebro, una nueva comedia que creó con motivo de la inauguración del canal navegable en el río Ebro, entre Mequinenza (Zaragoza) y San Carlos de la Rápita (Tarragona), en julio de 1857. Y lo hace cuando Don Crisanto (un novio despechado) explica, refiriéndose a la novia, que es de Miguelturra: “Ella debe ser conjunta persona del bachiller Crisanto Yañez Ampudia, vecino de Ciudad-Real y nacido en Miguelturra.”

Todas las menciones son sobre personajes naturales de Miguelturra que, curiosamente, han abandonado a sus respectivas parejas.

Con respecto a su creación teatral, Bretón de los Herreros vivió en un periodo convulso de la historia de España, marcado por las guerras napoleónicas, los vaivenes del absolutismo y el liberalismo, y el inicio de la modernización del país. Este contexto influyó en su visión crítica de la sociedad, que plasmó con humor y perspicacia en sus comedias. Su estilo se caracteriza por un lenguaje ágil, diálogos naturales y una profunda observación del comportamiento humano. Fue heredero del teatro clásico español, especialmente de autores como Lope de Vega y Calderón de la Barca, pero supo adaptarse a las exigencias de un público burgués en plena expansión. Escribió más de 100 obras, en su mayoría comedias de costumbres, aunque también incursionó en la tragedia, el drama histórico y la poesía.

El teatro de Bretón de los Herreros representa un punto de inflexión entre el teatro neoclásico y el realista. Supo retratar los cambios sociales de su tiempo, las tensiones entre las clases sociales y la transformación del papel de la mujer en la sociedad. Su dominio del diálogo, el ritmo teatral y su aguda crítica social hacen de su obra un testimonio valioso del siglo XIX español. Aunque su fama disminuyó con el tiempo frente a autores como José Echegaray o Benito Pérez Galdós, en el siglo XX y XXI su figura ha sido revalorizada, y varias de sus obras han sido recuperadas y representadas en teatros contemporáneos.

Biografía: Manuel Bretón de los Herreros nació el 19 de diciembre de 1796 en Quel, un pequeño pueblo de La Rioja. Su familia era modesta, pero logró recibir una sólida educación en Madrid, donde se trasladó en su juventud. Muy pronto mostró inclinación por las letras y el teatro, aunque también tuvo una breve carrera militar: participó como voluntario en la Guerra de la Independencia contra las tropas napoleónicas. Tras abandonar el ejército, se estableció en Madrid y comenzó a dedicarse por completo a la literatura y al periodismo. En 1824, estrenó su primera obra importante, A la vejez, viruelas, que lo introdujo en el mundo teatral. A partir de entonces, su carrera fue en ascenso.

En 1831 fue nombrado miembro de la Real Academia Española, un reconocimiento a su talento y aportes al idioma y la literatura. También desempeñó cargos como censor teatral y bibliotecario, y fue director de la Biblioteca Nacional durante un breve periodo. Sin embargo, sus críticas al gobierno en algunos de sus escritos le valieron el retiro forzado de cargos oficiales en 1840, lo que afectó notablemente su situación económica.

Falleció en Madrid el 8 de noviembre de 1873.

Otras obras:

Marcela o ¿a cuál de los tres? (1831): Una de sus comedias más populares, donde se representa el enredo amoroso de una joven pretendida por tres hombres, cada uno con diferentes virtudes y defectos. La obra es una crítica a los matrimonios por conveniencia.

Muérete y verás… (1837): Una sátira sobre la hipocresía social que muestra cómo cambian las opiniones de la gente después de la muerte de una persona. En ella, Bretón critica la falsedad de los juicios sociales.

La escuela del matrimonio (1852): Una comedia donde se analizan los problemas conyugales y la educación sentimental de los esposos. Es un ejemplo claro del enfoque costumbrista y moralizante del autor.

La redacción de un periódico (1835): Reflejo de su experiencia como periodista, esta obra es una crítica irónica al mundo de la prensa y al tratamiento de la información.

Don Fernando el Emplazado (1830): Drama histórico que muestra su habilidad para abordar temas serios, aunque su fama se debe principalmente a sus comedias.

Fuentes:

El Eco de Miguelturra: Miguelturra en las obras de escritores de finales del siglo XIX y principios del XX / Rafael Sánchez Espinosa. Miguelturra: Área de Cultura del Ayuntamiento de Miguelturra, 2021.

Biografía de Manuel Bretón de los Herreros / Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Manuel Bretón de los Herreros / Real Academia de la Historia / Historia Hispánica

MANUEL ROSADO Y BELDAD, REPUTADO CALÍGRAFO, LIBRERO Y EDITOR MIGUELTURREÑO

 Manuel Rosado y Beldad nació en Miguelturra el 11 de diciembre de 1829 y, tras desempeñar en su juventud un modesto empleo en el Ayuntamiento de Miguelturra (seguramente como escribiente o ayudante del secretario), llegó posteriormente a destacar en tres facetas:

-          Calígrafo: donde alcanzó una gran reputación y realizó multitud de obras.

-          Librero: fue dueño de la afamada librería Manuel Rosado de Madrid.

-     Editor: alcanzando gran fama sus ediciones de libros educativos destinados a profesores y alumnos.

En cuanto a su desempeño como calígrafo, trabajando en la librería madrileña de José González, y junto a él, amplió sus conocimientos sobre el arte de la caligrafía y no tardó en darse a conocer como buen calígrafo, singularmente en la letra española.

Hacia 1870 publicó una colección de 18 muestras siendo las dos últimas una de letra redondilla y otra gótica, mientras que hacia 1880 publicó otra colección de muestras, en este caso de letra inglesa, redondilla, gótica y de adorno.

Con respecto a su estilo, utiliza fundamentalmente la letra bastarda (letra que deriva de la cancilleresca, utilizada en el renacimiento, hacia una letra más inclinada y con formas más redondeadas) de Iturzaeta (calígrafo que estaba en contra de los adornos caligráficos exagerados), pero algo más graciosa, por no ser tan estrecha y por ser menos inclinada. También utilizó la letra inglesa y la gótica.

Entre las obras propias más destacadas relacionadas con la caligrafía se encuentran “Método racional y lógico de escritura española” (cuadernos de papel gráfico), “Método racional y lógico de escritura Redondilla”, “Método racional de escritura inglesa” o “Método racional y lógico de escritura”.

