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PERALVILLO, UN PASEO POR EL CAMINO DE SU HISTORIA

Artículo realizado junto a José Nieto González publicado en el Nº 6 de la revista de la Asociación Malastardes de Miguelturra del año 2025.

Peralvillo, un enclave situado en el término municipal de Miguelturra, es un lugar con una rica y variada historia que se extiende desde la época del bronce, pasando por la época romana y hasta nuestros días. Su ubicación estratégica, su papel en la Edad Media y su posterior transformación han dejado una huella imborrable en el paisaje y la memoria de la región.

Su nombre tiene un origen incierto, es posible que tenga raíces prerromanas o romanas. La terminación "-villo" podría derivar del latín "villa", que significa "granja" o "asentamiento rural". Esto sugiere que la zona pudo haber sido un asentamiento rural romano o una villa agrícola. Aunque también hay otras teorías como que podría derivar de "Per-Arviello", un antiguo nombre de la zona o que podría estar relacionado con la abundancia de perales en la zona, o incluso, con un antiguo poblador llamado Pedro Albino. Al respecto, Pepe Romagosa en su “Esbozo histórico-geográfico de Peralvillo, reflexiones sobre su vinculación quijotesca y su proyección hacia el futuro” manifiesta que «Per Alviello», al igual que «Miguel Turra», eran los nombres de sus respectivos primeros pobladores. En el documento de donación, firmado por el rey antes citado, donde por primera vez puede verse escrito el nuevo nombre de Peralvillo, por deformación, obviamente, del original «Per Alviello».

Peralvillo, al igual que otros núcleos poblacionales en esta zona, provienen de asentamientos en las alturas aledañas muy próximas a las poblaciones actuales. Estos asentamientos de "altura" se le llama castellones, castros, morras, etc. y se les puede localizar en lugares cercanos a los montes limítrofes.

Es evidente que estos poblados del Bronce de la Mancha que ocupaban las cumbres de los cerros, mantenían un fluido comercio con los asentamientos en el llano a lo largo del Guadiana con las típicas fortalezas llamadas motillas tan numerosas a lo largo del cauce del río Guadiana, e identificadas por diversos autores. “La existencia de castillejos anterromanos en la zona oeste, lindando con Picón y Fernáncaballero en “Malinfiernillo”. El paraje del Congoso, en el Bañuelo, tiene relación con restos de antiguas civilizaciones” (Corchado).

Con el paso del tiempo y la sucesiva aparición de otras culturas las gentes del bronce y sus descendientes, fueron ocupando lugares estratégicos en el llano junto a los terrenos de cultivo y el aprovechamiento de arroyos y afloramientos de numerosas fuentes. Queda pues, la evidencia que Peralvillo tiene unos orígenes de épocas culturales muy diversas que han ido dejando su rastro en diversos materiales identificados en la carta arqueológica de Miguelturra: en Colonia Nueva restos de calcolítico; en Colonia Vieja de hierro II, romano y moderno; en Cerro Nilo del paleolítico y bronce; en el Cerro de bronce, romano y medieval; en Casa Paula del paleolítico, romano y medieval; en la Muralla de Peralbillo de medieval; en el Arca de los Huesos, moderno; en  Peñas Blancas de bronce; en Peralvillo bajo, romano; en Galapachares de bronce y romano y en El Congosto de romano.

De 1219 datan las primeras noticias que nos han llegado referentes a Azuda y los Baños del Emperador. Se trata de donaciones de la Orden por vida a particulares, que luego pasarían de nuevo a la Orden tras su fallecimiento. Existen otros documentos posteriores de otras donaciones, pero anteriores al privilegio según el cual pasa Peralvillo a Miguelturra fechado en 1383. (Ocaña Barba)

Peralvillo adquirió cierta importancia en la época romana ya que, debido a su ubicación estratégica en la ruta hacia Córdoba y su proximidad a Calatrava la Vieja, se convirtió en un importante cruce de caminos. Su cercanía al Camino Real hacia Toledo, que en parte sigue el trazado de antiguas vías romanas, le otorgó una relevancia considerable como punto de paso y parada para viajeros. Esta ubicación estratégica la vincula a antiguas rutas romanas que conectaban importantes ciudades de la península ibérica. La presencia de estas antiguas vías romanas y la existencia de posibles "villae" romanas en la zona circundante también respaldan la idea de que Peralvillo tuvo una importancia estratégica durante la época romana.

Peralvillo muy concretamente, por su emplazamiento privilegiado junto a un ramal de la calzada romana que unió Gades y Corduba con Toletum, tuvo que ser lugar de intenso tránsito durante siglos, al igual que escenario de diferentes batallas. Nos lo confirman esas ruinas, a media legua de la aldea, de los llamados «Baños, o Hervideros del Emperador», y del Molino del mismo nombre, en pleno Guadiana.  La presencia de dos cañadas ganaderas que cruzan de norte a sur el anejo de Peralvillo, especialmente la que atraviesa el mismo Peralvillo, sugiere que estas vías podrían haber sido utilizadas en la época de la dominación romana. La persistencia del nombre camino de la plata refuerza esta hipótesis. Aunque no se puede descartar la posibilidad de que la vía principal entre Toledo y Córdoba pasara por Calatrava la Vieja, es probable que existiera una desviación que pasaba por Peralvillo, dado que la ruta no pudo ser única a lo largo de tantos siglos. La antigüedad de Peralvillo en la época romana se ve reforzada por su ubicación estratégica en el camino hacia Córdoba y su proximidad a Calatrava la Vieja. Además, se cree que en la zona existieron baños y hervideros naturales, que dieron lugar a un balneario que hoy se encuentra sumergido bajo las aguas del Guadiana, en la cola del Pantano del Vicario. (Pepe Romagosa en “Esbozo histórico-geográfico de Peralvillo, reflexiones sobre su vinculación quijotesca y su proyección hacia el futuro)

La época medieval marcó un período crucial en la historia de Peralvillo, transformando este enclave en un punto estratégico y de significativa relevancia en la región de La Mancha.

Según Ocaña barba, en el siglo XIV se produjeron varios litigios de la Orden de Calatrava con Villa Real, siendo su punto de mayor dureza la batalla de Malas Tardes en 1323, tras la cual el rey mandó arrasar Miguelturra, Peralvillo y Benavente. Tras esta batalla Miguelturra y Peralvillo (por aquel entonces, poblaciones independientes) pierden su entidad jurídica como villas y se anexionan a Villa Real, suponiendo un continuo conflicto entre los habitantes de Miguelturra y Villa Real. Esta situación perduró hasta 1329, fecha en la que el rey Alfonso XI adquirió la mayoría de edad y dotó, de nuevo, a Miguelturra de su fuero y término jurisdiccional. Los conflictos entre ambas poblaciones continuaron los años posteriores. Fue en 1367, debido a la segunda carta de privilegios concedidos a Miguelturra tras su Carta Puebla, cuando Peralvillo se anexiona a Miguelturra como concesión tras la pérdida por parte de Miguelturra del territorio de la Atalaya. Esta decisión estratégica consolidó el control de la Orden sobre el territorio y amplió el término municipal de Miguelturra, marcando un punto de inflexión en la historia de ambos lugares, uniendo sus destinos y creando una unidad administrativa que ha perdurado hasta nuestros días.

La Orden de Calatrava, con su poder e influencia, desempeñó un papel fundamental en la configuración de Peralvillo durante este período en el que funcionaba como un cortijo fortificado, una estructura típica de la época que servía como centro de producción agrícola y ganadera, a la vez que ofrecía protección, pues tenía una función defensiva y de control del territorio. Estos cortijos fortificados eran esenciales en la organización territorial y económica de la región.

Peralvillo tenía una muralla medieval. Dentro debería estar el cortijo de Peralvillo. En el año 1306 aparece mencionada por primera vez la aldea de «Per Alviello» (Peralvillo) como antiguo cortijo fortificado situado en terrenos baldíos de la Orden de Calatrava y dependiente, por tanto, desde la Reconquista, o más concretamente desde la victoria cristiana en las Navas de Tolosa, en 1212, de Calatrava la Vieja. Vuelve a hablarse del cortijo de Per Alviello en las crónicas del incendio y ocupación de los que fue objeto por fuerzas de Ciudad Real, en 1323; y poco más tarde, en 1329, con ocasión de la devolución de Per Alviello, con todo su término, a la Orden de Calatrava, por decisión de Alfonso XI. Finalmente, hay constancia de que en 1383 este término y su cortijo, junto con las dehesas del Corralejo y de las Navas de Ucenda, con todos sus términos, es donado al concejo de Miguelturra. (Pepe Romagosa en “Esbozo histórico-geográfico de Peralvillo, reflexiones sobre su vinculación quijotesca y su proyección hacia el futuro).

