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HUELLAS DE TINTA Y PAPEL. RADIOGRAFÍA DE LA PRENSA EDITADA EN MIGUELTURRA 1888-1913

Artículo publicado en el Nº 6 de la revista de la Asociación Malastardes de Miguelturra del año 2025.

La prensa escrita en España experimentó una transformación significativa entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, consolidándose como un actor clave en la vida política, social y cultural del país.

En este periodo, debido a los avances tecnológicos en la impresión y a un lento pero constante aumento de la alfabetización, se asistió a un crecimiento notable en la cantidad de periódicos, revistas y semanarios publicados, no solo en las grandes capitales, sino en la gran mayoría de ciudades y pueblos de la geografía nacional. Este aumento del número de publicaciones estuvo acompañado por una gran diversidad temática y de formatos: diarios de información general, periódicos políticos de diferentes ideologías (republicanos, socialistas, carlistas, etc.), prensa satírica, revistas ilustradas, publicaciones especializadas en literatura, arte, oficios, deportes, prensa femenina, etc.

La prensa se convirtió en un importante medio de expresión y difusión de las diferentes corrientes políticas e ideológicas que agitaban la sociedad española de la época. Los periódicos actuaban como portavoces de partidos políticos, sindicatos y otros movimientos sociales y muchos periódicos adoptaron un tono polémico y partidista, incluso dentro del mismo espectro ideológico solían debatir de forma agresiva y combativa.

Por otro lado, se comenzó a profesionalizar la figura del periodista, con la aparición de asociaciones de prensa y una mayor conciencia de la importancia de la ética y la objetividad (aunque esta última no siempre se practicara).

Miguelturra no fue ajeno a este movimiento, más bien al contrario, pues en el periodo comprendido entre los años 1888 y 1913 se llegaron a editar, publicar y difundir hasta cuatro periódicos desde la localidad. Entre las características de estos periódicos tenemos:

- Todos tuvieron una vida breve. El que más se mantuvo activo, La Juventud Leal, no llegó a los tres años de vida.

- No ha llegado ningún ejemplar de ellos hasta nuestra época, pero si se conocen datos de todos a través de referencias que se hicieron en otras publicaciones coetáneas. Al respecto, es muy curioso, por ejemplo, que un periódico editado en Palma de Mallorca se haga eco de un artículo publicado en uno de Miguelturra. Esto era algo muy normal en esa época, básicamente en las publicaciones editadas en provincias y pueblos y se debía a que las redacciones de los periódicos mantenían correspondencia con las de otras a nivel nacional. Esa correspondencia era recíproca y servía para tres cosas: darse a conocer a través de otras publicaciones (que hablaban de lo que había publicado la emisora), intentar ganar suscriptores (existía la suscripción por correo) y tener noticias de lo que publicaban otros diarios para poder rellenar sus propias ediciones alabando o criticando los artículos y noticias que publicaban los demás.

- Ninguno de ellos fue de información general, tres eran de temática política y uno laboral.

Para poner en perspectiva la importancia de estas publicaciones hay que dar un repaso a su línea temporal. Hubo tres que surgieron en el espacio de 11 años (dos de ellas coincidieron en el tiempo), 14 años después apareció la cuarta y, desde entonces, no se publicó (con Depósito Legal) nada en Miguelturra -exceptuando los programas de ferias y fiestas- hasta 1979 con La Estrella. Nuestra patrona; publicación anual (solo salieron cuatro números, el último en 1982) editada por los sacerdotes de la parroquia. Y tras ella, la revista cultural Aquilice editada desde la Biblioteca Municipal de Miguelturra ya en 1983. Es decir, en el espacio de 25 años surgieron cuatro publicaciones, pero tuvieron que transcurrir 66 años para ver de nuevo en la calle una publicación editada en Miguelturra.

Los periódicos editados en Miguelturra en los años comprendidos entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX fueron: La Juventud Leal (1888-1892), Los Soldados de Cristo (1891), El Heraldo de la Mancha (1899) y Vida Labriega (1912-1913).  Paso a analizar lo que se conoce de cada una de ellas.

LA JUVENTUD LEAL

La Juventud Leal fue una publicación decenal con ideología carlista que extendió su vida desde noviembre de 1888 hasta 1892. Su fundador y director fue Segundo Galán Rivas.

“Se anuncia la próxima publicación en Miguelturra de un nuevo periódico carlista con el título de La Juventud Leal” (La Unión Católica 10.11.1888). Con esta rimbombante frase se hace público en el diario católico-conservador editado en Madrid La Unión Católica la aparición del periódico La Juventud Leal en Miguelturra. Además, afirma que con él serán ya “cuatro periódicos que destacan la política carlista pura” los que se publiquen en la provincia de Ciudad Real. Al respecto, en el diario liberal La Iberia anuncian que “al carlismo le ha salido un nuevo adalid” refiriéndose a ese primer número (La Iberia 02.12.1888).

En la portada del primer número, dejando ya muy clara su ideología carlista, y como encabezamiento, publicó una carta remitida a Carlos María de los Dolores de Borbón y Austria Este (al que los carlistas reclamaban como rey legítimo).

Dado el interés histórico que supone el conocimiento de las primeras palabras escritas en el, hasta ahora, primer periódico conocido que se editó en Miguelturra, la transcribo de forma completa:

“Vos que ahora, desgraciadamente, lamentáis la ingratitud de súbditos antes fidelísimos a vuestra santa causa; Vos que sois intransigente en cuestión de principios, por más que las calumnias de algunos de vuestros antiguos servidores, hoy rebeldes digan lo contrario; Vos que anatematizáis el liberalismo, ya manso, ya fiero, como lo anatematiza la Esposa de Cristo; Vos que ¡tantas y tantas veces! salvasteis la tradición gloriosa de nuestros padres y la conserváis aún incólume y sin mácula para dicha del pueblo español y honra de los leales; Vos, SEÑOR, admitid con vuestra R... benevolencia esta nueva publicación, la más humilde, sin duda, de la comunión carlista; pero también la que está más pronta a obedeceros. Su Redacción, compuesta de jóvenes manchegos católicos tradicionalistas, exclaman en este día, llenos sus corazones de entusiasmo y júbilo verdadero: ¡Viva la Religión católica! ¡Viva León XII, Papa-Rey! ¡Viva España! ¡Viva el R... D. Carlos! ¡Muera el liberalismo con todas sus formas y ramificaciones!” (La Fe 01.12.1888)

No solo entre los periódicos de tendencias políticas distintas se producían grandes polémicas a través de artículos críticos, satíricos e hirientes en esa época; sino que también eran comunes entre los de la misma tendencia. Segundo Galán y, por ende, La Juventud Leal tuvo unas cuantas. Un claro ejemplo es el periódico carlista La Unión Católica que tuvo varias con la publicación miguelturreña.

Así comenta refiriéndose precisamente a la salida de La Juventud Leal: “En Miguelturra, provincia de Ciudad Real, ha empezado a publicarse un periodiquito de tendencias carlistas, pero de formas integristas y sardanescas. Como que en su último número llama a los de Nocedal «ruines villanos, vestidos de guiñapos a guisa, de miserable librea que sacan a relucir la podre e inmundicia que llenan las manchas de su falsa intransigencia». [Qué asco! Pero dice luego La Juventud Leal y fuerte de estómago: «Nuestra humilde publicación ha caído cual una bomba en el campo liberal.» — ¿Cual una bomba? Quizás; pero al estallar creemos que no habrá parte dolorida más que las narices. Las cuales tendrán que ser tapadas cuidadosamente por donde quiera que pase esa bomba” (La Unión Católica 12.12.1888). De este artículo de La Juventud Leal se hace también eco La voz de la Patria (13.12.1888), mostrando su disconformidad con el ataque que se produce en la publicación editada en Miguelturra a los seguidores de Nocedal (que acababa de fundar el Partido Integrista, una escisión del carlismo), pero sin tanta vehemencia.

Otro capítulo más de los enfrentamientos de La Juventud Leal con La Unión Católica lo tenemos el 12.02.1889 cuando este último publica: “Escribe La Juventud Leal, de Miguelturra: ¡Oído a la caja!... ¡Alerta, pistolos! «Han sido arrojados a escobazos del Centro Moral de Gerona, los periódicos ramoniles El Siglo Futuro, Dogma y Razón y El Integrista, cerrándoles per omnia secula seculorum las puertas de dicha sociedad.» A los noce-ladinos de acá le aplicaremos por último remedio, ya que no bastan buenas razones, unas cuantas dosis de jarabe de palo limpio. En la farmacia de El Veneno darán razón. —Feria, 6, Ciudad-Real.»—¡Jarabe de palo limpio...! Estos carlistas de Miguelturra son, por lo visto, grandes lógicos y donde no llega la lógica, aplican el palo. Por si llega. Pues auguramos mal de los integristas de Miguelturra, si sus ex-correligionarios les aplican ese jarabe de que La Juventud Leal habla.”