Como librero, tras su empleo en el Ayuntamiento de Miguelturra, a finales de la década de los 50 del siglo XIX, se marchó a Madrid para trabajar como dependiente en una librería. Aquí comenzó su carrera como reputado librero. Esta librería estaba situada en la Carrera de San Francisco, 4 y pertenecía a D. José González Jordán que, posteriormente, llegó a ser su cuñado. Estuvo trabajando en esta librería hasta diciembre de 1866 (1) cuando inaugura una propia en la calle de los Caños Viejos, 5 también de Madrid (2) con el nombre de Librería Manuel Rosado que, desde el inicio, se especializó en libros educativos destinados al alumnado de las escuelas de primaria.

No transcurrió demasiado tiempo para que el negocio le empezara a ir bien y en agosto de 1877 decide trasladar la librería Manuel Rosado al centro de Madrid, concretamente al número 9 de Puerta del Sol con el nombre de “Centro Bibliográfico” (3) y donde poco tiempo después decide fundar también una casa editorial. A pesar del nuevo nombre comercial que le puso a la librería, ésta siempre se conoció como la librería de D. Manuel Rosado.

En octubre de 1886 traslada la casa editorial a unos 100 metros de la librería, concretamente a la calle Esparteros, 11 mientras que la librería continuó en Puerta del Sol, 9

En julio de 1889, y ya por última ocasión, traslada la librería al número 10 de la calle Montera, también en el centro de la ciudad de Madrid (4).

Pero quizás en la faceta que más destacó fue en la de editor, ya que se encargó de la edición de numerosos libros educativos de distintos autores y también, bastantes libros propios, trabajando para todo tipo de público, pero fundamentalmente, con las escuelas de primaria a cuya comunidad educativa (alumnado y profesorado) iban destinadas la mayoría de sus obras.

Destacan entre los libros de producción propia:

-           “Floresta de la infancia” (1871), una colección de cuentos, fábulas, leyendas o poesías con el objetico de incentivar la lectura en niños y niñas (5) y “Tablas generales de cuentas ajustadas del nuevo sistema métrico y monetario” dirigido al personal adulto en esta ocasión, en especial a los oficinistas de los establecimientos comerciales o almacenes (6).

-          En 1880 publica “Los mil treinta y un problemas”, obra que consiguió elogios en la prensa especializada: “D. Manuel Rosado ha prestado un importante servicio al Magisterio de España con la obra que acaba de publicar… Es un trabajo hecho con exquisito tino y de gran utilidad para el profesorado…” (7)

-          En 1882 publica “Nuevo Método Racional y Lógico de Lectura” (8) y “Lecciones de Industria y Comercio para las Escuelas de Primera Enseñanza” (9)

-          Uno de sus años más prolíficos fue 1889 en el que publica “El instructor de las niñas”, “Cuadro completo de pesas y medidas y demás aparatos del sistema métrico decimal”, “Cartilla Iconográfica”, “Método de lectura, el Teléfono de la Lectura”, “Método de lectura para niños” y “Resumen dialogado explicativo de los cuadros de Historia Sagrada” (10)

-          Una de sus obras más importantes fue “El instructor teórico-práctico de Ortografía dudosa y bellezas caligráficas” publicada en 1893. El objeto de este curioso libro es dar ejemplos de ortografía equívoca en las letras y en los signos de puntuación, por medio de narraciones adecuadas, en las que se presentan junto con las voces homónimas, pero que se escriben de diverso modo. También se incide en el empleo de los signos ortográficos en situaciones dudosas o difíciles. Esta obra tuvo una excelente crítica: “Una verdadera joya para la primera enseñanza… que viene a llenar un vacío, no solo en los colegios y escuelas de 1ª y 2ª enseñanza, sino entre toda clase de personas; considerándolo, sobre todo, de gran utilidad para los jóvenes que se dedican a la carrera de Magisterio.” (11)

-          “Repertorio de manuscritos para uso de las escuelas de primera enseñanza” publicada en 1902 fue su última obra. Comprende formularios de cartas, documentos, juegos, curiosidades, etc. y un tratado de Mitología. En ella aparecen muchos ejemplos de letra cursiva moderna para acostumbrar a los niños a la lectura de las más difíciles y descuidadas.

Manuel Rosado fue un hombre muy respetado, admirado y elogiado como editor. Una muestra de ello proviene de una crítica de uno de sus catálogos, el del año 1874: “D. Manuel Rosado, que con incansable actividad y esmerado celo hace muchos años se ocupa de la publicación y venta de libros de educación y enseñanza, acaba de publicar un nuevo Catálogo General…” (12)

Pero uno de los grandes hitos en su vida profesional y en su faceta como editor e incluso como inventor de objetos destinados a la pedagogía se produjo en junio de 1882. Ese mes en Madrid tuvo lugar un congreso pedagógico y, para darle más realce y prestigio, la sociedad de El Fomento de las Artes organizó una exposición pedagógica, concretamente en un edificio situado en los jardines del Museo Arqueológico en la calle Embajadores. Esta exposición fue la primera de este género en España, y llamaba la atención “por la multitud y variedad de objetos que encierra y por los estudios que cada uno revela aisladamente.” (13)

En la sala quinta de esta exposición, D. Manuel Rosado presentó objetos y útiles necesarios para una “Escuela Modelo”, alcanzando un éxito sobresaliente tal y como podemos comprobar leyendo algunas de las críticas que los especialistas hicieron sobre su exposición y reflejaron en la prensa de la época:

-          “Varias veces hemos tenido el gusto de visitar la Exposición Pedagógica sita en la calle de Embajadores… y no podemos menos de consignar como material notable de enseñanza algunos objetos que en su instalación ostenta el entendido editor de esta corte don Manuel Rosado… El planetario de metal, movido por un mecanismo dentado, peculiar del aparato, cubierto bajo una campana de vidrio, es una invención notabilísima, porque el discípulo ve a primera vista y comprende la marcha de los cuerpos celestes. Los encerados caligráficos envuelven en sí una revolución en la enseñanza de la escritura. La larga práctica del Sr. Rosado en el ramo, ha originado este pensamiento que ha llevado a cabo, presentando tan útil adelanto. También hay un excelente «Cuadro físico, meteorológico y geológico de la tierra, y reloj cosmográfico y unas esferas de precisión en relieve. Creemos que esta instalación alcanzará un buen resultado, por ser, sí no la primera de todas, desde luego de las más principales, por cuyo motivo felicitamos al expositor.” (14)

-          La sala quinta, sumamente espaciosa, representa un modelo de escuela española, cuyos objetos han sido expuestos por el librero-editor D. Manuel Rosado. Todas sus paredes se hallan cubiertas de notables colecciones de muestras de Iturzaeta, láminas de historia natural, carteles de lectura y cuadros de distribución del tiempo y del trabajo. Son verdaderamente notables los modelos de mesas para escribir y los encerados con marcos de un nuevo sistema, inventado por el mismo Sr. Rosado” (15)

Como colofón a su exposición “Escuela Modelo”, D.  Manuel Rosado recibió el premio de primera clase de la sección “Material de Enseñanza” de la Exposición Pedagógica. (16)

Manuel Rosado fue un gran profesional y, como veremos posteriormente, una gran persona, aunque también hubo gente que intentó aprovecharse de él. Se conocen dos casos en este sentido que sufrió a lo largo de su vida. Así, en mayo de 1875 descubrió que habían falsificado varias de sus obras, por lo que tuvo que hacer público este hecho para evitar el fraude (17). Por otro lado, en abril de 1895 fue víctima de una estafa; un individuo, haciéndose pasar por el director de un colegio infantil, le estafó varias cantidades de libros (18).

