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PERALVILLO, UN PASEO POR EL CAMINO DE SU HISTORIA

Artículo realizado junto a José Nieto González publicado en el Nº 6 de la revista de la Asociación Malastardes de Miguelturra del año 2025.

Peralvillo, un enclave situado en el término municipal de Miguelturra, es un lugar con una rica y variada historia que se extiende desde la época del bronce, pasando por la época romana y hasta nuestros días. Su ubicación estratégica, su papel en la Edad Media y su posterior transformación han dejado una huella imborrable en el paisaje y la memoria de la región.

Su nombre tiene un origen incierto, es posible que tenga raíces prerromanas o romanas. La terminación "-villo" podría derivar del latín "villa", que significa "granja" o "asentamiento rural". Esto sugiere que la zona pudo haber sido un asentamiento rural romano o una villa agrícola. Aunque también hay otras teorías como que podría derivar de "Per-Arviello", un antiguo nombre de la zona o que podría estar relacionado con la abundancia de perales en la zona, o incluso, con un antiguo poblador llamado Pedro Albino. Al respecto, Pepe Romagosa en su “Esbozo histórico-geográfico de Peralvillo, reflexiones sobre su vinculación quijotesca y su proyección hacia el futuro” manifiesta que «Per Alviello», al igual que «Miguel Turra», eran los nombres de sus respectivos primeros pobladores. En el documento de donación, firmado por el rey antes citado, donde por primera vez puede verse escrito el nuevo nombre de Peralvillo, por deformación, obviamente, del original «Per Alviello».

Peralvillo, al igual que otros núcleos poblacionales en esta zona, provienen de asentamientos en las alturas aledañas muy próximas a las poblaciones actuales. Estos asentamientos de "altura" se le llama castellones, castros, morras, etc. y se les puede localizar en lugares cercanos a los montes limítrofes.

Es evidente que estos poblados del Bronce de la Mancha que ocupaban las cumbres de los cerros, mantenían un fluido comercio con los asentamientos en el llano a lo largo del Guadiana con las típicas fortalezas llamadas motillas tan numerosas a lo largo del cauce del río Guadiana, e identificadas por diversos autores. “La existencia de castillejos anterromanos en la zona oeste, lindando con Picón y Fernáncaballero en “Malinfiernillo”. El paraje del Congoso, en el Bañuelo, tiene relación con restos de antiguas civilizaciones” (Corchado).

Con el paso del tiempo y la sucesiva aparición de otras culturas las gentes del bronce y sus descendientes, fueron ocupando lugares estratégicos en el llano junto a los terrenos de cultivo y el aprovechamiento de arroyos y afloramientos de numerosas fuentes. Queda pues, la evidencia que Peralvillo tiene unos orígenes de épocas culturales muy diversas que han ido dejando su rastro en diversos materiales identificados en la carta arqueológica de Miguelturra: en Colonia Nueva restos de calcolítico; en Colonia Vieja de hierro II, romano y moderno; en Cerro Nilo del paleolítico y bronce; en el Cerro de bronce, romano y medieval; en Casa Paula del paleolítico, romano y medieval; en la Muralla de Peralbillo de medieval; en el Arca de los Huesos, moderno; en  Peñas Blancas de bronce; en Peralvillo bajo, romano; en Galapachares de bronce y romano y en El Congosto de romano.

De 1219 datan las primeras noticias que nos han llegado referentes a Azuda y los Baños del Emperador. Se trata de donaciones de la Orden por vida a particulares, que luego pasarían de nuevo a la Orden tras su fallecimiento. Existen otros documentos posteriores de otras donaciones, pero anteriores al privilegio según el cual pasa Peralvillo a Miguelturra fechado en 1383. (Ocaña Barba)

Peralvillo adquirió cierta importancia en la época romana ya que, debido a su ubicación estratégica en la ruta hacia Córdoba y su proximidad a Calatrava la Vieja, se convirtió en un importante cruce de caminos. Su cercanía al Camino Real hacia Toledo, que en parte sigue el trazado de antiguas vías romanas, le otorgó una relevancia considerable como punto de paso y parada para viajeros. Esta ubicación estratégica la vincula a antiguas rutas romanas que conectaban importantes ciudades de la península ibérica. La presencia de estas antiguas vías romanas y la existencia de posibles "villae" romanas en la zona circundante también respaldan la idea de que Peralvillo tuvo una importancia estratégica durante la época romana.

Peralvillo muy concretamente, por su emplazamiento privilegiado junto a un ramal de la calzada romana que unió Gades y Corduba con Toletum, tuvo que ser lugar de intenso tránsito durante siglos, al igual que escenario de diferentes batallas. Nos lo confirman esas ruinas, a media legua de la aldea, de los llamados «Baños, o Hervideros del Emperador», y del Molino del mismo nombre, en pleno Guadiana.  La presencia de dos cañadas ganaderas que cruzan de norte a sur el anejo de Peralvillo, especialmente la que atraviesa el mismo Peralvillo, sugiere que estas vías podrían haber sido utilizadas en la época de la dominación romana. La persistencia del nombre camino de la plata refuerza esta hipótesis. Aunque no se puede descartar la posibilidad de que la vía principal entre Toledo y Córdoba pasara por Calatrava la Vieja, es probable que existiera una desviación que pasaba por Peralvillo, dado que la ruta no pudo ser única a lo largo de tantos siglos. La antigüedad de Peralvillo en la época romana se ve reforzada por su ubicación estratégica en el camino hacia Córdoba y su proximidad a Calatrava la Vieja. Además, se cree que en la zona existieron baños y hervideros naturales, que dieron lugar a un balneario que hoy se encuentra sumergido bajo las aguas del Guadiana, en la cola del Pantano del Vicario. (Pepe Romagosa en “Esbozo histórico-geográfico de Peralvillo, reflexiones sobre su vinculación quijotesca y su proyección hacia el futuro)

La época medieval marcó un período crucial en la historia de Peralvillo, transformando este enclave en un punto estratégico y de significativa relevancia en la región de La Mancha.

