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PERALVILLO, UN PASEO POR EL CAMINO DE SU HISTORIA

Artículo realizado junto a José Nieto González publicado en el Nº 6 de la revista de la Asociación Malastardes de Miguelturra del año 2025.

Peralvillo, un enclave situado en el término municipal de Miguelturra, es un lugar con una rica y variada historia que se extiende desde la época del bronce, pasando por la época romana y hasta nuestros días. Su ubicación estratégica, su papel en la Edad Media y su posterior transformación han dejado una huella imborrable en el paisaje y la memoria de la región.

Su nombre tiene un origen incierto, es posible que tenga raíces prerromanas o romanas. La terminación "-villo" podría derivar del latín "villa", que significa "granja" o "asentamiento rural". Esto sugiere que la zona pudo haber sido un asentamiento rural romano o una villa agrícola. Aunque también hay otras teorías como que podría derivar de "Per-Arviello", un antiguo nombre de la zona o que podría estar relacionado con la abundancia de perales en la zona, o incluso, con un antiguo poblador llamado Pedro Albino. Al respecto, Pepe Romagosa en su “Esbozo histórico-geográfico de Peralvillo, reflexiones sobre su vinculación quijotesca y su proyección hacia el futuro” manifiesta que «Per Alviello», al igual que «Miguel Turra», eran los nombres de sus respectivos primeros pobladores. En el documento de donación, firmado por el rey antes citado, donde por primera vez puede verse escrito el nuevo nombre de Peralvillo, por deformación, obviamente, del original «Per Alviello».

Peralvillo, al igual que otros núcleos poblacionales en esta zona, provienen de asentamientos en las alturas aledañas muy próximas a las poblaciones actuales. Estos asentamientos de "altura" se le llama castellones, castros, morras, etc. y se les puede localizar en lugares cercanos a los montes limítrofes.

Es evidente que estos poblados del Bronce de la Mancha que ocupaban las cumbres de los cerros, mantenían un fluido comercio con los asentamientos en el llano a lo largo del Guadiana con las típicas fortalezas llamadas motillas tan numerosas a lo largo del cauce del río Guadiana, e identificadas por diversos autores. “La existencia de castillejos anterromanos en la zona oeste, lindando con Picón y Fernáncaballero en “Malinfiernillo”. El paraje del Congoso, en el Bañuelo, tiene relación con restos de antiguas civilizaciones” (Corchado).

Con el paso del tiempo y la sucesiva aparición de otras culturas las gentes del bronce y sus descendientes, fueron ocupando lugares estratégicos en el llano junto a los terrenos de cultivo y el aprovechamiento de arroyos y afloramientos de numerosas fuentes. Queda pues, la evidencia que Peralvillo tiene unos orígenes de épocas culturales muy diversas que han ido dejando su rastro en diversos materiales identificados en la carta arqueológica de Miguelturra: en Colonia Nueva restos de calcolítico; en Colonia Vieja de hierro II, romano y moderno; en Cerro Nilo del paleolítico y bronce; en el Cerro de bronce, romano y medieval; en Casa Paula del paleolítico, romano y medieval; en la Muralla de Peralbillo de medieval; en el Arca de los Huesos, moderno; en  Peñas Blancas de bronce; en Peralvillo bajo, romano; en Galapachares de bronce y romano y en El Congosto de romano.

De 1219 datan las primeras noticias que nos han llegado referentes a Azuda y los Baños del Emperador. Se trata de donaciones de la Orden por vida a particulares, que luego pasarían de nuevo a la Orden tras su fallecimiento. Existen otros documentos posteriores de otras donaciones, pero anteriores al privilegio según el cual pasa Peralvillo a Miguelturra fechado en 1383. (Ocaña Barba)

Peralvillo adquirió cierta importancia en la época romana ya que, debido a su ubicación estratégica en la ruta hacia Córdoba y su proximidad a Calatrava la Vieja, se convirtió en un importante cruce de caminos. Su cercanía al Camino Real hacia Toledo, que en parte sigue el trazado de antiguas vías romanas, le otorgó una relevancia considerable como punto de paso y parada para viajeros. Esta ubicación estratégica la vincula a antiguas rutas romanas que conectaban importantes ciudades de la península ibérica. La presencia de estas antiguas vías romanas y la existencia de posibles "villae" romanas en la zona circundante también respaldan la idea de que Peralvillo tuvo una importancia estratégica durante la época romana.

