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"MÁSCARAS Y SILENCIOS: EL CARNAVAL DE MIGUELTURRA BAJO LA (NO) MIRADA DE LA PRENSA ESCRITA (1845-1980)”

Texto completo de la conferencia con el mismo título celebrada el 22 de febrero de 2025 perteneciente a las III Jornadas Culturales del Carnaval de Miguelturra.

Consideraciones generales:

- El motivo de elegir estas fechas es porque de 1845 data la primera noticia hasta ahora conocida en la que se menciona el carnaval de Miguelturra en la prensa escrita. En cuanto a 1980 como fecha final es porque en esta fecha, con la implicación del ayuntamiento y su área de cultura (desde abril de 1979 con el primer ayuntamiento democrático encabezado por Román Rivero, siendo Julián Arévalo el concejal de cultura) y la creación de la asociación de Peñas (desde diciembre de 1981), el carnaval va a evolucionar, aun manteniendo su base en la máscara callejera, de un carnaval “anárquico” (salvo los bailes de sociedad en los distintos centros) a un carnaval organizado con elementos que fueron naciendo en esa época y son ya muy conocidos hoy en día como el cartel (1980), los desfiles de piñata (1980), los programas (1981), las máscaras mayores (1981), el rey del carnaval (1982), los pregones (1982), el concurso de fruta en sartén (1984)…

- En cuanto al título la palabra silencio se debe a que, aunque parecen muchas noticias vistas todas juntas, en realidad se producen en más de 130 años, por lo que si hacemos una media son realmente pocas. Y las máscaras porque, como veremos, a pesar de prohibiciones y problemas, nunca dejaron de existir en Miguelturra.

- Las publicaciones periódicas iban dirigidas a un público determinado. Fundamentalmente, y aunque suene a obvio, a personas que sabían leer y que tenían cierta capacidad adquisitiva para poder comprar los periódicos. Es de sobra conocido que durante el siglo XIX y gran parte del siglo XX, en general, la cultura y la educación estaban reservadas a una parte de la sociedad, la que tenía cierta riqueza. El analfabetismo alcanzaba unas cotas extremas que, con el paso de los años, ya muy metidos en el siglo XX, fueron disminuyendo. Para hacernos una idea, según refleja Domingo Clemente en su “Guía de Ciudad Real", en Ciudad Real capital el 71% de la población era analfabeta en 1869, cifra que en las poblaciones rurales alcanzaba al 85% de la población; en 1900 aún lo era el 60% o el 40% en 1930, siendo el 15% en 1960 y sobre el 8% en 1980.  Por lo tanto, durante gran parte de todos estos años que nos ocupan la lectura de los periódicos estaba reservada a personas de la clase alta y a ellos iban destinadas sus noticias como es lógico. De ahí se puede considerar normal que esas noticias se hicieran eco de, por ejemplo, los bailes la alta sociedad, pero no de las celebraciones del pueblo llano.

- Cada publicación ha tenido y tiene una línea editorial, unos intereses políticos, religiosos, económicos, etc. que reflejan en cada una de sus noticias y editoriales. Como es lógico, también se reflejan en las publicaciones los problemas políticos, sociales y culturales de cada época.

- Durante todas las épocas, pero especialmente a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, existieron muchas publicaciones monotemáticas que solamente hablaban de una determinada línea o afiliación política o de determinados oficios como la agricultura, la ganadería, etc. No trataban temas de interés general o de otra índole salvo de lo que les afectaba directamente.

- Por regla general hubo una falta de corresponsales en Miguelturra de las distintas publicaciones provinciales y, especialmente, de las editadas en Ciudad Real capital (con alguna excepción que trataré en su momento), algo que disminuye drásticamente la posibilidad de obtener información de los acontecimientos ocurridos en la localidad, salvo cuestiones trágicas o polémicas y mucho menos de celebraciones festivas de carácter profano como es el carnaval.

El carnaval de Miguelturra en la prensa:

La primera mención conocida hasta la fecha del carnaval de Miguelturra aparece durante el reinado de Isabel II (1833-1868) el 12 de febrero de 1845 en El Católico (1840-1857) que está considerado como el primer periódico de afiliación carlista y, por tanto, de carácter católico militante y representante del absolutismo teocrático. En él, dentro de la crónica religiosa, hace mención a las “Solemnes Cuarenta Horas que se han celebrado en Ciudad Real…  Mientras que los modernos y flamantes españoles se divertían muy a su sabor, en las grandes capitales y en otros pueblos que no son capitales, con los gentílicos y bulliciosos bailes de máscaras, inmundas bacanales etc.”. Como postdata de esta noticia el autor afirma que el jefe político ha instado al vicario eclesiástico para que el orador del primer día en ciudad Real que repitió en Miguelturra el tercer día de carnaval no vuelva a ejercer como tal.

El 27 y 28 de febrero de 1849 aparecen las siguientes noticias conocidas sobre el carnaval churriego en El Clamor Público (1844 – 1864) que fue un periódico progresista de carácter agresivo y polemista, muy enfrentado a los gobiernos moderados. En ambas explican la simulación de un ahorcado como parte de la celebración profana del carnaval en lo que también puede ser un antecedente de “los judas”, con gente disfrazada de frailes, otras de familiares que disimulaban llorar, con toques de tambor y gran asistencia de público, expectación y algarabía general. Por cierto, dice el autor de la noticia que es “costumbre de tiempos seculares” lo que ya puede dar una idea de la antigüedad de este tipo de celebraciones.

Ya dentro del sexenio revolucionario (1868-1878) hay una publicación muy curiosa por su título y que puede inducir a duda. De enero a marzo de 1873 se publicó en Ciudad Real un periódico llamado El Carnaval, su director fue Ceferino Sauco Díez que fundó esta publicación tras licenciarse en farmacia. Luego dirigió también los periódicos La Libertad, El Manchego y El Labriego (periódico de cuya puesta en marcha tuvo la responsabilidad el ilustre miguelturreño Francisco Rivas Moreno). Destacó en la epidemia de cólera de 1885 regalando medicamentos y retirando cadáveres de las calles para darles sepultura y evitar contagios. Luego llegó a ser gobernador civil de varias provincias, diputado y alcalde de Ciudad Real. También fue fundador de la Escuela de Artes y Oficios de Ciudad Real. La duda que surge acerca de esta publicación es sobre su temática (desgraciadamente no he encontrado ningún dato más aparte del título, director y fecha de publicación). En una época en la que abundaban las publicaciones satíricas podría tratarse de una de ellas, pero dadas las fechas de publicación podría ser también referente a la festividad del carnaval. La personalidad y el historial del director en su época de madurez no hace pensar en ninguna de las dos opciones, aunque al ser en su juventud, cualquiera de ellas podría ser válida.

En 1877, el 17 de febrero hay una noticia en La Correspondencia de España (primer periódico que inicia el periodismo de empresa en España como diario vespertino de carácter nacional estrictamente informativo e independiente de los partidos políticos y que se mantuvo entre 1860 y 1925) en la que habla que en Miguelturra hubo carreras de caballos, descabezos y música el miércoles de ceniza, actividades estas ligadas durante muchos años al carnaval.

Durante el reinado de Alfonso XII (1875-1885) no se conoce noticia alguna en prensa sobre el carnaval de Miguelturra, pero si durante el de Alfonso XIII en su minoría de edad (1885-1902). Como curiosidad, en esta ápoca se editaron tres periódicos en Miguelturra, todos ellos especializados en una sola temática, por lo que no se conoce ninguna noticia sobre el carnaval: La Juventud Leal (1888-1892) de ideología carlista, Los Soldados de Cristo (1891) con ideología integrista católica y Heraldo de La Mancha (1899)

El 20 de febrero de 1887 aparece en El Liberal de Alicante (1886 – 1907) una noticia que habla de que en el baile del carnaval del Teatro el Principal hubo “muchas comparsas animadas y divertidas” entre ellas “las de Miguelturra que vestían el traje de amazonas”. No existe ninguna mención más. Cabe interpretar que una comparsa de Miguelturra, por algún motivo, estuvo en el carnaval de Alicante este año.