Según Ocaña barba, en el siglo XIV se produjeron varios litigios de la Orden de Calatrava con Villa Real, siendo su punto de mayor dureza la batalla de Malas Tardes en 1323, tras la cual el rey mandó arrasar Miguelturra, Peralvillo y Benavente. Tras esta batalla Miguelturra y Peralvillo (por aquel entonces, poblaciones independientes) pierden su entidad jurídica como villas y se anexionan a Villa Real, suponiendo un continuo conflicto entre los habitantes de Miguelturra y Villa Real. Esta situación perduró hasta 1329, fecha en la que el rey Alfonso XI adquirió la mayoría de edad y dotó, de nuevo, a Miguelturra de su fuero y término jurisdiccional. Los conflictos entre ambas poblaciones continuaron los años posteriores. Fue en 1367, debido a la segunda carta de privilegios concedidos a Miguelturra tras su Carta Puebla, cuando Peralvillo se anexiona a Miguelturra como concesión tras la pérdida por parte de Miguelturra del territorio de la Atalaya. Esta decisión estratégica consolidó el control de la Orden sobre el territorio y amplió el término municipal de Miguelturra, marcando un punto de inflexión en la historia de ambos lugares, uniendo sus destinos y creando una unidad administrativa que ha perdurado hasta nuestros días.

La Orden de Calatrava, con su poder e influencia, desempeñó un papel fundamental en la configuración de Peralvillo durante este período en el que funcionaba como un cortijo fortificado, una estructura típica de la época que servía como centro de producción agrícola y ganadera, a la vez que ofrecía protección, pues tenía una función defensiva y de control del territorio. Estos cortijos fortificados eran esenciales en la organización territorial y económica de la región.

Peralvillo tenía una muralla medieval. Dentro debería estar el cortijo de Peralvillo. En el año 1306 aparece mencionada por primera vez la aldea de «Per Alviello» (Peralvillo) como antiguo cortijo fortificado situado en terrenos baldíos de la Orden de Calatrava y dependiente, por tanto, desde la Reconquista, o más concretamente desde la victoria cristiana en las Navas de Tolosa, en 1212, de Calatrava la Vieja. Vuelve a hablarse del cortijo de Per Alviello en las crónicas del incendio y ocupación de los que fue objeto por fuerzas de Ciudad Real, en 1323; y poco más tarde, en 1329, con ocasión de la devolución de Per Alviello, con todo su término, a la Orden de Calatrava, por decisión de Alfonso XI. Finalmente, hay constancia de que en 1383 este término y su cortijo, junto con las dehesas del Corralejo y de las Navas de Ucenda, con todos sus términos, es donado al concejo de Miguelturra. (Pepe Romagosa en “Esbozo histórico-geográfico de Peralvillo, reflexiones sobre su vinculación quijotesca y su proyección hacia el futuro).

Existe un documento en el que se puede apreciar cómo era el cortijo. Se trata de la donación de una casa del Maestre Garci López de Padilla a Miguel Pérez de Miguelturra en 1306. A cambio debería hacer un cortijo con las siguientes características: cimiento de cal, arena y piedra que sobresaliese del nivel del terreno; sobre dicha base debe descansar una pared de tapial o tierra batida con 7 tapias de altura y por encima un pretil con sus almenas correspondientes; en el interior contaría con un andamio a la altura de la base del pretil por todo el perímetro. El edificio del cortijo tenía una estructura cuadrada, debiendo tener en cada una de sus “quadras” (paredes laterales) una longitud de 10 tapias. También debería tener una torre añadida al cortijo y que debía ser ciega (sin aberturas) hasta la altura del cortijo y con dos cuerpos. (Villegas)

Hacia 1329 seguía siendo un cortijo fortificado y en los litigios sobre leñas entre la Orden de Calatrava y Ciudad Real fue incendiado y ocupado varias veces por los vecinos de Ciudad Real. (Ocaña barba).

En la actualidad, a través de un trabajo de campo realizado por José Nieto con la ayuda de Fidela y el propietario de la casa donde pudo estar situado, José Luis Gutiérrez Gallardo, se puede concluir que el Cortijo de Peralvillo se situaba a unos diez metros de la carretera nacional 401 de Ciudad Real a Toledo. Viendo el espacio urbanizado y zonas libres de edificaciones, existe una superficie de unos mil metros cuadrados. Se deduce que el cortijo ocuparía un espacio dentro de dicha superficie. En el interior de estos inmuebles y hace unos 60 años, se encontraba un resto de edificación de dimensiones considerables donde los chicos del lugar se encaramaban jugando en el amplio corralón. A este resto de muralla o contrafuerte lo han venido llamando los lugareños "peñón". Su composición y dureza era de cal arena y piedras de diferentes tamaños en la parte de los cimientos que deberían sobresalir del terreno. En la parte norte del mencionado solar existía un pozo y pilancón posiblemente para los ganados y mulas de los gañanes. Dicho pozo estaba a ras del suelo sin brocal y lo llamaban pozo de la posadilla. Añadir que el espacio ocupado por el cortijo hacía fachada con la carretera, ocupando por esa razón un lugar estratégico de cara al control de la zona.

