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EN BUSCA DE LA ENCOMIENDA DE MEMBRILLA

 

Artículo publicado en el número 5 de la Revista de Investigación Malastardes de la Asociación Cultural Malastardes. Septiembre de 2024.

Realizado junto a José Nieto González.


1.- El campo de la Membrilla

El campo de la Membrilla fue una extensa zona que pudo alcanzar hasta las 5000 has (1) y que estaba situado entre los actuales términos de Torralba de Calatrava, Almagro, Pozuelo de Calatrava y Miguelturra. Hasta nuestros días han llegado zonas, fincas y caminos que se denominan así, como de la Membrilla o su diminutivo, la Membrilleja todas ellas cercanas a lo que conocemos actualmente como Las Cañadas. Durante la Edad Media pudo ser una zona habitada y en ella se pudo albergar una encomienda, con una ermita o parroquia y una fortificación.

1.1.- Etimología

El origen del nombre de la Membrilla puede estar relacionado con una característica de la topografía del lugar y podría encontrarse en una derivación del término latino «mammula», diminutivo de «mamma», con el significado de pequeña colina o, más literalmente, de «teta pequeña», como expone Martínez Ruíz para su explicación del topónimo burgalés «Mambrilla». Asimismo, el Diccionario de la Lengua sigue recogiendo actualmente entre sus acepciones el término «Mambla», en femenino, con el significado de «montecillo en forma de teta de mujer» o mota. (2)

Si, desde el lugar donde están situadas las ruinas de lo que pudo ser el eje principal de la Encomienda, observamos en dirección noroeste el Monte Cayo, podremos ver que esta elevación tiene esa forma descrita. 

1.2.- Origen

La llanura que se extiende por el territorio de la Membrilla tiene su origen en el relleno de una cuenca sedimentaria y los materiales más antiguos que afloran a la superficie corresponden a los situados en las Cañadas, San Isidro y Sierra Lucía (volcán situado al sur y al que está adosado un maar u hoya), datados en la Era Primaria o Paleozoica, en concreto dentro del periodo Ordovícico (unos trescientos cincuenta millones de años), momento en el que se produce la acumulación de abundantes materiales, principalmente arenas y arcillas. En las partes más altas encontramos las cuarcitas armoricanas, de tonos blanquecino, con espesores de 200/300m. con una apariencia externa de crestas de barras rocosas, siendo las responsables de las mayores elevaciones de la zona. (3)

El Campo de la Membrilla, al igual que toda la provincia de Ciudad Real, destacó por la abundancia de asentamientos del Paleolítico Medio, con población correspondiente al hombre de neandertal que se expandió proliferando por lugares pantanosos, hoyas, arroyos, zonas encharcadas y lagunas.

En esta zona hay multitud de topónimos, que nos ofrecen una antigüedad contrastada, incluso del Bronce de la Mancha. En la zona se han localizado restos de cerámica sigillata hispánica, al igual que una posible villa romana en la zona perimetral. 

1.3.- Características físicas

Como hemos apuntado, la zona se encuentra en las cercanías de Las Cañadas, donde está situado el Monte Cayo. Al sur de éste se aprecian restos de ruina, en una cota de 666 metros. Al norte está el cerro de los Castillejos y a la derecha, tenemos la Minilla.

Entre los recursos hídricos, además de lagunas y un maar, está documentada la existencia de un arroyo, el Arroyo de la Membrilla, situado en la linde entre Almagro y Torralba: “e dende va por los mojones e padrones que fiso faser el dicho tenient Pedro de Fontiveros, fasta dar en el arroyo de la Membrilla”. “Otro ejemplo es la casa e Quintería de Alonso Lópes Cannizares que se encontraba cerca del Arroyo de Membrilla, en el límite del término de Almagro”. Dicha quintería se menciona en un amojonamiento realizado de una propiedad de la encomienda del Pozuelo. (4)

1.4.- Flora

Aunque en su origen pudo tener una vegetación típica de los hielos: coníferas, sabinas, enebros, robles, etc., la vegetación actual corresponde al monte mediterráneo, existiendo principalmente dos tipos de suelos que son los que determinan el tipo de vegetación que ha existido y existe: suelos cuarcíticos (Las Cañadas, Cabezuelas, Sierra Lucía y San Isidro) y suelos calizos correspondientes a las llanuras cultivadas. También están presentes los suelos volcánicos en forma de cabezos y maares.  

El principal tipo de vegetación de la zona corresponde al encinar, conservándose dicho paisaje en Sierra Lucía, Cabezuelas y zonas aledañas de la llanura. Estos lugares se han conservado a pesar de la ganadería secular y la extracción de leña y otras acciones naturales y humanas, aunque en él no se muestra la máxima expresión del monte mediterráneo cuyo proceso de progresión no ha concluido en su plenitud. (5)

1.5.- Fauna

Refiriéndonos a la fauna, hace unas pocas centurias Alfonso XI, conocía estos territorios para la caza de osos y puercos. 

En la zona existieron especies como lobos, jabalíes, ciervos, linces e incluso osos pardos desplazados de las sierras de Picón y Piedrabuena (Alfonso XI, conocía estos territorios para la caza de osos y puercos), gatos monteses, meloncillos, zorros, etc. En los cielos, se veían las aves como buitres, águilas que aún se pueden observar en la actualidad.

Un dato a tener en cuenta es que en esta área es frecuente la aparición de restos de ictiofauna. (5)

1.6.- Vías de comunicación

Por el Campo de la Membrilla transcurría la calzada romana de Toledo a Cástulo como eje principal conectando a su vez, con un entramado de ramales articulando el territorio de los diferentes poblados (4).

Entre 1217 y 1221 el convento principal de los calatravos y residencia del maestre fue trasladado a un nuevo emplazamiento más meridional, situado probablemente en la fortaleza de Dueñas o en sus inmediaciones, pero en cualquier caso ubicada frente al castillo de Salvatierra, que permanecía todavía bajo dominio musulmán. El lugar sería conocido a partir de entonces con el nombre de Calatrava la Nueva, mientras que la primitiva sede tomaría el nombre de Calatrava la Vieja. (6)

Según el mapa de vías pecuarias se puede marcar una ruta entre las dos calatravas, con un primer tramo entre Carrión y Pozuelo. Desde Carrión y hacia el sur está el camino llamado de la Membrilla (pasa muy cerca de la que pudo ser la edificación principal de la encomienda) que continúa hasta el camino antiguo que llega a Pozuelo. Este camino se utilizó como calzada militar, comercial y ganadera. A principios del siglo XVI aún tenía actividad como nos demuestra López-Salazar: “La noche del 26 de marzo de 1516, unos carreteros de Badajoz metieron en la dehesa de la Membrilleja, propiedad de la Mesa Maestral, 136 bueyes; el guarda de la finca efectuó diversas prendas y a la mañana siguiente intervino la justicia ordinaria de Pozuelo que detuvo a los carreteros. El mismo día, Luis de Guillamas, tesorero de la Mesa, se querelló criminalmente contra ellos ante el gobernador del Campo de Calatrava. Y todo esto a pesar de los privilegios que tenía la cabaña de carreteros”. Este documento demuestra que la zona era territorio de importancia a nivel del movimiento ganadero en esa época y que los caminos deberían estar en buen estado pues, en caso contrario, sería imposible el tránsito de carretas.