En el lado positivo hay muchos aspectos de su vida que lo definen como un gran hombre.

En junio de 1893 fue nombrado síndico de empresarios y editores (19).

En mayo de 1882 Manuel Rosado celebró un banquete con sus más estrechos colaboradores, amigos, autores y representantes de la prensa de primera enseñanza y de la general en la fonda “Los dos Cisnes” en la madrileña calle Alcalá; banquete que sirvió como homenaje de los invitados al propio Manuel. Según escribió uno de esos colaboradores, el escritor de libros didácticos Miguel María Guillen de la Torre, el homenaje se realizó por “su constante propósito de interesarse por el mejoramiento de la educación de la niñez española y concebir el propósito de publicar una serie de tratados para todas y cada una de las asignaturas que abraza el programa de las escuelas de niños… Empresa de tales dimensiones fácilmente se comprenderá no se lleva a cabo sin vencer multitud de obstáculos, y sin una inmensidad de sacrificios; pero la laboriosidad y perseverancia del librero M. Rosado, su amor a la enseñanza y el cariño y respeto que le dispensan los profesores, por reconocer en él tales prendas, han sabido vencer aquellos y someterse a éstos.” (20)

Según Real Decreto del 23 de enero de 1883 D. Manuel Rosado fue condecorado como Caballero de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III en el ramo de Primera Enseñanza (21). Para resaltar la importancia de esta condecoración es necesario recordar que la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III fue establecida por el rey Carlos III con la finalidad de condecorar a aquellas personas que se hubiesen destacado especialmente por sus buenas acciones en beneficio de España y la Corona y, desde su creación, es la más distinguida condecoración civil que puede ser otorgada en España.

El 11 de septiembre de 1891 se produjo, como consecuencia de un temporal, el desbordamiento del río Amarguillo en la localidad toledana de Consuegra. El terrible resultado fue la muerte de 359 personas y que el pueblo quedara reducido a escombros, tratándose de la mayor catástrofe natural de la historia de la provincia de Toledo. Tras el desastre de las inundaciones se produjo una inmensa ola de solidaridad en toda España. Desde todos los rincones llegaron ayudas para reconstruir un pueblo que había quedado en ruinas. (22) Manuel Rosado no fue ajeno a este lamentable y terrible suceso y se volcó en ayudar al pueblo de Consuegra con sus medios. Así quedó reflejado en la prensa de la época: “El editor D. Manuel Rosado se ha dirigido al Alcalde de Consuegra ofreciéndole montar una escuela, dotándola de cuantos útiles y libros puedan necesitarse para la educación de los niños que a ella concurran en el acto de la apertura.” (23 y 24)

Manuel Rosado y Beldad falleció en su domicilio de la calle Montera, 1 de Madrid el 14 de febrero de 1904 a los 74 años de edad. (25)

 

Fuente: Diccionario Biográfico y Bibliográfico de calígrafos españoles. Tomo II. Emilio Cotarelo y Mori. Imprenta de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos. Madrid. 1916

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Notas:

(1)    Avisos de Madrid (28 de diciembre de 1866)

(2)    La Idea (25 de julio de 1870)

(3)    La Época (28 de agosto de 1877)

(4)    La Correspondencia de España (8 de septiembre de 1900)

(5)    El Magisterio Español (10 de mayo de 1871)

(6)    Avisos de Madrid (26 de agosto de 1871)

(7)    El Magisterio Balear (30 de octubre de 1880)

(8)    El Graduador (19 de julio de 1882)

(9)    La Unión (11 de octubre de 1882)

(10) Gaceta de Instrucción Pública (15 de noviembre de 1889)

(11) Boletín de Primera enseñanza (2 de mayo de 1893)

(12) El Magisterio Español (30 de mayo de 1874)

(13) El Siglo (7 de junio de1882)

(14) El Debate (23 de junio de 1882)

(15) La Época (5 de julio de 1882)

(16) El Correo (19 de julio de 1882)

(17) El Magisterio Español (30 de mayo de 1875)

(18) La Correspondencia de España (1 de mayo de 1895)

(19) El Liberal (15 de junio de 1893)

(20) Gaceta Universal (27 de mayo de1882)

(21) La Unión (10 de febrero de 1883)

(22) ABC (8 de septiembre de 2016)

(23) El Heraldo de Madrid (23 de septiembre de 1891)

(24) El Magisterio Balear (10 de octubre de 1891)

(25) El Siglo Futuro (16 de febrero de 1904)

MIGUELTURRA EN OBRAS LITERARIAS Y PUBLICACIONES - LA SOIRÉE DE LOS SEÑORES DE MACACO DE SEBASTIÁN DE MOBELLÁN

 “En la cuarta plana: «Parece que el célebre y humanitario Sr. de Macaco saldrá electo diputado por unanimidad en el distrito de Miguelturra.»

—Pero Ruperto, ¡si ni sabes dónde está ese pueblo!

—Ahí del mérito.”

Este es el fragmento del relato corto titulado La soirée de los señores de Macaco, escrito por Sebastián de Mobellán en la que aparece el nombre de Miguelturra y lo hace, como ocurre en muchas publicaciones de esa época, con un sentido cómico.


Ruperto Macaco es un comerciante que había estado en Cuba haciendo fortuna (a base de malas artes) y ahora, en Madrid quiere ascender en la escala social durante el reinado de Amadeo I de Saboya. Para ello acuerda con un periodista conocido suyo que publique en su diario que Ruperto Macaco va a donar gran parte de su fortuna para fines humanitarios (algo que no es cierto). Y así lo hace, se inventa un artículo con todo tipo de falsas alabanzas, entre ellas, la que se refiere a su futura elección como diputado por el distrito de Miguelturra. Para publicitar más su candidatura a noble, organizan una cena nocturna (soirée) en la que intentan invitar a la nobleza madrileña. En realidad, no va casi nadie perteneciente a esa nobleza, pero se vuelven a inventar los títulos de las personas presentes y con todas estas estratagemas consigue finalmente que lo nombren marqués. La “moraleja” en este caso no es nada moral (valga la redundancia): se puede conseguir cualquier cosa deseada a base de engaños, trampas, subterfugios y triquiñuelas.