Otras publicaciones aparecidas en La Juventud Leal y que conocemos de diferentes fuentes son las siguientes:

- En el periódico de Valdepeñas con nombre El Legitimista se da fe de un artículo publicado en La Juventud Leal por el entonces seminarista Ignacio L. de Megereliza sobre una polémica ocurrida en Villanueva de la Fuente por el matrimonio no muy bien visto de un profesor y una profesora de la localidad y la conveniencia de si debían seguir ejerciendo como profesores (El Legitimista de Valdepeñas 25.01.1889).

- En junio de 1890 La Juventud Leal ofrece una primicia: la revista político-militar de ideología carlista El Estandarte Real va a realizar para 1891 un almanaque “elegantísimo y lujoso” (El Estandarte Real 07.1890).

- Y en febrero de 1891 se publica en La Juventud Leal un artículo a favor de la creación de la Liga católica nacional de periódicos que había promovido El Norte Andaluz de Jaén (El Norte Andaluz 21.02.1891).

La Juventud Leal participó en dos proyectos de índole carlista a través de donaciones. Ambos tenían como principal protagonista al aristócrata, historiador, arqueólogo y político carlista Enrique de Aguilera y Gamboa, Marqués de Cerralbo (con su legado se construyó el actual Museo Cerralbo de Madrid).

El primero se produjo a inicios de 1899 cuando se lanzó una campaña a nivel nacional para erigir un monumento conmemorativo del establecimiento de la Unidad Católica en España. El monumento, proyectado por el mencionado marqués de Cerralbo, consistiría en una gran pirámide representando la conversión de Recaredo que se instalaría en Toledo. La Juventud Leal se une a la cuestación (El Legitimista de Valdepeñas 12.04.1899). Aunque, entre otras iniciativas, se organizó un acto en Toledo para colocar la primera piedra del monumento al que fue invitado La Juventud Leal (El Eco de Daimiel 22.05.1889), finalmente, la pirámide no se construyó y, hasta la fecha, se desconoce el paradero del dinero recaudado (El XVII Marqués de Cerralbo 1845-1922. Iglesia y carlismo, distintas formas de ver el XIII centenario de la unidad católica. Agustín Fernández Escudero).

El segundo corrió a iniciativa de El Correo Español y consistió en la adquisición de una obra de arte como regalo por los servicios prestados a la causa carlista al Marqués de Cerralbo. La Juventud Leal colaboró con la cantidad de 80 reales (El Correo Español 28,10,1892).

Una de las cosas que más llamó la atención en la prensa afín de la época fue la publicación por parte de La Juventud Leal desde el verano de 1890 de un álbum de tradicionalistas o carlistas manchegos, según podemos leer el 01.08.1890 en el semanario ilustrado de ideología carlista publicado en catalán Lo Crit d’Espanya. Esta publicación añade que lo harán con una mejora del papel que le hará ser un periódico más elegante y están convencidos que con esta idea ganarán más adeptos. Para llevar a cabo esta idea, Segundo Galán, director del periódico, pidió permiso a través de una misiva al mismísimo Carlos María de los Dolores de Borbón y Austria Este; permiso que concedió gustoso (La Fe 11.06.1890). El único personaje del que tenemos constancia que apareció en este álbum fue el del carlista, alcalde de Ciudad Real y tío de Segundo Galán, José Serrano Curruchaga. Tras el fallecimiento de este último se publicó en esa galería un artículo en el que se alabó hasta el extremo toda su trayectoria vital (El Correo Español 12.11.1892).

En mayo de 1892 se anuncia la suspensión temporal del periódico (El Oxomense 07.05.1892) y es en noviembre de ese mismo año cuando aparece su último número.

La Juventud Leal se puede considerar como una publicación unipersonal, ya que, su creador, alma máter, editor, redactor y director fue Segundo Galán Rivas y la utilizó para dar a conocer y defender sus ideales tradicionalistas y carlistas. Si que contó con colaboradores y articulistas, pero todo el peso de la publicación recaía en él.

Segundo nació en 1870 y era hijo de un carlista asesinado (La Lid católica 10.06.1896). Se desconoce su lugar de nacimiento, pero sí que vivía en Miguelturra desde niño donde asumió los ideales de su padre y se convirtió en un joven y radical carlista muy activo, emprendedor y luchador. Fundó La Juventud Leal cuando contaba con apenas 18 años y no le importó viajar por parte del territorio nacional para dar a conocer su periódico y confraternizar con diarios de ideología afín. Así lo atestiguan sus visitas a Badajoz (El Avisador de Badajoz 20.12.1888), Barcelona (El Estandarte Real 06.1889), Madrid (La Fe 11.11.1889) o Girona (Boletín de Primera Enseñanza 13.10.1891).

En abril de 1891 se traslada a vivir de Miguelturra a Ciudad Real, concretamente a la calle Caballeros, 6, figurando esta dirección desde entonces como la del periódico (El Avisador de Badajoz 30.04.1891).

Falleció en Madrid donde fue a tratarse de una grave enfermedad que padecía el 17 de mayo de 1896, cuando solo contaba con 26 años. Dejó viuda. (El Correo Español 20.05.1896 y La Lid Católica 10.06.1896).

 

LOS SOLDADOS DE CRISTO

Fue un semanario de carácter monárquico católico que se empezó a publicar en Ciudad Real en noviembre de 1888. Su fundador fue Romualdo Fuentes Altafaj (antiguo redactor de El Manchego) y se consideraba un periódico de lucha, de combate, de batalla contra el liberalismo (El Eco de Daimiel 03.11.1888 y 14.11.1888).

En febrero de 1891 se trasladó su edición a Miguelturra llegando a coincidir con La Juventud Leal (La Controversia 19,02,1891). En cuanto a las posibles causas de este traslado pudo estar la económica, con la intención de abaratar costes debido a la pérdida de suscriptores.

Una vez instaurado en Miguelturra y al igual que La Juventud Leal, Los Soldados de Cristo se suma a la creación de la Liga Nacional de la prensa católica (El Norte Andaluz 21.02.1891).

La única noticia aparecida en la prensa sobre lo publicado por Los Soldados de Cristo mientras se editaba en Miguelturra es referente a un artículo sobre Nocedal y la posibilidad de que su ideología no fuera monárquica, sino republicana y, por lo tanto, alejada del carlismo (El Guadalete 31,03,1891 haciéndose eco de lo publicado en El Siglo Futuro).

A pesar del traslado a Miguelturra, los suscriptores siguieron disminuyendo y en agosto de 1891 el semanario cierra para siempre, algo que sus enemigos recogen con regocijo como se expresa en la publicación satírica editada en Barcelona La Carcajada: “También ha resultado muerto cadáver el órgano de los íntegros, en Ciudad Real, titulado Los Soldados de Cristo. Gracias a Dios que se le ha dejado de profanar. La causa ha obedecido a la falta de suscripciones. Esta nueva decepción es el testigo más fiel de que ha bajado el papel del comediante Ramón.” (La Carcajada 14.08.1891). La alusión a Ramón es a Ramón Nocedal de quien sí eran partidarios los editores de Los Soldados de Cristo, al contrario que los de La Juventud Leal.

 

EL HERALDO DE LA MANCHA

Semanario, seguramente de carácter liberal, que se editó en Miguelturra en 1899 pero que también se distribuyó en Ciudad Real. Tuvo una corta existencia.

Como ya observamos en La Juventud Leal, una forma de promocionar la nueva prensa que iba saliendo a la calle era la de visitar redacciones de otras publicaciones para que estas se hicieran eco de ello. El Heraldo de la Mancha no fue ajeno a esta actividad y a través de algún responsable del periódico, de algún emisario o de alguien de confianza que vivía en esas zonas, se pasó por algunas redacciones.

La primera noticia que se tiene de El Heraldo de la Mancha la encontramos publicada el 10.11.1899 en el periódico toledano La Campana Gorda en la que se notifica que han visitado su redacción y define este periódico como: “semanario independiente, defensor de los intereses generales de Miguelturra”.

La siguiente visita se produce en Gerona. Con una escueta nota se hace referencia a ella: “Hemos recibido la visita de El Heraldo de la Mancha, periódico que se publica en Miguelturra (Ciudad Real)” (El Heraldo de Gerona 16.11.1899). En el siglo XIX e inicios del XX era muy común bautizar a periódicos con el nombre de Heraldo seguidos de la localidad, ciudad, comarca, etc. sin necesidad de que siguieran una misma ideología o intereses políticos similares. Era un nombre recurrente debido a las dos acepciones que recoge el diccionario: “mensajero” o “aquello que anuncia algo que va a suceder”.

El 21.01.1900 en el periódico editado en Daimiel, El Daimieleño, podemos leer que se ha producido una nueva incorporación en la redacción de El Heraldo de la Mancha de Miguelturra: «Ha entrado a formar parte de la Redacción del Heraldo de la Mancha, nuestro querido amigo el bizarro teniente de infantería D. Ramón D’ Opazo y Majan, redactor- jefe de El Daimieleño.” A continuación, le dan la enhorabuena y aclaran que Ramón D’Opazo seguiría escribiendo también en El Daimieleño. Efectivamente, se trató de un gran fichaje para El Heraldo de la Mancha, pues Ramón D’Opazo y Maján (o Magán en algunas fuentes), natural de Daimiel y de descendencia gallega era un héroe de la guerra de Filipinas y, posteriormente y tras casarse con una torralbeña, llegó a ser alcalde de Torralba de Calatrava, escribiendo algunas publicaciones sobre esta villa donde está considerado uno de sus personajes ilustres (Lanza Digital 03,10,2015).