En 1898, en el periódico La Juventud Torralbeña (1897-1898) que fue un semanario independiente que se imprimía en Ciudad Real y se distribuía en Torralba de Calatrava aparecen dos noticias sobre el carnaval de Miguelturra, el 19 y el 26 de febrero de 1898. En la primera, habla de la preparación de los trajes por parte de las mujeres, de la gran duración de los bailes o del flirteo que se producía bajo las máscaras. En la segunda habla de la poca vistosidad de los bailes que se hacían en el “Centro de la Amistad” y en el “Círculo Liberal”, de las bromas “ingeniosas y chirigoteras” y de la celebración del ya mencionado descabezo. De ambas noticias se extrae que el carnaval estaba muy asentado en Miguelturra y que contaba con gran respaldo popular

En 1913 se publicó en Miguelturra un nuevo diario, Vida Labriega, especializado en el mundo del campo. No se conoce ninguna noticia referente al carnaval publicada en este periódico. 

Pero el diario que asumió el protagonismo en las siguientes etapas históricas, el reinado de Alfonso XIII (1902- 1930) y la Segunda República (1931- 1936) fue El Pueblo Manchego (1911-1937), periódico de mayor difusión provincial de la época que estuvo vinculado desde sus inicios a la jerarquía católica ya que su fundador fue Javier Irastorza Loinaz, secretario del obispo y, desde 1915, sexto Obispo-Prior. En agosto de 1915 pasó a ser propiedad de los hermanos Demetrio y Ricardo Ayala que, en 1920, lo traspasaron al presbítero don Miguel Ruiz que luego sería conocido popularmente como «el cura del Pueblo Manchego». Entrada la II República, en 1932, pasaría a ser gestionado por la Confederación Española de Derechas Autónomas (C.E.D.A.). Incautado por el Frente Popular en julio de 1936, se publicaría sólo un año más.

Es curioso el tira y afloja que tuvo este diario con el carnaval. Por un lado, lo criticó duramente, pero por otro, informaba de los actos y del buen ambiente, en general, con el que se desarrollaba la fiesta profana, especialmente en los bailes de sociedad. Evidentemente las noticias sobre el carnaval religioso fueron más habituales, pero la primera noticia sobre el carnaval profano de Miguelturra aparece en la edición del 4 de marzo de 1911 en la que destaca que el carnaval “ha transcurrido con regular animación y sin incidentes… y armonía en conformidad con la nobleza y sensatez que en estos días caracteriza a este honrado pueblo, hijo del trabajo”. Noticias como esta, y en el mismo sentido, aparecen también en distintas ediciones de los años 1913, 1914, 1917 y 1920, que reflejan la existencia de un carnaval muy vivo.

Durante este tiempo, en el mismo diario aparecen muchas críticas al carnaval, así como solicitudes para que sea prohibido; aunque llama la atención que la mayoría, no es por motivos religiosos, sino por temas políticos: el país está en crisis, la gente pasa hambre, está en guerra con Marruecos y no hay gana de fiestas. Ese argumento lo esgrime en la edición del 30 de enero de 1918 y en la del 4 de febrero del mismo año. La vuelve a repetir el 17 de enero de 1921 (año en el que en Ciudad Real se prohíben las caretas en las vías públicas) o el 4 de febrero de 1922.

Pero el carnaval siguió su curso y antes que, en 1929, durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), se dictara que los días de carnaval pasaban a ser laborales (solo se permitía en los dos domingos), el 24 de febrero de 1928 encontramos una noticia en la que se destaca la animación en Miguelturra en los días del carnaval y nos habla, por primera vez, de la calle Ancha como epicentro del mismo. Eso sí, las máscaras las califica como “de poco gusto y originalidad”, coletilla muy empleada en las publicaciones durante muchos años.

Ya en la época de la Segunda República (1931-1936), en la edición del 7 de marzo de 1935 nos habla del carnaval profano que se ha desarrollado en Miguelturra en el que se vieron “en las calles y plazas máscaras, comparsas, murgas y estudiantinas a granel” y con los bailes que “han superado a otros años en derroche de disfraces y buen humor los celebrados en los Círculos Republicano, Centro de Cultura, salones, Escuela y Circulo Obrero, dándose cita en los salones, artísticamente adornados, lindas y encantadoras muchachas que con sus bromas y risas juveniles nos hicieron pasar horas de grata recordación”. Es llamativo la cantidad de lugares que menciona en los que se desarrollaban bailes y se sigue extrayendo de la noticia la gran participación que mantenían los carnavales.

Destacar que durante esta época existió una publicación, Vida Manchega (1921-1932), que fue una revista literaria e ilustrada en la que se pueden ver muchas imágenes de distintos carnavales de la provincia, pero ninguna del de Miguelturra. Esta ausencia se pueda explicar si leemos el artículo publicado en el número 235 de la revista firmado por su redactor jefe, José Saráchaga y la opinión que tiene del pueblo y, especialmente, de su clase política (Miguelturra en 1919 bajo el prisma del periodista José Saráchaga. Blog El Eco de Miguelturra. Enero 2025).

Como es lógico, durante el periodo de la Guerra Civil (1936-1939) desaparece cualquier noticia sobre el carnaval, a pesar que los miguelturreños se las apañaron para seguir con él, aunque de forma muy particular y restringida como es lógico.

No fue así en la siguiente etapa histórica, la Dictadura de Franco (1939-1975). Bien que intentaron que no se celebraran ya que desde 1937 los carnavales estaban suspendidos y, desde 1940, prohibidos, pero dieron con un hueso difícil de roer.

En esta época el periódico por antonomasia en la provincia fue el diario Lanza (1943- actualidad) que fue fundado el 20 de mayo de 1943 y editado por el Consejo Provincial de Ordenación Económica (en íntima relación con la Jefatura Provincial del Movimiento). En 1951 el jefe provincial de Falange Española Tradicionalista y de las JONS envió una comunicación a la Diputación ofreciendo la propiedad de Lanza a la institución provincial. Desde esa fecha es propiedad de la Diputación Provincial de Ciudad Real. En este traspaso la Diputación tuvo que aceptar firmar un documento en el que se le exigía la línea política, moral y ética que debía seguir; algo que mantuvo hasta la instauración de la democracia.

En tiempos en los que el carnaval estaba prohibido por ley, las primeras noticias publicadas en este diario no podrían ser otras que referentes a esta prohibición. Así, pocos días antes de la celebración del carnaval, y prácticamente todos los años de la dictadura aparecía una nota en la que desde el Gobierno Civil se recordaba esta prohibición: “Suspensión de fiestas y bailes de carnaval” rezaba un titular en la edición del 04/02/1948. Aunque en todas ellas se especificaba que sí que estaban autorizados los bailes “que periódicamente se vienen celebrando en las distintas localidades”, eso sí, debía dar el visto bueno de forma expresa el propio Gobierno Civil. Si pensamos en el tipo de personas que podían permitirse el lujo de ir a esos bailes llegaremos al motivo de su no prohibición.