Este relato es uno de los muchos que aparecen en el libro Madrid por dentro y por fuera. Una guía para incautos; publicado y dirigido en 1873 por Eusebio Blasco, autor dramático, poeta, narrador y periodista muy conocido a finales del XIX tanto por sus escritos en el periódico político-satírico Gil Blas, como por ser el fundador de la revista Vida Nueva.

El volumen está compuesto por colaboraciones de hasta 37 literatos, periodistas o autores dramáticos (entre ellos Pérez Galdós) que llegaron a componer un cuadro de cuarenta y seis artículos costumbristas que constituían una guía por los lugares y aspectos más significativos de la capital de España; ofreciendo un interesantísimo fresco de la vida madrileña en el último tercio del XIX, en un tono ligero y periodístico que sobresale por el sentido del humor.

No son muchos los datos que se conocen del autor del artículo en el que menciona a Miguelturra. Su nombre completo es Sebastián Fernández de Mobellán, conde de Casa Fiel. Fue periodista, escritor, funcionario de los ministerios de Estado, Gobernación y Fomento y cónsul español en diversos países. Como periodista trabajó en los periódicos madrileños La Patria (hacia 1850) y La Verdad (1862).

Entre sus obras están Cuestión de Méjico (1857), Sobre la necesidad de reformar y proteger el teatro español (1860), Memorias mejicanas (1862), Teatro Nacional (1864) y Jerusalem: viaje pintoresco, romántico y caprichoso por Grecia, Asia Menor, Tierra Santa ... (1876). También colaboró en las obras Napoleón en España Drama en tres actos y en verso (1856) y la que nos ocupa, Madrid por dentro y por fuera. Guía de forasteros incautos (1873). Además, tiene publicadas cuatro cartas: a Manuel Catalina (1871) a Francisco A. Barbieri (1872) y dos a Juan Eugenio Hartzenbusch (marzo y junio de1872).

Se jubiló en 1891 desconociéndose la fecha de su muerte.

 

Fuentes:

-          Madrid por dentro y por fuera. Guía de forasteros incautos /Eusebio Blasco / Edición de María Ángeles Ayala, Madrid, Editorial Biblioteca Nueva Universidad de Alicante, 2008.

-          Ensayo de un catálogo de periodistas españoles del siglo XIX / Manuel Ossorio Bernard, Madrid, 1903

AUTORES RELACIONADOS CON OBRAS EN LAS QUE APARECE MIGUELTURRA. ÁNGEL RUBIO

 Ángel Rubio fue un músico y compositor madrileño de zarzuelas y obras del género chico que tuvo una enorme producción, alrededor de 300 obras. Como compositor, alcanzó un puesto destacado entre los autores de su época, gracias a un público que se contentaba con un entretenimiento variado y aceptable. Su obra se considera de consumo para la gente del momento.

Fue el autor de la música de tres obras en las que se menciona a Miguelturra.

Compuso, junto a Rafael Aceves Lozano, la música de “El carbonero de Subiza”; obra de Salvador María Granés y del prestigioso escritor zamorano Miguel Ramos Carrión (véase el artículo sobre él en este blog en el mes de febrero de 2024). En esta obra Miguelturra se utiliza en una expresión en la que el Carbonero exagera con hacer reina de diversos lugares a Clara, con la notable intención de hacer una rima: “Nieta de tu abuelo... ¡Hurra! Que si se arma el rifirrafe reina te haré de... ¡Getafe!, ¡¡de Pozuelo!!... y ¡¡¡Miguelturra!!!”.

Fue también el compositor de la música de “La salsa de Aniceta”, obra de Rafael María Liern Cerach que podemos ver en la actualidad gracias a una función promovida por la Fundación Juan March, que eligió esta obra como ejemplo para una guía didáctica de aproximación a la zarzuela. En ella se menciona a Miguelturra cuando Gumersindo (novio de una cocinera despedida y que es confundido con un maestro músico gaditano) dice que es de Miguelturra, contradiciendo a Presentación (andaluza muy redicha), que lo toma por el músico andaluz: “Pues es conocer; ¡porque he nacido en Miguelturra!” . Esta obra está considerada como una de las más importantes del compositor.

Finalmente, fue el autor de la música de “A sangre y fuego”, obra de Mariano Pina Domínguez y que tiene como gran particularidad que la acción se desarrolla íntegramente en Miguelturra. De hecho, escritor y músico, viajaron por estas tierras unos meses antes buscando escenarios para sus obras. En ella, como es lógico se menciona a la localidad en varias ocasiones y, la mayoría de los personajes, son habitantes de Miguelturra.

Ángel Rubio Laínez nació en Madrid el 27 de noviembre de 1846 y realizó sus estudió en el Conservatorio de Madrid.

Desde sus comienzos compuso sin interrupción obras de todo tipo, en especial género chico, subgénero, varietés, etc. No le faltó nunca trabajo y las obras se fueron sucediendo una tras otra, en general con bastante éxito en su momento. Su obra se encaminó hacia temas de costumbres con buena dosis de humor, dejando de lado la moda del momento consistente en temas satírico-políticos. ​ Fueron obras de circunstancias bastante influenciadas por el repertorio bufo, con elementos picantes y tendencia al género de revista, muy aplaudidas por el público que llenaba los teatros.

De 1878 a 1879 figura como director en el teatro de la Zarzuela y allí estrenó historias y cuentos con letra de Mariano Pina Domínguez. Hizo incursión también en el subgénero juguete en el que se sintió muy cómodo y llegó a componer en 1888 hasta dieciocho obras. En 1891 disfrutó de su último gran triunfo El juicio oral en colaboración con los libretistas Perrín y Palacios, estrenado en el teatro Cómico. Esta obra tuvo el honor de pasar después al teatro de la Zarzuela.

Falleció en Vicálvaro el 9 de abril de 1906.

Entre sus obras más destacadas figuran: Frasquito barbales (1877), El fenómeno (1877), Periquito entre ellas (1877), La misa del gallo (1878), El rigor de las desdichas (1878), La salsa de Aniceta (1879), ¡Cómo está la sociedad! (1883), Nina (1888), El juicio oral (1891), Las buenas formas (1899), Guajira de Loreto Prado (1895) y La florera sevillana (1898).