La última noticia que se conoce de El Heraldo de la Mancha de Miguelturra fue sobre un artículo que publicó acerca de la visita a Ciudad Real de la maestra, periodista, primera mujer miembro del Partido Republicano Federal y activista feminista Belén de Sárrega. Del texto se desprende que en El Heraldo de la Mancha no se le tenía mucha simpatía ni a ella ni a sus ideales: “Muy en breve llegará a Ciudad Real doña Belén Sárraga, «célebre librepensadora» y representante del partido feminista. El objeto que la conduce es el celebrar una o… más conferencias, según la acogida que tenga. Nosotros prometemos «honrarla» con la ausencia, aunque diera muchas. Las «majaderías» que pueda decir las estamos oyendo casi a diario. ¡Hay tanta sensatez!”. Este artículo lo conocemos porque el periódico La Unión Republicana de Palma de Mallorca que si era afín al pensamiento de Belén de Sárrega lo saca a la luz criticándolo de la siguiente manera: “Vamos a ver Sr. «Heraldo» ¿quién resulta más majadero, el que por medio de escrito y publicidad se atreva a insultar a una respetable, dignísima y virtuosa joven, cuyo grado de ilustración sea tal vez muy superior al que desde las columnas del «Heraldo» denigra a aquella, ola que en uso de su perfecto derecho y en defensa de un ideal al que rinde culto fervoroso, acude al terreno legal de la propaganda de una idea? Para nosotros no ofrece dudas el dilema que dejamos planteado, lo que tal vez no tengan caletre para comprender, los topos sacritanescos que cometen la «valentía» de insultar desde «El Heraldo de la Mancha» a la joven directora de «Conciencia Libre». ¡¡¡Cuánta desvergüenza!!!” (La Unión Republicana 14.02.1900)

Tras esta fecha no se vuelve a saber nada más del periódico miguelturreño, por lo que nos hace suponer que poco después se dejó de editar; aunque en diciembre de 1900 apareció otra publicación con el mismo nombre en Ciudad Real comandada por el abogado, concejal del ayuntamiento de Ciudad Real, diputado provincial y gobernador interino Julián Arredondo Viñas. Perduró hasta abril de 1901 y se desconoce si esta publicación fue una continuación de la de Miguelturra o solo tomó su nombre.

 

VIDA LABRIEGA

Fue un periódico mensual de seis páginas dedicado a la agricultura aparecido en las navidades de 1912 y que se repartió, al menos, en los primeros meses de 1913 de forma gratuita.

De esta publicación es de las que menos datos se conocen, no obstante, gracias a una pequeña noticia aparecida en el periódico El Pueblo Manchego de Ciudad Real, en la que denomina a Vida Labriega como “hoja de propaganda”, seguramente por su carácter gratuito, sin pretender tener un sentido peyorativo; sabemos que surgió en el seno del Sindicato Agrícola de Miguelturra, que seguía las directrices de nuestro ilustre paisano Francisco Rivas Moreno y que sus redactores eran personas de la localidad que colaboraban de forma entusiasta y altruista (El Pueblo Manchego 08,01,1913). Lógicamente debía estar dedicado exclusivamente a noticias relacionadas con el mundo de la agricultura.

 

Fuentes:

Ciudad Real y su Prensa: 1811-2021 / Isidro Sánchez Sánchez; [prólogo de José María Barreda Fontes]. Ciudad Real: Serendipia, 2022

De las gacetas al .com: la prensa en la provincia de Ciudad Real (1812-2007) / Ricardo Ortega Olmedo, Isidro Sánchez Sánchez. Ciudad Real: Centro de Estudios de Castilla-La Mancha, 2007.

PERALVILLO, UN PASEO POR EL CAMINO DE SU HISTORIA

Artículo realizado junto a José Nieto González publicado en el Nº 6 de la revista de la Asociación Malastardes de Miguelturra del año 2025.

Peralvillo, un enclave situado en el término municipal de Miguelturra, es un lugar con una rica y variada historia que se extiende desde la época del bronce, pasando por la época romana y hasta nuestros días. Su ubicación estratégica, su papel en la Edad Media y su posterior transformación han dejado una huella imborrable en el paisaje y la memoria de la región.

Su nombre tiene un origen incierto, es posible que tenga raíces prerromanas o romanas. La terminación "-villo" podría derivar del latín "villa", que significa "granja" o "asentamiento rural". Esto sugiere que la zona pudo haber sido un asentamiento rural romano o una villa agrícola. Aunque también hay otras teorías como que podría derivar de "Per-Arviello", un antiguo nombre de la zona o que podría estar relacionado con la abundancia de perales en la zona, o incluso, con un antiguo poblador llamado Pedro Albino. Al respecto, Pepe Romagosa en su “Esbozo histórico-geográfico de Peralvillo, reflexiones sobre su vinculación quijotesca y su proyección hacia el futuro” manifiesta que «Per Alviello», al igual que «Miguel Turra», eran los nombres de sus respectivos primeros pobladores. En el documento de donación, firmado por el rey antes citado, donde por primera vez puede verse escrito el nuevo nombre de Peralvillo, por deformación, obviamente, del original «Per Alviello».

Peralvillo, al igual que otros núcleos poblacionales en esta zona, provienen de asentamientos en las alturas aledañas muy próximas a las poblaciones actuales. Estos asentamientos de "altura" se le llama castellones, castros, morras, etc. y se les puede localizar en lugares cercanos a los montes limítrofes.

Es evidente que estos poblados del Bronce de la Mancha que ocupaban las cumbres de los cerros, mantenían un fluido comercio con los asentamientos en el llano a lo largo del Guadiana con las típicas fortalezas llamadas motillas tan numerosas a lo largo del cauce del río Guadiana, e identificadas por diversos autores. “La existencia de castillejos anterromanos en la zona oeste, lindando con Picón y Fernáncaballero en “Malinfiernillo”. El paraje del Congoso, en el Bañuelo, tiene relación con restos de antiguas civilizaciones” (Corchado).

Con el paso del tiempo y la sucesiva aparición de otras culturas las gentes del bronce y sus descendientes, fueron ocupando lugares estratégicos en el llano junto a los terrenos de cultivo y el aprovechamiento de arroyos y afloramientos de numerosas fuentes. Queda pues, la evidencia que Peralvillo tiene unos orígenes de épocas culturales muy diversas que han ido dejando su rastro en diversos materiales identificados en la carta arqueológica de Miguelturra: en Colonia Nueva restos de calcolítico; en Colonia Vieja de hierro II, romano y moderno; en Cerro Nilo del paleolítico y bronce; en el Cerro de bronce, romano y medieval; en Casa Paula del paleolítico, romano y medieval; en la Muralla de Peralbillo de medieval; en el Arca de los Huesos, moderno; en  Peñas Blancas de bronce; en Peralvillo bajo, romano; en Galapachares de bronce y romano y en El Congosto de romano.

De 1219 datan las primeras noticias que nos han llegado referentes a Azuda y los Baños del Emperador. Se trata de donaciones de la Orden por vida a particulares, que luego pasarían de nuevo a la Orden tras su fallecimiento. Existen otros documentos posteriores de otras donaciones, pero anteriores al privilegio según el cual pasa Peralvillo a Miguelturra fechado en 1383. (Ocaña Barba)

Peralvillo adquirió cierta importancia en la época romana ya que, debido a su ubicación estratégica en la ruta hacia Córdoba y su proximidad a Calatrava la Vieja, se convirtió en un importante cruce de caminos. Su cercanía al Camino Real hacia Toledo, que en parte sigue el trazado de antiguas vías romanas, le otorgó una relevancia considerable como punto de paso y parada para viajeros. Esta ubicación estratégica la vincula a antiguas rutas romanas que conectaban importantes ciudades de la península ibérica. La presencia de estas antiguas vías romanas y la existencia de posibles "villae" romanas en la zona circundante también respaldan la idea de que Peralvillo tuvo una importancia estratégica durante la época romana.

Peralvillo muy concretamente, por su emplazamiento privilegiado junto a un ramal de la calzada romana que unió Gades y Corduba con Toletum, tuvo que ser lugar de intenso tránsito durante siglos, al igual que escenario de diferentes batallas. Nos lo confirman esas ruinas, a media legua de la aldea, de los llamados «Baños, o Hervideros del Emperador», y del Molino del mismo nombre, en pleno Guadiana.  La presencia de dos cañadas ganaderas que cruzan de norte a sur el anejo de Peralvillo, especialmente la que atraviesa el mismo Peralvillo, sugiere que estas vías podrían haber sido utilizadas en la época de la dominación romana. La persistencia del nombre camino de la plata refuerza esta hipótesis. Aunque no se puede descartar la posibilidad de que la vía principal entre Toledo y Córdoba pasara por Calatrava la Vieja, es probable que existiera una desviación que pasaba por Peralvillo, dado que la ruta no pudo ser única a lo largo de tantos siglos. La antigüedad de Peralvillo en la época romana se ve reforzada por su ubicación estratégica en el camino hacia Córdoba y su proximidad a Calatrava la Vieja. Además, se cree que en la zona existieron baños y hervideros naturales, que dieron lugar a un balneario que hoy se encuentra sumergido bajo las aguas del Guadiana, en la cola del Pantano del Vicario. (Pepe Romagosa en “Esbozo histórico-geográfico de Peralvillo, reflexiones sobre su vinculación quijotesca y su proyección hacia el futuro)

La época medieval marcó un período crucial en la historia de Peralvillo, transformando este enclave en un punto estratégico y de significativa relevancia en la región de La Mancha.