Peralvillo muy concretamente, por su emplazamiento privilegiado junto a un ramal de la calzada romana que unió Gades y Corduba con Toletum, tuvo que ser lugar de intenso tránsito durante siglos, al igual que escenario de diferentes batallas. Nos lo confirman esas ruinas, a media legua de la aldea, de los llamados «Baños, o Hervideros del Emperador», y del Molino del mismo nombre, en pleno Guadiana.  La presencia de dos cañadas ganaderas que cruzan de norte a sur el anejo de Peralvillo, especialmente la que atraviesa el mismo Peralvillo, sugiere que estas vías podrían haber sido utilizadas en la época de la dominación romana. La persistencia del nombre camino de la plata refuerza esta hipótesis. Aunque no se puede descartar la posibilidad de que la vía principal entre Toledo y Córdoba pasara por Calatrava la Vieja, es probable que existiera una desviación que pasaba por Peralvillo, dado que la ruta no pudo ser única a lo largo de tantos siglos. La antigüedad de Peralvillo en la época romana se ve reforzada por su ubicación estratégica en el camino hacia Córdoba y su proximidad a Calatrava la Vieja. Además, se cree que en la zona existieron baños y hervideros naturales, que dieron lugar a un balneario que hoy se encuentra sumergido bajo las aguas del Guadiana, en la cola del Pantano del Vicario. (Pepe Romagosa en “Esbozo histórico-geográfico de Peralvillo, reflexiones sobre su vinculación quijotesca y su proyección hacia el futuro)

La época medieval marcó un período crucial en la historia de Peralvillo, transformando este enclave en un punto estratégico y de significativa relevancia en la región de La Mancha.

Según Ocaña barba, en el siglo XIV se produjeron varios litigios de la Orden de Calatrava con Villa Real, siendo su punto de mayor dureza la batalla de Malas Tardes en 1323, tras la cual el rey mandó arrasar Miguelturra, Peralvillo y Benavente. Tras esta batalla Miguelturra y Peralvillo (por aquel entonces, poblaciones independientes) pierden su entidad jurídica como villas y se anexionan a Villa Real, suponiendo un continuo conflicto entre los habitantes de Miguelturra y Villa Real. Esta situación perduró hasta 1329, fecha en la que el rey Alfonso XI adquirió la mayoría de edad y dotó, de nuevo, a Miguelturra de su fuero y término jurisdiccional. Los conflictos entre ambas poblaciones continuaron los años posteriores. Fue en 1367, debido a la segunda carta de privilegios concedidos a Miguelturra tras su Carta Puebla, cuando Peralvillo se anexiona a Miguelturra como concesión tras la pérdida por parte de Miguelturra del territorio de la Atalaya. Esta decisión estratégica consolidó el control de la Orden sobre el territorio y amplió el término municipal de Miguelturra, marcando un punto de inflexión en la historia de ambos lugares, uniendo sus destinos y creando una unidad administrativa que ha perdurado hasta nuestros días.

La Orden de Calatrava, con su poder e influencia, desempeñó un papel fundamental en la configuración de Peralvillo durante este período en el que funcionaba como un cortijo fortificado, una estructura típica de la época que servía como centro de producción agrícola y ganadera, a la vez que ofrecía protección, pues tenía una función defensiva y de control del territorio. Estos cortijos fortificados eran esenciales en la organización territorial y económica de la región.