Existe un documento en el que se puede apreciar cómo era el cortijo. Se trata de la donación de una casa del Maestre Garci López de Padilla a Miguel Pérez de Miguelturra en 1306. A cambio debería hacer un cortijo con las siguientes características: cimiento de cal, arena y piedra que sobresaliese del nivel del terreno; sobre dicha base debe descansar una pared de tapial o tierra batida con 7 tapias de altura y por encima un pretil con sus almenas correspondientes; en el interior contaría con un andamio a la altura de la base del pretil por todo el perímetro. El edificio del cortijo tenía una estructura cuadrada, debiendo tener en cada una de sus “quadras” (paredes laterales) una longitud de 10 tapias. También debería tener una torre añadida al cortijo y que debía ser ciega (sin aberturas) hasta la altura del cortijo y con dos cuerpos. (Villegas)

Hacia 1329 seguía siendo un cortijo fortificado y en los litigios sobre leñas entre la Orden de Calatrava y Ciudad Real fue incendiado y ocupado varias veces por los vecinos de Ciudad Real. (Ocaña barba).

En la actualidad, a través de un trabajo de campo realizado por José Nieto con la ayuda de Fidela y el propietario de la casa donde pudo estar situado, José Luis Gutiérrez Gallardo, se puede concluir que el Cortijo de Peralvillo se situaba a unos diez metros de la carretera nacional 401 de Ciudad Real a Toledo. Viendo el espacio urbanizado y zonas libres de edificaciones, existe una superficie de unos mil metros cuadrados. Se deduce que el cortijo ocuparía un espacio dentro de dicha superficie. En el interior de estos inmuebles y hace unos 60 años, se encontraba un resto de edificación de dimensiones considerables donde los chicos del lugar se encaramaban jugando en el amplio corralón. A este resto de muralla o contrafuerte lo han venido llamando los lugareños "peñón". Su composición y dureza era de cal arena y piedras de diferentes tamaños en la parte de los cimientos que deberían sobresalir del terreno. En la parte norte del mencionado solar existía un pozo y pilancón posiblemente para los ganados y mulas de los gañanes. Dicho pozo estaba a ras del suelo sin brocal y lo llamaban pozo de la posadilla. Añadir que el espacio ocupado por el cortijo hacía fachada con la carretera, ocupando por esa razón un lugar estratégico de cara al control de la zona.

Ya en el siglo XV Peralvillo, cuya situación en el camino real le proporcionaba una importancia añadida al ser lugar de paso de mercaderes y viajeros y muy propicio para cometer robos y otros delitos más graves, adquirió notoriedad como lugar de ajusticiamiento de la Santa Hermandad. Tras ser apresados los delincuentes por los cuadrilleros de la Santa Hermandad eran suspendidos y asaeteados hasta su muerte, dejando los cadáveres expuestos con objetivos pedagógicos; efectivamente, debía ser una gran advertencia para los viajeros del Camino Real hacia Toledo. Este macabro papel le otorgó a Peralvillo una reputación sombría y lo convirtió en un punto de referencia en las narrativas de la época, incluso siendo mencionado en el Quijote. Mención que hace en el capítulo XLI de la II Parte, cuando en el jardín del Palacio de los Duques están preparando a Sancho para su vuelo imaginario, que el pobre Sancho piensa que será real, sobre Clavileño, el célebre caballo de madera. Mientras le aúpan sobre Clavileño y le ponen la venda en los ojos, el pobre Sancho exclama, muerto de miedo: “¡qué mucho que tema no ande por aquí alguna región de diablos que den con nosotros en Peralvillo!”. Porque “dar en Peralvillo”, es decir, acabar los días de uno en Peralvillo, en el lenguaje de la época, equivalía a acabar pero que muy mal.

En el célebre “Tesoro de la lengua castellana”, de Sebastián de Covarrubias, se define a Peralvillo como “un pago junto a Ciudad Real, adonde la Santa Hermandad hace justicia a los delincuentes con la pena de saetas”. Las ejecuciones se realizaban en el “cerro de las horcas”, también llamado “de los palos”, a medio kilómetro más o menos de la aldea, yendo hacia el Piélago, en el que la Santa Hermandad, precursora de la actual Guardia Civil, cumplió durante siglos el triste oficio de ejecutar a los reos de graves crímenes y delitos. Cercano a este monte, en lo que entonces era la desembocadura del río Bañuelos, se encontraba el Arca de los ladrones, que venía a ser un osario donde La Cofradía de la Caridad se ocupaba de sepultar los restos de los ajusticiados.

Peralvillo, como lugar de ejecuciones, traspasó fronteras. Cuando en Perú se produjo, en el siglo XVI, una explosión de bandolerismo que asolaba campos y caminos, el Rey dispuso que se enviara un destacamento de la Santa Hermandad de Ciudad Real a aquel Virreinato para ayudar a fundar lo que pronto sería la Santa Hermandad de Lima. Pues bien, el lugar que se eligió para llevar a cabo las ejecuciones, era una loma junto al Camino Real que estaba situada a unas dos leguas al Norte de Lima. Y a aquel sitio se le dio el nombre, que aún conserva en nuestros días, de Peralvillo, en memoria del célebre lugar de ejecuciones allá en la Mancha, en la lejana España. Actualmente el Peralvillo de Perú está enclavado en el distrito de Chancay, provincia de Huaral, Departamento de Lima.

Tal y como podemos leer en el Diario Lanza el 14.01.1954 Peralvillo, como lugar de ejecución, se extendió en el tiempo: “A la vez de comunicar la sentencia al penado, le proporcionaban los auxilios espirituales pertinentes y quedaba recluido en capilla por tres días, al cabo de los cuales se organizaba, a la puerta de la prisión, tétrica comitiva para acompañarlo a las horcas de Peralvillo, en viaje postrero. Precedía la Cofradía de Caridad con el Cristo de las estaquillas (desde 1515, poseía privilegio de ir en los actos religiosos públicos, tras la Cruz parroquial de San Pedro); seguían a caballo, cuadrilleros y ballesteros, asalariados por el Tribunal para este cometido, con flechas y arcos y vestidos verdes. Más detrás, iba el condenado rodeado de religiosos exhortantes. El cortejo lo cerraban como encargado del reo, el cuadrillero Mayor, con estandarte verde, y, a su lado, un escribano y por último, el alcalde. En la puerta de la prisión y por las calles, de trecho en trecho, pregonaban el delito y la pena. Al llegar a la Puerta de Toledo se trasladaban, seguidamente, a Peralvillo, donde estaba el cadalso delante de una tienda de campaña. Allí, al otro lado de una mesa cubierta de verde, con un Crucifijo y una escribanía, se situaba el Tribunal. Leída la sentencia y hecho el postrer pregón, se daba garrote al delincuente, le clavaban las trece saetas de ordenanza y abandonado quedaba su cadáver y pendiente del patíbulo. El 23 de mayo de 1776 “dieron pena capital de orca a Juanazo y a Covadonga, en Peralvillo, por el Tribunal de la Santa Hermandad Real y Vieja”. En 1783 “fue condenado a pena de orca, ejecutada en aquel tiempo por la Villa de Almagro, el tío Ribera, monedero falso”. El 1799, “el día 17 de julio, sufrió la pena ordinaria de orca un reo de la Villa de Camuñas preso por el Tribunal de la Santa Hermandad Real y Vieja; llamado Francisco Gómez”. En 1803, “el siete de marzo ahorcaron a Fernando Pinilla, en Peralvillo”. Cerca de las horcas había un arca de piedra y sobre ella, una losa con una ventanilla, en el centro, por donde los pasajeros piadosos o los hermanos de la Caridad, arrojaban al interior los huesos de los que perecieron, con lo cual lucraban las indulgencias concedidas a la Santa Hermandad por bulas Papales. En unos de los lados del arca, se elevaba una gran Cruz de hierro. De este modo, las horcas de la Santa Hermandad, sitas en una loma de la aldea de Peralvillo, al lado derecho de la carretera que nos lleva a Toledo, alcanzaron, al correr de los siglos, su fama terrible. Ya todo desapareció menos el nombre…”

Ya en el siglo XIX adquirieron notoriedad en la zona los Hervidero del Emperador o Baños del Trujillo, situados entre las ruinas de los molinos harineros «del Emperador» y de «Malvecinos». Estos baños y molinos tienen, según algunas teorías, origen romano y sufrieron a lo largo del tiempo considerables daños por las frecuentes avenidas del río, aunque también existe la teoría de que se llaman así por el emperador Alfonso Vll que tenía tierras en esta zona. El balneario fue reconstruido a finales del siglo XIX. El lugar contaba con una zona de hospedaje para los visitantes, que venían de lejos para disfrutar de sus aguas medicinales. Había dos piscinas separadas por sexos, con un coste de 1,5 pesetas por la noche y 1 peseta por el baño. El nombre del balneario se debe a un molino cercano, el Molino del Emperador. Posteriormente, la familia Trujillo adquirió el lugar en la segunda década del siglo XX, pero la explotación del balneario no fue exitosa y terminó por abandonarse.