Según Ocaña barba, en el siglo XIV se produjeron varios litigios de la Orden de Calatrava con Villa Real, siendo su punto de mayor dureza la batalla de Malas Tardes en 1323, tras la cual el rey mandó arrasar Miguelturra, Peralvillo y Benavente. Tras esta batalla Miguelturra y Peralvillo (por aquel entonces, poblaciones independientes) pierden su entidad jurídica como villas y se anexionan a Villa Real, suponiendo un continuo conflicto entre los habitantes de Miguelturra y Villa Real. Esta situación perduró hasta 1329, fecha en la que el rey Alfonso XI adquirió la mayoría de edad y dotó, de nuevo, a Miguelturra de su fuero y término jurisdiccional. Los conflictos entre ambas poblaciones continuaron los años posteriores. Fue en 1367, debido a la segunda carta de privilegios concedidos a Miguelturra tras su Carta Puebla, cuando Peralvillo se anexiona a Miguelturra como concesión tras la pérdida por parte de Miguelturra del territorio de la Atalaya. Esta decisión estratégica consolidó el control de la Orden sobre el territorio y amplió el término municipal de Miguelturra, marcando un punto de inflexión en la historia de ambos lugares, uniendo sus destinos y creando una unidad administrativa que ha perdurado hasta nuestros días.

La Orden de Calatrava, con su poder e influencia, desempeñó un papel fundamental en la configuración de Peralvillo durante este período en el que funcionaba como un cortijo fortificado, una estructura típica de la época que servía como centro de producción agrícola y ganadera, a la vez que ofrecía protección, pues tenía una función defensiva y de control del territorio. Estos cortijos fortificados eran esenciales en la organización territorial y económica de la región.

Peralvillo tenía una muralla medieval. Dentro debería estar el cortijo de Peralvillo. En el año 1306 aparece mencionada por primera vez la aldea de «Per Alviello» (Peralvillo) como antiguo cortijo fortificado situado en terrenos baldíos de la Orden de Calatrava y dependiente, por tanto, desde la Reconquista, o más concretamente desde la victoria cristiana en las Navas de Tolosa, en 1212, de Calatrava la Vieja. Vuelve a hablarse del cortijo de Per Alviello en las crónicas del incendio y ocupación de los que fue objeto por fuerzas de Ciudad Real, en 1323; y poco más tarde, en 1329, con ocasión de la devolución de Per Alviello, con todo su término, a la Orden de Calatrava, por decisión de Alfonso XI. Finalmente, hay constancia de que en 1383 este término y su cortijo, junto con las dehesas del Corralejo y de las Navas de Ucenda, con todos sus términos, es donado al concejo de Miguelturra. (Pepe Romagosa en “Esbozo histórico-geográfico de Peralvillo, reflexiones sobre su vinculación quijotesca y su proyección hacia el futuro).

Existe un documento en el que se puede apreciar cómo era el cortijo. Se trata de la donación de una casa del Maestre Garci López de Padilla a Miguel Pérez de Miguelturra en 1306. A cambio debería hacer un cortijo con las siguientes características: cimiento de cal, arena y piedra que sobresaliese del nivel del terreno; sobre dicha base debe descansar una pared de tapial o tierra batida con 7 tapias de altura y por encima un pretil con sus almenas correspondientes; en el interior contaría con un andamio a la altura de la base del pretil por todo el perímetro. El edificio del cortijo tenía una estructura cuadrada, debiendo tener en cada una de sus “quadras” (paredes laterales) una longitud de 10 tapias. También debería tener una torre añadida al cortijo y que debía ser ciega (sin aberturas) hasta la altura del cortijo y con dos cuerpos. (Villegas)

Hacia 1329 seguía siendo un cortijo fortificado y en los litigios sobre leñas entre la Orden de Calatrava y Ciudad Real fue incendiado y ocupado varias veces por los vecinos de Ciudad Real. (Ocaña barba).

En la actualidad, a través de un trabajo de campo realizado por José Nieto con la ayuda de Fidela y el propietario de la casa donde pudo estar situado, José Luis Gutiérrez Gallardo, se puede concluir que el Cortijo de Peralvillo se situaba a unos diez metros de la carretera nacional 401 de Ciudad Real a Toledo. Viendo el espacio urbanizado y zonas libres de edificaciones, existe una superficie de unos mil metros cuadrados. Se deduce que el cortijo ocuparía un espacio dentro de dicha superficie. En el interior de estos inmuebles y hace unos 60 años, se encontraba un resto de edificación de dimensiones considerables donde los chicos del lugar se encaramaban jugando en el amplio corralón. A este resto de muralla o contrafuerte lo han venido llamando los lugareños "peñón". Su composición y dureza era de cal arena y piedras de diferentes tamaños en la parte de los cimientos que deberían sobresalir del terreno. En la parte norte del mencionado solar existía un pozo y pilancón posiblemente para los ganados y mulas de los gañanes. Dicho pozo estaba a ras del suelo sin brocal y lo llamaban pozo de la posadilla. Añadir que el espacio ocupado por el cortijo hacía fachada con la carretera, ocupando por esa razón un lugar estratégico de cara al control de la zona.

Ya en el siglo XV Peralvillo, cuya situación en el camino real le proporcionaba una importancia añadida al ser lugar de paso de mercaderes y viajeros y muy propicio para cometer robos y otros delitos más graves, adquirió notoriedad como lugar de ajusticiamiento de la Santa Hermandad. Tras ser apresados los delincuentes por los cuadrilleros de la Santa Hermandad eran suspendidos y asaeteados hasta su muerte, dejando los cadáveres expuestos con objetivos pedagógicos; efectivamente, debía ser una gran advertencia para los viajeros del Camino Real hacia Toledo. Este macabro papel le otorgó a Peralvillo una reputación sombría y lo convirtió en un punto de referencia en las narrativas de la época, incluso siendo mencionado en el Quijote. Mención que hace en el capítulo XLI de la II Parte, cuando en el jardín del Palacio de los Duques están preparando a Sancho para su vuelo imaginario, que el pobre Sancho piensa que será real, sobre Clavileño, el célebre caballo de madera. Mientras le aúpan sobre Clavileño y le ponen la venda en los ojos, el pobre Sancho exclama, muerto de miedo: “¡qué mucho que tema no ande por aquí alguna región de diablos que den con nosotros en Peralvillo!”. Porque “dar en Peralvillo”, es decir, acabar los días de uno en Peralvillo, en el lenguaje de la época, equivalía a acabar pero que muy mal.

En el célebre “Tesoro de la lengua castellana”, de Sebastián de Covarrubias, se define a Peralvillo como “un pago junto a Ciudad Real, adonde la Santa Hermandad hace justicia a los delincuentes con la pena de saetas”. Las ejecuciones se realizaban en el “cerro de las horcas”, también llamado “de los palos”, a medio kilómetro más o menos de la aldea, yendo hacia el Piélago, en el que la Santa Hermandad, precursora de la actual Guardia Civil, cumplió durante siglos el triste oficio de ejecutar a los reos de graves crímenes y delitos. Cercano a este monte, en lo que entonces era la desembocadura del río Bañuelos, se encontraba el Arca de los ladrones, que venía a ser un osario donde La Cofradía de la Caridad se ocupaba de sepultar los restos de los ajusticiados.

Peralvillo, como lugar de ejecuciones, traspasó fronteras. Cuando en Perú se produjo, en el siglo XVI, una explosión de bandolerismo que asolaba campos y caminos, el Rey dispuso que se enviara un destacamento de la Santa Hermandad de Ciudad Real a aquel Virreinato para ayudar a fundar lo que pronto sería la Santa Hermandad de Lima. Pues bien, el lugar que se eligió para llevar a cabo las ejecuciones, era una loma junto al Camino Real que estaba situada a unas dos leguas al Norte de Lima. Y a aquel sitio se le dio el nombre, que aún conserva en nuestros días, de Peralvillo, en memoria del célebre lugar de ejecuciones allá en la Mancha, en la lejana España. Actualmente el Peralvillo de Perú está enclavado en el distrito de Chancay, provincia de Huaral, Departamento de Lima.