2.- La Encomienda de Membrilla

Una vez establecidas las características del campo de la Membrilla en la Edad Media, analicemos si pudo existir en él una encomienda, la Encomienda de la Membrilla, transcribiendo y analizando la información que nos han ido aportando diversos investigadores, así como nuestras conclusiones teniendo en cuenta estas aportaciones y tras haber reconocido el terreno en persona. 

2.1.- Introducción 

Una encomienda era una institución de carácter feudal, que establecía servidumbre a los señores a cambio de protección para los siervos. En concreto, con respecto a las órdenes militares, eran el espacio y rentas que otorgaban a un comendador, caballero de hábito que había recibido la más alta distinción dentro de su orden. Los maestres de la Orden de Calatrava dieron territorios con rentas tanto en dinero como en tierras y edificios a sus caballeros para el buen gobierno y administración del territorio de la Orden, a modo de merced, y con el objetivo originario de repoblar el territorio. Los comendadores, además del cobro y gestión de determinados impuestos del territorio asignado, tenían la obligación de reglamentar la vida y trabajo de las personas que habitan en los municipios que caen en su jurisdicción, con atribuciones sobre el gobierno municipal.

Los elementos significativos de una encomienda son: una fortaleza o casa fuerte, que es la cabeza que le da nombre, y es el asiento de ella; un territorio, del que obtiene las rentas necesarias para sustentar las actividades militares y religiosas de la Orden y un comendador, un freire caballero de la Orden, nombrado por el Maestre, con carácter vitalicio, que tiene la autoridad en la encomienda. (7)

2.2.- Datos ofrecidos por distintos investigadores:

Ocaña Barba se muestra partidario de la existencia de la Encomienda de la Membrilla afirmando que “en 1230, fecha de la Carta Puebla de Miguelturra, el campo de la Membrilla era una población con entidad jurídica. En esta época el Campo de la Membrilla era un “conflictivo paraje” en el que coinciden los términos de Miguelturra, Carrión y, sobre todo, Almagro y Pozuelo. Se trataba de un fortín que jugó un papel importante en el proceso de Reconquista como avanzadilla y origen de una de las primitivas encomiendas de la Orden. La Encomienda de la Membrilla sería una de las más antiguas de las creadas por la Orden de Calatrava, junto a las de Benavente, Caracuel y Guadaleza y es la que mayor e importante presencia tiene en Miguelturra: participa (junto a la Clavería) en las congruas del cura rector de la parroquia de Miguelturra, posee tres sernas (Cruces, Campillo y Cabeza de Juan Obizo), recibe los diezmos (de huertas, colmenas, semillas, legumbres, animales, frutos…), recibe el tercio de diezmo de todos los vecinos de Miguelturra que labre en el campo de Membrilla y también le pertenecen el horno y el zocodover, las primicias del queso, las penas y caloñas y los mostrencos del ganado”. Un dato documental que aporta fue que, en 1347, el comendador de Membrilla suscribió como testigo un documento de la Orden. Con respecto a la fortificación de la Membrilla, afirma que “podría ser las de unas actuales ruinas entre el límite territorial de Almagro y Pozuelo, muy próximo al de Miguelturra. Están situadas al sureste del denominado Monte Cayo muy próximas a éste. En ellas existe también una ermita que podría haber sido en su época la parroquia de la Membrilla.”  (8)

Según Rodríguez-Picavea “a mediados del siglo XIII, la red parroquial de las tierras limítrofes a Calatrava la Vieja había experimentado un cierto crecimiento, existiendo las parroquias de Miguelturra, Membrílla, Carrión y Torralba.” Y nos deja los siguientes datos: Esta encomienda calatrava se encontraba asentada en el siglo XIII en un actual despoblado que se localiza en la intersección de los términos municipales de Miguelturra, Carrión, Torralba, Pozuelo y Almagro, en la zona conocida como la Membrilleja o el Campo de la Membrilla. El lugar existía ya en la primera mitad del siglo XIII, pues en el fuero de Miguelturra de la década de 1230 se documenta como uno de los términos concedidos a esta última población el «camino que va a La Membrilla e parte con Calatrava la Viexa». A mediados del siglo XIII se constata la presencia de su iglesia; en 1254 el cabildo toledano transfirió todas sus competencias sobre la misma, fundamentalmente la tercera parte de la tercia pontifical, a su concanónigo Domingo Pascual. Cuatro años después el deán y el propio cabildo de Toledo arrendaron sus derechos sobre esta parroquia, junto a la tercera parte del portazgo de Calatrava y de la tercia pontifical de Miguelturra y Torralba, a Rodrigo Martínez de Mosquera, arcediano de Calatrava, por 20 maravedís anuales, cantidad que el mismo documento consideraba muy reducida. Tales datos indican por sí solos la existencia de población. Poco después debió constituirse la encomienda de La Membrilla con el objetivo principal de controlar los territorios centrales del Campo de Calatrava, aquellos que se extendían entre la cuenca del Guadiana y el cauce del Jabalón, y en los que sólo había otra encomienda calatrava, la de Almagro, cuya constitución data también de la segunda mitad del siglo XIII. La encomienda permitiría así articular el espacio en favor del poder señorial de la Orden y contrarrestar el territorio de realengo que se acababa de crear en torno a Villa Real, englobando para ello zonas de los actuales términos de Miguelturra, Torralba y, en menor medida, de Carrión, Pozuelo y Almagro. Es posible que la encomienda guardase también relación con el tránsito de las cañadas ganaderas por el Campo de Calatrava, ya que el primero de sus comendadores, don Gutier Pérez, aparece entre los representantes calatravos que acudieron a un juicio con pastores de la Mesta en abril de 1285. A finales del siglo XIII, ya había sido sustituido al frente de la encomienda por Fernando Pérez Collón. (6) 

Por último, Arias Sánchez manifiesta que “esta encomienda ayudaría a articular el poder señorial frente al realengo de Villa Real. Además, y como en los casos anteriores, pudo tener cierta relación con la cabaña ganadera, pues su primer comendador, Don Gutiérrez Pérez, aparece mencionado en el pleito con la Mesta en 1285.” (9)

2.3.- Conclusión 

Actualmente lo que pudo ser la encomienda de la Membrilla está prácticamente irreconocible siendo un espacio geográfico que ha sido alterado en el tiempo por las modificaciones realizadas en los principales caminos de la época y, posteriormente, por la construcción de la vía férrea.

Pero, una vez analizados todos estos testimonios de distintos autores y los distintos datos aportados, podemos concluir que la zona del campo de la Membrilla era idónea para ser poblada, ya que disponía de recursos hídricos (arroyo, ictiofauna y lagunas y maares) y, fundamentalmente, se encontraba en el camino entre Calatrava la Vieja y Calatrava La Nueva, camino muy transitado y donde, además, se crearon otras encomiendas y aldeas como Carrión, Miguelturra o Pozuelo.