Ya en el siglo XV Peralvillo, cuya situación en el camino real le proporcionaba una importancia añadida al ser lugar de paso de mercaderes y viajeros y muy propicio para cometer robos y otros delitos más graves, adquirió notoriedad como lugar de ajusticiamiento de la Santa Hermandad. Tras ser apresados los delincuentes por los cuadrilleros de la Santa Hermandad eran suspendidos y asaeteados hasta su muerte, dejando los cadáveres expuestos con objetivos pedagógicos; efectivamente, debía ser una gran advertencia para los viajeros del Camino Real hacia Toledo. Este macabro papel le otorgó a Peralvillo una reputación sombría y lo convirtió en un punto de referencia en las narrativas de la época, incluso siendo mencionado en el Quijote. Mención que hace en el capítulo XLI de la II Parte, cuando en el jardín del Palacio de los Duques están preparando a Sancho para su vuelo imaginario, que el pobre Sancho piensa que será real, sobre Clavileño, el célebre caballo de madera. Mientras le aúpan sobre Clavileño y le ponen la venda en los ojos, el pobre Sancho exclama, muerto de miedo: “¡qué mucho que tema no ande por aquí alguna región de diablos que den con nosotros en Peralvillo!”. Porque “dar en Peralvillo”, es decir, acabar los días de uno en Peralvillo, en el lenguaje de la época, equivalía a acabar pero que muy mal.

En el célebre “Tesoro de la lengua castellana”, de Sebastián de Covarrubias, se define a Peralvillo como “un pago junto a Ciudad Real, adonde la Santa Hermandad hace justicia a los delincuentes con la pena de saetas”. Las ejecuciones se realizaban en el “cerro de las horcas”, también llamado “de los palos”, a medio kilómetro más o menos de la aldea, yendo hacia el Piélago, en el que la Santa Hermandad, precursora de la actual Guardia Civil, cumplió durante siglos el triste oficio de ejecutar a los reos de graves crímenes y delitos. Cercano a este monte, en lo que entonces era la desembocadura del río Bañuelos, se encontraba el Arca de los ladrones, que venía a ser un osario donde La Cofradía de la Caridad se ocupaba de sepultar los restos de los ajusticiados.

Peralvillo, como lugar de ejecuciones, traspasó fronteras. Cuando en Perú se produjo, en el siglo XVI, una explosión de bandolerismo que asolaba campos y caminos, el Rey dispuso que se enviara un destacamento de la Santa Hermandad de Ciudad Real a aquel Virreinato para ayudar a fundar lo que pronto sería la Santa Hermandad de Lima. Pues bien, el lugar que se eligió para llevar a cabo las ejecuciones, era una loma junto al Camino Real que estaba situada a unas dos leguas al Norte de Lima. Y a aquel sitio se le dio el nombre, que aún conserva en nuestros días, de Peralvillo, en memoria del célebre lugar de ejecuciones allá en la Mancha, en la lejana España. Actualmente el Peralvillo de Perú está enclavado en el distrito de Chancay, provincia de Huaral, Departamento de Lima.

Tal y como podemos leer en el Diario Lanza el 14.01.1954 Peralvillo, como lugar de ejecución, se extendió en el tiempo: “A la vez de comunicar la sentencia al penado, le proporcionaban los auxilios espirituales pertinentes y quedaba recluido en capilla por tres días, al cabo de los cuales se organizaba, a la puerta de la prisión, tétrica comitiva para acompañarlo a las horcas de Peralvillo, en viaje postrero. Precedía la Cofradía de Caridad con el Cristo de las estaquillas (desde 1515, poseía privilegio de ir en los actos religiosos públicos, tras la Cruz parroquial de San Pedro); seguían a caballo, cuadrilleros y ballesteros, asalariados por el Tribunal para este cometido, con flechas y arcos y vestidos verdes. Más detrás, iba el condenado rodeado de religiosos exhortantes. El cortejo lo cerraban como encargado del reo, el cuadrillero Mayor, con estandarte verde, y, a su lado, un escribano y por último, el alcalde. En la puerta de la prisión y por las calles, de trecho en trecho, pregonaban el delito y la pena. Al llegar a la Puerta de Toledo se trasladaban, seguidamente, a Peralvillo, donde estaba el cadalso delante de una tienda de campaña. Allí, al otro lado de una mesa cubierta de verde, con un Crucifijo y una escribanía, se situaba el Tribunal. Leída la sentencia y hecho el postrer pregón, se daba garrote al delincuente, le clavaban las trece saetas de ordenanza y abandonado quedaba su cadáver y pendiente del patíbulo. El 23 de mayo de 1776 “dieron pena capital de orca a Juanazo y a Covadonga, en Peralvillo, por el Tribunal de la Santa Hermandad Real y Vieja”. En 1783 “fue condenado a pena de orca, ejecutada en aquel tiempo por la Villa de Almagro, el tío Ribera, monedero falso”. El 1799, “el día 17 de julio, sufrió la pena ordinaria de orca un reo de la Villa de Camuñas preso por el Tribunal de la Santa Hermandad Real y Vieja; llamado Francisco Gómez”. En 1803, “el siete de marzo ahorcaron a Fernando Pinilla, en Peralvillo”. Cerca de las horcas había un arca de piedra y sobre ella, una losa con una ventanilla, en el centro, por donde los pasajeros piadosos o los hermanos de la Caridad, arrojaban al interior los huesos de los que perecieron, con lo cual lucraban las indulgencias concedidas a la Santa Hermandad por bulas Papales. En unos de los lados del arca, se elevaba una gran Cruz de hierro. De este modo, las horcas de la Santa Hermandad, sitas en una loma de la aldea de Peralvillo, al lado derecho de la carretera que nos lleva a Toledo, alcanzaron, al correr de los siglos, su fama terrible. Ya todo desapareció menos el nombre…”

Ya en el siglo XIX adquirieron notoriedad en la zona los Hervidero del Emperador o Baños del Trujillo, situados entre las ruinas de los molinos harineros «del Emperador» y de «Malvecinos». Estos baños y molinos tienen, según algunas teorías, origen romano y sufrieron a lo largo del tiempo considerables daños por las frecuentes avenidas del río, aunque también existe la teoría de que se llaman así por el emperador Alfonso Vll que tenía tierras en esta zona. El balneario fue reconstruido a finales del siglo XIX. El lugar contaba con una zona de hospedaje para los visitantes, que venían de lejos para disfrutar de sus aguas medicinales. Había dos piscinas separadas por sexos, con un coste de 1,5 pesetas por la noche y 1 peseta por el baño. El nombre del balneario se debe a un molino cercano, el Molino del Emperador. Posteriormente, la familia Trujillo adquirió el lugar en la segunda década del siglo XX, pero la explotación del balneario no fue exitosa y terminó por abandonarse.