Peralvillo tenía una muralla medieval. Dentro debería estar el cortijo de Peralvillo. En el año 1306 aparece mencionada por primera vez la aldea de «Per Alviello» (Peralvillo) como antiguo cortijo fortificado situado en terrenos baldíos de la Orden de Calatrava y dependiente, por tanto, desde la Reconquista, o más concretamente desde la victoria cristiana en las Navas de Tolosa, en 1212, de Calatrava la Vieja. Vuelve a hablarse del cortijo de Per Alviello en las crónicas del incendio y ocupación de los que fue objeto por fuerzas de Ciudad Real, en 1323; y poco más tarde, en 1329, con ocasión de la devolución de Per Alviello, con todo su término, a la Orden de Calatrava, por decisión de Alfonso XI. Finalmente, hay constancia de que en 1383 este término y su cortijo, junto con las dehesas del Corralejo y de las Navas de Ucenda, con todos sus términos, es donado al concejo de Miguelturra. (Pepe Romagosa en “Esbozo histórico-geográfico de Peralvillo, reflexiones sobre su vinculación quijotesca y su proyección hacia el futuro).

Existe un documento en el que se puede apreciar cómo era el cortijo. Se trata de la donación de una casa del Maestre Garci López de Padilla a Miguel Pérez de Miguelturra en 1306. A cambio debería hacer un cortijo con las siguientes características: cimiento de cal, arena y piedra que sobresaliese del nivel del terreno; sobre dicha base debe descansar una pared de tapial o tierra batida con 7 tapias de altura y por encima un pretil con sus almenas correspondientes; en el interior contaría con un andamio a la altura de la base del pretil por todo el perímetro. El edificio del cortijo tenía una estructura cuadrada, debiendo tener en cada una de sus “quadras” (paredes laterales) una longitud de 10 tapias. También debería tener una torre añadida al cortijo y que debía ser ciega (sin aberturas) hasta la altura del cortijo y con dos cuerpos. (Villegas)

Hacia 1329 seguía siendo un cortijo fortificado y en los litigios sobre leñas entre la Orden de Calatrava y Ciudad Real fue incendiado y ocupado varias veces por los vecinos de Ciudad Real. (Ocaña barba).

En la actualidad, a través de un trabajo de campo realizado por José Nieto con la ayuda de Fidela y el propietario de la casa donde pudo estar situado, José Luis Gutiérrez Gallardo, se puede concluir que el Cortijo de Peralvillo se situaba a unos diez metros de la carretera nacional 401 de Ciudad Real a Toledo. Viendo el espacio urbanizado y zonas libres de edificaciones, existe una superficie de unos mil metros cuadrados. Se deduce que el cortijo ocuparía un espacio dentro de dicha superficie. En el interior de estos inmuebles y hace unos 60 años, se encontraba un resto de edificación de dimensiones considerables donde los chicos del lugar se encaramaban jugando en el amplio corralón. A este resto de muralla o contrafuerte lo han venido llamando los lugareños "peñón". Su composición y dureza era de cal arena y piedras de diferentes tamaños en la parte de los cimientos que deberían sobresalir del terreno. En la parte norte del mencionado solar existía un pozo y pilancón posiblemente para los ganados y mulas de los gañanes. Dicho pozo estaba a ras del suelo sin brocal y lo llamaban pozo de la posadilla. Añadir que el espacio ocupado por el cortijo hacía fachada con la carretera, ocupando por esa razón un lugar estratégico de cara al control de la zona.

Ya en el siglo XV Peralvillo, cuya situación en el camino real le proporcionaba una importancia añadida al ser lugar de paso de mercaderes y viajeros y muy propicio para cometer robos y otros delitos más graves, adquirió notoriedad como lugar de ajusticiamiento de la Santa Hermandad. Tras ser apresados los delincuentes por los cuadrilleros de la Santa Hermandad eran suspendidos y asaeteados hasta su muerte, dejando los cadáveres expuestos con objetivos pedagógicos; efectivamente, debía ser una gran advertencia para los viajeros del Camino Real hacia Toledo. Este macabro papel le otorgó a Peralvillo una reputación sombría y lo convirtió en un punto de referencia en las narrativas de la época, incluso siendo mencionado en el Quijote. Mención que hace en el capítulo XLI de la II Parte, cuando en el jardín del Palacio de los Duques están preparando a Sancho para su vuelo imaginario, que el pobre Sancho piensa que será real, sobre Clavileño, el célebre caballo de madera. Mientras le aúpan sobre Clavileño y le ponen la venda en los ojos, el pobre Sancho exclama, muerto de miedo: “¡qué mucho que tema no ande por aquí alguna región de diablos que den con nosotros en Peralvillo!”. Porque “dar en Peralvillo”, es decir, acabar los días de uno en Peralvillo, en el lenguaje de la época, equivalía a acabar pero que muy mal.