Evidentemente existe una relación directa entre vías de comunicación y asentamientos. Y en la zona en época medieval existían estas vías dedicadas al tránsito de ganados, pero sin olvidar su uso para el tráfico comercial y militar.

Igualmente, la Orden de Calatrava, una vez pacificado el territorio y con el fin de promover el poblamiento del territorio, fue creando las encomiendas con el fin de vertebrar la gestión de los maestres y los intereses económicos a través de estos núcleos de población.

Por otro lado, fortalezas, iglesias, aldeas y explotaciones rurales (granja, casa, quintería y cortijo) desempeñaron un papel notable como unidades de articulación espacial en la repoblación del Campo de Calatrava. (6)

Las ruinas descritas por Ocaña Barba bien pudieron ser las de la vivienda o fortificación principal de la Encomienda (según Arias Sánchez el campo de Membrilla se estructuró en torno a una torre o elemento defensivo), es decir, en ellas se encontraba la casa del Comendador, además de las de sus más cercanos colaboradores, así como los establos y la ermita o parroquia de la Membrilla.

Con estos datos, hay indicios suficientes para afirmar que pudo existir la encomienda de la Membrilla localizada en la zona denominada el campo de Membrilla donde coinciden los actuales términos de Miguelturra, Torralba, Almagro y Pozuelo y debió constituirse con el objetivo principal de controlar los territorios centrales del Campo de Calatrava, aquellos que se extendían entre la cuenca del Guadiana y el cauce del Jabalón, y en los que sólo había otra encomienda calatrava, la de Almagro.

Esta Encomienda tendría como núcleo central la fortificación ya descrita, con la ermita que ahora se está reconstruyendo (desconocemos si a lo largo de los últimos años han existido estudios y trabajos arqueológicos y si se habrán sacado conclusiones o ha existido un seguimiento o mínima vigilancia sobre la reciente reconstrucción de la ermita de la encomienda de la Membrilla) pero alrededor existirían viviendas de las personas que dependían de la Encomienda pero que se dedicaban al cultivo de tierras o a la ganadería.

Un dato concluyente es el que existía, según varios documentos la figura del comendador de Membrilla, dato inequívoco de que existió esta encomienda.

3.- El final de la Encomienda de Membrilla

 A mediados del siglo XIV desaparece toda referencia a la Encomienda de la Membrilla en los distintos escritos de la época, pero una zona habitada, no desaparece porque sí, debieron existir unas razones de peso para que eso ocurriera. Las analizamos a continuación.

3.1.- Opinión de los autores

Ocaña Barba nos cuenta que, “en 1368, en la ampliación de fueros (privilegio) de la carta puebla de Miguelturra, en la firma ya no aparece ningún Comendador. Es el propio Maestre el que la firma, a diferencia de la firma de la carta Puebla en la que sí firma el Comendador como la mayor autoridad. A partir de esta fecha, coinciden los autores en que la Encomienda de la Membrilla ya no existe como tal. Precisamente en este privilegio, como compensación a los terrenos concedidos a Villa Real, es donado el término de Peralvillo a Miguelturra. Al consolidarse la repoblación del territorio y perder poder estratégico pierden su razón de ser y va desapareciendo, apostando, en su lugar, por la Encomienda de Pozuelo y por la posición estratégica de Miguelturra al estar junto a Villa Real, marcando el límite del territorio de la Orden de Calatrava. (8)

Una posible causa de la desaparición de la Encomienda de Membrilla según Ocaña Barba sería el desmembramiento, es decir, la división del terreno en parcelas más pequeñas entregadas a distintos propietarios, algo que pudo hacer la Orden de Calatrava por la pérdida de poder estratégico de esa zona, apostando por la Encomienda de Pozuelo porque le venía mejor para sus intereses políticos y estratégicos. Otro posible motivo de este cambio es “la posición estratégica de Miguelturra junto a Villa Real lo que hizo que el Maestre prefiriese ejercer su control exclusivo sobre Miguelturra.” (8)

Rodríguez-Picavea afirma que “La encomienda de La Membrilla sigue documentándose a lo largo del siglo XIV, pero en el siglo XV desapareció y sus rentas fueron absorbidas por el comendador de Pozuelo.” (6)

Mientras, Ciudad Ruiz ofrece otra posible causa de la desaparición de la Encomienda de la Membrilla: el despoblamiento y, como consecuencia, la falta de interés de ese territorio para la orden al no poder obtener impuestos ni beneficios. Incluye la idea de un simple cambio de denominación por la Encomienda de El Pozuelo debido al cambio de residencia del comendador tras la despoblación. Se basa en un escrito de 1489 del maestre García López de Padilla en el que dice: “que la dehesa de la Membrilla no se vende por los maravedíes que debe valer y causa que no se guarda en ella la vecindad que los vecinos solían tener cuando estaba poblada” (10)

3.2.- Conclusión

Como en cualquier acontecimiento histórico, las causas que lo producen son múltiples, nunca una sola, por eso nos inclinamos a pensar que la desaparición de la Encomienda, que no del campo ni de todos sus habitantes, se debió al conjunto de todas ellas. La zona perdió su posición estratégica y, en ella, se inició el despoblamiento por lo que fue perdiendo rentabilidad económica. Además, hay que tener en cuenta otros factores que ocurrieron en la primera mitad del siglo XIV y que pudieron influir en los momentos finales de lo que fue la Encomienda: los conflictos bélicos y las epidemias. Así, sabemos que “en 1328 lucharon el Maestre D. Garcí López de Padilla con los descontentos que acaudillaba Núñez de Prado y vencido y herido aquel, los vencedores entraron a saco la villa de Miguel Turra y la incendiaron” (11). Esta descripción corresponde a lo que conocemos como Batalla de Malas Tardes). Por otro lado, “la epidemia de la peste negra, tras entrar en España en 1348, en 1350 se extendió por La Mancha hasta 1352”. (12)

Es lógico que el fin de la Encomienda como tal se debió producir al desaparecer la figura del Comendador de la Membrilla, seguramente para trasladarse a la Encomienda de Pozuelo (aunque puede existir una incongruencia en este cambio, ya que era un lugar malsano y enfermizo como ocurría con Calatrava la Vieja y Alarcos) y, con él irían su gente más cercana, pero ¿y el resto de habitantes? Seguramente es cierto que, poco a poco, la mayoría optarían por trasladarse a residir a las aldeas más cercanas como Miguelturra o Pozuelo, aldeas de las que pasaron a depender las tierras que conformaron la encomienda, principalmente por seguridad, pero no es descartable que una parte siguieran cuidando sus tierras en el ya campo de la Membrilla.