El 26 de junio de 1927 se inauguró el Puente de Hierro de Peralvillo, construido sobre la antigua vía del tren Madrid-Ciudad Real. La operación resultó complicada puesto que se realizó sin interrumpir el tráfico ferroviario. Fue construido e instalado por la Maquinista Terrestre y Marítima y las obras duraron diez meses invirtiéndose en la parte metálica más de 500 toneladas de hierro, siendo el coste total de 1.200.000 pesetas. En cuanto a sus características, se trata de un puente abovedado que descansa en diez aparatos de rodillo sobre los estribos y tres fuertes pilares de mampostería. Además, su ficha técnica el artículo incluye datos como su longitud, cuatro tramos (dos de 55,74 metros y dos de 53,28) que suman un total de 218,04 metros; o su altura que es de 4,820 m. desde el nivel del suelo a la parte baja del tablero (Federico Valero BIM 04.2005).

Tras la llegada del AVE a Ciudad Real en 1992, el puente quedó en desuso, pero hoy en día es un lugar popular para ciclistas y peatones que disfrutan de la zona. Con una longitud de 218 metros, 5 metros de altura y un peso de 500 toneladas, el puente que se encuentra en el sendero GR-114 (camino natural del Guadiana), el Camino de Santiago Manchego y la Ruta de Don Quijote es una impresionante muestra de la ingeniería del siglo XX.

Con el tiempo, el paisaje de Peralvillo se transformó debido a la construcción del Pantano del Vicario, que inundó parte de la zona, incluyendo un antiguo balneario de aguas termales. Este cambio radical alteró la fisonomía del lugar y dejó bajo el agua parte de su historia.

En cuanto su patrimonio, destaca la Ermita de San Marcos; pequeña ermita de una sola nave de tipología popular con espadaña y arco de medio punto en la fachada y en los laterales toscos contrafuertes cilíndricos y prismáticos. Fue construida en el siglo XVIII conforme a un estilo sencillo y rural destacando su gran espadaña coronada por un nido de cigüeñas.

Aunque su pasado histórico sigue presente en la memoria colectiva, Peralvillo ha sabido adaptarse a los tiempos modernos y ofrece a sus visitantes un entorno natural privilegiado con una importante reserva protegida de aves acuáticas ubicada en uno de los humedales más importantes de la región y que, junto a su vegetación eminentemente autóctona y sus oquedades fluviales, campos y sierras, constituye un espacio con una sorprendente variedad de recursos naturales; resultando ser un lugar tranquilo y pintoresco, rodeado de campos de cultivo y con el Pantano del Vicario como telón de fondo.

LA CRUZ DE LOS CASADOS DECONSTRUIDA

Al final del paseo principal del Parque de Gasset, en Ciudad Real, se erige un monumento que la tradición oral ha vinculado secularmente a una trágica y romántica leyenda medieval. El relato hunde sus raíces en los convulsos conflictos fronterizos e institucionales que enfrentaron, durante la Baja Edad Media, a la Corona —a través de Villa Real (actual Ciudad Real)— y a la Orden de Calatrava, cuyo bastión avanzado y foco de hostilidades era la vecina localidad de Miguelturra.

Según la crónica popular, en el contexto de estas cruentas escaramuzas, Alvar Gómez de Piedrabuena —defensor del Maestre calatravo— sufrió el saqueo de su hacienda y el asesinato de su progenitor. Este suceso enquistó un profundo odio interfamiliar que marcaría el destino de dos jóvenes amantes: Sancho, natural de Miguelturra, y Blanca, hija de Remondo, un influyente prohombre de Villa Real.

Ante la imposibilidad de un consenso familiar y el temor a un rapto que recrudeciera las hostilidades, fray Ambrosio, prior de los franciscanos de Ciudad Real, intervino como mediador. Al fracasar la vía diplomática, el religioso optó por desposar en secreto a la pareja en el paraje del Humilladero. Sin embargo, la huida fue frustrada por Remondo y su mesnada. En el altercado subsiguiente, el padre de Blanca, cegado por la ira, atravesó con su espada al fraile e infligió una herida mortal a su propia hija. Sancho, en un intento de venganza, cayó abatido por las lanzas de los perseguidores.

La tradición afirma que los cuerpos de los jóvenes amantes fueron sepultados en el mismo lugar de los hechos y que los vecinos de Villa Real erigieron una cruz conmemorativa sobre su túmulo, bautizándola como la «Cruz de los Casados».

Más allá del innegable valor antropológico de la leyenda, el análisis histórico y documental ofrece una realidad vinculada no al romanticismo, sino al aparato punitivo y jurisdiccional del Antiguo Régimen. La estructura original que dio pie al mito —una columna de fuste circular y capitel rematado por una cruz— responde a la tipología de un rollo jurisdiccional o picota.

Durante siglos, la ejecución de la pena de muerte y la posterior exhibición de los restos humanos formaron parte del engranaje disuasorio del ordenamiento jurídico. Si bien es de sobra conocido el centro de ajusticiamiento que la Santa Hermandad poseía en Peralvillo (Miguelturra), la historiografía —con autores como Villegas Díaz— constata la existencia de varios rollos y picotas en el tejido urbano y los accesos de Ciudad Real.

El rollo jurisdiccional era símbolo de autonomía jurídica y condición de villa frente a aldea y estaba compuesto por una columna cilíndrica rematada por esferas, granadas o motivos heráldicos.

La picota tenía un uso explícitamente punitivo y de castigo público e incorporaba argollas, grilletes y garfios para exponer miembros o cabezas.

En la práctica, ambos términos se utilizaron de manera intercambiable, ya que los rollos asumieron con frecuencia funciones punitivas. Existen testimonios documentales de ajusticiamientos en estos emplazamientos en Ciudad Real bien entrada la Edad Moderna, como la ejecución del bandido Pérez Ponce en 1686, o la de Andrés Merlo y María González en 1741, acusados de asesinar a la mujer del primero. Incluso a finales del siglo XIX, algunos testigos locales recordaban la presencia de despojos humanos expuestos en estos rollos.

El monumento que hoy nos ocupa se situaba originalmente a la salida de Ciudad Real, en el camino histórico hacia Alarcos y en las inmediaciones de la desaparecida Puerta de Alarcos.

El historiador Rafael Ramírez de Arellano ofreció una valiosa descripción técnica de su estado original antes de su deterioro decimonónico:

«Tenía sobre el restante fuste una especie de ménsula; sobre esta un prisma rectangular con las caras rehundidas a modo de hornacina y terminaba en una pirámide truncada y sobre ella una crucecita.»

Este prisma albergaba los garfios empleados para la exhibición post-mortem de los reos o  partes de sus cuerpos. Con la progresiva pérdida de sus funciones penales a partir del siglo XIX, y siguiendo una práctica común en la geografía española, el monumento sufrió un proceso de cristianización e hibridación patrimonial, reforzando la presencia de la cruz en su remate superior.

La fisonomía del monumento ha variado notablemente a lo largo del último siglo debido a sucesivas reconstrucciones:

• 1924: Tras sufrir un grave deterioro en su ubicación original del Paseo de Alarcos, el rollo fue reconstruido respetando el prisma rectangular y trasladado al interior del Parque de Gasset (inaugurado en 1915).

• Remodelación del parque de Gasset en 1986: Se realiza una nueva réplica que simplifica el diseño, eliminando definitivamente el prisma rectangular donde se alojaban los antiguos garfios de ejecución.