Fuentes:

-          Real Academia de la Historia. Ángel Rubio Laínez

-          El Eco de Miguelturra: Miguelturra en las obras de escritores de finales del siglo XIX y principios del XX / Rafael Sánchez Espinosa. Miguelturra: Área de Cultura del Ayuntamiento de Miguelturra, 2021.

EL DICCIONARIO CHURRIEGO-CASTELLANO DE MARCIAL GONZÁLEZ

El pasado 21 de febrero de 2025 tuve el honor de presentar en la Casa de Cultura de Miguelturra junto a la concejal de cultura del ayuntamiento de Miguelturra, Carmen María Mohíno López y el autor, Marcial González Rivero, la edición revisada del año 2024 del diccionario churriego-castellano. La presentación de esta obra que pone en valor la riqueza cultural, en este caso lingüística, de Miguelturra y que viene a enriquecer el patrimonio inmaterial de este pueblo, discurrió entre un ambiente distendido y divertido entre las numerosas personas que se dieron cita.

La obra:

La primera edición de este diccionario data del año 1994 y su autor fue Hermenegildo García Domínguez que recopiló más de 100 términos. En una introducción antológica, que se mantiene en esta edición, hace valer el “idioma” churriego y solicita elevarlo a idioma oficial.

En el año 2007 ya es Marcial González quien, al haber recopilado muchos más términos, coge el relevo y edita el Diccionario churriego-castellano con más de 300 términos.

Marcial continuó con la labor de recopilación de palabras y expresiones lo que le ha llevado a realizar esta nueva edición revisada de 2024 con casi cien términos más. Como importante novedad incluye el origen etimológico de aquellas palabras que pueden ser más difíciles de emparejar con términos recogidos por la RAE.

La obra recoge términos que los miguelturreños hemos oído durante toda la vida y que, fuera de Miguelturra, no existen o tienen otro significado. Así podemos encontrar palabras tan nuestras como agujetas, indongo, adormijao, quimpiensa, asobinao, trompatalega, atufao, argoteo…

La verdadera importancia de este diccionario radica en que forma parte de nuestra tradición oral que, desgraciadamente sin iniciativas como esta acabaría desapareciendo, tradición que intenta preserva la identidad cultural de una comunidad, en este caso la de Miguelturra y se constituye en un auténtico tesoro que debemos valorar y proteger, ya que nos conecta con nuestro pasado y nos ayuda a construir nuestro futuro. 

En cada palabra de este diccionario se revive el pasado y se honra la memoria de aquellos, que antes, con su sabiduría forjaron el presente, nuestra propia historia. Esta obra ayuda a no dejar que el tiempo, con su prisa, silencie las voces de nuestros antepasados y ayuda a mantener viva la llama que nos impulsa a compartir y amar lo que es nuestro.

El autor:

Marcial González Rivero nació un 4 de junio de 1960 en Miguelturra. Tras diplomarse en Magisterio ha trabajado durante cuarenta años como director de la Universidad Popular y Coordinador del Área de Cultura del ayuntamiento de Miguelturra, estando detrás de la mayor parte de manifestaciones culturales que se han desarrollado en la localidad durante este tiempo. Además, ha dirigido y realizado el Boletín Informativo Municipal (BIM) durante la mayor parte de su existencia y ha llevado a cabo, entre otros, proyectos como la Escuela Taller San Isidro (pionera del cambio radical que ha transformado la sierra del mismo nombre de un erial a una zona verde) o los Programas de garantía social.

Fuera del ámbito laboral, ha sido un amante del asociacionismo, dedicando la mayor parte de su vida a dirigir proyectos de participación. Así, en el ámbito de la cultura y dentro del folklore fue miembro fundador, integrante y asumió la presidencia durante varios años del grupo Nazarín, referente en la región y que ha paseado el nombre y las tradiciones de Miguelturra por España y por el mundo. También es un amante y apasionado del carnaval churriego, de cuya asociación de peñas fue secretario, además de haber realizado varias conferencias y artículos sobre esta fiesta. En el deporte, es un atleta de fondo y ultra fondo muy prolífico y reconocido, además ha sido miembro de la junta directiva del club local Fondistas de Miguelturra y también preside la Peña Madridista de la localidad desde su creación. En el ámbito social ha liderado la creación de varias asociaciones vecinales.

Otras obras publicadas del autor:

Asociación de Coros y Danzas Nazarín (Miguelturra. Ciudad Real). XXV aniversario de Nazarín 1982-2007: 25 años por la cultura popular / Marcial González Rivero.  -- Miguelturra (Ciudad Real: Asociación de Coros y Danzas Nazarín. 2007. 

Miguelturra 30 años de Universidad Popular: 30 años por el "aprendizaje a lo largo de la vida" / Marcial González Rivero.  -- Miguelturra (Ciudad Real): Universidad Popular; Ayuntamiento de Miguelturra, 2016.

Diccionario churriego castellano / Marcial González Rivero. Edición de 2007 (edición ampliada de 1994) / Fundación Mancha. 2007.


El diccionario se encuentra disponible en las oficinas de la Casa de Cultura de Miguelturra.

Presentación del Diccionario churriego castellano en el canal de YouTube del Ayuntamiento de Miguelturra:




MIGUELTURRA EN 1919 BAJO EL PRISMA DEL PERIODISTA JOSÉ SARÁCHAGA

En el número 235 de la revista Vida Manchega correspondiente al 5 de agosto de 1919 aparece un artículo firmado por el periodista José Sarachaga Lorente titulado “Impresiones de un viaje por la llanura”. En él relata las sensaciones que le produce un viaje en tren que realizó desde la estación de Ciudad Real a la de Manzanares y, en carruaje, desde esta última localidad a La Solana. Además de ir describiendo los paisajes por lo que transcurre el viaje, explica las sensaciones que le produce lo que ve en cada una de las estaciones en las que el tren hace parada. Así habla de Miguelturra, Almagro y Daimiel, además de Manzanares y La Solana. Extraigo el fragmento en el que habla de Miguelturra:

Apenas hemos subido al tren—un tren mixto, con un material pésimo, —seguramente no han transcurrido cinco minutos, llegamos a la estación de un pueblecito: es Miguelturra. Enseguida se os alcanza una pregunta ¿por qué habrán edificado la estación al lado opuesto del pueblo? luego miráis por la ventanilla el hacinamiento de casucas y chozas que a primera vista se presentan. El aspecto general es feo, una torre enorme redonda, levanta su cúpula en ruinas sobresaliendo de los demás tejados, esa torre es toda la techumbre de una iglesia, de la antigua iglesia del Cristo que hace muchos años hundíase para siempre... aunque ha habido muchas veces un santo deseo por reconstruirla. Los miguelturreños tienen un gran entusiasmo por ver levantada la iglesia del milagroso Cristo, tienen tanto o más entusiasmo que por su Virgen de la Estrella. Miguelturra es un pueblo bastante grande, pero muy poco urbanizado. Vive de lo que viven casi todos los pueblos de la Mancha, es esencialmente agrícola y produce algo, poco en vinos. Es realmente extraño que tan próximo a la capital, con la que tantas relaciones mantiene aparezca un poco inculta y no se deje dominar. Además, entre ambos pueblos existe un rencor antiguo, debido a su rivalidad de abolengo calatraveño, hasta el punto de que en Miguelturra no se transija con la visita de un ciudarrealeño, que tranquilamente circula por las mal empedradas calles; los chiquillos le arman una gritería, se ríen a hurtadillas, los mayores y diríase que hasta los perros se conjuran para salir a su paso estorbándole el andar con aullidos famélicos. Y menos mal que ya parece alentar en los churriegos otros entusiasmos... verdad es, que viven abandonados sin más protección que la de un ignominioso cacicato, depósito de medros, de pasioncillas y de viles venganzas, alimentadas por cerebros obtusos, que no tienen más fuerza que la de su dinero...

En su descripción Saráchaga, no deja una visión muy positiva de casi ninguno de los lugares por los que transcurre su viaje, aunque es cierto que va suavizando los términos según se va acercando al final del artículo y el último pueblo, La Solana, es el que más elogios se lleva. No obstante, la sensación que da es la de estar viajando por una tierra dejada a su suerte y olvidada por los políticos y de ahí ese aroma a decadencia que fluye de sus letras.

Con respecto a Miguelturra, considerando que todas las opiniones son respetables, si me gustaría hacer algunos apuntes. Lo primero que llama la atención es que una persona que residió y fue criada en Ciudad Real habla en este artículo de Miguelturra como una desconocida, como si no hubiera estado jamás en ella o nunca hubiera pasado por sus cercanías, aunque por lo que luego expresa no fue así.

La primera crítica es para el lugar donde se situaba la estación y la hace sin tener en cuenta que las poblaciones se construyeron antes que la red ferroviaria y que, normalmente, esta fue proyectada para ser lo más directa posible y no para pasar por el centro de todos los pueblos y ciudades.

Luego habla del aspecto de las construcciones que veía desde la estación y las trata de “casucas y chozas hacinadas”. Ciertamente no creo que esa vista fuera muy diferente a la de los extrarradios de la mayoría de pueblos españoles en esa época, seguramente ocupadas por pequeñas construcciones de la gente que se dedicaba a la agricultura y/o a la ganadería.

Sí es bastante comprensible la mala impresión que debió causar a cualquier visitante el ver la cúpula de la torre del Cristo, nuestra Torre Gorda, en un estado ruinoso y calamitoso. Recuerdo que hasta el año 1931 no finalizó la restauración de la cúpula que surgió por iniciativa del que fue médico de Miguelturra y hermano mayor de la hermandad del Cristo de la Misericordia, Casio Clemente, y que contó con la colaboración de todo el pueblo. Igual tras esa fecha la descripción hubiera sido otra muy distinta… o no.

Sigue su artículo con dos manifestaciones algo obvias, que Miguelturra no está muy urbanizada y que la mayor parte de la población de dedicaba a la agricultura y a la ganadería. Hasta aquí se puede decir que hace una descripción “objetiva” de lo que vislumbra desde la estación, pero desde este momento, con la frase “Es realmente extraño que tan próximo a la capital, con la que tantas relaciones mantiene aparezca un poco inculta y no se deje dominar” ya deja caer que sí que conocía Miguelturra y que seguramente, alguna cuenta pendiente tendría con algunas personas del municipio. Lo de gente inculta no es rebatible, ya que el grado de analfabetismo en esa época aún era muy alto, pero lo de “no se deja dominar” ya levanta muchas sospechas. ¿Por quién y por qué se tendría que dejar dominar?

Luego hace referencia a la antigua rivalidad desde tiempos de calatravos y realengos y continúa con el mal trato que, según el autor, daban a los ciudarrealeños en Miguelturra. Desde los niños a los mayores pasando incluso por ¡los perros! que seguro olerían la procedencia del visitante.

Para finalizar, aunque augura un atisbo de salvación para los miguelturreños, nos desvela el quid de la cuestión tratando a la clase política local de caciques, medrosos, vengativos, tontos y otras lindezas más. Efectivamente alguna cuenta pendiente tenía en Miguelturra.

Para finalizar y como curiosidad, según consta en el Boletín del Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII del 31 de marzo de 1913, José Saráchaga fue mordido por un perro en su pierna izquierda, hecho por el que me asalta una gran duda: ¿sería un perro churriego el que le mordió?

José Sarachaga Lorente nació en 1894 (Boletín del Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII 31.3.1913). En junio de 1913 obtuvo el título de bachiller en el Instituto de Ciudad Real (El Pueblo Manchego 13.06.1911). Perteneció de forma activa, realizando declamaciones y conferencias, a “Los Luises”, congregación mariana juvenil fundada por los Jesuitas con dedicación a San Luis de Gonzaga (El Pueblo Manchego 27.11.1911). También fue secretario de la organización Juventud Conservadora de Ciudad Real que presidía Luis Barreda (El Pueblo Manchego 17.02.1913).

Como periodista, en 1915 colaboró con sendos artículos en los números 20 y 24 de la revista decenal editada en Ciudad Real, Pero Grullo. Desde 1918 trabajó como redactor de la revista Vida Manchega de Ciudad Real (Vida Manchega 30.12.1918). Formó parte de la Asociación de la Prensa de Ciudad Real como vocal (El Adelanto 13.01.1919). Dirigió en 1921 el periódico de vida efímera editado en Ciudad Real, Regeneración. En agosto de 1922 dejó su cargo de redactor-jefe en Vida Manchega al trasladarse a Madrid en agosto de 1922 (El Pueblo Manchego 30.08.1922).

Colaboró con artículos en las siguientes publicaciones: Heraldo de Zamora (1913), Adelante (1913), El Defensor. Almodóvar del Campo (1921), El Correo de la Mañana (1922) La Correspondencia de España (1922), Vida Nueva (1922) y La Voz (1924). En la edición del 30 de noviembre de 1924 de este último periódico hay un comunicado del mismo en el que aclara que José Sarachaga Lorente no es redactor del diario, solamente un colaborador ocasional.