4.- El campo de Membrilla tras la Encomienda

Hasta nuestros días han llegado diversos topónimos que hacen alusión al campo de la Membrilla (camino de la Membrilla, finca de la Membrilleja…), unas ruinas y poco más. De la época medieval hasta el siglo XIX hay dos referencias muy significativas hacia esta zona. Una de ellas hace alusión a que en las primeras décadas del siglo XVI aparece La Membrilleja como dehesa perteneciente al Colegio de Doncellas Nobles de Toledo, enajenada ya del patrimonio de la Orden (2)

La otra hace referencia a Manuel Ángel Indo que fue “un gran comprador de bienes desamortizados a principios del siglo XIX. En Castilla-La Mancha compró entre 1837 y 1838 una cantidad de 3.809 hectáreas por 1.783.500 reales. El grueso de las compras lo efectúa en el Valle de Alcudia, en Almodóvar del Campo, pero también realiza compras en otras comarcas como el Campo de Calatrava (entre los términos de Carrión, Pozuelo, Miguelturra y Torralba) donde compra las dehesas de Celadilla y del Montecillo (dentro del amplio espacio denominado campo de la Membrilla). Indo no vendió estas fincas, sino que rápidamente las puso en explotación bajo la fórmula clásica del arriendo a terceros. A su muerte en 1850 la mayor parte de sus fincas pasan a su sobrina María de las Bárcenas Indo, hermana de Francisco de las Bárcenas. La Celadilla en Pozuelo, pertenecía en 1853 a Manuel Martínez Indo que bien podría ser por las coincidencias de apellidos, otro sobrino.” (13)

En este dividir y pasar las tierras de unas manos a otras nos encontramos un ejemplo significativo del fin que en su día tuvo esta zona habitada de la Orden de Calatrava que no se mantuvo a lo largo de los años y siglos posteriores.

5.-Epílogo

El objetivo principal de este artículo es llamar la atención sobre todas las construcciones y zonas históricas locales que han desaparecido, están abandonadas o en peligro de desaparecer y ayudar a valorar nuestro patrimonio cercano, que, aparte del valor cultural, histórico o antropológico, podría ayudar a reforzar aspectos económicos relacionados con el turismo.

Fuentes:

1: Estudio histórico-económico-jurídico del Campo de Calatrava /Manuel Corchado Soriano.  -- Ciudad Real: Instituto de Estudios Manchegos, 1982-1984.

2: Celtiberia.net / La Membrilleja: un topónimo del Campo de Calatrava

3: Miguelturra en red, número dos.  Apuntes en reconocimiento al Geoparque Volcanes de Calatrava, reconocido por la Unesco como Global Geopk

4: Frontera, medio ambiente y organización del espacio: de la Cuenca del Guadiana a Sierra Morena (Edad Media). Tesis doctoral de Clara Almagro Vidal.

5: Colaboración de Ramón Nieto González

6:  La villa y la encomienda de Calatrava la Vieja en la Baja Edad Media. La formación del feudalismo en la meseta meridional castellana. Los señoríos de la Orden de Calatrava en los siglos XII XIII. Rodríguez-Picavea

7: La encomienda de Calatrava la Vieja / Juan Rodríguez Jiménez.  -- Miguelturra (Ciudad Real): Luis Rodríguez y Julio Rodríguez,2018 (Artes Gráficas Hermanos Lozano)

8: Miguelturra entre la Edad Media y la Edad Moderna / José Luis Ocaña Barba (BIM febrero a septiembre 1995)

9: Pastos y rebaños en los dominios de las órdenes militares en la mancha, siglos XIII al XV / Beatriz Arias Sánchez. Memoria para optar al grado de doctor.

10: Evolución de la peste negra en la corona de Castilla: nuevos datos para la reconstrucción histórica / David Fernández Sánchez.  

11: Origen, naturaleza y extensión de los derechos de la Mesa Maestral de la Orden de Calatrava / Manuel Danvila.

12: Torralba de Calatrava, estudio de una villa del Campo de Calatrava (1488-1510) / Manuel Ciudad Ruiz. Puertollano (Ciudad Real): C&G, [2006] (Biblioteca Oretana. Colección Historia; 3)

13: Desamortización y cambio social en La Mancha, 1836-1854 / Ángel Ramón del Valle Calzado. -- Ciudad Real: Área de Cultura, Diputación Provincial, 1996. (Biblioteca de autores manchegos; 101)

LA BODEGA DE FRANCISCO MAYORGA. MIGUELTURRA 1916

 Francisco Mayorga Calcerrada fue un industrial afincado en Miguelturra durante el primer cuarto del siglo XX. Tenía una bodega, una fábrica de alpargatas y también se dedicaba a la exportación de vinos, aceites y cereales.

En 1916 figuraba en la lista de los 56 mayores contribuyentes de Miguelturra con derecho a elegir compromisarios para las elecciones de senadores, en concreto estaba en el lugar 39 con una cuota de 148,80 pesetas (Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real 07.02.1916)

Conocemos algo de él, de su actividad y de su bodega gracias a un reportaje que le realizó Enrique Lérida, redactor de la revista Vida Manchega, en 1916.

Tenía dos hijos, Amable y Francisco, que en esos momentos estaban estudiando Bachillerato y le define el periodista como “un hombre correcto, muy trabajador… y entusiasmado por su profesión” y también comenta “que con el fruto de su perseverancia se ha alzado en Miguelturra, montando bodegas que ya exportan sus vinos muy lejos de la Mancha.”

Con respecto a las instalaciones y las dependencias de la bodega, inaugurada pocas fechas antes, las define como “amplias y adecuadas a su fin”.

Con respecto a su forma de trabajar, explica Lérida que trata de dar facilidades a los cosecheros de la uva para que lleven su cosecha a esta bodega sin tener que desplazarse a otros pueblos lejanos que implicaban gastos importantes en transporte y que ofrecían muy poco precio por el fruto; a lo que añade que “buena prueba de la feliz apertura de estas bodegas, es que todos han acudido a depositar en los grandes lagares del Sr. Mayorga su recolección salvándose las exigencias a que eran sometidos en centros vinícolas de fuera.”

Francisco Mayorga opina que en La Mancha aún se pueden producir muchos miles de hectolitros de vino más, pues “no se limitan los viñedos a los pueblos de Alcázar, Tomelloso, Manzanares, Criptana, etc. sino que también se extiende la plantación en grande escala con resultados positivos a los productivos términos de Miguelturra, Carrión, Ciudad Real, Malagón, Argamasilla, Almodóvar etc.” A lo que añade, hablando de su actividad exportadora que “La Mancha debe especializar sus vinos y también sus aceites, pues requieren muy poca mejora para abrirse paso franco en el extranjero, donde ya los conocen algo.”

Como conclusión, Enrique Lérida añade que “el señor Mayorga hace de Miguelturra abastecedor de vinos de los grandes centros importadores de España.” Y que Miguelturra debe reconocerle haber “puesto en vías de engrandecimiento la industria vinícola local.”

Desgraciadamente, a Francisco Mayorga los negocios no le fueron tan bien como presagiaba y, cuando falleció en 1921, según atestigua el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del 31.08.1921, los acreedores promovieron un juicio “ab intestato” (se produce cuando no existe testamento) para poder subastar el vino que tenía en las bodegas de Miguelturra. Era el siguiente:

- En el sótano de Ia bodega del Pirrao, en la calle del Ramo: Siete tinajas que contenían sobre 1100 arrobas de vino blanco.

- En la bodega de D. Lope Roldan, en la calle del Cohombro, diecisiete tinajas con 2700 arrobas de vino blanco.