Tal y como podemos leer en el Diario Lanza el 14.01.1954 Peralvillo, como lugar de ejecución, se extendió en el tiempo: “A la vez de comunicar la sentencia al penado, le proporcionaban los auxilios espirituales pertinentes y quedaba recluido en capilla por tres días, al cabo de los cuales se organizaba, a la puerta de la prisión, tétrica comitiva para acompañarlo a las horcas de Peralvillo, en viaje postrero. Precedía la Cofradía de Caridad con el Cristo de las estaquillas (desde 1515, poseía privilegio de ir en los actos religiosos públicos, tras la Cruz parroquial de San Pedro); seguían a caballo, cuadrilleros y ballesteros, asalariados por el Tribunal para este cometido, con flechas y arcos y vestidos verdes. Más detrás, iba el condenado rodeado de religiosos exhortantes. El cortejo lo cerraban como encargado del reo, el cuadrillero Mayor, con estandarte verde, y, a su lado, un escribano y por último, el alcalde. En la puerta de la prisión y por las calles, de trecho en trecho, pregonaban el delito y la pena. Al llegar a la Puerta de Toledo se trasladaban, seguidamente, a Peralvillo, donde estaba el cadalso delante de una tienda de campaña. Allí, al otro lado de una mesa cubierta de verde, con un Crucifijo y una escribanía, se situaba el Tribunal. Leída la sentencia y hecho el postrer pregón, se daba garrote al delincuente, le clavaban las trece saetas de ordenanza y abandonado quedaba su cadáver y pendiente del patíbulo. El 23 de mayo de 1776 “dieron pena capital de orca a Juanazo y a Covadonga, en Peralvillo, por el Tribunal de la Santa Hermandad Real y Vieja”. En 1783 “fue condenado a pena de orca, ejecutada en aquel tiempo por la Villa de Almagro, el tío Ribera, monedero falso”. El 1799, “el día 17 de julio, sufrió la pena ordinaria de orca un reo de la Villa de Camuñas preso por el Tribunal de la Santa Hermandad Real y Vieja; llamado Francisco Gómez”. En 1803, “el siete de marzo ahorcaron a Fernando Pinilla, en Peralvillo”. Cerca de las horcas había un arca de piedra y sobre ella, una losa con una ventanilla, en el centro, por donde los pasajeros piadosos o los hermanos de la Caridad, arrojaban al interior los huesos de los que perecieron, con lo cual lucraban las indulgencias concedidas a la Santa Hermandad por bulas Papales. En unos de los lados del arca, se elevaba una gran Cruz de hierro. De este modo, las horcas de la Santa Hermandad, sitas en una loma de la aldea de Peralvillo, al lado derecho de la carretera que nos lleva a Toledo, alcanzaron, al correr de los siglos, su fama terrible. Ya todo desapareció menos el nombre…”

Ya en el siglo XIX adquirieron notoriedad en la zona los Hervidero del Emperador o Baños del Trujillo, situados entre las ruinas de los molinos harineros «del Emperador» y de «Malvecinos». Estos baños y molinos tienen, según algunas teorías, origen romano y sufrieron a lo largo del tiempo considerables daños por las frecuentes avenidas del río, aunque también existe la teoría de que se llaman así por el emperador Alfonso Vll que tenía tierras en esta zona. El balneario fue reconstruido a finales del siglo XIX. El lugar contaba con una zona de hospedaje para los visitantes, que venían de lejos para disfrutar de sus aguas medicinales. Había dos piscinas separadas por sexos, con un coste de 1,5 pesetas por la noche y 1 peseta por el baño. El nombre del balneario se debe a un molino cercano, el Molino del Emperador. Posteriormente, la familia Trujillo adquirió el lugar en la segunda década del siglo XX, pero la explotación del balneario no fue exitosa y terminó por abandonarse.

El 26 de junio de 1927 se inauguró el Puente de Hierro de Peralvillo, construido sobre la antigua vía del tren Madrid-Ciudad Real. La operación resultó complicada puesto que se realizó sin interrumpir el tráfico ferroviario. Fue construido e instalado por la Maquinista Terrestre y Marítima y las obras duraron diez meses invirtiéndose en la parte metálica más de 500 toneladas de hierro, siendo el coste total de 1.200.000 pesetas. En cuanto a sus características, se trata de un puente abovedado que descansa en diez aparatos de rodillo sobre los estribos y tres fuertes pilares de mampostería. Además, su ficha técnica el artículo incluye datos como su longitud, cuatro tramos (dos de 55,74 metros y dos de 53,28) que suman un total de 218,04 metros; o su altura que es de 4,820 m. desde el nivel del suelo a la parte baja del tablero (Federico Valero BIM 04.2005).

Tras la llegada del AVE a Ciudad Real en 1992, el puente quedó en desuso, pero hoy en día es un lugar popular para ciclistas y peatones que disfrutan de la zona. Con una longitud de 218 metros, 5 metros de altura y un peso de 500 toneladas, el puente que se encuentra en el sendero GR-114 (camino natural del Guadiana), el Camino de Santiago Manchego y la Ruta de Don Quijote es una impresionante muestra de la ingeniería del siglo XX.

Con el tiempo, el paisaje de Peralvillo se transformó debido a la construcción del Pantano del Vicario, que inundó parte de la zona, incluyendo un antiguo balneario de aguas termales. Este cambio radical alteró la fisonomía del lugar y dejó bajo el agua parte de su historia.

En cuanto su patrimonio, destaca la Ermita de San Marcos; pequeña ermita de una sola nave de tipología popular con espadaña y arco de medio punto en la fachada y en los laterales toscos contrafuertes cilíndricos y prismáticos. Fue construida en el siglo XVIII conforme a un estilo sencillo y rural destacando su gran espadaña coronada por un nido de cigüeñas.

Aunque su pasado histórico sigue presente en la memoria colectiva, Peralvillo ha sabido adaptarse a los tiempos modernos y ofrece a sus visitantes un entorno natural privilegiado con una importante reserva protegida de aves acuáticas ubicada en uno de los humedales más importantes de la región y que, junto a su vegetación eminentemente autóctona y sus oquedades fluviales, campos y sierras, constituye un espacio con una sorprendente variedad de recursos naturales; resultando ser un lugar tranquilo y pintoresco, rodeado de campos de cultivo y con el Pantano del Vicario como telón de fondo.

LA CRUZ DE LOS CASADOS DECONSTRUIDA

Al final del paseo principal del Parque de Gasset, en Ciudad Real, se erige un monumento que la tradición oral ha vinculado secularmente a una trágica y romántica leyenda medieval. El relato hunde sus raíces en los convulsos conflictos fronterizos e institucionales que enfrentaron, durante la Baja Edad Media, a la Corona —a través de Villa Real (actual Ciudad Real)— y a la Orden de Calatrava, cuyo bastión avanzado y foco de hostilidades era la vecina localidad de Miguelturra.

Según la crónica popular, en el contexto de estas cruentas escaramuzas, Alvar Gómez de Piedrabuena —defensor del Maestre calatravo— sufrió el saqueo de su hacienda y el asesinato de su progenitor. Este suceso enquistó un profundo odio interfamiliar que marcaría el destino de dos jóvenes amantes: Sancho, natural de Miguelturra, y Blanca, hija de Remondo, un influyente prohombre de Villa Real.

Ante la imposibilidad de un consenso familiar y el temor a un rapto que recrudeciera las hostilidades, fray Ambrosio, prior de los franciscanos de Ciudad Real, intervino como mediador. Al fracasar la vía diplomática, el religioso optó por desposar en secreto a la pareja en el paraje del Humilladero. Sin embargo, la huida fue frustrada por Remondo y su mesnada. En el altercado subsiguiente, el padre de Blanca, cegado por la ira, atravesó con su espada al fraile e infligió una herida mortal a su propia hija. Sancho, en un intento de venganza, cayó abatido por las lanzas de los perseguidores.

La tradición afirma que los cuerpos de los jóvenes amantes fueron sepultados en el mismo lugar de los hechos y que los vecinos de Villa Real erigieron una cruz conmemorativa sobre su túmulo, bautizándola como la «Cruz de los Casados».

Más allá del innegable valor antropológico de la leyenda, el análisis histórico y documental ofrece una realidad vinculada no al romanticismo, sino al aparato punitivo y jurisdiccional del Antiguo Régimen. La estructura original que dio pie al mito —una columna de fuste circular y capitel rematado por una cruz— responde a la tipología de un rollo jurisdiccional o picota.

Durante siglos, la ejecución de la pena de muerte y la posterior exhibición de los restos humanos formaron parte del engranaje disuasorio del ordenamiento jurídico. Si bien es de sobra conocido el centro de ajusticiamiento que la Santa Hermandad poseía en Peralvillo (Miguelturra), la historiografía —con autores como Villegas Díaz— constata la existencia de varios rollos y picotas en el tejido urbano y los accesos de Ciudad Real.

El rollo jurisdiccional era símbolo de autonomía jurídica y condición de villa frente a aldea y estaba compuesto por una columna cilíndrica rematada por esferas, granadas o motivos heráldicos.

La picota tenía un uso explícitamente punitivo y de castigo público e incorporaba argollas, grilletes y garfios para exponer miembros o cabezas.

En la práctica, ambos términos se utilizaron de manera intercambiable, ya que los rollos asumieron con frecuencia funciones punitivas. Existen testimonios documentales de ajusticiamientos en estos emplazamientos en Ciudad Real bien entrada la Edad Moderna, como la ejecución del bandido Pérez Ponce en 1686, o la de Andrés Merlo y María González en 1741, acusados de asesinar a la mujer del primero. Incluso a finales del siglo XIX, algunos testigos locales recordaban la presencia de despojos humanos expuestos en estos rollos.