Además, abundaban en este diario artículos en contra del carnaval, tratando de convencer de todo lo malo que este conllevaba. Son ejemplos el titulado Todo el año es carnaval (11/02/1948) de Miguel García de Mora, la editorial El carnaval (22/01/1953), Ni ñoños ni paganos (30/01/1959) de Carlos María San Martín, ¿Todavía hay carnaval? (31/01/1959) de C.C.G., El eterno carnaval de la vida (19/02/1966) de Carlos María San Martín. El Carnaval (2102/1969) de A.R.J., Carnaval (12/02/1975) de D.N. Ramírez Morales…

La primera noticia sobre el carnaval profano de Miguelturra en el diario Lanza no aparece hasta el 09/02/1951, en un breve artículo junto a la noticia del carnaval religioso en el que se da cuenta que los bailes en el Centro Obrero y en el Casino han resultado “desanimados”, debido al mal tiempo y a los cortes de luz. Recordemos que los bailes si estaban permitidos bajo supervisión del Gobierno Civil. 

Pasarán bastantes años hasta la próxima noticia en este diario sobre el carnaval de Miguelturra, en concreto en 1973, pero unos días antes, Miguelturra y su carnaval fueron mencionados en un diario de ámbito nacional, fue en Pueblo (1940-1984), diario que era propiedad de los sindicatos verticales del régimen y que a finales de la década de los setenta, coincidiendo con la dirección de Emilio Romero, fue uno de los tres periódicos más importantes de la España franquista (tras ABC y La Vanguardia). Fue el 08/03/1973, en primera página y bajo el epígrafe de El Carnaval en la Mancha donde dice: “El Unicornio, el Cerdo, la Muerte, figuras de hoy y del ayer, mezcladas en colorido; máscaras goyescas, a la vez alegres y tremendas, corren estas fiestas del carnaval en numerosos pueblos de la Mancha: Villafranca de los Caballeros, Miguelturra, Malágón, Almadén”. En páginas interiores el reportaje se centra solamente en el carnaval de Herencia. Por cierto, uno de los periodistas enviados fue Jesús María Amilibia que luego, en los años 80, fue muy popular por presentar varios programas en TVE.

En la introducción comenté la ausencia de corresponsales en Miguelturra en los diferentes periódicos con una excepción. Esta excepción se produce en el Lanza donde, desde 1972, ejerce como corresponsal en Miguelturra Félix Abundio García Sánchez. Era funcionario del Ayuntamiento de Miguelturra y su primera crónica, sobre una exposición escolar de alumnos del “XXV Años de Paz” la realizó en la edición del 16 de junio de 1972. Desde 1975 se especializó en las crónicas de los partidos que disputa como local el C.D. Miguelturreño (fundado ese mismo año). Falleció a los 66 años a primeros de agosto de 1984 y su última crónica fue el 5 de junio sobre el partido C.D Miguelturreño – San Fermín, último de la temporada de 1ª Regional Preferente Grupo I con una noticia – rumor que podría ser una bomba: el C.D. Miguelturreño podía ser filial del Manchego la siguiente temporada; afortunadamente nunca se cumplió. Además del fútbol, cubrió otro tipo de noticias locales, la mayoría de índole cultural como actividades del colegio “XX Años de Paz” (luego Pradillo) y noticias que provenían del área de cultura del primer Ayuntamiento democrático cuyo concejal era Julián Arévalo. También publicó, es esta época de dictadura, dos noticias sobre el carnaval, al que mencionaba de un modo muy curioso.

La primera de ellas la encontramos en la edición del diario Lanza del 15/03/1973 y junto a dos fotografías del carnaval y la noticia de la construcción del que sería el complejo del “Jani” habla sobre las “fiestas tradicionales” celebradas recientemente en Miguelturra “coincidentes con las suprimidas del carnaval”. Como decía, es muy curiosa la forma de referirse al carnaval como fiestas tradicionales que sustituyen al carnaval, ya que en Miguelturra nunca he oído utilizar esta denominación. Si, por ejemplo, en el carnaval de Cádiz (se tuvieron que llamar así e incluso, durante bastantes años, cambiar de fecha a mayo para poder disfrutarlo), lugar en el que seguramente se inspiraría el autor para utilizar esa expresión con la única intención de salvar la censura y no tener problemas, porque, evidentemente todo el mundo sabía que hablaba del carnaval. En la noticia destaca que “habían estado animadísimas… concurridas por muchas personas de Ciudad Real y pueblos limítrofes; viéndose por las calles y plazas varias comparsas musicales, ataviadas con trajes mejicanos y, cómo no, también una carroza simulando el programa de televisión Un. dos, tres… Los bailes que se celebraron en el casino y círculo de Artesanos y Obreros, estuvieron concurridísimos, reinando alegría y buen humor… en resumen, han sido unos días de esparcimiento...”

En el año siguiente, el 01/03/1974, Abundio publica otra noticia del carnaval de Miguelturra siguiendo el mismo modelo anterior que tituló: “Con gran brillantez y esplendor se celebraron las fiestas tradicionales”. En ella destaca que el domingo de carnaval apenas había lugar para el estacionamiento de los coches debido a la gran cantidad de personas que se desplazaron desde la capital y pueblos limítrofes. También habla de la gran animación y concurrencia a los bailes del casino y centro Obrero, así como hace un guiño al que, posteriormente, sería nuestro primer rey del carnaval, José Gornés, del que alaba su “euforia y alegre juventud derrochada… por las calles, casinos y bares, siendo un hombre incansable en este tipo de diversiones”

Unos días antes, el 22/02/1974 hay un artículo en el Lanza del escritor y poeta de Campo de Criptana, José González Lara, titulado “El carnaval y la foca” donde, de forma muy sutil, analiza y justifica el carnaval profano. José fue posteriormente el primer pregonero de nuestro carnaval en 1982.

Es bastante obvio que, durante todos estos años de prohibición, en Miguelturra… se siguió celebrando el carnaval, con algún alcalde destituido por permitir la fiesta, con persecuciones a la carrera de máscaras que contaban con la complicidad de los vecinos para escabullirse, con pago de multas, etc., pero el carnaval seguía muy vivo y cada vez contaba con más participación ciudadana. Y esto se conocía en el resto de la provincia, pero en la prensa, debido a la censura dominante, no lo podían decir explícitamente, por lo que lo hacían a través de insinuaciones. En la edición del diario Lanza del 10/03/1949, en una crónica sobre Fuente el Fresno, el autor se alegra que en esa localidad solo se celebró la festividad religiosa “mientras en otros sitios se lanzaban voces de no me conoces”. 

En el año 1966 había nacido un nuevo periódico en Ciudad Real, La Hoja del Lunes (1966-1983) que perteneció al grupo de periódicos editados por las asociaciones de prensa provinciales. En Ciudad Real estuvo dirigida por Cecilio López Pastor y, como su nombre indica, solamente salía los lunes. La mayor parte de la información era deportiva, pero había espacio para otras noticias y editoriales o artículos de opinión. En él hubo varias alusiones al carnaval de Miguelturra, especialmente en una sección titulada “La Plaza del Pilar” firmada por C. (Cecilio López Pastor) en la que, a modo de editorial, comentaba distintas cuestiones de actualidad.