- En la bodega del propio Francisco Mayorga diecisiete tinajas con 4050 arrobas de vino blanco.

Sus bienes también acabaron subastados (El Pueblo Manchego 03.11.1922)

El autor del reportaje, Enrique Lérida Rubio, fue redactor gráfico y literario de la revista Vida Manchega. Posteriormente montó una papelería-Librería en la calle Toledo de Ciudad Real. En los años cincuenta del siglo XX la trasladó a la calle General Aguilera donde permaneció, regentada por sus hijas tras su fallecimiento en 1961, hasta 1985.

Publicó, desde 1929, la Libreta geográfica y estadística, y de curiosidades diversas de la provincia de Ciudad Real en la que ofrecía los nombres de todos los barrios y calles de la capital con sus entradas y salidas y otros nombres antiguos, así como los anejos, aldeas, caseríos y lugares cercanos a Ciudad Real y sus distancias de otras capitales por ferrocarril y carretera. Respecto a la provincia, se detallaban el escudo, partidos judiciales, anejos, obras públicas, estadísticas comparadas de extensión, población enseñanza y fuentes de riqueza, además de relaciones de las localidades más destacadas en diversos órdenes, lugares notables o pintorescos, industrias más importantes, curiosidades, tradiciones y mil detalles más que hacían la obrita -así "obrita" la llamaba humildemente el propio autor y editor sumamente atractiva, útil y de lectura fácil.

La publicación Vida Manchega fue una revista literaria e ilustrada, pero también de información general, con profusión de información gráfica de las provincias de Ciudad Real, Albacete, Toledo y Cuenca. Comenzó a publicarse en Ciudad Real el siete de marzo de 1912, aunque inicia su numeración el cuatro de abril, siendo su fundador, propietario y director artístico Enrique Pérez Pastor, en cuya imprenta y taller de grabado se estampaba, y el director literario, el maestro y escritor Isaac Antonio Vicente.

Además de textos de creación literaria (en prosa y en verso), de ciencia, arte, patrimonio arquitectónico, escultura, bibliografía, ofrece otros de la vida oficial, social y cultural, y sobre educación, industria, minería, comercio, agricultura, reforestación, tradiciones, carnavales, fiestas, semana santa, sucesos, teatros, toros, etc., tanto de la vida de las capitales como de destacados pueblos manchegos, a través de gacetillas, comentarios, crónicas, o reportajes.

El número 255 es el último de la colección y corresponde al diez de julio de 1920. Este mismo año y con el mismo título comienza a publicarse y a imprimirse en el taller de Enrique Pérez Pastor un diario vespertino independiente de carácter republicano, hasta 1932.


Fuentes:

Vida Manchega 10.11.1916 (reportaje e imágenes)

Efemérides Manchegas de Antón de Villarreal Diario “Lanza” 27.12.1970 

Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España. Vida Manchega


LA INDUSTRIA DE MIGUELTURRA EN 1901 SEGÚN EL "HERALDO DE LA INDUSTRIA"

El Heraldo de la industria fue una revista que comenzó a publicarse el 1 de diciembre de 1899, con el subtítulo “Industria, comercio, ferrocarriles, información mercantil, ciencias y banca”, como órgano del Instituto Industrial y Mercantil de Madrid. Sus propietarios y fundadores son el abogado Luis Maraver Serrano y Carlos Henekell, pasando el primero a dirigirlo a partir del segundo número. Se publica como boletín del citado instituto para ofrecer amplia e “imparcial” información a sus abonados sobre constituciones, quiebras y suspensiones de pagos de empresas, listados de los precios de los artículos de consumo en los mercados nacionales y extranjeros, y de marcas y patentes, jurisprudencia y resoluciones a consultas planteadas a letrados y peritos, además de artículos redactados por escritores mercantiles. También ofrece crónicas generales e, incluso, una de espectáculos, y noticias varias; dejando al final una sección de anuncios publicitarios. Dedica también sus páginas a textos divulgativos sobre agricultura, a tratados de comercio y a actividades de instituciones como las Cámaras de Comercio y las sociedades agropecuarias, o a exposiciones. Cuenta también con secciones dedicadas a la minería y a bibliografía. A partir del seis de abril de 1901 inicia una segunda época, con el subtítulo “industria, política, ciencias”, a la vez que va aumentando sus planas dedicadas a la publicidad comercial. Tras modificar su subtítulo en varias ocasiones más, el último número de Heraldo de la industria salió el 15 de octubre de 1904.

Luis Maraver Serrano fue su único director, además de uno de los asiduos autores de sus textos, firmando a veces con sus iniciales (L.M. o L.M.S.).

Nacido en 1876, era abogado y llegó a ser, además de director del Heraldo de la Industria, Jefe Superior de Administración Civil de la Junta Política, Diputado a Cortes y Gobernador Civil de Guadalajara y La Coruña. Falleció el 14 de diciembre de 1944.

En el número del 15 de mayo de 1901 hay un amplio reportaje con forma de crónica de viaje acerca de la industria en la provincia de Ciudad Real firmado por el propio Luis Maraver, resultado de su visita a Ciudad Real capital y a varios pueblos. En concreto Miguelturra, Almagro, Daimiel, Manzanares y Valdepeñas.

Su llegada a Miguelturra fue al atardecer (“la entrada en este pueblo la efectuamos invadidos por las primeras sombras de la noche”) y así continúa:

“Existen en Miguelturra, pueblo de unos 8.000 habitantes, tres importantes centros de producción, los que por entero constituyen la vida fabril del mismo. D. Antonino Róspide, persona tan cariñosa como inteligente y activa, posee y dirige una gran fábrica de curtidos que puede competir con las más acreditadas de España. Dueño a su vez de unas hermosas bodegas, elabora exquisitos vinos tintos y blancos que vende y exporta a precios ventajosísimos. 

Otra gran fábrica de curtidos, propiedad de la señora Viuda de Marín y hermanos, también de gran importancia, exporta en considerables cantidades al resto de la Península sus excelentes curtidos, tan estimados por su numerosa clientela.

D. Inocencio Mora, otro activo y acreditado industrial de esta población, posee una antigua y afamada fábrica de jabón de la que se surten la mayoría de los pueblos de la provincia, y rige, a su vez, un gran establecimiento de ferretería, situado en una de las calles más céntricas de la población.

Agradecidos a las bondades de estos tres simpáticos e inteligentes industriales, por los que fuimos recibidos con la más exquisita cortesía, nos despedimos de Miguelturra, y, guiados por la mortecina luz de la linterna, nuestra fiel acompañante, dirigimos nuestros pasos aquella misma noche hacia la estación del pueblo, desapareciendo al poco rato a nuestros ojos la borrosa silueta de un caserío inmenso, y que parecía como dormitar con envidiable reposo elevándose sobre las extensas llanuras que le cercan por todos lados….”

Luis Maraver se centra en tres grandes empresarios en esa época en Miguelturra: Antonino Róspide Aurreche con su fábrica de curtidos (pieles) y su bodega, la señora Viuda de Marín y Hermanos con otra fábrica de curtidos e Inocencio Mora Salcedo (llegó a ser diputado provincial)con una fábrica de jabones que se llamaba La Valenciana y una ferretería.