El monumento que hoy nos ocupa se situaba originalmente a la salida de Ciudad Real, en el camino histórico hacia Alarcos y en las inmediaciones de la desaparecida Puerta de Alarcos.

El historiador Rafael Ramírez de Arellano ofreció una valiosa descripción técnica de su estado original antes de su deterioro decimonónico:

«Tenía sobre el restante fuste una especie de ménsula; sobre esta un prisma rectangular con las caras rehundidas a modo de hornacina y terminaba en una pirámide truncada y sobre ella una crucecita.»

Este prisma albergaba los garfios empleados para la exhibición post-mortem de los reos o  partes de sus cuerpos. Con la progresiva pérdida de sus funciones penales a partir del siglo XIX, y siguiendo una práctica común en la geografía española, el monumento sufrió un proceso de cristianización e hibridación patrimonial, reforzando la presencia de la cruz en su remate superior.

La fisonomía del monumento ha variado notablemente a lo largo del último siglo debido a sucesivas reconstrucciones:

• 1924: Tras sufrir un grave deterioro en su ubicación original del Paseo de Alarcos, el rollo fue reconstruido respetando el prisma rectangular y trasladado al interior del Parque de Gasset (inaugurado en 1915).

• Remodelación del parque de Gasset en 1986: Se realiza una nueva réplica que simplifica el diseño, eliminando definitivamente el prisma rectangular donde se alojaban los antiguos garfios de ejecución.

• 2024-2025: Tras sufrir el expolio de la cruz, en 2025 el monumento fue restituido mediante una nueva réplica, presentando el aspecto que exhibe en la actualidad.

La denominación de la «Cruz de los Casados» constituye un excelente ejemplo de resignificación patrimonial. El pueblo de Ciudad Real, despojado ya del recuerdo terrorífico del cadalso y la justicia sumaria bajomedieval, transformó un antiguo y macabro rollo jurisdiccional en el escenario de una de sus leyendas más bellas y trágicas, inmortalizando la memoria de Sancho y Blanca allí donde un día se aplicó la ley de los hombres.

Fuentes:

Maldonado Felipe, Miguel Ángel: Rollos jurisdiccionales, horcas y picotas en la provincia de Ciudad Real. Ciudad Real: Diputación Provincial de Ciudad Real. 2022

Villegas Díaz, L. R.: Sobre el urbanismo de Ciudad Real en la Edad Media (datos y reflexiones). Ciudad Real. Ayuntamiento de Ciudad Real. 1984

Tres obras sobre Ciudad Real: Ciudad Real artística (1893), Paseo artístico por el Campo de Calatrava (1894), Memorias manchegas (1911) / Rafael Ramírez de Arellano. - Primera edición facsímil. - Ciudad Real: Servicio de Cultura, Diputación Provincial, 2016

Golderos Vicario, José: Ciudad Real: siete siglos a través de sus calles y plazas, 1245-1945. Ciudad Real: Ayuntamiento de Ciudad Real, 1998.


DESASTRES METEOROLÓGICOS EN MIGUELTURRA A FINALES DEL SIGLO XIX Y PRINCIPIOS DEL SIGLO XX

 

Los fenómenos meteorológicos adversos son una constante en nuestra actualidad, con eventos extremos cada vez más frecuentes e intensos que nos recuerdan nuestra vulnerabilidad ante la fuerza de la naturaleza. Inundaciones devastadoras, olas de calor asfixiantes y tormentas violentas nos azotan generando pérdidas humanas y materiales incalculables. Ante este panorama, es fácil pensar que nos enfrentamos a un desafío sin precedentes, una consecuencia directa del cambio climático global. Sin embargo, ¿es esta percepción completamente precisa? ¿O acaso nuestros antepasados también lidiaron con desafíos similares en un contexto diferente?

Con este artículo propongo dejar constancia de una serie de ejemplos de este tipo de fenómenos ocurridos en Miguelturra, la gran mayoría en época estival, y que fueron recogidos por la prensa a finales del siglo XIX y principios del XX describiendo la devastación que produjeron:

-          Temporal del mes de diciembre de 1860: “Continuamos recibiendo noticias de los estragos causados por el temporal. Las inundaciones son generales. Las aguas, que tienen a Madrid casi incomunicado con el resto de España, han causado grandes destrozos en las vías férreas. En Miguelturra, las inundaciones han sido terribles y ha habido que salvar a las familias en carros y caballerías. Afortunadamente no hay que lamentar desgracias personales. Se socorre con dinero a las familias pobres.” (La Época 28.12.1860)

-          Granizada del lunes 23 de mayo de 1864: “descargó sobre el pueblo de Miguelturra y su término una granizada tal, que en pocos momentos destruyó los sembrados y ocasionó grandes daños en los árboles. El ayuntamiento de aquel pueblo estaba formando el oportuno expediente para que a los labradores se les hiciera alguna gracia por el gobierno en sus cupos de contribución.” (El Contemporáneo 28.05.1864)

-          Pedrisco del 20 de agosto de 1884 en la zona del Campo de Calatrava: “Los viñedos y olivares que se habían librado de los estragos de la paga de langosta fueron completamente destruidos, en términos que las cepas quedaron limpias por completo de pámpanos. La piedra era tan gruesa, y caía en tal cantidad, que muchos vecinos de Ballesteros, el Villar y otros pueblos sufrieron contusiones de importancia al salir aterrorizados en sus casas en la creencia de que éstas se derrumbaban por efecto de la piedra y el viento. La cosecha de patatas, que en aquella comarca representa una riqueza de muchos millones, ha desaparecido por completo, parte destruida por la langosta, parte por una enfermedad de las plantas, que no se acierta a combatir, y el resto por la nube del día 20. Imposible es describir el pánico y abatimiento que se ha apoderado de los manchegos, en vista de la ruina completa en que los dejan las diversas calamidades que afluyen a aquella rica provincia. Los términos municipales donde el pedrisco ha causado daños de más importancia son Ballesteros, Miguelturra, Manzanares. Almagro, Pozuelo, La Cañada, Villar del Pozo, Poblete y el Corral. También han sufrido bastante Ciudad Real, Carrión. Torralba, Bolaños y Daimiel.” (El Áncora 28.08.1884)

-          Tormenta del 2 de agosto de 1885: “La tormenta que se dejó sentir en Ciudad Real el domingo anterior, causó grandes destrozos en muchos puntos de aquel término, pero principalmente en la Poblachuela, en donde la piedra arrasó casi por completo aquellas hermosas huertas. También sabemos que ha hecho grandes destrozos en El Campillo, La Barraca, La Celada, Las Casas, Sancho Rey, parte de Santa María y Las Navas de Miguelturra, calculándose las pérdidas en muchos mites de duros.” (La Correspondencia de España 04.08.1885)

-          Temporal de septiembre de 1902: “En Miguelturra se ha desprendido el fruto de los olivos, habiendo quedado enterrados centenares de fanegas de aceituna. En tal estado se encuentra este preciado fruto, que no se podrá utilizar ni para la fabricación de aceite industrial. Existe el propósito de convocar a los vecindarios de los pueblos que han experimentado perjuicios a una reunión magna para impetrar del Gobierno auxilios y la reparación de los daños que se han originado. (La Correspondencia de España 12.09.1902)

-          Tormenta del 22 de septiembre de 1908: “Ayer descargó en este término municipal una tormenta que destrozó en gran parte la cosecha de uva y aceituna. Los olivos se ven con el fruto en el suelo como si estuvieran vareados; las cepas en su mayor parte han quedado sin pámpano y la uva hecha polvo. Las huertas de patatas, unas destrozadas por la piedra y otras secándose por causa de la epidemia que aquí llaman arenilla.” (Crónica de Vinos y Cereales 23.09.1908)

-          Tormenta eléctrica del mes de junio de 1912: “Ha descargado una formidable tormenta acompañada de grandes truenos. Un rayo mató en el campo a una vecina de Miguelturra, Argimira Pardo, de 26 años de edad. La infeliz se hallaba buscando malvas para venderlas en la ciudad, con lo cual ganaba el sustento de su familia. Deja dos niños de corta edad. Un individuo, Higinio Arenal, que se hallaba con ella al caer la chispa eléctrica, sufrió síntomas de asfixia, pero pudo salvarse.” (El Pueblo 04.06.1911).

Conociendo los fenómenos actuales y los estragos que causan con todos los avances que poseemos, resulta espeluznante pensar qué pudieron suponer para las gentes que moraban nuestras tierras este tipo de fenómenos hace más de 100 años, teniendo en cuenta que afectaban directamente a su principal medio de subsistencia: la agricultura. Y todo ello en un marco en el que raro era el año en el que los cultivos no se veían afectados, además, por grandes sequías o terribles plagas como la de la langosta.

Fuente de la imagen:

Boletín del Instituto Central Meteorológico (08.09.1902)

LA RESISTENCIA DE LA MÁSCARA CALLEJERA

Contenido de la charla con el mismo título realizada, con motivo de la charla debate previa a las IV Jornadas Culturales del Carnaval de Miguelturra, el 31 de enero de 2026 en el salón de actos de la Biblioteca Pública del Estado en Ciudad Real.