• 2024-2025: Tras sufrir el expolio de la cruz, en 2025 el monumento fue restituido mediante una nueva réplica, presentando el aspecto que exhibe en la actualidad.

La denominación de la «Cruz de los Casados» constituye un excelente ejemplo de resignificación patrimonial. El pueblo de Ciudad Real, despojado ya del recuerdo terrorífico del cadalso y la justicia sumaria bajomedieval, transformó un antiguo y macabro rollo jurisdiccional en el escenario de una de sus leyendas más bellas y trágicas, inmortalizando la memoria de Sancho y Blanca allí donde un día se aplicó la ley de los hombres.

Fuentes:

Maldonado Felipe, Miguel Ángel: Rollos jurisdiccionales, horcas y picotas en la provincia de Ciudad Real. Ciudad Real: Diputación Provincial de Ciudad Real. 2022

Villegas Díaz, L. R.: Sobre el urbanismo de Ciudad Real en la Edad Media (datos y reflexiones). Ciudad Real. Ayuntamiento de Ciudad Real. 1984

Tres obras sobre Ciudad Real: Ciudad Real artística (1893), Paseo artístico por el Campo de Calatrava (1894), Memorias manchegas (1911) / Rafael Ramírez de Arellano. - Primera edición facsímil. - Ciudad Real: Servicio de Cultura, Diputación Provincial, 2016

Golderos Vicario, José: Ciudad Real: siete siglos a través de sus calles y plazas, 1245-1945. Ciudad Real: Ayuntamiento de Ciudad Real, 1998.


“CONÓCEME, CARNAVAL DE MIGUELTURRA. 40 + 5 ANIVERSARIO DE LA ASOCIACIÓN DE PEÑAS” DE BERNA MARTÍNEZ

El pasado 6 de febrero tuve la oportunidad de presentar el libro “Conóceme, carnaval de Miguelturra. 40 + 5 aniversario de la Asociación de Peñas” de Berna Martínez enmarcado en la programación de las IV Jornadas Culturales del Carnaval de Miguelturra; libro que viene a enriquecer el patrimonio bibliográfico y documental tanto de Miguelturra como de su fiesta emblema, el carnaval. Antes de la presentación intervino el presidente de la Asociación de Peñas del carnaval de Miguelturra, Diego Rodríguez y, tras ella, el autor del libro, Berna Martínez

Presentación

Antes de que Berna nos hable, voy a hacer una breve semblanza de su persona y su obra.

A Berna la mayoría lo conocéis, hijo del entrañable y añorado Paz, el del quiosco y de Pilar, hermano de María del Prado, marido de Esther, la chica del Chaplin, y padre feliz y orgulloso de Fran y César, sus dos hijos. Informático de profesión, aficionado a la fotografía, amante del asociacionismo y del deporte, por ejemplo, de las carreras de fondo, donde compartimos afición en el club local Fondistas de Miguelturra, del que también es presidente Diego Rodríguez. 

Pero, sobre todo, es un apasionado y un entusiasta del carnaval, pero no de cualquier carnaval, del carnaval de Miguelturra, el de su pueblo, el pueblo que le vio nacer y donde ha vivido y vive. En este carnaval ha participado desde que tiene uso de razón, pasando por la Peña El Jamón, por la charanga El Bufón, por la Peña La Cabra y por la peña Máscaras Mayores, porque hace un año fue proclamado, junto a Esther máscaras mayores del 2025. De hecho, por unos días aún son las actuales máscaras mayores. También pertenece, en este sentido, a la Asociación Histórico Cultural carnavaldemiguelturra.es, y es el responsable y diseñador de la web oficial de la Asociación de Peñas del Carnaval de Miguelturra, web imprescindible para cualquier amante o curios que se quiera acercar a nuestro carnaval.

Berna siempre ha disfrutado y disfrutará del carnaval, pero me da en la nariz que siempre va a tener un cariño y un recuerdo muy especial a una peña, no clandestina, sino oficiosa, que durante más de 30 años compuso con sus amigos. Nada más y nada menos que la peña La Agüela, que a saber por qué motivos no ha tenido a bien mencionar en el libro.

Todos estos son datos conocidos de Berna, pero quizás lo que mucha gente no sabe es que Berna es un poco cabezón, algo testarudo, tozudo y hasta obcecado, vamos, que es un pelín terco y, cuando algo se le pone en la cabeza, pone todo el empeño del mundo en conseguirlo. Que se le pone hacer un maratón, pues lo hace, que se le pone hacer un libro, también lo hace, que considera que ese libro hay que actualizarlo, pues actualizado queda.

Y precisamente este último libro es el que hoy presentamos “Conóceme, carnaval de Miguelturra. 40 + 5 aniversario de la Asociación de Peñas”; libro que trae una gran novedad, pues va a tener dos formatos, el físico y el digital.


El otro día, en la previa de estas jornadas culturales celebrada en la BPE de Ciudad Real, entre las muchas cosas interesantes de las que hablamos, estaba el tema de la evolución del carnaval, en el sentido de respetar la esencia, pero al mismo tiempo ir adaptándose a los nuevos tiempos para evitar quedar estancado y pasar al olvido. Este es un ejemplo claro de ello.

Quizás alguien piense que no ha pasado mucho tiempo entre la publicación del libro original y esta ampliación, pero teniendo en cuenta la rapidez con la que circula el mundo y sus acontecimientos, que en apenas 5 años hay 30 páginas de novedades con respecto al libro original y el hecho del nuevo formato digital, seguro que llegamos a la conclusión que esa ampliación era necesaria.

El libro en sí es un recorrido por la historia del carnaval de Miguelturra desde tiempos inmemoriales hasta la actualidad. Pasando por las primeras noticias que se tienen de la fiesta; por los bailes en asociaciones, centros y casinos; por haberlo celebrado durante la dictadura a pesar de esta prohibido; por el paso del carnaval anárquico al institucional; por murales, pregoneros, reyes, carteles, concursos, jornadas culturales, embajadores, etc., etc. 

Por lo tanto, es un libro para recordar, pero también para conocer el presente de nuestro carnaval. Es un libro escrito con un lenguaje llano y entendible para llegar a todo el mundo por lo que resulta de fácil y amena lectura y que cuenta con una colección de imágenes espectacular (se nota su afición a la fotografía) en cuanto a la cantidad y a la calidad. En este sentido, recomiendo encarecidamente que, cuando tengan tiempo, se fijen en todas y cada una de las imágenes, en los rostros, en los detalles, en las ropas, en el espacio, en los lugares, en los edificios, en todo lo que rodea a cada escena. Seguro que hallan una forma de revisitar, de volver a vivir o incluso de vivir sin haber estado presente carnavales de tiempos pretéritos.

Por supuesto, también tiene un espacio muy especial para las peñas del carnaval de Miguelturra y en él, describe la historia de las que existen en la actualidad. También hay un listado para añorar aquellas peñas que existieron y ya no están y a las que quiero rendir un pequeño homenaje primero en forma de texto:

Eran peñas como esas Viejas Glorias que soñaban con el Siglo XXI; o esos Jóvenes Rebeldes, que tras estar abocados al Desastre lograban convertirse en Pioneros del Oeste que untaban de Betún sus botas mientras realizaban Artesanía Manchega sin hacerse ni Los Sopones ni Los Sofocaos. Las había también con componentes de mediana edad que lucían orgullosos y orgullosas en los desfiles de alta costura sus Chambras, Sombreros y Chisteras. Y, por último, otras fueron gran fuente de inspiración de numerosos poetas románticos para componer sus versos por sus sutiles y delicados nombres que sugerían belleza, encanto y elegancia; eran, como no, los Chotos Impotentes y los Calzoncillos Zurraspaos. 

Y luego en forma de coplilla:

En este Siglo XXI, Miguelturra es una locura,

ya no salen las Viejas Glorias luciendo su dentadura.

Lucían La Chambra de Artesanía Manchega con soltura.

Más tarde llegaban Los Jóvenes Rebeldes

Que iban disfrazados de Pioneros del Oeste

y se ponían El Betún de las botas en los mofletes.


Aquel desfile fue un desastre,

Los Sopones y los Sofocaos se confundieron de traje;

unos llevaban El Sombrero, los otros La Chistera,

¡parecían un entierro de la sardina de tercera!