Nos podemos preguntar el motivo por el que Luis Maraver sólo nombra estas tres industrias localizadas en Miguelturra a las que cita como el eje industrial del pueblo. ¿No existían más? ¿Eran las más importantes? Evidentemente, existían muchas más de las que me ocuparé en una futura entrada de este blog. Así, por poner un ejemplo, según el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del 4 de julio de 1900 se concedieron en Miguelturra veinte licencias para producir vinos y licores, dato del que se puede deducir que existían, al menos, veinte empresas dedicadas a este sector...en otros sectores existían muchas más.

El verdadero motivo de citar a estas tres fábricas fue que Luis Maraver dedicaba esos viajes, por un lado, a visitar clientes que se anunciaban en su revista y, por otro lado, a captar nuevos clientes para que se publicitaran en el Heraldo de la Industria.

Antonino Róspide, Viuda de Marín y Hermanos e Inocencio Mora, grandes empresarios sin duda, tuvieron su espacio publicitario en muchos números de la revista.

Hay un dato erróneo en el artículo. Se trata de la cantidad de habitantes de Miguelturra en 1901. No eran 8000 como manifiesta Luis Maraver, la cifra real era, según el INE, de 6653 habitantes en 1900.

Fuentes: 

Hemeroteca Digital de la BNE / Heraldo de la Industria

Heraldo de la Industria (15/05/1901)

Boletín Oficial de la Provincia (04/07/1900)

Instituto Nacional de Estadística

LAS PLAGAS DE LANGOSTA A FINALES DEL SIGLO XIX EN MIGUELTURRA Y LA PROVINCIA Y LA IMPORTANCIA DE DOS MIGUELTURREÑOS PARA SU CONTROL

 Artículo publicado en el número 4 de la Revista de Investigación Malastardes de la Asociación Cultural Malastardes. Septiembre de 2023.


En el último tercio del siglo XIX, la agricultura en la provincia de Ciudad Real y en toda España pasaba por un momento inestable y muy preocupante que llevó a una situación de pobreza y atraso en el sector hasta bien entrado el siglo XX. Por un lado, las crisis económicas por la falta de recursos y la disminución de la demanda de productos agrícolas que provocaron una disminución de los ingresos de los agricultores. Por otro lado, la distribución de la tierra que era muy desigual, lo que provocó que muchos agricultores no tuvieran acceso a tierras suficientes para cultivar y que la mayoría de la tierra estuviera en manos de una élite acomodada, lo que limitaba la producción y el desarrollo agrícola en la zona. A eso, habría que añadir que la agricultura seguía siendo tradicional y poco innovadora, lo que dificultaba el aumento de la productividad y la eficiencia, contribuyendo a esta situación la falta de inversión en investigación y desarrollo agrícola. Luego estaban los fenómenos meteorológicos que aún agudizaban más esta situación: las tormentas, el pedrisco y, fundamentalmente, la sequía que provocaba la escasez de agua, agravada en extremo por la falta de sistemas de riego eficientes y la ausencia de políticas públicas para mejorar la gestión del agua.

Pero existía otro factor que amenazaba constantemente en esa época a los agricultores y a sus cultivos: las enfermedades y plagas, ya que el control de éstas requería de un conocimiento especializado y de recursos casi nunca disponibles para los afectados. Y dentro de estas plagas destacaba en el sentido negativo las de un insecto en particular: la langosta.

La langosta es un insecto perteneciente a la familia de los acridios, caracterizado por su gran tamaño, su capacidad para desplazarse en grandes grupos y su voracidad. Son insectos sociales que se agrupan en grandes bandas o enjambres que pueden alcanzar varios kilómetros de longitud. Estos grupos se mueven en busca de alimento y pueden llegar a devorar grandes extensiones de cultivos en muy poco tiempo y provocar hambrunas en las poblaciones afectadas. En España la especie de langosta que más frecuentemente se presenta como plaga es la del ortóptero Dociostaurus maroccanus, langosta común, aunque en algunas zonas predomina el Callyptamus italicus, langosta italiana. La langosta presenta dos fases, una solitaria e inofensiva, y otra gregaria que provoca enormes daños. La transformación de una fase en otra está en función de las condiciones ambientales, sobre todo en lo que a cantidad de alimento se refiere, siendo también factores de primer orden la humedad y la temperatura por su relación con el desarrollo de los huevos y la maduración de los ovarios en las hembras. La hembra introduce el abdomen en terrenos incultos y deposita los huevos rodeados de una substancia pegajosa que con la tierra adyacente forma el llamado "canuto". Emergen por abril y llegan a la fase adulta voladora por junio o julio, pasando por varios estados sucesivos: los llamados "mosquitos" que viven agrupados y apenas realizan daños, las "moscas" y "saltones", que progresivamente van ocupando mayor territorio y que, agrupados en un principio en "manchones", llegan a formar líneas o "cordones" avanzando en línea recta sin que ningún obstáculo las detenga y aumentando su voracidad paralelamente a su grado de desarrollo. Una vez alcanzada la fase adulta inician el vuelo y allí donde se detienen todo lo destruyen. La plaga es muy difícil de combatir una vez que se manifiesta en toda su virulencia. 

Las plagas de langostas han sido un problema recurrente en España desde hace siglos, afectando a la agricultura y la economía del país. A lo largo de la historia, se han registrado varios episodios de plagas de langostas en distintas regiones de España, desde la Edad Media hasta la época contemporánea. La primera referencia escrita a una plaga de langosta en España data del siglo XII, cuando el rey Alfonso VII ordenó una campaña para combatir una invasión de langostas en el norte de España. En el siglo XIII la plaga de langostas más conocida fue la conocida como "La Gran Langosta". Esta plaga afectó a la mayoría de las regiones de España y Portugal, y se caracterizó por la gran cantidad de langostas que invadieron los campos y cultivos, destruyéndolos por completo. Según los relatos de la época, las langostas cubrían el cielo y el suelo, y llegaron a causar hambrunas y escasez de alimentos en la población. Hay referencias de la aparición de la plaga en el siglo XIV y XV en Castilla, Valencia y Navarra y algunas zonas de Cataluña. En el siglo XVII la langosta atacó de nuevo duramente, sobre todo en los años 1619 y 1684.