El 26 de junio de 1927 se inauguró el Puente de Hierro de Peralvillo, construido sobre la antigua vía del tren Madrid-Ciudad Real. La operación resultó complicada puesto que se realizó sin interrumpir el tráfico ferroviario. Fue construido e instalado por la Maquinista Terrestre y Marítima y las obras duraron diez meses invirtiéndose en la parte metálica más de 500 toneladas de hierro, siendo el coste total de 1.200.000 pesetas. En cuanto a sus características, se trata de un puente abovedado que descansa en diez aparatos de rodillo sobre los estribos y tres fuertes pilares de mampostería. Además, su ficha técnica el artículo incluye datos como su longitud, cuatro tramos (dos de 55,74 metros y dos de 53,28) que suman un total de 218,04 metros; o su altura que es de 4,820 m. desde el nivel del suelo a la parte baja del tablero (Federico Valero BIM 04.2005).

Tras la llegada del AVE a Ciudad Real en 1992, el puente quedó en desuso, pero hoy en día es un lugar popular para ciclistas y peatones que disfrutan de la zona. Con una longitud de 218 metros, 5 metros de altura y un peso de 500 toneladas, el puente que se encuentra en el sendero GR-114 (camino natural del Guadiana), el Camino de Santiago Manchego y la Ruta de Don Quijote es una impresionante muestra de la ingeniería del siglo XX.

Con el tiempo, el paisaje de Peralvillo se transformó debido a la construcción del Pantano del Vicario, que inundó parte de la zona, incluyendo un antiguo balneario de aguas termales. Este cambio radical alteró la fisonomía del lugar y dejó bajo el agua parte de su historia.

En cuanto su patrimonio, destaca la Ermita de San Marcos; pequeña ermita de una sola nave de tipología popular con espadaña y arco de medio punto en la fachada y en los laterales toscos contrafuertes cilíndricos y prismáticos. Fue construida en el siglo XVIII conforme a un estilo sencillo y rural destacando su gran espadaña coronada por un nido de cigüeñas.

Aunque su pasado histórico sigue presente en la memoria colectiva, Peralvillo ha sabido adaptarse a los tiempos modernos y ofrece a sus visitantes un entorno natural privilegiado con una importante reserva protegida de aves acuáticas ubicada en uno de los humedales más importantes de la región y que, junto a su vegetación eminentemente autóctona y sus oquedades fluviales, campos y sierras, constituye un espacio con una sorprendente variedad de recursos naturales; resultando ser un lugar tranquilo y pintoresco, rodeado de campos de cultivo y con el Pantano del Vicario como telón de fondo.

EN BUSCA DE LA ENCOMIENDA DE MEMBRILLA

 

Artículo publicado en el número 5 de la Revista de Investigación Malastardes de la Asociación Cultural Malastardes. Septiembre de 2024.

Realizado junto a José Nieto González.


1.- El campo de la Membrilla

El campo de la Membrilla fue una extensa zona que pudo alcanzar hasta las 5000 has (1) y que estaba situado entre los actuales términos de Torralba de Calatrava, Almagro, Pozuelo de Calatrava y Miguelturra. Hasta nuestros días han llegado zonas, fincas y caminos que se denominan así, como de la Membrilla o su diminutivo, la Membrilleja todas ellas cercanas a lo que conocemos actualmente como Las Cañadas. Durante la Edad Media pudo ser una zona habitada y en ella se pudo albergar una encomienda, con una ermita o parroquia y una fortificación.

1.1.- Etimología

El origen del nombre de la Membrilla puede estar relacionado con una característica de la topografía del lugar y podría encontrarse en una derivación del término latino «mammula», diminutivo de «mamma», con el significado de pequeña colina o, más literalmente, de «teta pequeña», como expone Martínez Ruíz para su explicación del topónimo burgalés «Mambrilla». Asimismo, el Diccionario de la Lengua sigue recogiendo actualmente entre sus acepciones el término «Mambla», en femenino, con el significado de «montecillo en forma de teta de mujer» o mota. (2)

Si, desde el lugar donde están situadas las ruinas de lo que pudo ser el eje principal de la Encomienda, observamos en dirección noroeste el Monte Cayo, podremos ver que esta elevación tiene esa forma descrita. 

1.2.- Origen

La llanura que se extiende por el territorio de la Membrilla tiene su origen en el relleno de una cuenca sedimentaria y los materiales más antiguos que afloran a la superficie corresponden a los situados en las Cañadas, San Isidro y Sierra Lucía (volcán situado al sur y al que está adosado un maar u hoya), datados en la Era Primaria o Paleozoica, en concreto dentro del periodo Ordovícico (unos trescientos cincuenta millones de años), momento en el que se produce la acumulación de abundantes materiales, principalmente arenas y arcillas. En las partes más altas encontramos las cuarcitas armoricanas, de tonos blanquecino, con espesores de 200/300m. con una apariencia externa de crestas de barras rocosas, siendo las responsables de las mayores elevaciones de la zona. (3)

El Campo de la Membrilla, al igual que toda la provincia de Ciudad Real, destacó por la abundancia de asentamientos del Paleolítico Medio, con población correspondiente al hombre de neandertal que se expandió proliferando por lugares pantanosos, hoyas, arroyos, zonas encharcadas y lagunas.