"¡Apartad, Chotos Impotentes! El público les gritaba

¡que hoy no es miércoles de ceniza, sino domingo de piñata!".


¡Ay, qué risa en la calle, qué momento más salao!

Cuando el alhiguí estaba agachao,

se le rajó el pantalón y se vieron Los Calzoncillos Zurraspaos.


Para finalizar, e insistiendo con las coplillas carnavaleras le voy a dedicar unas a Berna, aunque al final me han salido un poco al estilo Gloria Fuertes. 

Para los entendidos se trata de unas estrofas de cuatro versos, de arte mayor, de métrica libre, con rima consonante y que siguen el esquema AABB.

Espero me perdone alguna vez, y que también lo hagáis todos vosotros y vosotras por tener que aguantarlas. ¡Ahí van!

En Miguelturra vive el Berna que es leyenda de la fiesta,

que lo mismo te corre un maratón que te da la siesta,

con su cámara al cuello retrata cada momento,

porque el Carnaval lo lleva muy grabado dentro.


Pero no se crean que el Berna es solo un hombre ilustrado,

que en el grupo de "La Agüela" ya lo hemos visto liado.

Cuentan que, a una presentadora, de esas de la televisión,

la invitaron a cerveza y a tapas de salchichón.


El Berna en el mes de febrero era un espíritu errante,

desaparecía de casa, ¡no hay quien lo viera delante!

Esther lo buscaba en Google, ponía avisos en la radio,

mientras él estaba de juerga, ¡ese era su único horario!


Solo asomaba la cabeza el domingo, muy formalito,

para llevar a sus hijos al carnaval infantil... ¡qué bonito!

Pero el resto de días, se volvía invisible,

desaparecía de casa, ¡su juerga era algo increíble!


Y para ir bien pintado, no se cortaba ni un poquito,

se presentaba disfrazado en el trabajo de su amorcito.

Esther, con mucha paciencia, le perfilaba hasta la ceja,

mientras él ya estaba pensando a quién darle "bromeja”.


Una noche de locura, de esas que el Berna disfruta,

se vistió de Conejita de Play Boy, ¡con una percha absoluta!

Iba el tío con orejas, con colita y con tacón, 

moviendo con mucha gracia su pequeño pompón.


Pero en un descuido grande, entre el tumulto y la gente,

alguien por la espalda le hizo un robo sorprendente.

¡No le quitaron el móvil, ni el dinero, ni la estola!

¡A nuestra Máscara Mayor... le mangaron la cola!


Se quedó el pobre Berna con el traje "capao",

buscando el rabo de conejo por todo el “descampao”.

"¡Que me han dejado sin cola!", gritaba con desconsuelo,

mientras los de "La Agüela" se partían por el suelo.


¡Ay, Berna, presenta ya el libro en este foro!

que entre carreras y "Agüelas" nos tienes a todos locos.

Eres Máscara Mayor, corredor y de la fotografía, artista,

¡pero, por favor, vigila tu cola, no la pierdas de vista!


Muchas gracias


EL BARRIO ORIENTE DE MIGUELTURRA

El pasado 15 de julio tuve el honor de realizar el pregón que inauguraba las ferias y fiestas del Barrio Oriente de Miguelturra del año 2025. Transcribo a continuación el mencionado pregón:

Concejales, presidentes y miembros de la Asociación de vecinos y de la Hermandad de Nuestra Señora Virgen de la Salud, vecinos y vecinas del barrio, miguelturreños, miguelturreñas y visitantes en general. Buenas noches, bienvenidos y gracias por estar aquí.

Felicitar, en primer lugar, a damas y zagales de estas fiestas, vosotros sois el futuro. En segundo lugar dar las gracias a las personas que pensaron en mí para poder realizar este pregón inaugural de las fiestas del barrio Oriente de Miguelturra 2025, en especial a Pilar. Lo cierto, es que cuando Santiago me lo propuso, me sentí, por un lado, honrado y halagado, por otro responsabilizado, pero también un tanto sorprendido por el ofrecimiento. De hecho, mi primer pensamiento fue: ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Lo cierto es que no tengo ni la más remota idea, yo solo puedo explicaros quién soy, de dónde vengo y a dónde voy.

Soy hijo de Antonio el pintor y Luisa Espinosa, nací en este barrio, en concreto en la calle La Corte, en una casa en la que crecí junto a mis abuelos paternos, Ángel y Juana, y mis hermanas. En el barrio he permanecido casi toda mi vida. En la calle La Corte hasta que me casé con mi compañera de vida, Conchi. Ambos comenzamos nuestra aventura vital en otra calle con solera, la calle Perlerines, pero tras seis años aproximadamente regresamos, ahora, a la calle Oriente en un terreno que antes había ocupado lo que llamábamos “casa vieja”, una casa que hacía honor a su nombre y que habían comprado mis padres a finales de los años 70 del siglo pasado y en la que tenían; además de varios tipos de animales de corral, un pequeño huerto, trastos de pintura y el mítico coche 4L; una cocina que sirvió para juntas de familiares y amigos en muchas ocasiones. A esa casa, ya nueva, nos trasladamos junto a nuestro hijo Sergio (que, aunque voló pronto del nido, regresa al barrio siempre que sus obligaciones profesionales y personales se lo permiten, de hecho, hoy está por aquí). Posteriormente también vino a vivir a la casa y al barrio Gabriela, mi suegra. Y desde entonces vivimos en ella dichosos, felices y orgullosos del barrio en el que está situada y de la gente que nos rodea.

En cuanto a mi trayectoria, tras cursar E.G.B., B.U.P y C.O.U., estudié Magisterio y, tras pasar por varios trabajos, llevo ya doce años en la Biblioteca Pública del Estado en Ciudad Real. Tengo varias aficiones como son el deporte (pertenezco al club Fondistas de Miguelturra) el cine o la música (alguna pista al respecto he dejado y dejaré) y, sobre todo, desde que tengo conciencia he sentido gran curiosidad por la historia, la etnología, las costumbres, el patrimonio y las formas de vida del pasado… pero, fundamentalmente la del entorno más cercano; Miguelturra y sus alrededores. Por ello, uno de mis pasatiempos favoritos desde que me alcanza la memoria ha sido y es el de investigar y recopilar información al respecto y, ya hace unos años, decidí que la información guardada no servía para nada, así que me propuse ir divulgándola… y en esas sigo en la actualidad, investigando y divulgando, o al menos intentándolo. En este ámbito, me honro pertenecer a la Asociación Cultural Malastardes que, desde hace unos meses tiene su sede en este barrio, concretamente en su centro cívico, uno de los muchos logros del barrio.

Cuando te plantean un reto como este surgen dudas sobre cómo afrontarlo, afortunadamente se disiparon rápidamente cuando empecé a recurrir a la memoria y recordar situaciones, personas, edificios, lugares, curiosidades del barrio.

Por ejemplo, recordé a mi padre y a todos los hombres que me rodeaban saliendo de casa al amanecer y regresando ya de noche después de pasar el día entero trabajando, ya fuera en el campo, en su oficio o en sus pequeños o grandes negocios. De sol a sol y casi sin descanso. Y todo ello afrontado con una alegría y una vitalidad inmensa.

Y como no recordar a las mujeres que han sido, son y serán pilar fundamental e imprescindible de sus casas, del barrio, del pueblo y en realidad, del mundo Todas eran, como mi madre, amas de casa, un trabajo tan valioso como poco reconocido, pues se encargaban de la limpieza, cocinar, comprar… de todas las tareas domésticas; pero también eran las que se encargaban de las tareas administrativas y del cuidado y la educación de sus hijos e hijas. Encima las había que trabajaban fuera: limpiando en casas ajenas, en labores agrícolas y ganaderas o ayudando e incluso siendo pilares fundamentales de los negocios familiares.

En conjunto, nuestro barrio siempre ha sido de gente humilde y trabajadora, de esas que no se rinden y sacan adelante lo que se proponen con esfuerzo y corazón. Un ejemplo claro de ese espíritu es la Ermita de la Virgen de la Salud, inaugurada en 1995 y construida por los propios vecinos en su tiempo libre, después de sus largas jornadas de trabajo y quehaceres diarios.

Otro de esos recuerdos que, con perspectiva, me parece extraordinario fue cuando reflexioné sobre la gran cantidad de negocios que había en la calle donde vivía.