Así, en la edición del   09/02/1970 podemos leer que los jóvenes de Ciudad Real durante los carnavales “se llegaron a otros pueblos donde las reuniones sociales están más animadas … ustedes nos entienden”. En la del 22/02/1971 leemos: “Con febrero ha llegado el carnaval, fiesta que, si en muchos lugares de por aquí ha quedado reducida a los bailes de sociedad, no falta tampoco alguno bien próximo, donde el consabido a que no me conoces es la coletilla para pasar un rato distraído y animado”. En la edición del 14/02/1972 aparece el siguiente texto: “Ayer fue domingo de carnaval. Aquí en Ciudad Real no se notó, pero si en los pueblos próximos donde los jóvenes salieron mañana y tarde para ver las máscaras y participar en los bailes” (aquí ya se reconoce abiertamente la existencia de máscaras). Ya el 17/02/1975, comenta: “Con motivo de la Piñata aún circularon no pocas máscaras por las calles de nuestros pueblos más carnavaleros y hasta algún mascarón, que hicieron pasar un buen rato a los nativos y visitantes que se desplazaron, con el aligüí del no me conoces. Y algunos se trajeron para la capital el cabello un tanto enmarañado y lleno de papelillos…”

Tras la muerte de Franco llegó el periodo de Transición democrática (1976-1982) y con él desapareció la prohibición del carnaval, aunque, oficialmente, continuó estando suprimido hasta 1978 inclusive, año en el que aparece la última nota acerca de esta prohibición en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del 30/01/1978. El carnaval de Miguelturra vive también en este periodo una transición que empezará a tomar forma a partir del carnaval de 1980 con la aparición del primer ayuntamiento democrático (desde abril de 1979) y con la creación de la Asociación de Peñas (diciembre de 1981).

No obstante, las noticias sobre el carnaval de Miguelturra en los primeros años de transición no son muy abundantes.

Veinte mil kilómetros cuadrados (1975-1979) fue una revista trimestral de la Diputación Provincial de Ciudad Real, dirigida por Pedro Peral que trataba temas referidos a la propia Institución y aspectos culturales, históricos y socio-políticos de la provincia. En ella, en la edición de marzo de 1976, hay un artículo firmado de nuevo por nuestro primer pregonero, José González Lara, titulado “El carnaval sin diablo” primero de esta época en el que se nombra al carnaval de Miguelturra junto al de Herencia, manifestando que están “liberados de intención demoniaca”.

En La Hoja del Lunes del 01/03/1976 se vuelve a incidir en la masiva presencia de ciudadrealeños en el carnaval de Miguelturra. El 21/02/1977 menciona el mal tiempo en ese año que redujo la presencia de visitantes en Miguelturra “cuyos carnavales tienen fama por esta comarca”

El diario Lanza en esta época, al privatizarse los llamados medios de comunicación social del Movimiento, quedó como uno de los pocos casos de diarios bajo titularidad pública al seguir dependiendo de la Diputación Provincial, aunque ya liberada de las normas de la época histórica pasada. La primera noticia sobre el carnaval de Miguelturra en la transición aparece en la edición del 04/02/1978 en la que Eduardo Muñoz Martínez (miguelturreño de nacimiento, que ya colaboraba con este diario y que, posteriormente, tomó la corresponsalía de Miguelturra tras el fallecimiento de Abundio) en una sección titulada “Estampas de Miguelturra” publicó un artículo sobre el carnaval bajo el epígrafe de “El alma del carnaval” dedicado a José Gornés. En él, alababa su figura y su persona, mencionaba a dos de sus fieles acompañantes carnavaleros, Herminio Gornés y Félix Ramos, a la calle Paquito León (actual calle Carnaval) como epicentro de la fiesta, destacaba los bailes del Centro Obrero y que el carnaval churriego, tras algunos vaivenes “está llegando otra vez a la cumbre”.

En La Hoja del Lunes del 6 de febrero del mismo 1978, de nuevo en la sección “Plaza del Pilar”, se rememora los antiguos carnavales reconociendo lo que todo el mundo sabía, que habían existido en Miguelturra durante la prohibición y, además, contaban con gran popularidad y participación: “Y aunque el carnaval estuvo prohibido, siguió perviviendo en las últimas décadas en algunos pueblos de la provincia. Bien cerca de la capital, en Miguelturra, se celebraba con gran animación callejera y luego por la noche en los bailes llamados de sociedad...”. Al año siguiente, en 1979, en la edición del 26 de febrero critica la falta de carnaval en Ciudad Real y el “exilio” de sus habitantes al carnaval churriego, reconociendo que “Miguelturra, como siempre, habrá visto sus calles paseadas por numerosos vecinos de la capital en busca de la broma de las máscaras, que allí nunca faltan”.

Conclusión: 

Parafraseando el inicio de los cómics de Astérix “Estamos en el siglo XX después de Jesucristo. En toda España no se celebra el carnaval ¿En toda? ¡No! Un pueblo poblado por irreductibles churriegos resiste, todavía y como siempre, al poder. Y es que desde tiempo inmemorial hubo un pequeño reducto en La Mancha en el que la fiesta del carnaval continuó año tras año sin observar leyes ni mandatos vigentes: Miguelturra.

El carnaval de Miguelturra nace del pueblo y en él siempre ha participado TODO el pueblo, dando igual los colores políticos, el sexo o la religión y la mayor parte de sus habitantes participó y participa como máscara callejera independientemente de los acontecimientos políticos, sociales o culturales que se han ido produciendo en cada época. Además han participado y participan todo tipo de personas, desde las más extrovertidas y dicharacheras hasta las más tímidas e introvertidas.

A pesar de las censuras, las prohibiciones e incluso los silencios de la prensa, las máscaras continuaron su inquebrantable camino por la línea temporal… hasta nuestros días.

El carnaval de Miguelturra también ha sabido ir evolucionando y adaptándose a cada nuevo tiempo. Así, el cambio producido a finales de la década de los setenta e inicios de la de los ochenta del siglo pasado con el impulso desde el ayuntamiento y desde la asociación de peñas del carnaval y trajo como recompensa primero, el nombramiento del carnaval como fiesta de interés turístico regional en 1983, luego el de fiesta de interés costumbrista y cultural en 1984 y, como colofón, el reconocimiento como fiesta de interés turístico nacional en 2018.

Fuentes:

- Ciudad Real y su Prensa: 1811-2021 / Isidro Sánchez. Ciudad Real. Serendipia. 2022

- El carnaval de Miguelturra durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX a través de su impacto en la prensa escrita / Francisco M. Peco. Revista de Investigación Malastardes. Asociación Cultural Malastardes. Septiembre 2023

- Carnaval de Miguelturra (página web oficial de la Asociación de Peñas del Carnaval de Miguelturra)

- Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España

- Biblioteca Virtual de Prensa histórica

- Biblioteca virtual del Centro de Estudios de Castilla La Mancha

- Imágenes: archivo personal y carnavaldemiguelturra.es


MIGUELTURRA EN 1919 BAJO EL PRISMA DEL PERIODISTA JOSÉ SARÁCHAGA

En el número 235 de la revista Vida Manchega correspondiente al 5 de agosto de 1919 aparece un artículo firmado por el periodista José Sarachaga Lorente titulado “Impresiones de un viaje por la llanura”. En él relata las sensaciones que le produce un viaje en tren que realizó desde la estación de Ciudad Real a la de Manzanares y, en carruaje, desde esta última localidad a La Solana. Además de ir describiendo los paisajes por lo que transcurre el viaje, explica las sensaciones que le produce lo que ve en cada una de las estaciones en las que el tren hace parada. Así habla de Miguelturra, Almagro y Daimiel, además de Manzanares y La Solana. Extraigo el fragmento en el que habla de Miguelturra:

Apenas hemos subido al tren—un tren mixto, con un material pésimo, —seguramente no han transcurrido cinco minutos, llegamos a la estación de un pueblecito: es Miguelturra. Enseguida se os alcanza una pregunta ¿por qué habrán edificado la estación al lado opuesto del pueblo? luego miráis por la ventanilla el hacinamiento de casucas y chozas que a primera vista se presentan. El aspecto general es feo, una torre enorme redonda, levanta su cúpula en ruinas sobresaliendo de los demás tejados, esa torre es toda la techumbre de una iglesia, de la antigua iglesia del Cristo que hace muchos años hundíase para siempre... aunque ha habido muchas veces un santo deseo por reconstruirla. Los miguelturreños tienen un gran entusiasmo por ver levantada la iglesia del milagroso Cristo, tienen tanto o más entusiasmo que por su Virgen de la Estrella. Miguelturra es un pueblo bastante grande, pero muy poco urbanizado. Vive de lo que viven casi todos los pueblos de la Mancha, es esencialmente agrícola y produce algo, poco en vinos. Es realmente extraño que tan próximo a la capital, con la que tantas relaciones mantiene aparezca un poco inculta y no se deje dominar. Además, entre ambos pueblos existe un rencor antiguo, debido a su rivalidad de abolengo calatraveño, hasta el punto de que en Miguelturra no se transija con la visita de un ciudarrealeño, que tranquilamente circula por las mal empedradas calles; los chiquillos le arman una gritería, se ríen a hurtadillas, los mayores y diríase que hasta los perros se conjuran para salir a su paso estorbándole el andar con aullidos famélicos. Y menos mal que ya parece alentar en los churriegos otros entusiasmos... verdad es, que viven abandonados sin más protección que la de un ignominioso cacicato, depósito de medros, de pasioncillas y de viles venganzas, alimentadas por cerebros obtusos, que no tienen más fuerza que la de su dinero...

En su descripción Saráchaga, no deja una visión muy positiva de casi ninguno de los lugares por los que transcurre su viaje, aunque es cierto que va suavizando los términos según se va acercando al final del artículo y el último pueblo, La Solana, es el que más elogios se lleva. No obstante, la sensación que da es la de estar viajando por una tierra dejada a su suerte y olvidada por los políticos y de ahí ese aroma a decadencia que fluye de sus letras.

Con respecto a Miguelturra, considerando que todas las opiniones son respetables, si me gustaría hacer algunos apuntes. Lo primero que llama la atención es que una persona que residió y fue criada en Ciudad Real habla en este artículo de Miguelturra como una desconocida, como si no hubiera estado jamás en ella o nunca hubiera pasado por sus cercanías, aunque por lo que luego expresa no fue así.

La primera crítica es para el lugar donde se situaba la estación y la hace sin tener en cuenta que las poblaciones se construyeron antes que la red ferroviaria y que, normalmente, esta fue proyectada para ser lo más directa posible y no para pasar por el centro de todos los pueblos y ciudades.

Luego habla del aspecto de las construcciones que veía desde la estación y las trata de “casucas y chozas hacinadas”. Ciertamente no creo que esa vista fuera muy diferente a la de los extrarradios de la mayoría de pueblos españoles en esa época, seguramente ocupadas por pequeñas construcciones de la gente que se dedicaba a la agricultura y/o a la ganadería.

Sí es bastante comprensible la mala impresión que debió causar a cualquier visitante el ver la cúpula de la torre del Cristo, nuestra Torre Gorda, en un estado ruinoso y calamitoso. Recuerdo que hasta el año 1931 no finalizó la restauración de la cúpula que surgió por iniciativa del que fue médico de Miguelturra y hermano mayor de la hermandad del Cristo de la Misericordia, Casio Clemente, y que contó con la colaboración de todo el pueblo. Igual tras esa fecha la descripción hubiera sido otra muy distinta… o no.

Sigue su artículo con dos manifestaciones algo obvias, que Miguelturra no está muy urbanizada y que la mayor parte de la población de dedicaba a la agricultura y a la ganadería. Hasta aquí se puede decir que hace una descripción “objetiva” de lo que vislumbra desde la estación, pero desde este momento, con la frase “Es realmente extraño que tan próximo a la capital, con la que tantas relaciones mantiene aparezca un poco inculta y no se deje dominar” ya deja caer que sí que conocía Miguelturra y que seguramente, alguna cuenta pendiente tendría con algunas personas del municipio. Lo de gente inculta no es rebatible, ya que el grado de analfabetismo en esa época aún era muy alto, pero lo de “no se deja dominar” ya levanta muchas sospechas. ¿Por quién y por qué se tendría que dejar dominar?

Luego hace referencia a la antigua rivalidad desde tiempos de calatravos y realengos y continúa con el mal trato que, según el autor, daban a los ciudarrealeños en Miguelturra. Desde los niños a los mayores pasando incluso por ¡los perros! que seguro olerían la procedencia del visitante.

Para finalizar, aunque augura un atisbo de salvación para los miguelturreños, nos desvela el quid de la cuestión tratando a la clase política local de caciques, medrosos, vengativos, tontos y otras lindezas más. Efectivamente alguna cuenta pendiente tenía en Miguelturra.

Para finalizar y como curiosidad, según consta en el Boletín del Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII del 31 de marzo de 1913, José Saráchaga fue mordido por un perro en su pierna izquierda, hecho por el que me asalta una gran duda: ¿sería un perro churriego el que le mordió?

José Sarachaga Lorente nació en 1894 (Boletín del Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII 31.3.1913). En junio de 1913 obtuvo el título de bachiller en el Instituto de Ciudad Real (El Pueblo Manchego 13.06.1911). Perteneció de forma activa, realizando declamaciones y conferencias, a “Los Luises”, congregación mariana juvenil fundada por los Jesuitas con dedicación a San Luis de Gonzaga (El Pueblo Manchego 27.11.1911). También fue secretario de la organización Juventud Conservadora de Ciudad Real que presidía Luis Barreda (El Pueblo Manchego 17.02.1913).

Como periodista, en 1915 colaboró con sendos artículos en los números 20 y 24 de la revista decenal editada en Ciudad Real, Pero Grullo. Desde 1918 trabajó como redactor de la revista Vida Manchega de Ciudad Real (Vida Manchega 30.12.1918). Formó parte de la Asociación de la Prensa de Ciudad Real como vocal (El Adelanto 13.01.1919). Dirigió en 1921 el periódico de vida efímera editado en Ciudad Real, Regeneración. En agosto de 1922 dejó su cargo de redactor-jefe en Vida Manchega al trasladarse a Madrid en agosto de 1922 (El Pueblo Manchego 30.08.1922).

Colaboró con artículos en las siguientes publicaciones: Heraldo de Zamora (1913), Adelante (1913), El Defensor. Almodóvar del Campo (1921), El Correo de la Mañana (1922) La Correspondencia de España (1922), Vida Nueva (1922) y La Voz (1924). En la edición del 30 de noviembre de 1924 de este último periódico hay un comunicado del mismo en el que aclara que José Sarachaga Lorente no es redactor del diario, solamente un colaborador ocasional.

En 1935, con ocasión del Día de Todos los Santos, participó en un homenaje de la Asociación de prensa de Ciudad Real a los compañeros fallecidos (El Pueblo Manchego 02.11.1935)

Como conferenciante tuvo repercusión la charla que dio en Ciudad Real en diciembre de 1918 sobre el problema con el abastecimiento de agua de Ciudad Real (La Correspondencia de España 29.12.1918)

Compuso dos obras teatrales que fueron estrenadas en Ciudad Real durante 1922: “La paz del cariño” (El Pueblo Manchego 12.06.1922) y “Vibraciones de Yermo” (El Pueblo Manchego 02.11.1922)

En 1921, con su trabajo “Remembranzas”, obtuvo el premio del concurso de relatos organizado por la revista Juventud Manchega.

La publicación Vida Manchega fue una revista literaria e ilustrada, pero también de información general, con profusión de información gráfica de las provincias de Ciudad Real, Albacete, Toledo y Cuenca. Comenzó a publicarse en Ciudad Real el siete de marzo de 1912, aunque inicia su numeración el cuatro de abril, siendo su fundador, propietario y director artístico Enrique Pérez Pastor, en cuya imprenta y taller de grabado se estampaba, y el director literario, el maestro y escritor Isaac Antonio Vicente, que había dirigido el diario católico El pueblo manchego (1911-1936) y firmaba sus textos periodísticos con el seudónimo Aviceo.