En esta zona hay multitud de topónimos, que nos ofrecen una antigüedad contrastada, incluso del Bronce de la Mancha. En la zona se han localizado restos de cerámica sigillata hispánica, al igual que una posible villa romana en la zona perimetral. 

1.3.- Características físicas

Como hemos apuntado, la zona se encuentra en las cercanías de Las Cañadas, donde está situado el Monte Cayo. Al sur de éste se aprecian restos de ruina, en una cota de 666 metros. Al norte está el cerro de los Castillejos y a la derecha, tenemos la Minilla.

Entre los recursos hídricos, además de lagunas y un maar, está documentada la existencia de un arroyo, el Arroyo de la Membrilla, situado en la linde entre Almagro y Torralba: “e dende va por los mojones e padrones que fiso faser el dicho tenient Pedro de Fontiveros, fasta dar en el arroyo de la Membrilla”. “Otro ejemplo es la casa e Quintería de Alonso Lópes Cannizares que se encontraba cerca del Arroyo de Membrilla, en el límite del término de Almagro”. Dicha quintería se menciona en un amojonamiento realizado de una propiedad de la encomienda del Pozuelo. (4)

1.4.- Flora

Aunque en su origen pudo tener una vegetación típica de los hielos: coníferas, sabinas, enebros, robles, etc., la vegetación actual corresponde al monte mediterráneo, existiendo principalmente dos tipos de suelos que son los que determinan el tipo de vegetación que ha existido y existe: suelos cuarcíticos (Las Cañadas, Cabezuelas, Sierra Lucía y San Isidro) y suelos calizos correspondientes a las llanuras cultivadas. También están presentes los suelos volcánicos en forma de cabezos y maares.  

El principal tipo de vegetación de la zona corresponde al encinar, conservándose dicho paisaje en Sierra Lucía, Cabezuelas y zonas aledañas de la llanura. Estos lugares se han conservado a pesar de la ganadería secular y la extracción de leña y otras acciones naturales y humanas, aunque en él no se muestra la máxima expresión del monte mediterráneo cuyo proceso de progresión no ha concluido en su plenitud. (5)

1.5.- Fauna

Refiriéndonos a la fauna, hace unas pocas centurias Alfonso XI, conocía estos territorios para la caza de osos y puercos. 

En la zona existieron especies como lobos, jabalíes, ciervos, linces e incluso osos pardos desplazados de las sierras de Picón y Piedrabuena (Alfonso XI, conocía estos territorios para la caza de osos y puercos), gatos monteses, meloncillos, zorros, etc. En los cielos, se veían las aves como buitres, águilas que aún se pueden observar en la actualidad.

Un dato a tener en cuenta es que en esta área es frecuente la aparición de restos de ictiofauna. (5)

1.6.- Vías de comunicación

Por el Campo de la Membrilla transcurría la calzada romana de Toledo a Cástulo como eje principal conectando a su vez, con un entramado de ramales articulando el territorio de los diferentes poblados (4).

Entre 1217 y 1221 el convento principal de los calatravos y residencia del maestre fue trasladado a un nuevo emplazamiento más meridional, situado probablemente en la fortaleza de Dueñas o en sus inmediaciones, pero en cualquier caso ubicada frente al castillo de Salvatierra, que permanecía todavía bajo dominio musulmán. El lugar sería conocido a partir de entonces con el nombre de Calatrava la Nueva, mientras que la primitiva sede tomaría el nombre de Calatrava la Vieja. (6)

Según el mapa de vías pecuarias se puede marcar una ruta entre las dos calatravas, con un primer tramo entre Carrión y Pozuelo. Desde Carrión y hacia el sur está el camino llamado de la Membrilla (pasa muy cerca de la que pudo ser la edificación principal de la encomienda) que continúa hasta el camino antiguo que llega a Pozuelo. Este camino se utilizó como calzada militar, comercial y ganadera. A principios del siglo XVI aún tenía actividad como nos demuestra López-Salazar: “La noche del 26 de marzo de 1516, unos carreteros de Badajoz metieron en la dehesa de la Membrilleja, propiedad de la Mesa Maestral, 136 bueyes; el guarda de la finca efectuó diversas prendas y a la mañana siguiente intervino la justicia ordinaria de Pozuelo que detuvo a los carreteros. El mismo día, Luis de Guillamas, tesorero de la Mesa, se querelló criminalmente contra ellos ante el gobernador del Campo de Calatrava. Y todo esto a pesar de los privilegios que tenía la cabaña de carreteros”. Este documento demuestra que la zona era territorio de importancia a nivel del movimiento ganadero en esa época y que los caminos deberían estar en buen estado pues, en caso contrario, sería imposible el tránsito de carretas.

2.- La Encomienda de Membrilla

Una vez establecidas las características del campo de la Membrilla en la Edad Media, analicemos si pudo existir en él una encomienda, la Encomienda de la Membrilla, transcribiendo y analizando la información que nos han ido aportando diversos investigadores, así como nuestras conclusiones teniendo en cuenta estas aportaciones y tras haber reconocido el terreno en persona. 