En la calle La Corte, en poco más de 50 metros, desde la esquina de la calle Malpica en dirección a la estación, a finales de los 70 del siglo XX llegué a contar nada menos que siete negocios; a saber: la fábrica de gaseosas de Ángel y su tienda de ultramarinos en una esquina, en la otra la carnicería de Valentín, a continuación, dos vaquerías (las de Joaquín y José), luego una fábrica de anea de Carmelo Palmero y enfrente la peluquería de Loli. Todo eso en un tramo pequeñísimo.

Pero si caminabas un poco más en ambos sentidos, te encontrabas, además, con dos bodegas, otra fábrica de anea y una prensa de aceite. Y ya si te ibas al resto del barrio, veías aún más tiendas, vaquerías, ganaderías ovinas y caprinas… Algo que me parece realmente insólito y asombroso. Un auténtico hervidero de actividad en un barrio que, recordemos, no es céntrico.

Y esto no ocurrió por casualidad. Es el reflejo de que la gente de este barrio siempre ha tenido un gran espíritu emprendedor. Personas que no se conformaban, que ponían en marcha sus ideas y levantaban negocios con trabajo y valentía haciendo de este barrio un lugar que ha sabido buscarse la vida, que ha creado, que ha movido la economía desde su rincón, sin hacer demasiado ruido, pero dejando una huella indeleble en Miguelturra.

Esta zona del barrio Oriente es la más alta del pueblo, y aquí apareció en época medieval el primer asentamiento humano (restos aparecidos y callejuelas lo atestiguan), por lo tanto podemos decir que en el barrio están los orígenes de Miguelturra. Luego aparecería otro asentamiento en la zona que ahora ocupa la plaza y alrededores. Ambos rodeados de lagunas. Con el tiempo, las lagunas se secaron y poco a poco se fueron uniendo ambos asentamientos conformando lo que ya conocemos como Miguelturra. Estoy convencido que el barrio desde esos tiempos siempre ha tenido, manteniendo su propia identidad, el firme propósito de integrarse en el pueblo y ser parte importante de él. Y así, con ese espíritu, llegó hasta casi finales del siglo XX.

Porque en 1988, se produce un hecho que transformó todo, la creación de la Asociación de Vecinos del Barrio Oriente desencadenado, entre otros motivos, por una situación muy curiosa en el que las mujeres, de nuevo, tuvieron un papel fundamental. Se produjo una especie de motín de las mujeres del barrio. Ocurrió que asfaltaron por primera vez la calle Oriente y, al existir varias ganaderías de ovejas y cabras en la zona, cuando pasaban los rebaños dejaban la calle llena de excrementos. El caso es que un buen día salieron a la calle un grupo de mujeres y no permitieron el paso a los rebaños. El lío fue tremendo, tuvo que intervenir la Guardia Civil, el Ayuntamiento y una de las soluciones que surgieron de esta situación fue, precisamente, la de crear una Asociación de vecinos para poder hacer más fuerza en las reivindicaciones del barrio. Ahí comenzó todo.

Al año siguiente, en 1989, se creó la Hermandad de Nuestra Señora la Virgen de la Salud, que al principio estaba integrada en la Asociación.

La Asociación ha estado presidida por Carmelo Vargas (por cierto, su viuda Inés es una representante genuina de barrio, luchadora, trabajadora y muy buena persona), Santiago Muñoz, Antonio Rodrigo y María José que es la que actualmente ostenta el cargo.

Con respecto a la hermandad, solo ha conocido dos presidentes, la primera fue Satur Arévalo; mi vecina Satur; una mujer, por cierto, que representa muy bien lo que es el barrio: tiene un gran carácter y también un corazón inmenso, siempre dispuesta a ayudar y a echar una mano a quien haga falta. Luego cogió el relevo Santiago Muñoz que es el actual presidente y al que podriamos definir como un hombre mítico y una auténtica referencia en estos lares por su labor, desempeño y trabajo en pro del barrio, de la Asociación y de la Hermandad.

A todos los presidentes y presidentas y a todas las personas que los han acompañado y ayudado en cada etapa muchas gracias, vuestra labor ha sido maravillosa y a la vista está.

Y aunque no ha sido presidente, no quiero dejar pasar la ocasión de mencionar a mi vecino Emiliano (que ha sido homenajeado en estas fiestas) y al que considero como la auténtica personificación del barrio. Emiliano, al igual que el barrio es un hombre con solera, 92 años le contemplan, siempre alegre, siempre cantando sus cancioncillas flamencas, siempre con una buena palabra o un chascarrillo para todo el mundo, trabajador incansable, hombre afable y con un espíritu juvenil envidiable; exactamente igual que el barrio.

También agradecer a los distintos  ayuntamientos que han existido durante estos años su implicación, ayuda y apoyo al barrio, sin ese apoyo hubiera sido imposible llegar a donde hemos llegado. También me gustaría pedir y animar a los miembros del actual ayuntamiento y a los que vengan después ese apoyo institucional a las reivindicaciones del barrio, porque siempre hay cosas que mejorar. 

Históricamente, y desde la creación de Asociación y Hermandad, el barrio, además de seguir integrándose en el conjunto del pueblo, también ha intentado hacer sentirse de él a todas las personas que lo habitan ofreciendo un espacio acogedor en el que nadie se siente extraño. Nada más formarse la Asociación, por ejemplo, las calles La Corte y Malpica fueron integradas rápidamente y, desde entonces, son parte de él. Recuerdo perfectamente cómo los que vivíamos en esas calles nos sentíamos ya del barrio y participamos en las primeras fiestas, en el año 1989 celebradas en la plazoleta de Susano, porque entonces aún no existía la calle Ermita, y mucho menos las nuevas calles y urbanizaciones que se han ido sumando progresivamente al barrio. Por cierto, unos de los primeros inquilinos de la calle Ermita fueron mis amigos José María y Toñi, maravillosa mujer y luchadora donde las haya y que es otro ejemplo de una persona que, como yo, nació en el barrio (calle Buque) y, tras una etapa fuera, volvió a él.

A principios del siglo XX nuestro ilustre paisano Francisco Rivas Moreno fundó el partido regionalista manchego que, como objetivo principal, propugnaba intentar arreglar los graves problemas que asolaban a los manchegos; para, una vez satisfechas las necesidades de éstos, sumar la riqueza que se pudiera generar al resto del territorio. La forma de actuar del barrio y su asociación me ha recordado mucho a ese regionalismo de Rivas Moreno. Primero se luchó por arreglar los problemas que había en el barrio y se consiguió que lo dotaran de todo tipo de servicios e infraestructuras, pero una vez que se iban realizando esos avances, el barrio y su asociación empezó a sumar en todo lo que el resto del pueblo necesitaba. Y ahí ha estado siempre, apoyando a los más desfavorecidos, haciendo campañas para mitigar desastres en otras poblaciones, recogiendo alimentos para los más necesitados, realizando todo tipo de campañas solidarias, cursos y charlas formativas, haciendo viajes culturales y ayudando y participando de forma activa en todo tipo de fiestas y eventos que se organizan en Miguelturra.

En este sentido, el barrio y su gente siempre ha estado donde se la ha necesitado.

“Como recuerdo, barrio querido, aquellos tiempos de mi niñez... Eres el sitio donde he nacido y eres la cuna de mi honradez” cantaba Gardel con unos versos que puedo extrapolar a mi barrio.

Esa niñez compartida con mis amigos entre juegos y charlas en una calle por la que apenas pasaban coches. Por cierto, uno de esos amigos y vecino de toda la vida, Santiago Rubio, también ha seguido una trayectoria similar a la mía, de hecho, él ni siquiera se ha marchado del barrio pues creció en la Calle Malpica y de ahí, se trasladó a la calle Ermita donde vive actualmente. Esa niñez compartida con mis vecinos cuando entonces eran casi como familia; vecinos ya desaparecidos desgraciadamente como Carmelo, Crescen, Josefa, Maudilio, Gaspara, Guillermo, Santiago, Josefa, Valentín, Felicia, Manuela, Francisca... y de los que mantengo un gran recuerdo.

Esa niñez en la que había olores típicos que ya han desaparecido. Los había buenos y malos, no os voy a mentir, pero me quedo con los buenos como el olor de la anea que olía a río o a mí me lo parecía; el olor a uva fermentada que, a finales de septiembre, tras la vendimia, salía de las bodegas del barrio, el olor a pan y a dulces recién hechos cuando llegaba el panadero, el olor a fruta en sartén en carnavales o a las comidas típicas de Semana Santa.