En 1935, con ocasión del Día de Todos los Santos, participó en un homenaje de la Asociación de prensa de Ciudad Real a los compañeros fallecidos (El Pueblo Manchego 02.11.1935)

Como conferenciante tuvo repercusión la charla que dio en Ciudad Real en diciembre de 1918 sobre el problema con el abastecimiento de agua de Ciudad Real (La Correspondencia de España 29.12.1918)

Compuso dos obras teatrales que fueron estrenadas en Ciudad Real durante 1922: “La paz del cariño” (El Pueblo Manchego 12.06.1922) y “Vibraciones de Yermo” (El Pueblo Manchego 02.11.1922)

En 1921, con su trabajo “Remembranzas”, obtuvo el premio del concurso de relatos organizado por la revista Juventud Manchega.

La publicación Vida Manchega fue una revista literaria e ilustrada, pero también de información general, con profusión de información gráfica de las provincias de Ciudad Real, Albacete, Toledo y Cuenca. Comenzó a publicarse en Ciudad Real el siete de marzo de 1912, aunque inicia su numeración el cuatro de abril, siendo su fundador, propietario y director artístico Enrique Pérez Pastor, en cuya imprenta y taller de grabado se estampaba, y el director literario, el maestro y escritor Isaac Antonio Vicente, que había dirigido el diario católico El pueblo manchego (1911-1936) y firmaba sus textos periodísticos con el seudónimo Aviceo.

En entregas de dieciséis páginas, aparece con una periodicidad semanal (jueves), ocupando su portada una gran fotografía. Además de textos de creación literaria (en prosa y en verso), de ciencia, arte, patrimonio arquitectónico, escultura, bibliografía, ofrece otros de la vida oficial, social y cultural, y sobre educación, industria, minería, comercio, agricultura, reforestación, tradiciones, carnavales, fiestas, semana santa, sucesos, teatros, toros, etc., tanto de la vida de las capitales como de destacados pueblos manchegos, a través de gacetillas, comentarios, crónicas, o reportajes. Las cuatro páginas centrales son generalmente ocupadas por fotografías, pero también acompañan a los demás textos, con reproducciones pictóricas, dibujos, paisajes, vistas y sobre todo retratos de autoridades políticas, administrativas, religiosas, culturales y de periodistas.

Entre sus redactores y colabores estuvieron Francisco Sastre Moreno (que figura como redactor jefe en 1914), José Subirá (como crítico musical), Ángel Corrales (autor de la sección “Vulgarizaciones científicas”), Rómulo Muro, Ricardo Martínez Franco, B. Sánchez de León, Epifanio Sánchez López, Rafael López de Haro, Arturo Gómez-Lobo, César García Valiente, Julián Morales Ruiz, Luis Tablanca, Antonio Maján Pinilla, Gabriel García Maroto, Leocadio Martín Ruiz, Antonio Heras, Manuel Camacho Beneytez, José A. Luengo, Gerardo J. Algarra, Alberto García López y Rafael Ramírez Arellano, entre otros, así como Fernando Franco (corresponsal desde Albacete) y César Huerta (desde Cuenca),

Desde el diez de julio de 1914 aumentó hasta las veinte páginas, incrementando al mismo tiempo sus anuncios publicitarios, a la vez que su periodicidad se hizo quincenal y se subtitula “revista regional ilustrada”. Tras el fallecimiento de Antonio Vicente, el 26 de noviembre de 1917, al año siguiente se irán incorporando las firmas de Alberto García López, Francisco Colás, Ángel Dotor Municio, José Saráchaga, José Cerro Rodero y Francisco Tolsada. Si al principio había publicado dibujos de Ángel Andrade, ahora los publicarán Francisco Adán Cañada y José J. de la Higuera.

El número 255 es el último de la colección y corresponde al diez de julio de 1920. Este mismo año y con el mismo título comienza a publicarse y a imprimirse en el taller de Enrique Pérez Pastor un diario vespertino independiente de carácter republicano, hasta 1932.

Fuentes:

Vida Manchega 05.08.1919

Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España. Vida Manchega

MIGUELTURRA EN OBRAS LITERARIAS Y PUBLICACIONES – EN SERIO Y EN BROMA DE MANUEL DEL PALACIO

 “En serio y en broma” es una recopilación de poesías satíricas del controvertido (por su intensa vida personal y profesional) y prolífico autor Manuel del Palacio publicada en el año 1905. El libro está dividido en capítulos y en el primero de ellos titulado “Chispazos” (poesías cortas de diferentes temáticas) menciona a Miguelturra, en concreto, como ocurre en muchos de estos autores, situándola como el lugar de nacimiento de un personaje, en este caso Tomás Ozores. Este fragmento en el que aparece el nombre de Miguelturra es una nada disimulada crítica satírica a la medicina y a los médicos:

De drogas harto y doctores

el pobre Tomás Ozores,

vecino de Miguelturra,

sólo con leche de burra

puso fin a sus dolores.

Y hoy, al recordar sus males

de que no guarda señales,

dice con mucha verdad:

“Si no es por los animales,

me entierra la Facultad.”

La editorial que publicó el libro “En serio y en broma” fue la Editorial Ibero-Americana y así define en el mismo al autor: “Es una de las figuras más simpáticas, queridas y populares de la literatura contemporánea. Su lira tiene todos los registros y su genio todos los matices, no sabiendo en realidad que admirarse más en su fecunda obra, si las grandiosidades de su inspiración en los asuntos serios y graves, o la chispeante picardía y el ingenio soberano que derrocha en sus trabajos frívolos y pequeños…”

Manuel del Palacio y Simó efectivamente fue un poeta satírico, pero también fue prosista, arreglista de zarzuelas, periodista, empleado público, político y académico de la lengua. También fue muy aficionado a la pintura y poseía una colección personal de lienzos muy importante.

Nació el 24 de diciembre de 1831 en Lérida, hijo de un militar que también cultivó las letras y peleó contra los ingleses, contra los franceses en la Guerra de la Independencia y contra los carlistas navarros, terminando finalmente trabajando como tesorero de la Hacienda pública. Los diversos destinos de su padre condujeron su infancia a Soria y su juventud a Valladolid, donde se graduó de bachiller, para pasar luego a Galicia (Pontevedra y La Coruña) y en 1851 a Granada, donde perteneció a la tertulia de La Cuerda junto a Pedro Antonio de Alarcón, Moreno Nieto y otros; allí fue donde se despertó su vocación poética. 