2.1.- Introducción 

Una encomienda era una institución de carácter feudal, que establecía servidumbre a los señores a cambio de protección para los siervos. En concreto, con respecto a las órdenes militares, eran el espacio y rentas que otorgaban a un comendador, caballero de hábito que había recibido la más alta distinción dentro de su orden. Los maestres de la Orden de Calatrava dieron territorios con rentas tanto en dinero como en tierras y edificios a sus caballeros para el buen gobierno y administración del territorio de la Orden, a modo de merced, y con el objetivo originario de repoblar el territorio. Los comendadores, además del cobro y gestión de determinados impuestos del territorio asignado, tenían la obligación de reglamentar la vida y trabajo de las personas que habitan en los municipios que caen en su jurisdicción, con atribuciones sobre el gobierno municipal.

Los elementos significativos de una encomienda son: una fortaleza o casa fuerte, que es la cabeza que le da nombre, y es el asiento de ella; un territorio, del que obtiene las rentas necesarias para sustentar las actividades militares y religiosas de la Orden y un comendador, un freire caballero de la Orden, nombrado por el Maestre, con carácter vitalicio, que tiene la autoridad en la encomienda. (7)

2.2.- Datos ofrecidos por distintos investigadores:

Ocaña Barba se muestra partidario de la existencia de la Encomienda de la Membrilla afirmando que “en 1230, fecha de la Carta Puebla de Miguelturra, el campo de la Membrilla era una población con entidad jurídica. En esta época el Campo de la Membrilla era un “conflictivo paraje” en el que coinciden los términos de Miguelturra, Carrión y, sobre todo, Almagro y Pozuelo. Se trataba de un fortín que jugó un papel importante en el proceso de Reconquista como avanzadilla y origen de una de las primitivas encomiendas de la Orden. La Encomienda de la Membrilla sería una de las más antiguas de las creadas por la Orden de Calatrava, junto a las de Benavente, Caracuel y Guadaleza y es la que mayor e importante presencia tiene en Miguelturra: participa (junto a la Clavería) en las congruas del cura rector de la parroquia de Miguelturra, posee tres sernas (Cruces, Campillo y Cabeza de Juan Obizo), recibe los diezmos (de huertas, colmenas, semillas, legumbres, animales, frutos…), recibe el tercio de diezmo de todos los vecinos de Miguelturra que labre en el campo de Membrilla y también le pertenecen el horno y el zocodover, las primicias del queso, las penas y caloñas y los mostrencos del ganado”. Un dato documental que aporta fue que, en 1347, el comendador de Membrilla suscribió como testigo un documento de la Orden. Con respecto a la fortificación de la Membrilla, afirma que “podría ser las de unas actuales ruinas entre el límite territorial de Almagro y Pozuelo, muy próximo al de Miguelturra. Están situadas al sureste del denominado Monte Cayo muy próximas a éste. En ellas existe también una ermita que podría haber sido en su época la parroquia de la Membrilla.”  (8)

Según Rodríguez-Picavea “a mediados del siglo XIII, la red parroquial de las tierras limítrofes a Calatrava la Vieja había experimentado un cierto crecimiento, existiendo las parroquias de Miguelturra, Membrílla, Carrión y Torralba.” Y nos deja los siguientes datos: Esta encomienda calatrava se encontraba asentada en el siglo XIII en un actual despoblado que se localiza en la intersección de los términos municipales de Miguelturra, Carrión, Torralba, Pozuelo y Almagro, en la zona conocida como la Membrilleja o el Campo de la Membrilla. El lugar existía ya en la primera mitad del siglo XIII, pues en el fuero de Miguelturra de la década de 1230 se documenta como uno de los términos concedidos a esta última población el «camino que va a La Membrilla e parte con Calatrava la Viexa». A mediados del siglo XIII se constata la presencia de su iglesia; en 1254 el cabildo toledano transfirió todas sus competencias sobre la misma, fundamentalmente la tercera parte de la tercia pontifical, a su concanónigo Domingo Pascual. Cuatro años después el deán y el propio cabildo de Toledo arrendaron sus derechos sobre esta parroquia, junto a la tercera parte del portazgo de Calatrava y de la tercia pontifical de Miguelturra y Torralba, a Rodrigo Martínez de Mosquera, arcediano de Calatrava, por 20 maravedís anuales, cantidad que el mismo documento consideraba muy reducida. Tales datos indican por sí solos la existencia de población. Poco después debió constituirse la encomienda de La Membrilla con el objetivo principal de controlar los territorios centrales del Campo de Calatrava, aquellos que se extendían entre la cuenca del Guadiana y el cauce del Jabalón, y en los que sólo había otra encomienda calatrava, la de Almagro, cuya constitución data también de la segunda mitad del siglo XIII. La encomienda permitiría así articular el espacio en favor del poder señorial de la Orden y contrarrestar el territorio de realengo que se acababa de crear en torno a Villa Real, englobando para ello zonas de los actuales términos de Miguelturra, Torralba y, en menor medida, de Carrión, Pozuelo y Almagro. Es posible que la encomienda guardase también relación con el tránsito de las cañadas ganaderas por el Campo de Calatrava, ya que el primero de sus comendadores, don Gutier Pérez, aparece entre los representantes calatravos que acudieron a un juicio con pastores de la Mesta en abril de 1285. A finales del siglo XIII, ya había sido sustituido al frente de la encomienda por Fernando Pérez Collón. (6) 

Por último, Arias Sánchez manifiesta que “esta encomienda ayudaría a articular el poder señorial frente al realengo de Villa Real. Además, y como en los casos anteriores, pudo tener cierta relación con la cabaña ganadera, pues su primer comendador, Don Gutiérrez Pérez, aparece mencionado en el pleito con la Mesta en 1285.” (9)

2.3.- Conclusión 

Actualmente lo que pudo ser la encomienda de la Membrilla está prácticamente irreconocible siendo un espacio geográfico que ha sido alterado en el tiempo por las modificaciones realizadas en los principales caminos de la época y, posteriormente, por la construcción de la vía férrea.