En el célebre “Tesoro de la lengua castellana”, de Sebastián de Covarrubias, se define a Peralvillo como “un pago junto a Ciudad Real, adonde la Santa Hermandad hace justicia a los delincuentes con la pena de saetas”. Las ejecuciones se realizaban en el “cerro de las horcas”, también llamado “de los palos”, a medio kilómetro más o menos de la aldea, yendo hacia el Piélago, en el que la Santa Hermandad, precursora de la actual Guardia Civil, cumplió durante siglos el triste oficio de ejecutar a los reos de graves crímenes y delitos. Cercano a este monte, en lo que entonces era la desembocadura del río Bañuelos, se encontraba el Arca de los ladrones, que venía a ser un osario donde La Cofradía de la Caridad se ocupaba de sepultar los restos de los ajusticiados.

Peralvillo, como lugar de ejecuciones, traspasó fronteras. Cuando en Perú se produjo, en el siglo XVI, una explosión de bandolerismo que asolaba campos y caminos, el Rey dispuso que se enviara un destacamento de la Santa Hermandad de Ciudad Real a aquel Virreinato para ayudar a fundar lo que pronto sería la Santa Hermandad de Lima. Pues bien, el lugar que se eligió para llevar a cabo las ejecuciones, era una loma junto al Camino Real que estaba situada a unas dos leguas al Norte de Lima. Y a aquel sitio se le dio el nombre, que aún conserva en nuestros días, de Peralvillo, en memoria del célebre lugar de ejecuciones allá en la Mancha, en la lejana España. Actualmente el Peralvillo de Perú está enclavado en el distrito de Chancay, provincia de Huaral, Departamento de Lima.

Tal y como podemos leer en el Diario Lanza el 14.01.1954 Peralvillo, como lugar de ejecución, se extendió en el tiempo: “A la vez de comunicar la sentencia al penado, le proporcionaban los auxilios espirituales pertinentes y quedaba recluido en capilla por tres días, al cabo de los cuales se organizaba, a la puerta de la prisión, tétrica comitiva para acompañarlo a las horcas de Peralvillo, en viaje postrero. Precedía la Cofradía de Caridad con el Cristo de las estaquillas (desde 1515, poseía privilegio de ir en los actos religiosos públicos, tras la Cruz parroquial de San Pedro); seguían a caballo, cuadrilleros y ballesteros, asalariados por el Tribunal para este cometido, con flechas y arcos y vestidos verdes. Más detrás, iba el condenado rodeado de religiosos exhortantes. El cortejo lo cerraban como encargado del reo, el cuadrillero Mayor, con estandarte verde, y, a su lado, un escribano y por último, el alcalde. En la puerta de la prisión y por las calles, de trecho en trecho, pregonaban el delito y la pena. Al llegar a la Puerta de Toledo se trasladaban, seguidamente, a Peralvillo, donde estaba el cadalso delante de una tienda de campaña. Allí, al otro lado de una mesa cubierta de verde, con un Crucifijo y una escribanía, se situaba el Tribunal. Leída la sentencia y hecho el postrer pregón, se daba garrote al delincuente, le clavaban las trece saetas de ordenanza y abandonado quedaba su cadáver y pendiente del patíbulo. El 23 de mayo de 1776 “dieron pena capital de orca a Juanazo y a Covadonga, en Peralvillo, por el Tribunal de la Santa Hermandad Real y Vieja”. En 1783 “fue condenado a pena de orca, ejecutada en aquel tiempo por la Villa de Almagro, el tío Ribera, monedero falso”. El 1799, “el día 17 de julio, sufrió la pena ordinaria de orca un reo de la Villa de Camuñas preso por el Tribunal de la Santa Hermandad Real y Vieja; llamado Francisco Gómez”. En 1803, “el siete de marzo ahorcaron a Fernando Pinilla, en Peralvillo”. Cerca de las horcas había un arca de piedra y sobre ella, una losa con una ventanilla, en el centro, por donde los pasajeros piadosos o los hermanos de la Caridad, arrojaban al interior los huesos de los que perecieron, con lo cual lucraban las indulgencias concedidas a la Santa Hermandad por bulas Papales. En unos de los lados del arca, se elevaba una gran Cruz de hierro. De este modo, las horcas de la Santa Hermandad, sitas en una loma de la aldea de Peralvillo, al lado derecho de la carretera que nos lleva a Toledo, alcanzaron, al correr de los siglos, su fama terrible. Ya todo desapareció menos el nombre…”