En entregas de dieciséis páginas, aparece con una periodicidad semanal (jueves), ocupando su portada una gran fotografía. Además de textos de creación literaria (en prosa y en verso), de ciencia, arte, patrimonio arquitectónico, escultura, bibliografía, ofrece otros de la vida oficial, social y cultural, y sobre educación, industria, minería, comercio, agricultura, reforestación, tradiciones, carnavales, fiestas, semana santa, sucesos, teatros, toros, etc., tanto de la vida de las capitales como de destacados pueblos manchegos, a través de gacetillas, comentarios, crónicas, o reportajes. Las cuatro páginas centrales son generalmente ocupadas por fotografías, pero también acompañan a los demás textos, con reproducciones pictóricas, dibujos, paisajes, vistas y sobre todo retratos de autoridades políticas, administrativas, religiosas, culturales y de periodistas.

Entre sus redactores y colabores estuvieron Francisco Sastre Moreno (que figura como redactor jefe en 1914), José Subirá (como crítico musical), Ángel Corrales (autor de la sección “Vulgarizaciones científicas”), Rómulo Muro, Ricardo Martínez Franco, B. Sánchez de León, Epifanio Sánchez López, Rafael López de Haro, Arturo Gómez-Lobo, César García Valiente, Julián Morales Ruiz, Luis Tablanca, Antonio Maján Pinilla, Gabriel García Maroto, Leocadio Martín Ruiz, Antonio Heras, Manuel Camacho Beneytez, José A. Luengo, Gerardo J. Algarra, Alberto García López y Rafael Ramírez Arellano, entre otros, así como Fernando Franco (corresponsal desde Albacete) y César Huerta (desde Cuenca),

Desde el diez de julio de 1914 aumentó hasta las veinte páginas, incrementando al mismo tiempo sus anuncios publicitarios, a la vez que su periodicidad se hizo quincenal y se subtitula “revista regional ilustrada”. Tras el fallecimiento de Antonio Vicente, el 26 de noviembre de 1917, al año siguiente se irán incorporando las firmas de Alberto García López, Francisco Colás, Ángel Dotor Municio, José Saráchaga, José Cerro Rodero y Francisco Tolsada. Si al principio había publicado dibujos de Ángel Andrade, ahora los publicarán Francisco Adán Cañada y José J. de la Higuera.

El número 255 es el último de la colección y corresponde al diez de julio de 1920. Este mismo año y con el mismo título comienza a publicarse y a imprimirse en el taller de Enrique Pérez Pastor un diario vespertino independiente de carácter republicano, hasta 1932.

Fuentes:

Vida Manchega 05.08.1919

Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España. Vida Manchega

EL PERALVILLO DE PERÚ

Como es conocido, Peralvillo es una aldea que fue anexionada a Miguelturra en 1383 con la intención de proveer de mayor término a la localidad y está situada al borde del pantano del Vicario y los rios Bañuelos y Becea, así como del antiguo camino real de Toledo.

Peralvillo es citado en El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha en boca de Sancho Panza, concretamente en el capítulo XLI de la II Parte, en el que se cuenta la aventura y el falso vuelo que el caballero andante y el escudero realizan a lomos del caballo Clavileño. Siendo Peralvillo el lugar donde la Santa Hermandad o Inquisición ejecutaba a los reos condenados a muerte, Sancho Panza expresa su miedo de que un grupo de diablos o encantadores puedan dar con él y Don Quijote en Peralvillo, es decir, que acaben condenados y muertos por la Santa Hermandad en un lugar tan temido como ése.

La alusión a Peralvillo tiene el mismo tono de uno de los muchos refranes que Sancho Panza siempre utiliza, por lo que parece que "dar o terminar en Peralvillo" había pasado ya al lenguaje popular como sinónimo de tener un desgraciado final o destino.

Efectivamente, Peralvillo ha pasado a la historia de las tradiciones negras por ubicarse en él la “horca pública” en la que se ajusticiaba a los “golfines” (bandoleros autóctonos) entre los siglos XV y XVII, precisamente en el cerro de las Horcas o los Palos a unos 500 metros de la aldea yendo hacia el Piélago. Tras ser apresados por los cuadrilleros de la Santa Hermandad eran suspendidos y asaeteados hasta su muerte, dejando los cadáveres expuestos con objetivos pedagógicos. Cercano a este monte, en lo que entonces era la desembocadura del río Bañuelos, se encontraba el Arca de los ladrones, que venía a ser un osario donde La Cofradía de la Caridad se ocupaba de sepultar los restos de los ajusticiados.

Así Peralvillo se convirtió en sinónimo de lugar donde se realizan ejecuciones. Cuando en el Perú se produjo, en el siglo XVI, una explosión de bandolerismo que asolaba campos y caminos, el Rey dispuso que se enviara un destacamento de la Santa Hermandad de Ciudad Real a aquel Virreinato para ayudar a fundar lo que pronto sería la Santa Hermandad de Lima. Pues bien, el lugar que se eligió para llevar a cabo las ejecuciones, era una loma junto al Camino Real que estaba situada a unas dos leguas al Norte de Lima. Y a aquel sitio se le dio el nombre, que aún conserva en nuestros días, de Peralvillo, en memoria del “célebre” lugar de ejecuciones aquí en la Mancha. Actualmente el Peralvillo de Perú cuenta con 15634 habitantes y está enclavado en el distrito de Chancay, provincia de Huaral, Departamento de Lima a escasos metros del Océano Pacífico. Precisamente, en mayo de 2023 Peralvillo fue noticia por el hundimiento provocado la construcción de un megapuerto en la zona que destruyó dos viviendas y una parte de la calzada, afortunadamente sin provocar víctimas mortales, aunque si cuantiosos daños económicos a la localidad y a las familias afectadas.

Fuentes:

Miguelturra: historia y tradición / Mariano Mondéjar Soto. -- Puertollano : [s.n.], 1978 (La Económica)

Miguelturra / documentación, texto, imagen y diseño, José Luis Sobrino Pérez.  -- Ciudad Real: Crónicas de la Mancha, 1997. (Crónicas de cien pueblos; 6)

Peralvillo: paisaje y paisanaje / Mª del Castillo González Garrido.  -- Miguelturra : Universidad Popular, [2013]

World Literary Atlas

El Sayón


MIGUELTURRA EN OBRAS LITERARIAS Y PUBLICACIONES – POESÍAS ESCOGIDAS DE JOAQUÍN LORENZO VILLANUEVA

 

Siguiendo con el recorrido de la utilización de Miguelturra en obras literarias nos encontramos con un romance escrito por el polifacético autor valenciano Joaquín Lorenzo Villanueva (fue escritor, clérigo, político, diputado en las Cortes de Cádiz, ministro plenipotenciario, miembro de la Real Academia Española, miembro de la Real Academia de la Historia e historiador) y que viene recogido en la obra “Poesías escogidas” del año 1833.

La mención a Miguelturra aparece en un romance de tipo irónico, burlesco y con tintes de hipérbole en el que el autor describe un viaje “gastronómico” desde Madrid a La Mancha, pasando por Toledo. Curiosamente hay un hecho que narra en el poema que es autobiográfico y es que, efectivamente Villanueva tuvo que irse de Madrid tras los sucesos del 2 de mayo. El título de la poesía es El cuento de los carros:

A contarte empecé ayer,

Mendo, el cuento de los carros,

y entró aquel destripacuentos,

que es un insigne pelmazo.