Antecedentes:

La Prohibición del carnaval ha sido un tema recurrente a lo largo de la historia española ya que su espíritu, que permite temporalmente la burla del poder y las convenciones sociales, ha chocado repetidamente con la Iglesia y las autoridades civiles, que lo veían como una amenaza al orden moral y público, así como al control de ambos. Entre los principales motivos de la prohibición están el considerar los carnavales como un peligro para el orden social y político (uso de la sátira, crítica al poder, inversión de roles, anonimato y descontrol) y una amenaza a la moral y religión (exceso, transgresión moral, libertinaje y pecado y paganismo)

Ya en el siglo IV hubo una presión eclesiástica reflejada desde los primeros concilios, como el de Laodicea y los Concilios de Toledo, en los que la Iglesia condenó y prohibió el Carnaval en estatutos sinodales a lo largo de toda España.

Carlos I impuso en 1523 severas penas para quienes fueran disfrazados de máscara en la vía pública durante el día (100 azotes o seis meses de destierro), doblando la pena si la celebración era de noche.

Felipe IV, sin embargo, fue una excepción ya que se mostró partidario de la fiesta y llegó a protegerla.

Felipe V volvió a ser contrario a la celebración y en 1716 elevó las penas contra los carnavaleros, que podían ir desde 30 días de cárcel hasta cuatro años de galera.

Carlos III, muy influido por la moda italiana, fue más tolerante y favoreció ciertas celebraciones, aunque las prohibiciones no cesaron completamente.

Fernando VII no consintió la celebración del Carnaval.

Con la llegada del liberalismo y la Constitución de Cádiz (1812), cesaron muchas de las prohibiciones. Se permitió el uso de máscaras bajo ciertas condiciones marcadas por las autoridades para velar por la "pública moralidad y decencia".

En 1832 se permitió el uso del antifaz en los carnavales.

A finales del Siglo XIX ya no se prohibía la fiesta en general, aunque se instaura la censura sobre el carnaval y ese control va a durar hasta 1931

En la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) por motivos de orden público, censura política y por el control nacional tras un periodo de crisis se prohibió parte del carnaval (se eliminaron los días festivos de carnaval). Sin embargo, ya en esta época encontramos una noticia en El Pueblo Manchego, el 24 de febrero de 1928, en la que se destaca la animación en Miguelturra en los días del carnaval y nos habla, por primera vez, de la calle Ancha como epicentro del mismo. Eso sí, las máscaras las califica como “de poco gusto y originalidad”, coletilla muy empleada en las publicaciones durante esos años.

La prohibición definitiva del carnaval llegó con la Dictadura Franquista (1937-1978) y fue el periodo de prohibición más estricto y duradero de la historia contemporánea de España. El régimen consideraba el carnaval como una fiesta paganizante y, por lo tanto, contraria a la estricta moral católica del nacionalcatolicismo y peligrosa, pues el anonimato de las máscaras permitía la crítica política y la subversión del orden público. El Carnaval se prohibía porque desafiaba al poder en sus tres formas fundamentales: el poder político (mediante la sátira), el poder religioso (mediante la transgresión moral) y el poder social (mediante la inversión jerárquica).

El 3 de febrero de 1937, en plena Guerra Civil el Boletín Oficial del Estado publicó una orden circular firmada por el Gobernador General en la que se suspendían las fiestas de Carnaval. La razón oficial era la situación bélica, pero tras la victoria franquista en 1939, la prohibición se mantuvo indefinidamente (reafirmada en 1940 por Serrano Suñer). La prohibición permaneció oficialmente hasta 1978 inclusive, año en el que aparece la última nota acerca de esta prohibición en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del 30/01/1978.

Pocos días antes de la celebración del carnaval, y prácticamente todos los años de la dictadura aparecía una nota en la que, desde el Gobierno Civil, se recordaba esta prohibición publicada en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real y reflejada en la prensa (diario Lanza). “Suspensión de fiestas y bailes de carnaval” rezaba un titular en la edición del 04/02/1948. Aunque en todas esas notas se especificaba que sí que estaban autorizados los bailes “que periódicamente se vienen celebrando en las distintas localidades”, siempre y cuando diera el visto bueno de forma expresa el propio Gobierno Civil.

Apoyando la prohibición abundaron en la época de la dictadura numerosos artículos en contra del carnaval, tratando de convencer de todo lo malo que este conllevaba. Son ejemplos el titulado Todo el año es carnaval (11/02/1948) de Miguel García de Mora, la editorial El carnaval (22/01/1953), Ni ñoños ni paganos (30/01/1959) de Carlos María San Martín, ¿Todavía hay carnaval? (31/01/1959) de C.C.G., El eterno carnaval de la vida (19/02/1966) de Carlos María San Martín. El Carnaval (2102/1969) de A.R.J., Carnaval (12/02/1975) de D.N. Ramírez Morales…

El caso de Ciudad Real

El antiguo Carnaval ciudadrealeño era un Carnaval sin organización institucional, muy similar al de Miguelturra, cuyo protagonista era la máscara callejera y que se celebraba en el recorrido de la calle Morería (por entonces, calle General Margallo y luego Juan II), donde estaba su epicentro, calle Postas y Plaza Mayor. Además, como actividad de cierto prestigio se realizaban los tradicionales bailes de carnaval en el antiguo Casino y en otros centros sociales. En 1919 se produjo un hecho crucial en el devenir del carnaval ciudadrealeño: el Ayuntamiento, cuyo alcalde era Cruz Prado, trasladó la celebración del Carnaval al Parque Gasset (El Pueblo Manchego 07.02.1919). Con este paso, el carnaval se institucionalizó y perdió el sabor popular. Además, desde el propio ayuntamiento se comenzó a prohibir las caretas y máscaras en las vías públicas (El Pueblo Manchego 03.02.1921)

Estos dos hechos hacen que el carnaval popular de máscara callejera desparezca de Ciudad Real, manteniéndose el de los desfiles y bailes de sociedad.

El caso de Miguelturra

Con el carnaval prohibido en toda España, existieron lugares donde su tradición no fue solo una celebración, sino un acto de rebeldía. Miguelturra es el escenario de una de las historias más singulares de la posguerra española.

La pregunta resuena a menudo entre historiadores y curiosos: ¿Es un mito o una realidad que este pueblo siguió celebrando el carnaval a pesar de la férrea prohibición de la dictadura de Franco?

La respuesta es rotunda: Es una realidad. Y no solo se celebró, sino que se convirtió en una seña de identidad inquebrantable que hoy le vale el título de Fiesta de Interés Turístico Nacional.

No obstante, la celebración durante la dictadura no era cómoda; era una carrera constante, una adrenalina compartida entre vecinos llevando a cabo un carnaval sin altercados, solo con desobediencia civil. La Guardia Civil y la Policía Municipal tenían órdenes de detener a cualquiera que fuera disfrazado. 

Problemática de las fuentes

De toda esta época no quedan muchos testimonios gráficos salvo fotos particulares (teniendo en cuenta que la mayoría de personas no se podían permitir el realizarlas) y el testimonio de nuestros antepasados se realizó a través de la transmisión oral.

¿Cómo logró un pueblo manchego burlar a la autoridad durante 40 años? 

La clave principal no estaba en grandes desfiles organizados, sino en la anarquía de la máscara callejera. Esta figura es el alma del carnaval churriego y su herramienta de supervivencia. A diferencia de los carnavales de plumas y lentejuelas, la máscara callejera se caracteriza por:

- Los trapos y los pingajos: Se utilizaba cualquier ropa vieja, colchas, cortinas o sábanas para cubrir el cuerpo. El objetivo no era la belleza, sino el anonimato absoluto.

- El rostro cubierto: Un trapo con dos agujeros para los ojos o caretas de cartón bastaban.

- La voz de falsete: Para evitar ser reconocidos por los vecinos o la autoridad, los participantes agudizaban la voz hasta hacerla irreconocible.

- El grito de guerra: La frase que resonaba (y resuena) en las calles no era un saludo, sino un desafío: "¡A que no me conoces!". Esta frase encierra la esencia de la fiesta: la burla, el juego y la victoria de la identidad oculta sobre el control social.

Otras claves fueron:

- Alcaldes, concejales y hasta algún que otro Gobernador Civil, se atrevieron a romper las prohibiciones que ellos mismos recordaban año tras año. Así, Amalio Segura, segundo Rey del Carnaval de Miguelturra, dejó escrito lo siguiente: “El 31 de enero de 1948 fue la última acta firmada por el alcalde Manuel Ramos. El primero de febrero de 1948 fue domingo de carnaval y el ocho domingo de Piñata. Sobre el nueve o el diez de febrero es Manuel Ramos destituido de alcalde, telegráficamente y de orden del Gobernador Civil de la Provincia por no querer respetar la orden de prohibición del Carnaval de Miguelturra”.

- La estructura urbana de Miguelturra que, con sus callejones y casas conectadas, jugaba a favor de los carnavaleros. Las máscaras salían, molestaban (la broma pesada es parte de la tradición) y, al ver el tricornio de la Guardia Civil, corrían a esconderse en casas vecinas que dejaban las puertas abiertas para dar refugio. A menudo, los propios agentes locales hacían la "vista gorda" porque, bajo la máscara, podía estar su hermano, su primo o su vecino. Las multas, cuando se imponían, a veces se pagaban de forma simbólica o colectiva.