Ya en el XVIII la plaga de langosta se presenta como un mal endémico en regiones como La Mancha, Extremadura o Andalucía. Entre los años 1720 y 1740, hubo una plaga que afectó especialmente a los pueblos del Campo de Calatrava. Estos pueblos llegaron a perder sobre la cuarta parte de la población debido a la hambruna provocada por un periodo intenso de sequía y plagas de langostas. Un dato estremecedor se expresa en abril de 1725 precisamente en Miguelturra, donde los pobres malviven en una “continua plaga de langosta que ha habido de 7 años a esta parte, siendo su mantenimiento diario el pan de voltico¿ y de cebada y más el de salvado y gachas de él y del de cebada sin poderse socorrer unos a otros”, y aunque no hubiera hambruna, podía haber carestía alimentaria, como dicen en 1781 “atemperándose a comer el pan que yo, fuese de centeno o panizo, porque la injuria de los tiempos no permitía otra cosa”.(1)

Llegado el siglo XIX el problema sigue sin solucionarse y aparecen plagas importantes. Alrededor de 1837 la langosta atacó intensamente la provincia de Ciudad Real. Los daños que producía y la falta de amparo administrativo hacían que el labrador no pudiera hacer frente a las pérdidas y muchos campos se dejaban sin sembrar por temor a sus daños. En 1860, concretamente entre mayo y junio de 1860 se informa al Ministerio de Fomento de la presencia de langosta en los términos de Alcolea, Cabezarados, Ciudad Real, Corral de Calatrava, Daimiel, Miguelturra, Villanueva de San Carlos y Villarrubia de los Ojos. Hay un testimonio que nos habla de que la plaga consiguió controlarse en casi todos los municipios hacia 1863, aunque en Miguelturra no sucedió así, si bien se había iniciado una disminución del problema: “Ha desaparecido el perjudicial insecto de la langosta en el término de Viso de Marqués. Noticias favorables han recibido respecto a los terrenos de los Pozuelos, Corral de Calatrava y aldea del Rey. No sucede lo propio por desgracia respecto a los de Ciudad Real, Picón y Miguelturra, si bien se nota alguna disminución en el insecto” (2). Ya en el último cuarto del siglo apareció otra gran plaga que afectó, entre otras muchas provincias a Ciudad Real y a gran parte de sus pueblos, entre ellos Miguelturra. A ella volveremos más tarde.

Posteriormente, ya en el siglo XX, España siguió experimentando algunas plagas de langostas que afectaron diversas regiones, aunque ya no hubo eventos a gran escala como los que ocurrieron en otros lugares del mundo y las ocurridas en siglos anteriores en el propio país. Sí que hubo algunas plagas más destacadas como la que ocurrió en la década de 1950 cuando las langostas invadieron el sur de España, especialmente las regiones de Andalucía y Murcia causando importantes pérdidas en cultivos agrícolas, principalmente en olivares y viñedos, así como en pastizales. El gobierno español implementó medidas de control para combatirlas y se llevaron a cabo campañas de fumigación utilizándose el DDT (dicloro-difenil-tricloroetano) para eliminarlas. Estas acciones lograron reducir las poblaciones de langostas y controlar las plagas en cierta medida. En el siglo XXI se han seguido produciendo casos aislados (el último importante en Extremadura en 2022) pero las plagas de langostas en España son menos comunes gracias a las medidas de control y prevención implementadas por las autoridades como la aplicación de insecticidas, la fumigación y el control biológico con la introducción de depredadores naturales de las langostas.

Pero ahora nos situamos en el último cuarto del siglo XIX, concretamente en 1875, en Ciudad Real. Aunque en 1872 y 1873 la langosta atacó la provincia extendiéndose posteriormente a otras limítrofes, en este año en particular la invasión adquirió tintes dramáticos. Ciudad Real tenía afectados por la plaga más de la mitad de sus pueblos, en concreto 63 y 286.000 hectáreas de terreno. (3)

Para darnos una idea del problema, en Miguelturra, en marzo de 1876 se publicó un anuncio en el Boletín de la Provincia que decía: “el Ayuntamiento de Miguelturra tiene solicitada moratoria para el pago del tercer y cuarto trimestres de contribuciones del año económico actual, con motivo de la sequía y plaga de langosta que ha devorado la mayor parte de sus cosechas, y para lo cual tiene instruido el oportuno expediente”. (4)


Una serie de factores hizo que el problema se incrementara y agravara en los años sucesivos. Entre estos factores nos encontramos con los sistemas de control usados hasta el momento que se basaban en la quema de rastrojos, la fumigación con humo, el control manual, la introducción de depredadores naturales como aves rapaces e insectos y las barreras con trampas (cercas con fosos llenos de agua, aceite o sustancias pegajosas que atrapaban a las langostas en su camino hacia los campos de cultivo), sistemas que eran muy limitados y en muchos casos ineficaces. Aunque si es cierto que estas medidas fueron el inicio de una larga historia de investigación y desarrollo de técnicas más avanzadas y efectivas para prevenir y controlar las plagas de langostas. Luego estaba la oposición de los propios particulares a cumplir con las disposiciones vigentes evitando la arada de los terrenos infestados, a lo que había que añadir la falta de recursos, los pocos fondos que aportaba el gobierno y la malversación de estos fondos.

Así, la langosta volvió a reaparecer con fuerza a partir de 1882, asolando la provincia de Ciudad Real en el año1883 y ampliándose en los siguientes años hasta casi final de siglo. 

Las noticias sobre los daños ocasionados por la langosta en Miguelturra en los años correspondientes a las últimas dos décadas del siglo XIX eran alarmantes y descorazonadores al inicio y algo más leves al transcurrir de los años. En los siguientes fragmentos de noticias de prensa sobre los efectos de la plaga en Miguelturra de esos años ordenadas cronológicamente podemos observar esa evolución: 

“Ya se ha presentado la plaga de langostas en Miguelturra. Los hortelanos hacen esfuerzos por salvar su cosecha, valiéndose de banderolas de lienzo para espantarla, pero estos esfuerzos son caros por los brazos que se necesitan e inútiles al fin por la mucha que hay.”  (5)

“En las huertas de Manzanares y Miguelturra no ha quedado hortaliza alguna que no se haya comido.” (6). 

“Los pueblos más importantes de La Mancha como Almagro, Daimiel, Miguelturra, La Calzada, Valdepeñas, etc., etc. han visto desaparecer sus cosechas en pocos días.” (7)

Acerca de los mosquitos de langosta enterrados: “En Ciudad Real van ya enterradas 5.000 arrobas y 2.000 en Miguelturra.” (8)

“Autorizar al alcalde de Miguelturra para emplear el ganado de cerda en el saneamiento de las tierras infectadas de canuto de langosta” (9)

 “En el término municipal de Miguelturra hay 263 hectáreas; divididas en 7 parcelas de terrenos de labor y pastos acotadas por hallarse infectadas de germen de langosta.” (10)

“En Miguelturra han aparecido estos últimos días bastantes cordones de langosta.” (11)

Entre la desesperanza y catastrofismo de los primeros años y la esperanza de los últimos ocurrieron varios factores que aliviaron y controlaros las plagas. En ellos tuvieron gran parte de responsabilidad dos miguelturreños que dedicaron su vida en esos años a mejorar las condiciones de los agricultores y a luchar por resolver sus problemas.

El primero de ellos es nuestro ilustre Francisco Rivas Moreno que además de ser, entre otras cosas, periodista, político, escritor, intelectual, regenerador social e impulsor y creador de las cajas de ahorro rurales; era hijo de familia de agricultores a los que la tragedia que ocasionaron las plagas de langostas había afectado directamente y que se volcó en intentar solucionar y aliviar este grave problema. De hecho, escribió varios libros en la época que nos ocupa en los que intentaba expresar soluciones para acabar con las plagas: La plaga de la langosta, Juicio crítico del proyecto de ley de Extinción de la Langosta, La crisis agrícola: sus causas y remedios o La plaga de la langosta: sus estragos y medios para combatirla.