Y no solo olores, también recordé sonidos de mi niñez como el del paso de rebaños de ovejas, el del afilador, el de los niños jugando en la calle, el de las vecinas hablando y riendo cuando tomaban el fresco en las tardes de primavera o en las noches veraniegas, el del saxofón del amigo y compañero de mi tío José, Luis, el Colodro que me dejaba ensimismado cada vez que ensayaba… y otros puntuales en determinadas épocas del año, como el de cánticos tradicionales y villancicos acompañados de zambomba en las hogueras que se hacían en medio de la calle (evidentemente no estaban asfaltadas), los sonidos de la estudiantina en carnaval, el del bombo de Maudilio cuando iba recogiendo a los armaos la madrugada del viernes santo para la vigilia o el del tambor de las banderas gremiales en las fiestas del Cristo o de la Virgen cuando llegaban a casa a recoger a mi padre. Y, entre todos ellos, había un sonido muy especial para mí y para el barrio, el del tren, porque el Barrio Oriente, para muchas personas, será siempre el barrio de la estación.

Y es que a la gente más joven quizás le sorprenda, pero sí, aquí, al otro lado de las vías enfrente del edificio que hace esquina entre la calle Ermita y la Ronda de las Cañadas hubo una estación de ferrocarril, con su edificio, con sus servicios y con su muelle de carga y descarga de mercancías.

Para mí, el tren, el ferrocarril ha sido un elemento muy importante, no solo cuando echaba la imaginación a volar cada vez que veía u oía pasar uno por estas vías y pensaba en grandes viajes, lugares idílicos y aventuras, sino porque seguramente por él pertenezco a este barrio.

Mi abuelo materno, Alejandro Tomás nació en La Carolina, era ferroviario y llegó a Miguelturra hacia la segunda década del siglo XX  junto a parte de su familia que también lo eran (por ejemplo, Isabel, la mujer que era guardabarreras en la calle La Corte, era su sobrina y Antonia y Teresa que lo eran en el camino de Peralvillo eran sus hermanas), se casó con Rafaela, hija de Soto (mi abuela) y vivieron en la calle La Corte, en la misma casa en la que posteriormente yo nací.

Precisamente, uno de los primeros recuerdos que tengo de mi infancia tiene que ver con mi abuelo que ya por aquel entonces había enviudado y, tras casarse en segundas nupcias con Antonia, la hermana de Seve, - una mujer estupenda y alegre como ella misma a la que le teníamos mucho cariño, cariño que era recíproco - vivía en una casa que hacía de esquina entre las calles Malpica y Botija  y algunas tardes de verano pasaba por mi casa, me recogía y me llevaba a la estación. Ya en la estación, allí siempre estaba su amigo, el factor, que vivía en una vivienda dentro de la propia estación y mientras ellos recordaban viejos tiempos, el niño, yo, solía juguetear por el tramo que había entre la estación y el muelle o por la oscura y sombría sala de espera. La tarde se ponía interesante si alguien iba al muelle a cargar o descargar mercancía. Allí que estaba yo como jubilado en obra atento a todos los movimientos, sin que se me escapara uno; y ya, el culmen de la felicidad llegaba si paraba algún tren con pasajeros y el amigo de mi abuelo, el factor, cogía su bandera y se ponía a hacer señales al maquinista, mi ensimismamiento era supremo.

Hay una cosa que pensaba en esa época y que ahora he recordado y es que yo tenía la sensación de que quién estableció la ubicación de la estación le tenía cierta manía a Miguelturra. Las personas que la habéis conocido, ¿nunca os ha llamado la atención lo lejos que la pusieron? Pero hay algo aún mucho peor, ¿qué necesidad había de hacer la estación en la otra parte de la vía? Obligando así a las personas a cruzar la mencionada vía con el peligro y “desacarreo” que eso conllevaba. Y sin existir ningún impedimento natural ni de otro tipo para haberla hecho, por ejemplo, justamente donde actualmente finaliza la calle La Corte. ¿Conocéis algún caso igual? Desde luego en las estaciones de los pueblos y ciudades cercanas no. En fin, es algo que nunca he entendido.

El caso es que la estación de Miguelturra se inauguró el 14 de marzo de 1861 con motivo de la apertura del tramo de ferrocarril entre Ciudad Real y Almagro y desgraciadamente se hundió en la década de los 80 con motivo de la puesta en marcha del AVE, quedando actualmente solo algo de sus cimientos, aunque por poco tiempo, ya que las hierbas y la tierra los harán pronto desaparecer; algunos fragmentos de lo que fue el muelle y algún viejo árbol que en su momento llegó a hacer de portería. Hace poco, pude conocer la antigua estación de Socuéllamos y su muelle, que se ha convertido en un espectacular centro cívico la primera y en un almacén el segundo. Y lo cierto es que me dio cierta envidia y pena el pensar que esta estación, la nuestra, podría haber tenido una vida muy útil actualmente. Pero así son las cosas

En esa estación, en sus 125 años de vida llegaron a ocurrir muchos sucesos, algunos que parecen sacados de una película del oeste, como apedreamientos al tren, asalto al tren de grupos carlistas, accidentes graves e incluso mortales, disparos al tren, detención de presos, incendio de las cosechas cercanas por un pasajero que fue apeado al no llevar billete, etc.; pero también ocurrieron cosas agradables como el paso por ella de gente notable.

Una de las personalidades que estuvo varias veces en esta estación y en la que fue agasajado con el recibimiento de autoridades y vecinos, banda de música e incluso con engalanamiento de la estación y suelta de palomas fue Rafael Gasset Chinchilla.

Este hombre llegó a ser ministro hasta en nueve ocasiones, además era un empresario periodístico (poseía uno de los principales periódicos de la época El Imparcial) y también, abogado.

El motivo de esos recibimientos fue su estrecha relación con esta zona y con Miguelturra, siendo su mayor contribución la construcción del Pantano de Gasset (en principio pensado para regadío pero que acabó abasteciéndonos de agua junto a otras localidades). Pero, además, también sacó de un buen lío, ejerciendo como abogado, a dos médicos locales que habían sido denunciados por un paciente, Daniel Sánchez Vizcaíno y Casio Clemente (hermano mayor de la hermandad del Cristo, impulsor de la reforma de la cúpula de la ermita del cristo, dueño de la recordada huerta de D. Casio en la carretera de Ciudad Real y ejerció de médico durante casi 40 años en Miguelturra). La Audiencia Provincial los condenó, pero recurrieron y el proceso llegó hasta el Tribunal Supremo de Justicia en Madrid donde, defendidos por Rafael Gasset, resultaron absueltos. Este proceso tuvo mucha repercusión, haciéndose eco de él la prensa nacional y recibiendo el apoyo total de las asociaciones de médicos.

Además de los recibimientos en la estación, el ayuntamiento le homenajeó con una placa en el antiguo ayuntamiento, dedicándole una calle (la actual calle Carnaval llevó su nombre) y le nombró, según acta del 25 de septiembre de 1900, hijo adoptivo (el único título de este tipo que ha otorgado el ayuntamiento hasta la fecha). Hay que tener en cuenta que este título es la máxima distinción que un pueblo o ciudad puede conceder a una persona no nacida en la localidad (si es nacida en la localidad la máxima distinción es la de hijo predilecto). No solo se le homenajeó en Miguelturra; por ejemplo, en Ciudad Real se le dedicó el parque de Gasset y el pantano también lleva su nombre (inicialmente de Navarredonda).

Pero, además, esta estación también recibió nada más y nada menos que a una reina, y una de las de antes, del siglo XIX.

Pues sí, ocurrió el 9 de diciembre de 1866. Ese día la reina Isabel II y su esposo, el rey consorte D. Francisco de Asís de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, emprendieron una visita oficial a Portugal y durante el viaje en tren fueron parando en todas las estaciones que había en el camino donde iba siendo agasajada. En Miguelturra la estación fue engalanada para la ocasión y en ella fue recibida por los representantes del ayuntamiento, la banda de música y gran cantidad de personas. Aunque lo cierto es que la situación que se debió vivir debió recordar mucho a la que se produce en Bienvenido Mr. Marshall, el hecho es que está documentado por el propio cronista real que una reina de España estuvo en nuestra estación.