Ya en el siglo XIX adquirieron notoriedad en la zona los Hervidero del Emperador o Baños del Trujillo, situados entre las ruinas de los molinos harineros «del Emperador» y de «Malvecinos». Estos baños y molinos tienen, según algunas teorías, origen romano y sufrieron a lo largo del tiempo considerables daños por las frecuentes avenidas del río, aunque también existe la teoría de que se llaman así por el emperador Alfonso Vll que tenía tierras en esta zona. El balneario fue reconstruido a finales del siglo XIX. El lugar contaba con una zona de hospedaje para los visitantes, que venían de lejos para disfrutar de sus aguas medicinales. Había dos piscinas separadas por sexos, con un coste de 1,5 pesetas por la noche y 1 peseta por el baño. El nombre del balneario se debe a un molino cercano, el Molino del Emperador. Posteriormente, la familia Trujillo adquirió el lugar en la segunda década del siglo XX, pero la explotación del balneario no fue exitosa y terminó por abandonarse.

El 26 de junio de 1927 se inauguró el Puente de Hierro de Peralvillo, construido sobre la antigua vía del tren Madrid-Ciudad Real. La operación resultó complicada puesto que se realizó sin interrumpir el tráfico ferroviario. Fue construido e instalado por la Maquinista Terrestre y Marítima y las obras duraron diez meses invirtiéndose en la parte metálica más de 500 toneladas de hierro, siendo el coste total de 1.200.000 pesetas. En cuanto a sus características, se trata de un puente abovedado que descansa en diez aparatos de rodillo sobre los estribos y tres fuertes pilares de mampostería. Además, su ficha técnica el artículo incluye datos como su longitud, cuatro tramos (dos de 55,74 metros y dos de 53,28) que suman un total de 218,04 metros; o su altura que es de 4,820 m. desde el nivel del suelo a la parte baja del tablero (Federico Valero BIM 04.2005).

Tras la llegada del AVE a Ciudad Real en 1992, el puente quedó en desuso, pero hoy en día es un lugar popular para ciclistas y peatones que disfrutan de la zona. Con una longitud de 218 metros, 5 metros de altura y un peso de 500 toneladas, el puente que se encuentra en el sendero GR-114 (camino natural del Guadiana), el Camino de Santiago Manchego y la Ruta de Don Quijote es una impresionante muestra de la ingeniería del siglo XX.

Con el tiempo, el paisaje de Peralvillo se transformó debido a la construcción del Pantano del Vicario, que inundó parte de la zona, incluyendo un antiguo balneario de aguas termales. Este cambio radical alteró la fisonomía del lugar y dejó bajo el agua parte de su historia.

En cuanto su patrimonio, destaca la Ermita de San Marcos; pequeña ermita de una sola nave de tipología popular con espadaña y arco de medio punto en la fachada y en los laterales toscos contrafuertes cilíndricos y prismáticos. Fue construida en el siglo XVIII conforme a un estilo sencillo y rural destacando su gran espadaña coronada por un nido de cigüeñas.

Aunque su pasado histórico sigue presente en la memoria colectiva, Peralvillo ha sabido adaptarse a los tiempos modernos y ofrece a sus visitantes un entorno natural privilegiado con una importante reserva protegida de aves acuáticas ubicada en uno de los humedales más importantes de la región y que, junto a su vegetación eminentemente autóctona y sus oquedades fluviales, campos y sierras, constituye un espacio con una sorprendente variedad de recursos naturales; resultando ser un lugar tranquilo y pintoresco, rodeado de campos de cultivo y con el Pantano del Vicario como telón de fondo.