Hoy que nadie nos joroba,

te le ensartaré en dos trancos,

antes que el tal martagón

se nos venga a destriparlo.

Quedamos en que salí

de Madrid el dos de M a y o

huyendo del cañoneo...

¿Cenamos, o no cenamos?

¿dónde andará el tal Belin?

¿se habrá ido a picos pardos?

Belin... Señor... Pon la mesa,

que ya está cantando el gallo...

Sin más que levita y gorro,

corbata y sombrero gacho,

sin guía ni pasaporte

salí medio turulato...

Seis perdices nos ha puesto:

Belin es un perdulario:

¡toma! y ocho codornices,

y medio jamón y un pavo.

¿Crees que somos de Jauja,

o que estamos ayunando?

Un siglo para sacar

hoy la tripa de mal año.

Llegué pues a Villaverde

molido, como si a palos

me hubieran hecho una alheña

los nervios del espinazo...

¡Ola, el vinillo! Ahí es nada,

cuatro botellas y un frasco

del puro de Cariñena:

bien podemos beber largo.

Di, Belin, y este clarete

¿ha venido de regalo?

¿y no respondes? ¿estás lelo?

Pues como iba relatando,

de Villaverde a Toledo

a lomo me llevó un asno:

y yo fui más asno que él,

pues por no sufrir su paso,

enfadado eché pie a tierra....

Trincha ese pájaro asado,

mientras de las perdicillas

doy yo cuenta al escribano.

Llegué al fin a Talavera,

¿más cómo? pisando barros,

y dejé en un chapatal

las medias y los zapatos...

¿Sabes que digo? Mejor

será que echemos dos tragos,

que de tanto hablar se pone

la lengua como un esparto.

Un bálsamo es el tintillo:

echa, y no cuentes los vasos.

¿no probamos el jamón?...

Como digo, un puro charco

era el pago de Cebolla,

y yo hecho un fraile descalzo.

Dirás tal vez: Alcornoque,

¿y cuando vienen los carros?

los carros aún están lejos,

porque tardé en alcanzarlos:

Y he dicho mal: están cerca,

porque voy a dar un salto.

Te pintaré al carretero,

que bien merece un retrato.

¡Si vieras qué mozancón!

Si digo que era más alto

que la torre de Tavira,

no le marraría un palmo.

Montera piramidal

que se iba cogote abajo,

pelo que a los pasajeros

pedía un peine prestado,

pecho asomado al balcón

en invierno y en verano...

Tres pepinos te has comido:

¿piensas tú que soy cegato?

¿y que no observo la acucia

con que zampas a destajo?

De los pepinos ni el tufo:

mejor te sentara el apio.

El pepino es indigesto,

a él le debí un entripado:

con el apio digirieras,

aun cuando comieses clavos...

Pero vuélvome a mi historia:

tenía el carro dos machos,

el uno tuerto de un ojo,

que de los dos fuera chasco:

El segundo fue rabón

desde que quedó sin rabo:

por cuya regla pelones

llamamos hoy a los calvos:

más esto es de la Academia:

metíme en el escusado.

De Toledo atravesé

los cerros y los barrancos,

y a dar vine a Miguelturra,

do dicen que nació Sancho.

Esta exótica anécdota

no la saben más de cuatro,

revelómela a mí un ciego

al venderme un calendario.

Ya estamos en la palestra...

Lindamente hemos cenado.

¿De dónde saldrá este gas

que se me sube a los cascos?

El hilo perdí del cuento:

no sé de qué estaba hablando.

¿He salido de la Mancha?

Pero pregunto: ¿Y he entrado?

¡Oh Mancha! ¡Mancha! En ti fue

mi tremebundo fracaso.

No me olvidare de ti,

venterillo desalmado,

que me hiciste pagar liebre,

y me diste a comer gato.

Estas lúgubres memorias,

aun después de tantos años,

me apestan, me vuelven loco:

pero mejor es no hurgallo.

Cata al salir de la venta

el primer carro atestado

de sacas de lana churra

que llegaban a los aros.

¿Y mi asiento? Sobre el toldo

podéis a placer sentaros.

Aquí perdí los estribos,

y aún no he podido encontrallos.

Mucho desatino, Mendo,

y no es por culpa del jarro,

que un azumbre no es beber,

y menos si el vino es rancio.

Pero a bien que de esta fiebre

quedaré limpio roncando,

que así se limpiaban de ella

persas, siros y tebanos.

Hazme mañana memoria

del toldo de mis pecados:

Y acabada esta aventura,

Iremos al otro carro.

En el fragmento en el que nombra a Miguelturra hace el autor una revelación sorprendente: Sancho Panza nació en Miguelturra, aunque, teniendo en cuenta el tono humorístico de la obra y, la frase siguiente en la que nos cuenta que se lo reveló un ciego cuando le vendió un calendario, nos damos cuenta rápidamente que se trata simplemente de una de las muchas bromas y chanzas que incluye en el poema.

De hecho, Sancho Panza es un personaje ficticio al que Cervantes no dio lugar de nacimiento, aunque posteriormente si ha dado mucho juego la especulación sobre cuál podría ser ese lugar. Así, el escritor Paco Arenas lo sitúa en su localidad natal, el municipio conquense de Pinarejos tal y como refleja en su obra Los manuscritos de Teresa Panza.

En cuanto a Joaquín Lorenzo Villanueva, autor que tiene a bien mencionar a Miguelturra en esta obra hay que decir, aparte de su mencionado polifacetismo, que tuvo una intensa vida no exenta de polémicas y problemas varios.

Su nombre completo era Joaquín Lorenzo Villanueva y Astengo y nació en Játiva (Valencia) el 10 de agosto de 1757 en el seno de una familia tradicionalmente dedicada a las letras y a la política y vinculada con el clero. Se graduó en Artes en la Universidad de Valencia en 1772 y en 1776 obtuvo el doctorado en Teología. Una vez doctorado, fue catedrático de Filosofía en el Seminario de Orihuela y profesor de Teología en el seminario de San Carlos (Salamanca). Además de a la enseñanza, Villanueva dedicó su vida a la iglesia, a la política y a la escritura. Tras ordenarse sacerdote en marzo de 1782, fue nombrado predicador real y calificador del Santo Oficio de 1783 a 1808 (aunque en 1804 fue denunciado a la Inquisición por predicar ideas “jansenistas”), año en que, como ya cité, se marchó de Madrid tras los sucesos del 2 de mayo y el nombramiento como monarca de José I Bonaparte, pues se mostró partidario sin titubeos de la resistencia española.

Hacia 1774 inició su actividad literaria y el 13 de diciembre de 1796 fue elegido académico de número por la R.A.E. ocupando el sillón de la letra X. En esta institución fue bibliotecario. Desde 1804 fue miembro también de la Real Academia de la Historia y en abril de 1807 ingresó en la Orden de Carlos III.

En 1810 fue nombrado canónigo de Cuenca y se volcó en la vida política. Primero como diputado por Valencia en las Cortes de Cádiz donde desempeñó un papel muy relevante, tanto por sus numerosas intervenciones como por su decisiva actuación en la Comisión Eclesiástica. Y después como ministro plenipotenciario ante la Santa Sede en 1822, aunque el papa rechazó su candidatura. Partidario del absolutismo fernandino, poco a poco fue cediendo ante el espíritu liberalista, lo que supuso que fuera penalizado por el monarca. Encarcelado y exiliado durante un tiempo y rechazado por la Santa Sede como embajador en 1822, la restauración del absolutismo en 1823 provocó su exilio definitivo. De Gibraltar se trasladó a Tánger y de allí a Dublín y a Londres. 