Aparte de estas anécdotas, lo realmente trascendental es que esta estación tuvo una importancia vital en el desarrollo de Miguelturra y, por ende, del barrio. Pues al hecho de que los miguelturreños y miguelturreñas pudieron durante su existencia emprender viajes desde o hasta la estación hay que sumar que; sobre todo a finales del XIX y principios del XX existían una gran cantidad de empresas en Miguelturra (muchas más de las que pudiéramos imaginar) como bodegas, fábricas de aguardientes y licores, curtidos, alpargatería, aceite, etc. para las que la estación y su muelle fueron vitales facilitando la importación y exportación de productos.

Sobre la estación y el barrio, hubo un ciudadano periodista que escribió lo siguiente en una revista de Ciudad Real en el año 1919: “Apenas hemos subido al tren…seguramente no han transcurrido cinco minutos, llegamos a la estación de un pueblecito: es Miguelturra… al mirar por la ventanilla se ve el hacinamiento de casucas y chozas que a primera vista se presentan. El aspecto general es feo…”

Evidentemente en esta descripción se está refiriendo al barrio Oriente, a la parte posterior de la propia calle Oriente que en esa época estaba llena de huertos y zonas ganaderas. Debe ser que este hombre estaba acostumbrado a ver en las cercanías de las estaciones de los pueblos de La Mancha en esos años grandes palacios, monumentos y jardines versallescos. Y lo que realmente resulta feo es lo que él dice sobre el aspecto del barrio, no por lo que dice en sí, sino por el desprecio que se desprende de sus palabras (hacinamiento, casucas, chozas). Lógico que los entonces vecinos del barrio tuvieran en sus huertos y explotaciones ganaderas pequeñas construcciones adecuadas a sus medios y posibilidades económicas que no serían muchas, por desgracia. No obstante, quien lea el artículo entero deducirá que este hombre tenía cuentas pendientes con gente de Miguelturra, de ahí su desprecio.

Y traigo este caso aquí porque, al leerlo, me he preguntado ¿qué pensaría este buen hombre si pudiera ver el barrio actualmente? Lleno de casas y pisos nuevos, con jardines, con zonas infantiles, con zonas deportivas con todo tipo de servicios e infraestructuras, con un centro cívico, con una ermita, con unas fiestas del barrio. Seguramente se sentiría cuanto menos algo avergonzado. Y a nosotros, esto nos sirve para recordar y darnos cuenta de la evolución brutal del barrio desde entonces hasta la fecha y, sobre todo, en los últimos años 40 años.

Evolución que ha tenido como protagonista a la Asociación, a sus dirigentes, a los distintos ayuntamientos que lo han apoyado y, sobre todo a su gente, la gente del barrio que es la que lo hace muy grande. Además, con un mérito añadido, porque crear algo es difícil, pero más lo es mantenerlo a lo largo del tiempo y en el barrio se ha conseguido: ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos, ha sabido transformarse y seguro que sabe evolucionar hacia un futuro que esperemos sea cada vez mejor y más próspero.

Ya decía Sancho, y que razón tenía que “donde música hubiere, cosa mala no existiere”. "

¿Sentís ya la música? 

¡Esa música es la energía de nuestras próximas Fiestas! 

Preparaos para días de encuentros, buena compañía, bailes y actividades para grandes y pequeños, alegría a raudales y diversión sin límite.

 ¡Porque nuestro barrio sabe siempre cómo hay que celebrar… y estas fiestas serán inolvidables!"


¡Vivan las fiestas de la Virgen de la Salud! ¡Viva el Barrio Oriente! ¡Viva Miguelturra!

 

 Pregón en el canal de YouTube de Televisión Miguelturra (a partir del minuto 00:12:40):



 

 

 

 

EL DICCIONARIO CHURRIEGO-CASTELLANO DE MARCIAL GONZÁLEZ

El pasado 21 de febrero de 2025 tuve el honor de presentar en la Casa de Cultura de Miguelturra junto a la concejal de cultura del ayuntamiento de Miguelturra, Carmen María Mohíno López y el autor, Marcial González Rivero, la edición revisada del año 2024 del diccionario churriego-castellano. La presentación de esta obra que pone en valor la riqueza cultural, en este caso lingüística, de Miguelturra y que viene a enriquecer el patrimonio inmaterial de este pueblo, discurrió entre un ambiente distendido y divertido entre las numerosas personas que se dieron cita.

La obra:

La primera edición de este diccionario data del año 1994 y su autor fue Hermenegildo García Domínguez que recopiló más de 100 términos. En una introducción antológica, que se mantiene en esta edición, hace valer el “idioma” churriego y solicita elevarlo a idioma oficial.

En el año 2007 ya es Marcial González quien, al haber recopilado muchos más términos, coge el relevo y edita el Diccionario churriego-castellano con más de 300 términos.

Marcial continuó con la labor de recopilación de palabras y expresiones lo que le ha llevado a realizar esta nueva edición revisada de 2024 con casi cien términos más. Como importante novedad incluye el origen etimológico de aquellas palabras que pueden ser más difíciles de emparejar con términos recogidos por la RAE.

La obra recoge términos que los miguelturreños hemos oído durante toda la vida y que, fuera de Miguelturra, no existen o tienen otro significado. Así podemos encontrar palabras tan nuestras como agujetas, indongo, adormijao, quimpiensa, asobinao, trompatalega, atufao, argoteo…

La verdadera importancia de este diccionario radica en que forma parte de nuestra tradición oral que, desgraciadamente sin iniciativas como esta acabaría desapareciendo, tradición que intenta preserva la identidad cultural de una comunidad, en este caso la de Miguelturra y se constituye en un auténtico tesoro que debemos valorar y proteger, ya que nos conecta con nuestro pasado y nos ayuda a construir nuestro futuro. 

En cada palabra de este diccionario se revive el pasado y se honra la memoria de aquellos, que antes, con su sabiduría forjaron el presente, nuestra propia historia. Esta obra ayuda a no dejar que el tiempo, con su prisa, silencie las voces de nuestros antepasados y ayuda a mantener viva la llama que nos impulsa a compartir y amar lo que es nuestro.

El autor:

Marcial González Rivero nació un 4 de junio de 1960 en Miguelturra. Tras diplomarse en Magisterio ha trabajado durante cuarenta años como director de la Universidad Popular y Coordinador del Área de Cultura del ayuntamiento de Miguelturra, estando detrás de la mayor parte de manifestaciones culturales que se han desarrollado en la localidad durante este tiempo. Además, ha dirigido y realizado el Boletín Informativo Municipal (BIM) durante la mayor parte de su existencia y ha llevado a cabo, entre otros, proyectos como la Escuela Taller San Isidro (pionera del cambio radical que ha transformado la sierra del mismo nombre de un erial a una zona verde) o los Programas de garantía social.

Fuera del ámbito laboral, ha sido un amante del asociacionismo, dedicando la mayor parte de su vida a dirigir proyectos de participación. Así, en el ámbito de la cultura y dentro del folklore fue miembro fundador, integrante y asumió la presidencia durante varios años del grupo Nazarín, referente en la región y que ha paseado el nombre y las tradiciones de Miguelturra por España y por el mundo. También es un amante y apasionado del carnaval churriego, de cuya asociación de peñas fue secretario, además de haber realizado varias conferencias y artículos sobre esta fiesta. En el deporte, es un atleta de fondo y ultra fondo muy prolífico y reconocido, además ha sido miembro de la junta directiva del club local Fondistas de Miguelturra y también preside la Peña Madridista de la localidad desde su creación. En el ámbito social ha liderado la creación de varias asociaciones vecinales.

Otras obras publicadas del autor:

Asociación de Coros y Danzas Nazarín (Miguelturra. Ciudad Real). XXV aniversario de Nazarín 1982-2007: 25 años por la cultura popular / Marcial González Rivero.  -- Miguelturra (Ciudad Real: Asociación de Coros y Danzas Nazarín. 2007. 

Miguelturra 30 años de Universidad Popular: 30 años por el "aprendizaje a lo largo de la vida" / Marcial González Rivero.  -- Miguelturra (Ciudad Real): Universidad Popular; Ayuntamiento de Miguelturra, 2016.

Diccionario churriego castellano / Marcial González Rivero. Edición de 2007 (edición ampliada de 1994) / Fundación Mancha. 2007.


El diccionario se encuentra disponible en las oficinas de la Casa de Cultura de Miguelturra.

Presentación del Diccionario churriego castellano en el canal de YouTube del Ayuntamiento de Miguelturra:




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