En 1854 se instaló en Madrid protegido por el rico y extravagante liberal maragato Santiago Alonso Cordero (personaje de algunas novelas de Benito Pérez Galdós) y por el crítico literario Eulogio Florentino Sanz. En Madrid vivió como empleado público, redactor de varios periódicos (El Látigo, La Discusión, El Regulador, El Imparcial, Madrid Cómico, El Pueblo, Blanco y Negro…) y arreglando zarzuelas entre 1859 y 1860. Su hábil versificación y su tono festivo lo volvieron muy célebre, de forma que fue considerado uno de los grandes poetas burlones y satíricos del siglo XIX. De hecho, en esa época sus sátiras en verso de políticos se hicieron muy populares, pero a costa a veces de sonados pleitos por injurias y difamación.

En 1864 funda con Luis Rivera la revista “Gil Blas”, una de las publicaciones satíricas de mayor éxito en España. En 1865 anduvo envuelto en una de las conspiraciones liberales y antimonárquicas del general Juan Prim y en 1867, por un soneto satírico, en el que hacía referencia a la vida amorosa de Isabel II, fue encarcelado y desterrado a Puerto Rico.

De Puerto Rico volvió clandestinamente para participar en el triunfo de la Gloriosa. Entró después en la carrera diplomática y desempeñó puestos en Florencia como primer secretario de la legación española en la Corte de Víctor Manuel II de Italia, cargo que duró hasta noviembre de 1869, y, muchos años más tarde, en Montevideo (1883-1886).

Ya en 1875, asentada la Restauración borbónica en España, fue nombrado inspector de Correos, y luego agente de recaudación para Madrid y procuró granjearse la protección del artífice de la componenda política del turnismo, Antonio Cánovas del Castillo. Ya no era el satírico duro y feroz de los tiempos de Isabel II: escribía poesía histórico-narrativa. Posteriormente fue jefe de sección del Archivo y biblioteca del Ministerio de Estado y presidente de la sección de Literatura del Ateneo de Madrid, acercándose al partido conservador.

En 1894 lo nombraron académico de la Lengua Española ocupando el sillón de la letra h y leyendo el discurso “De cómo la poesía en nuestra patria se halla identificada con el idioma vulgar”

Una de sus más célebres polémicas la mantuvo con Clarín. El gran crítico asturiano dijo que en España sólo había entonces “dos poetas y medio”. Los dos poetas eran Campoamor y Núñez de Arce; el “medio” era Palacio. Éste le replicó con el folleto Clarín entre dos platos en 1889.

Falleció en Madrid el 5 de junio de 1906

Fuentes:

- En serio y en broma de Manuel del Palacio. Editorial Ibero-Americana. Madrid. 1905

- Real Academia de la Historia / Biografías / Manuel del Palacio y Simó


MIGUELTURRA EN OBRAS LITERARIAS Y PUBLICACIONES – TREINTA MIL CANTARES POPULARES DE EUSEBIO VASCO

Eusebio Vasco Gallego fue un licenciado en derecho, folclorista e historiador español. Además, perteneció a la Real Academia de la Historia y fue cronista de su ciudad, Valdepeñas.

Para realizar una de sus obras, ya en su vejez, recorrió toda la provincia de Ciudad Real recogiendo cantares populares de cuatro versos, cuartetas, soleares y seguidillas, que luego reunió en tres tomos que tituló “Treinta mil cantares populares”

Miguelturra es protagonista en algunas de estas coplas populares y con distintas temáticas:

    • De elogio:

Ciudad Real, Miguelturra,

Carrión, Torralba,

son los cuatro lugares

del rey de España.

    • Relativas a la patrona, la Virgen de la Estrella:

En Miguelturra, la Estrella;

en Torralba está el Consuelo,

y en Carrión de Calatrava

la Encarnación de los cielos.


En Miguelturra, la Estrella;

los Santos, en el Pozuelo,

y en Carrión de Calatrava

es la Encarnación del Verbo.


Eres el sol de Torralba,

la luna de Carrión,

la Estrella de Miguelturra,

lucero de Malagón.

    • Irónicas

Las ánimas benditas

de Miguelturra,

las llevan caballeras

en una burra.


Gente de Miguelturra

gente sin religión,

y púlpito sin paño,

vámonos a Picón.


Si vas a Miguelturra

ve por el Carmen,

verás que derechura

llevas tan grande.

(Cantar que alude a que por esta puerta del Carmen se va en dirección contraria a la de Miguelturra).

    • Relativa a los gentilicios:

Panciverdes son llamadas

las que son de Torrenueva;

en Ciudad-Real culipardas

y en Miguelturra churriegas.

Celedonio Eusebio Ciriaco Vasco Gallego nació en Valdepeñas en 1860. Su vida discurrió entre Madrid y la ciudad manchega de Valdepeñas. Dirigió y redactó el periódico La Voz de Valdepeñas en esta ciudad, donde publicó sus investigaciones biográficas sobre personajes nacidos en esta localidad manchega entre 1890 y 1895. 

Fue miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia y cronista de Valdepeñas. En el Congreso Histórico Internacional de la Guerra de la Independencia (1808-1814) celebrado en Zaragoza en 1908, presentó una memoria con el título "Don Francisco Abad Moreno (Chaleco), guerrillero de la independencia: memoria presentada al Congreso Histórico Internacional de la Guerra de la Independencia (1808-1814)".

Fue un historiador riguroso y toda su documentación (gráficos, cartas, postales, bandos de alcaldía, fotografías, cuadros…) fue legada por este personaje al Ayuntamiento de la localidad.

Además de sus roles como cronista y periodista, Eusebio Vasco fue un exitoso empresario vitivinícola, propietario de una bodega y convirtiéndose en uno de los principales exportadores de vino en España.

Eusebio Vasco falleció el 7 de septiembre de 1939.

Fue nombrado Hijo Predilecto a título póstumo y en su honor el Ayuntamiento de Valdepeñas puso su nombre a una plaza de la localidad y es recordado como un ilustre personaje por su actividad como cronista, periodista, empresario y amante de la cultura.

Obra: “¡Pobre Valdepeñas! Revista cómico-fantástica en un acto y en verso”, “La Voz de Valdepeñas”, “Valdepeñeros ilustres: apuntes biográficos”, “Ocupación e incendio de Valdepeñas por las tropas francesas en 1808”, “Valdepeñas: cuna de la Descalcez Trinitaria”, “Cien escritores valdepeñeros” “Treinta mil cantares populares” y “Mil efemérides valdepeñeras”

Fuentes:

Treinta mil cantares populares. Tomo 1 / Eusebio Vasco. Valdepeñas: Imprenta de Mendoza, 1929

Datos/ BNE/ Eusebio Vasco

Wikipedia / Eusebio Vasco

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