Pero, una vez analizados todos estos testimonios de distintos autores y los distintos datos aportados, podemos concluir que la zona del campo de la Membrilla era idónea para ser poblada, ya que disponía de recursos hídricos (arroyo, ictiofauna y lagunas y maares) y, fundamentalmente, se encontraba en el camino entre Calatrava la Vieja y Calatrava La Nueva, camino muy transitado y donde, además, se crearon otras encomiendas y aldeas como Carrión, Miguelturra o Pozuelo.

Evidentemente existe una relación directa entre vías de comunicación y asentamientos. Y en la zona en época medieval existían estas vías dedicadas al tránsito de ganados, pero sin olvidar su uso para el tráfico comercial y militar.

Igualmente, la Orden de Calatrava, una vez pacificado el territorio y con el fin de promover el poblamiento del territorio, fue creando las encomiendas con el fin de vertebrar la gestión de los maestres y los intereses económicos a través de estos núcleos de población.

Por otro lado, fortalezas, iglesias, aldeas y explotaciones rurales (granja, casa, quintería y cortijo) desempeñaron un papel notable como unidades de articulación espacial en la repoblación del Campo de Calatrava. (6)

Las ruinas descritas por Ocaña Barba bien pudieron ser las de la vivienda o fortificación principal de la Encomienda (según Arias Sánchez el campo de Membrilla se estructuró en torno a una torre o elemento defensivo), es decir, en ellas se encontraba la casa del Comendador, además de las de sus más cercanos colaboradores, así como los establos y la ermita o parroquia de la Membrilla.

Con estos datos, hay indicios suficientes para afirmar que pudo existir la encomienda de la Membrilla localizada en la zona denominada el campo de Membrilla donde coinciden los actuales términos de Miguelturra, Torralba, Almagro y Pozuelo y debió constituirse con el objetivo principal de controlar los territorios centrales del Campo de Calatrava, aquellos que se extendían entre la cuenca del Guadiana y el cauce del Jabalón, y en los que sólo había otra encomienda calatrava, la de Almagro.

Esta Encomienda tendría como núcleo central la fortificación ya descrita, con la ermita que ahora se está reconstruyendo (desconocemos si a lo largo de los últimos años han existido estudios y trabajos arqueológicos y si se habrán sacado conclusiones o ha existido un seguimiento o mínima vigilancia sobre la reciente reconstrucción de la ermita de la encomienda de la Membrilla) pero alrededor existirían viviendas de las personas que dependían de la Encomienda pero que se dedicaban al cultivo de tierras o a la ganadería.

Un dato concluyente es el que existía, según varios documentos la figura del comendador de Membrilla, dato inequívoco de que existió esta encomienda.

3.- El final de la Encomienda de Membrilla

 A mediados del siglo XIV desaparece toda referencia a la Encomienda de la Membrilla en los distintos escritos de la época, pero una zona habitada, no desaparece porque sí, debieron existir unas razones de peso para que eso ocurriera. Las analizamos a continuación.

3.1.- Opinión de los autores

Ocaña Barba nos cuenta que, “en 1368, en la ampliación de fueros (privilegio) de la carta puebla de Miguelturra, en la firma ya no aparece ningún Comendador. Es el propio Maestre el que la firma, a diferencia de la firma de la carta Puebla en la que sí firma el Comendador como la mayor autoridad. A partir de esta fecha, coinciden los autores en que la Encomienda de la Membrilla ya no existe como tal. Precisamente en este privilegio, como compensación a los terrenos concedidos a Villa Real, es donado el término de Peralvillo a Miguelturra. Al consolidarse la repoblación del territorio y perder poder estratégico pierden su razón de ser y va desapareciendo, apostando, en su lugar, por la Encomienda de Pozuelo y por la posición estratégica de Miguelturra al estar junto a Villa Real, marcando el límite del territorio de la Orden de Calatrava. (8)

Una posible causa de la desaparición de la Encomienda de Membrilla según Ocaña Barba sería el desmembramiento, es decir, la división del terreno en parcelas más pequeñas entregadas a distintos propietarios, algo que pudo hacer la Orden de Calatrava por la pérdida de poder estratégico de esa zona, apostando por la Encomienda de Pozuelo porque le venía mejor para sus intereses políticos y estratégicos. Otro posible motivo de este cambio es “la posición estratégica de Miguelturra junto a Villa Real lo que hizo que el Maestre prefiriese ejercer su control exclusivo sobre Miguelturra.” (8)

Rodríguez-Picavea afirma que “La encomienda de La Membrilla sigue documentándose a lo largo del siglo XIV, pero en el siglo XV desapareció y sus rentas fueron absorbidas por el comendador de Pozuelo.” (6)

Mientras, Ciudad Ruiz ofrece otra posible causa de la desaparición de la Encomienda de la Membrilla: el despoblamiento y, como consecuencia, la falta de interés de ese territorio para la orden al no poder obtener impuestos ni beneficios. Incluye la idea de un simple cambio de denominación por la Encomienda de El Pozuelo debido al cambio de residencia del comendador tras la despoblación. Se basa en un escrito de 1489 del maestre García López de Padilla en el que dice: “que la dehesa de la Membrilla no se vende por los maravedíes que debe valer y causa que no se guarda en ella la vecindad que los vecinos solían tener cuando estaba poblada” (10)