- El carnaval estaba tan introducido en el acervo popular que reunía en Miguelturra a personas de todas las tendencias políticas y religiosas.

- Las mujeres fueron fundamentales en esta resistencia. Muchas veces eran las más atrevidas a la hora de increpar a la autoridad o de mantener viva la confección de disfraces con ropas viejas.

El hecho es que la celebración del carnaval en Miguelturra durante esos años de la dictadura fue algo aceptado y, con el paso del tiempo, adquirió total normalidad a pesar de la continua prohibición que sobre él se ejercía.

Las autoridades provinciales e incluso nacionales optaron por ignorarlo y por silenciarlo en lugar de perseguirlo.

El carnaval de Miguelturra fue silenciado en esa época por los medios de comunicación (todos bajo la censura del régimen). No obstante, hubo excepciones. Así, la primera noticia sobre el carnaval profano de Miguelturra en el aparece en el diario Lanza el 09/02/1951, en un breve artículo junto a la noticia del carnaval religioso en el que se da cuenta que los bailes en el Centro Obrero y en el Casino han resultado “desanimados”, debido al mal tiempo y a los cortes de luz. 

Pasaron bastantes años hasta la aparición de la siguiente noticia en ese diario sobre el carnaval de Miguelturra, de hecho, ya fue en los últimos años de la dictadura; en concreto en 1973, pero unos días antes, Miguelturra y su carnaval fueron mencionados en un diario de ámbito nacional, fue en Pueblo el 08/03/1973, en primera página y bajo el epígrafe de El Carnaval en la Mancha donde dice: “El Unicornio, el Cerdo, la Muerte, figuras de hoy y del ayer, mezcladas en colorido; máscaras goyescas, a la vez alegres y tremendas, corren estas fiestas del carnaval en numerosos pueblos de la Mancha: Villafranca de los Caballeros, Miguelturra, Malágón, Almadén”. 

A partir de aquí las noticias, aún sin abundar, ya fueron más frecuentes. Volviendo al diario Lanza, el 15/03/1973 y junto a dos fotografías del carnaval y la noticia de la construcción del que sería el complejo del “Jani” hay una noticia sobre las “fiestas tradicionales” (curiosa la forma de denominar a la fiesta para evitar la palabra carnaval) celebradas recientemente en Miguelturra “coincidentes con las suprimidas del carnaval”. En la noticia destaca que “habían estado animadísimas… concurridas por muchas personas de Ciudad Real y pueblos limítrofes; viéndose por las calles y plazas varias comparsas musicales, ataviadas con trajes mejicanos y, cómo no, también una carroza simulando el programa de televisión Un. dos, tres… Los bailes que se celebraron en el casino y círculo de Artesanos y Obreros, estuvieron concurridísimos, reinando alegría y buen humor… en resumen, han sido unos días de esparcimiento...”

El 01/03/1974 el diario Lanza publica: “Con gran brillantez y esplendor se celebraron las fiestas tradicionales”. En ella destaca que el domingo de carnaval apenas había lugar para el estacionamiento de los coches debido a la gran cantidad de personas que se desplazaron desde la capital y pueblos limítrofes. También habla de la gran animación y concurrencia a los bailes del casino y centro Obrero, así como hace un guiño al que, posteriormente, sería nuestro primer rey del carnaval, José Gornés, del que alaba su “euforia y alegre juventud derrochada… por las calles, casinos y bares, siendo un hombre incansable en este tipo de diversiones”

Unos días antes, el 22/02/1974 hay un artículo en el Lanza del escritor y poeta de Campo de Criptana, José González Lara, titulado “El carnaval y la foca” donde, de forma muy sutil, analiza y justifica el carnaval profano. José fue posteriormente el primer pregonero del carnaval de Miguelturra en 1982.

Conforme iban avanzando los años, comenzaron a aparecer ciertas insinuaciones en la prensa acerca de lo que todo el mundo sabía: en Miguelturra se celebraba el carnaval. En La Hoja del Lunes del 09/02/1970 podemos leer que los jóvenes de Ciudad Real durante los carnavales “se llegaron a otros pueblos donde las reuniones sociales están más animadas … ustedes nos entienden”. En la del 22/02/1971 leemos: “Con febrero ha llegado el carnaval, fiesta que, si en muchos lugares de por aquí ha quedado reducida a los bailes de sociedad, no falta tampoco alguno bien próximo, donde el consabido a que no me conoces es la coletilla para pasar un rato distraído y animado”. En la edición del 14/02/1972 aparece el siguiente texto: “Ayer fue domingo de carnaval. Aquí en Ciudad Real no se notó, pero si en los pueblos próximos donde los jóvenes salieron mañana y tarde para ver las máscaras y participar en los bailes” (aquí ya se reconoce abiertamente la existencia de máscaras). Ya el 17/02/1975, comenta: “Con motivo de la Piñata aún circularon no pocas máscaras por las calles de nuestros pueblos más carnavaleros y hasta algún mascarón, que hicieron pasar un buen rato a los nativos y visitantes que se desplazaron, con el aligüí del no me conoces. Y algunos se trajeron para la capital el cabello un tanto enmarañado y lleno de papelillos…”

Incluso en los primeros años del periodo de transición democrática las noticias sobre el carnaval de Miguelturra no son muy abundantes.

En la edición de marzo de 1976 de Veinte mil kilómetros cuadrados hay un artículo firmado por José González Lara, titulado “El carnaval sin diablo” en el que se nombra al carnaval de Miguelturra junto al de Herencia, manifestando que están “liberados de intención demoniaca”.

En La Hoja del Lunes del 01/03/1976 se incide en la masiva presencia de ciudadrealeños en el carnaval de Miguelturra. El 21/02/1977 menciona el mal tiempo en ese año que redujo la presencia de visitantes en Miguelturra “cuyos carnavales tienen fama por esta comarca”

En 1978, último año de prohibición “oficial” del carnaval y en el diario Lanza, se publicó el 04/02/1978 un artículo sobre el carnaval bajo el epígrafe de “El alma del carnaval” dedicado a José Gornés. En él, alababa su figura y su persona, mencionaba a dos de sus fieles acompañantes carnavaleros, Herminio Gornés y Félix Ramos, a la calle Paquito León (actual calle Carnaval) como epicentro de la fiesta, destacaba los bailes del Centro Obrero y que el carnaval churriego, tras algunos vaivenes “está llegando otra vez a la cumbre”.

En La Hoja del Lunes del 6 de febrero del mismo 1978, se rememora los antiguos carnavales reconociendo lo que todo el mundo sabía, que habían existido en Miguelturra durante la prohibición y, además, contaban con gran popularidad y participación: “Y aunque el carnaval estuvo prohibido, siguió perviviendo en las últimas décadas en algunos pueblos de la provincia. Bien cerca de la capital, en Miguelturra, se celebraba con gran animación callejera y luego por la noche en los bailes llamados de sociedad...”. Al año siguiente, en 1979, en la edición del 26 de febrero critica la falta de carnaval en Ciudad Real y el “exilio” de sus habitantes al carnaval churriego, reconociendo que “Miguelturra, como siempre, habrá visto sus calles paseadas por numerosos vecinos de la capital en busca de la broma de las máscaras, que allí nunca faltan”.

Conclusión: 

Los motivos por los que la prohibición fracasó tan estrepitosamente en Miguelturra mientras triunfaba en pueblos vecinos apuntan a: 

- arraigo identitario (el carnaval no era una fiesta más; era la fiesta y renunciar a ella era renunciar a ser churriego), 

- carácter transgresor (la máscara callejera es, por definición, incordiante y prohibirla solo aumentó el deseo de salir) 

- la cohesión social (fue una desobediencia civil colectiva; no eran unos pocos rebeldes, era el pueblo entero protegiendo su tradición).

Esta resistencia, esta lucha de la máscara callejera de sobrevivir en situaciones tan adversas contribuyó de manera especial a que la sociedad (pueblo de Miguelturra) convirtiera el carnaval en un rito, en una tradición; claves en la popularidad y el gran prestigio con el que esta fiesta cuenta en la actualidad, refrendada por su declaración como Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Fuentes:

- Carnaval de Miguelturra (página web oficial de la Asociación de Peñas del Carnaval de Miguelturra)

- Conóceme, Carnaval de Miguelturra: 40 aniversario Asociación de Peñas / Berna Martínez Romero. - Miguelturra [Ciudad Real]: Asociación Histórica-Cultural carnavaldemiguelturra.es, 2022

- El carnaval / [realizado por María del Castillo González Garrido]. - Miguelturra (Ciudad Real): Universidad Popular, D.L. 2001

- El carnaval en La Mancha: Miguelturra y la provincia de Ciudad Real / Aula de Estudios de la U.P. de Miguelturra; [coordinador], Julián Plaza Sánchez; prólogo, José López Martínez. - Ciudad Real: Área de Cultura, Diputación Provincial, 1992

- Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España

- Centro de Estudios de Castilla La Mancha



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