En el exilio, su polémica actividad literaria se convirtió en su principal ocupación. y figuró en innumerables polémicas político-religiosas.

Durante su vida escribió numerosas obras religiosas, políticas, históricas, autobiográficas, artículos periodísticos, poesías…

Murió en Dublín el 26 de marzo de 1837. Sus huesos descansan, desde entonces, en el cementerio dublinés de Glasnevin.


Fuentes:

- Poesías escogidas (Joaquín Lorenzo Villanueva). Imprenta de T. O’Flanagan. Dublín. 1833

- Diccionario biográfico de la Real Academia de la Historia:  Joaquín Lorenzo Villanueva

ÁNGEL IZNARDI PRESO EN MIGUELTURRA

 

Ángel Iznardi (Cádiz, 1804 - 1857) fue un periodista, político y conspirador español que empezó estudios de Medicina en Cádiz, pero los abandonó por el periodismo en Madrid. De ideología liberal progresista, frecuentó desde 1828 la tertulia de Salustiano Olózaga, donde conoció además al criollo cubano Domingo del Monte, con quien intercambió correspondencia epistolar, a Ramón Mesonero Romanos y a Tomás Quintero. Empezó su carrera periodística en uno de los pocos periódicos autorizados entonces, El Correo Literario y Mercantil (1828-1833) de José María Carnerero, y también en el Boletín Oficial de Madrid. Fue perseguido y detenido por motivos políticos en dos ocasiones, en 1830 y en 1832, cuando fue conducido a una cárcel de Miguelturra, de donde tras seis meses encerrado pudo escaparse y marchar a París. Fallecido Fernando VII y vueltos los liberales al poder, fundó en Madrid el periódico progresista El Eco del Comercio (1834-1849). Junto con Manuel Barrios (compañero de logia de Juan de Dios Álvarez Mendizábal), fue quien organizó la Sargentada de La Granja el 12 de agosto de 1836 por instigación del citado Mendizábal y de José María Calatrava, futuros ministro de Hacienda y presidente del Gobierno respectivamente. Fue recompensado nombrándosele jefe político de Logroño en 1837 y de Córdoba durante la regencia del general Baldomero Espartero (1841-1843); por su participación en la revolución de julio de 1854 fue nombrado ese mismo año director general de Correos. Firmó a veces con los pseudónimos de Darsino Daltico (poesía) y El Mirón (cuadros de costumbres en prosa).

Efectivamente, Ángel Iznardi pasó cerca de seis meses en un calabozo en Miguelturra.

Detenido en Tembleque, el 25 de abril de 1832 fue conducido a Ciudad Real. Tras tres semanas en la capital manchega, llega desde el gobierno en Madrid una orden al Alcalde Mayor de Miguelturra, D. Vicente Mejía y Morato, para que proceda a su detención, registre sus papeles y le incaute sus libros. El 23 de mayo de 1832 ingresa en un calabozo de Miguelturra, del que logró escapar en noviembre del mismo año.

Durante su estancia en el calabozo de Miguelturra Ángel Iznardi escribió el poema autobiográfico “Epístola a Montino” en el que describe así su detención y entrada en prisión:

"Mi caso escucha. Con furor entraron

en mi modesto hogar muchos guerreros

y a tu inocente amigo rodearon.

Al Rey preso gritando y los aceros

y arcabuces al pecho dirigidos

de mis vestidos se agarraron fieros.

¿No has visto en despoblado los bandidos

arrojarse al incauto caminante

y aunque indefenso, en roncos alharidos

Mandarle que se rinda, y al instante

sus cofres trastornar y enfurecerse

si no encuentran metálico sonante?

Pues así los satélites al verse

fallidos en su utópico deseo

y cual humo su plan desvanecerse,

Los papeles y libros en que leo,

que siempre fueron mi única riqueza,

con atención repasan; pero veo

Que es vana su atención y ligereza

porque entre todos ellos no hay ninguno

que sepa traducir lengua francesa.

Veamos el inglés: uno por uno

al filósofo Pope toman y dejan

que siempre el ignorante fue importuno.

Lo negro les estorba: ya manejan

del gran Homero la Iliada en griego

y a su vista también pasmados cejan.

Míranla del revés, la vuelven luego

hasta que el juez habló como letrado

diciendo «para mí es aquesto griego».

Sin pensar lo acertó. «Pero mirando,

añade, que quizá cosa importante

puede encontrarse aquí para el Estado,

Quiero que sin pasar más adelante

de estos libros se forme un inventario

y a Madrid se remitan al instante».

Fue allí ver el despojo de mi armario

cual si fuera enemigo campamento

y volar mi trabajo literario.

De verso y filología en un momento

labor de muchos años vi perdida

allí y esto colmó mi descontento.

Tú que aprecias cual yo más que la vida

del alma en pasto en clásica lectura

juzgarás de mi pena la medida.

Díjeles que a mi propia desventura

la de inocentes libros no añadiesen

cuando a ninguno ofenden sin ventura.

Pero bien que instruidos estuviesen,

o los guiase su exaltado celo,

o en aumentar mi mal se complaciesen,

Ninguno satisfizo mi desvelo

y estando terminado el escrutinio

libros, papeles alzan ya del suelo,

Que pasaron del mío a su dominio

conduciéndome luego silenciosos

sin explicar cuál fuese su designio.

A este pueblo llegamos presurosos

y arrojado en prisión húmeda y fría

candado y llaves cierran cautelosos."

Igualmente, en una carta que envió durante su exilio en París a Domingo del Monte describe el calabozo en el que estuvo encerrado:

“El día 23 de Mayo antes de amanecer entré en un calabozo subterráneo de la cárcel de Miguelturra de 18 pies en cuadro con una bóveda de 9 de alto sin más ventilación que la de una ventanilla alta de tres cuartas ancho y allí permanecí por espacio de seis meses sin que en ellos se me dirigiera legalmente la palabra una sola vez, [no] se me suministraban auxilios de ninguna clase a pesar de hallarme sin medios y en pueblo extraño, ni se me permitiera escribir a mi adorada Madre para hacerle saber en carta que viesen antes mis perseguidores, que su hijo no había muerto todavía y que la amaba tan tiernamente como siempre. Después de varias tentativas frustradas, anocheció para mí más dichoso el día 4 de noviembre y antes de amanecer del 5 me hallé libre por mis propios esfuerzos, aunque solo y en un campo que pisaba entonces por la primera vez en mi vida. Las circunstancias de mi evasión y las que completaron mi fuga de un modo algo maravilloso, no son para fiadas al papel por razones que no se ocultarán a tu penetración: basta decir que ha sido obra de algunos meses y que al fin me veo salvo de lo que entonces pesaba sobre mí.”

Curiosamente, el alcalde mayor de Miguelturra que encarceló a Ángel Iznardi, D. Vicente Mejía y Morato, falleció el 16 de junio de 1836 entre Bohonal del Monte y el valle de Valtuerto (Badajoz, muy cerca de la frontera con Ciudad Real) cuando formaba parte de una partida carlista comandada por el cabecilla José Jara García.

Fuentes: "Un costumbrista gaditano: Ángel Iznardi (El Mirón), autor de Una tienda de montañés en Cádiz" (1833) de José Escobar Arronis. Sevilla. Universidad de Sevilla, 1998

“Sic erat in fatis: la constitución de 1812 : estudio y aportaciones con motivo de su bicentenario”  de Jerónimo Anaya Flores y otros. Ciudad Real : Ediciones Santa María de Alarcos, 2012.

Kalendario manual y guía de forasteros en Madrid. 1832

La Revista Española (25/06/1836)

El Eco del Comercio (29/06/1936)

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