3.2.- Conclusión

Como en cualquier acontecimiento histórico, las causas que lo producen son múltiples, nunca una sola, por eso nos inclinamos a pensar que la desaparición de la Encomienda, que no del campo ni de todos sus habitantes, se debió al conjunto de todas ellas. La zona perdió su posición estratégica y, en ella, se inició el despoblamiento por lo que fue perdiendo rentabilidad económica. Además, hay que tener en cuenta otros factores que ocurrieron en la primera mitad del siglo XIV y que pudieron influir en los momentos finales de lo que fue la Encomienda: los conflictos bélicos y las epidemias. Así, sabemos que “en 1328 lucharon el Maestre D. Garcí López de Padilla con los descontentos que acaudillaba Núñez de Prado y vencido y herido aquel, los vencedores entraron a saco la villa de Miguel Turra y la incendiaron” (11). Esta descripción corresponde a lo que conocemos como Batalla de Malas Tardes). Por otro lado, “la epidemia de la peste negra, tras entrar en España en 1348, en 1350 se extendió por La Mancha hasta 1352”. (12)

Es lógico que el fin de la Encomienda como tal se debió producir al desaparecer la figura del Comendador de la Membrilla, seguramente para trasladarse a la Encomienda de Pozuelo (aunque puede existir una incongruencia en este cambio, ya que era un lugar malsano y enfermizo como ocurría con Calatrava la Vieja y Alarcos) y, con él irían su gente más cercana, pero ¿y el resto de habitantes? Seguramente es cierto que, poco a poco, la mayoría optarían por trasladarse a residir a las aldeas más cercanas como Miguelturra o Pozuelo, aldeas de las que pasaron a depender las tierras que conformaron la encomienda, principalmente por seguridad, pero no es descartable que una parte siguieran cuidando sus tierras en el ya campo de la Membrilla.

4.- El campo de Membrilla tras la Encomienda

Hasta nuestros días han llegado diversos topónimos que hacen alusión al campo de la Membrilla (camino de la Membrilla, finca de la Membrilleja…), unas ruinas y poco más. De la época medieval hasta el siglo XIX hay dos referencias muy significativas hacia esta zona. Una de ellas hace alusión a que en las primeras décadas del siglo XVI aparece La Membrilleja como dehesa perteneciente al Colegio de Doncellas Nobles de Toledo, enajenada ya del patrimonio de la Orden (2)

La otra hace referencia a Manuel Ángel Indo que fue “un gran comprador de bienes desamortizados a principios del siglo XIX. En Castilla-La Mancha compró entre 1837 y 1838 una cantidad de 3.809 hectáreas por 1.783.500 reales. El grueso de las compras lo efectúa en el Valle de Alcudia, en Almodóvar del Campo, pero también realiza compras en otras comarcas como el Campo de Calatrava (entre los términos de Carrión, Pozuelo, Miguelturra y Torralba) donde compra las dehesas de Celadilla y del Montecillo (dentro del amplio espacio denominado campo de la Membrilla). Indo no vendió estas fincas, sino que rápidamente las puso en explotación bajo la fórmula clásica del arriendo a terceros. A su muerte en 1850 la mayor parte de sus fincas pasan a su sobrina María de las Bárcenas Indo, hermana de Francisco de las Bárcenas. La Celadilla en Pozuelo, pertenecía en 1853 a Manuel Martínez Indo que bien podría ser por las coincidencias de apellidos, otro sobrino.” (13)

En este dividir y pasar las tierras de unas manos a otras nos encontramos un ejemplo significativo del fin que en su día tuvo esta zona habitada de la Orden de Calatrava que no se mantuvo a lo largo de los años y siglos posteriores.

5.-Epílogo

El objetivo principal de este artículo es llamar la atención sobre todas las construcciones y zonas históricas locales que han desaparecido, están abandonadas o en peligro de desaparecer y ayudar a valorar nuestro patrimonio cercano, que, aparte del valor cultural, histórico o antropológico, podría ayudar a reforzar aspectos económicos relacionados con el turismo.

Fuentes:

1: Estudio histórico-económico-jurídico del Campo de Calatrava /Manuel Corchado Soriano.  -- Ciudad Real: Instituto de Estudios Manchegos, 1982-1984.

2: Celtiberia.net / La Membrilleja: un topónimo del Campo de Calatrava

3: Miguelturra en red, número dos.  Apuntes en reconocimiento al Geoparque Volcanes de Calatrava, reconocido por la Unesco como Global Geopk

4: Frontera, medio ambiente y organización del espacio: de la Cuenca del Guadiana a Sierra Morena (Edad Media). Tesis doctoral de Clara Almagro Vidal.

5: Colaboración de Ramón Nieto González

6:  La villa y la encomienda de Calatrava la Vieja en la Baja Edad Media. La formación del feudalismo en la meseta meridional castellana. Los señoríos de la Orden de Calatrava en los siglos XII XIII. Rodríguez-Picavea

7: La encomienda de Calatrava la Vieja / Juan Rodríguez Jiménez.  -- Miguelturra (Ciudad Real): Luis Rodríguez y Julio Rodríguez,2018 (Artes Gráficas Hermanos Lozano)

8: Miguelturra entre la Edad Media y la Edad Moderna / José Luis Ocaña Barba (BIM febrero a septiembre 1995)

9: Pastos y rebaños en los dominios de las órdenes militares en la mancha, siglos XIII al XV / Beatriz Arias Sánchez. Memoria para optar al grado de doctor.

10: Evolución de la peste negra en la corona de Castilla: nuevos datos para la reconstrucción histórica / David Fernández Sánchez.  

11: Origen, naturaleza y extensión de los derechos de la Mesa Maestral de la Orden de Calatrava / Manuel Danvila.

12: Torralba de Calatrava, estudio de una villa del Campo de Calatrava (1488-1510) / Manuel Ciudad Ruiz. Puertollano (Ciudad Real): C&G, [2006] (Biblioteca Oretana. Colección Historia; 3)

13: Desamortización y cambio social en La Mancha, 1836-1854 / Ángel Ramón del Valle Calzado. -- Ciudad Real: Área de Cultura, Diputación Provincial, 1996. (Biblioteca de autores manchegos; 101)

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