Rivas Moreno argumentaba que no se había innovado nada desde hace muchos años en los procedimientos utilizados en las campañas contra las plagas de langosta, que existía una gran apatía por parte de los propietarios y juntas locales que se conformaban con pensar que las plagas eran un castigo del cielo contra el que no se podía luchar y que los estamentos oficiales hacían oídos sordos a las reclamaciones de ayuda de los agricultores.

Ante esta situación, y después de haber estudiado concienzudamente como se intentaban controlar estas plagas en otros países afectados como Chipre, la India, Italia, Argelia o México, estableció la estrategia a seguir en varios frentes para acabar o mitigar este problema:

En cuanto a las formas de combatir la langosta, propugnaba que era básico atacar al insecto cuando aún estaba en la etapa de “mosquito”, ya que cuando se convertía en adulto era prácticamente imposible su exterminio y apostó principalmente por:

    •  la quema de combustible: se utilizaba principalmente gasolina para, una vez conducidas las larvas de langosta a trampas o corralillos realizadas en el suelo prenderles fuego; posteriormente se empezó a usar el cinc para hacer esos caminos y esos “corrales”

    • el uso de depredadores naturales, como, por ejemplo, cerdos y aves insectívoras y 

    • los tratamientos químicos: se esparcían sobre los cultivos y áreas donde los canutos de las langostas estaban presentes productos como el arsénico, sulfato de cobre o ácido sulfúrico.

Defendía que las campañas debían estar dirigidas por ingenieros agrónomos que, a su vez, debían contar con peritos agrícolas para que la labor fuera rápida y eficaz.

Otra de las batallas de Rivas Moreno fue la de crear Juntas Centrales contra la plaga de langosta y legislar las acciones que había que tomar para combatirlas y de ahí conseguir subvenciones del Ministerio de Fomento para que los agricultores pudieran comprar los materiales necesarios para combatirla. Además, que ese dinero llegara de forma rápida, directa y en tiempo adecuado a los afectados y no se perdiera por el camino, acabara en manos que nada tenían que ver con el tema o llegara tarde cuando ya no había solución para los cultivos.

Rivas Moreno dio un paso más allá e intentó también que los agricultores se pudieran beneficiar de la langosta gracias a su aprovechamiento. Para ello recopiló información y propuso varias ideas: como alimento para los animales, como abono y para obtener de la grasa de langosta productos como jabones, aceites perfumados, aceite para adobar pieles, aceite para obtener luz, margarinas, etc.

Por último, también apostó por algo que tuvo presente durante toda su trayectoria profesional: la formación de los agricultores, algo que consideraba básico para que éstos pudieran saber hacer frente a todas las situaciones que se le plantearan en su trabajo.

La importancia y el empeño de Francisco Rivas resultó vital esos años para controlar este terrible mal para el campo y las familias que vivían de él.

Pero también destacó otro miguelturreño en la labor de controlar las plagas por esos años, fue precisamente el hermano de Francisco, Ramón Rivas Moreno. Ramón nació en Miguelturra el 4 de junio de 1859 y obtuvo con brillantez el título de ingeniero agrónomo en el Instituto Agrícola de Alfonso XII. 


Para hacer frente a la extinción de las plagas de langosta en esa época, y como hemos apuntando anteriormente en las soluciones que propugnaba Francisco Rivas, se elaboraron una serie de disposiciones legislativas y se crearon unas comisiones encargadas de llevar a cabo las labores de extinción. Estas comisiones para la extinción de la langosta tenían carácter provincial y estaban formadas por ingenieros agrónomos y peritos que estudiaban las formas de extinguir las plagas, examinaban las zonas infectadas de langosta y coordinaban los trabajos necesarios para su erradicación. Pues bien, Ramón era desde 1887 el jefe de la Comisión técnica de extinción de la plaga de langosta en la provincia de Ciudad Real. En ella desarrolló una gran labor, tanto que “al haber realizado su trabajo con tanto celo y acierto en las dos campañas que dirigió, la plaga estaba próxima a desaparecer.” (12)

Desgraciadamente, trabajando para esta Comisión, sufrió un trágico accidente cuando la barca en la que viajaba junto con otras cuatro personas por una de los parajes de las Tablas de Daimiel conocido como el Cachón de la Leona volcó un 6 de mayo de 1890. Perecieron además del propio Ramón que era el ingeniero jefe, el teniente alcalde de Daimiel Salvador Torres, el estudiante de derecho Manuel Mauri y el alguacil de Daimiel Vicente Madridejos. Solo pudo salvarse el perito auxiliar Juan José Villegas.

Ramón tenía apenas 30 años y la muerte le sorprendió truncando lo que prometía ser el brillante futuro de una persona que se había consagrado en absoluto a su carrera, apartándose de luchas políticas y enemistades y disfrutando haciendo el bien a los demás. “Contaba con un carácter afable y bondadoso que le había conquistado generales y merecidas simpatías en la provincia de Ciudad Real, y entre sus jefes y compañeros se le estimaba por su modestia y laboriosidad.” (13)

Francisco Rivas escribió al respecto de su hermano: “Yo he luchado con perseverancia para evitar que otros pasen por ciertas tristezas, a consecuencia de los estragos que desde hace bastantes años viene haciendo la plaga de langosta y cuando mis aspiraciones estaban próximas a realizarse colmando mi satisfacción el hecho de ser mi hermano uno de los que más eficazmente contribuían a librar a la agricultura del terrible azote, la fatalidad ha querido que tengamos que llorar su pérdida a consecuencia de una de esas desgracias que abren en el corazón tan profunda herida que jamás cicatriza.”

Es muy posible que, sin el trabajo, la dedicación y el desvelo de estos dos miguelturreños, el problema de este tipo de plagas hubiera tenido unas consecuencias aún mucho más trágicas y demoledoras de lo que ya lo fueron.


Citas:

    (1) Plagas de langosta y meteorología adversa como calamidades públicas en el Campo de Calatrava (siglo XVIII) por Santiago Donoso, Sociólogo y Doctor por la Universidad Rey Juan Carlos. AEMET Blog. 1 de julio de 2016.

    (2) La Correspondencia de España (16/06/1863).

    (3) La provincias y pueblos invadidos por la langosta (Agustín Salido). Murcia. 1875

    (4) Boletín Oficial de Ciudad Real (17/03/1876)

    (5) El Correo (11/07/1883)

    (6) El Correo (20/07/1883)

    (7) La Crónica (10/08/1883)

    (8) El Correo (16/05/1884)

    (9) Boletín Oficial de Ciudad Real (22/10/1884)

    (10) El Eco de Daimiel (27/10/1886)

    (11) El Eco de Daimiel (22/05/1889)

    (12) La Ilustración Española y Americana (15/06/1890)

    (13) La Ilustración Española y Americana (15/06/1890)


Fuentes: 

    • La plaga de langosta en España. Ministerio de Agricultura

    • La plaga de la langosta: sus estragos y medios para combatirla. Francisco Rivas Moreno. Imprenta de José Quesada. Madrid. 1890

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