DESASTRES METEOROLÓGICOS EN MIGUELTURRA A FINALES DEL SIGLO XIX Y PRINCIPIOS DEL SIGLO XX

 

Los fenómenos meteorológicos adversos son una constante en nuestra actualidad, con eventos extremos cada vez más frecuentes e intensos que nos recuerdan nuestra vulnerabilidad ante la fuerza de la naturaleza. Inundaciones devastadoras, olas de calor asfixiantes y tormentas violentas nos azotan generando pérdidas humanas y materiales incalculables. Ante este panorama, es fácil pensar que nos enfrentamos a un desafío sin precedentes, una consecuencia directa del cambio climático global. Sin embargo, ¿es esta percepción completamente precisa? ¿O acaso nuestros antepasados también lidiaron con desafíos similares en un contexto diferente?

Con este artículo propongo dejar constancia de una serie de ejemplos de este tipo de fenómenos ocurridos en Miguelturra, la gran mayoría en época estival, y que fueron recogidos por la prensa a finales del siglo XIX y principios del XX describiendo la devastación que produjeron:

-          Temporal del mes de diciembre de 1860: “Continuamos recibiendo noticias de los estragos causados por el temporal. Las inundaciones son generales. Las aguas, que tienen a Madrid casi incomunicado con el resto de España, han causado grandes destrozos en las vías férreas. En Miguelturra, las inundaciones han sido terribles y ha habido que salvar a las familias en carros y caballerías. Afortunadamente no hay que lamentar desgracias personales. Se socorre con dinero a las familias pobres.” (La Época 28.12.1860)

-          Granizada del lunes 23 de mayo de 1864: “descargó sobre el pueblo de Miguelturra y su término una granizada tal, que en pocos momentos destruyó los sembrados y ocasionó grandes daños en los árboles. El ayuntamiento de aquel pueblo estaba formando el oportuno expediente para que a los labradores se les hiciera alguna gracia por el gobierno en sus cupos de contribución.” (El Contemporáneo 28.05.1864)

-          Pedrisco del 20 de agosto de 1884 en la zona del Campo de Calatrava: “Los viñedos y olivares que se habían librado de los estragos de la paga de langosta fueron completamente destruidos, en términos que las cepas quedaron limpias por completo de pámpanos. La piedra era tan gruesa, y caía en tal cantidad, que muchos vecinos de Ballesteros, el Villar y otros pueblos sufrieron contusiones de importancia al salir aterrorizados en sus casas en la creencia de que éstas se derrumbaban por efecto de la piedra y el viento. La cosecha de patatas, que en aquella comarca representa una riqueza de muchos millones, ha desaparecido por completo, parte destruida por la langosta, parte por una enfermedad de las plantas, que no se acierta a combatir, y el resto por la nube del día 20. Imposible es describir el pánico y abatimiento que se ha apoderado de los manchegos, en vista de la ruina completa en que los dejan las diversas calamidades que afluyen a aquella rica provincia. Los términos municipales donde el pedrisco ha causado daños de más importancia son Ballesteros, Miguelturra, Manzanares. Almagro, Pozuelo, La Cañada, Villar del Pozo, Poblete y el Corral. También han sufrido bastante Ciudad Real, Carrión. Torralba, Bolaños y Daimiel.” (El Áncora 28.08.1884)

-          Tormenta del 2 de agosto de 1885: “La tormenta que se dejó sentir en Ciudad Real el domingo anterior, causó grandes destrozos en muchos puntos de aquel término, pero principalmente en la Poblachuela, en donde la piedra arrasó casi por completo aquellas hermosas huertas. También sabemos que ha hecho grandes destrozos en El Campillo, La Barraca, La Celada, Las Casas, Sancho Rey, parte de Santa María y Las Navas de Miguelturra, calculándose las pérdidas en muchos mites de duros.” (La Correspondencia de España 04.08.1885)

-          Temporal de septiembre de 1902: “En Miguelturra se ha desprendido el fruto de los olivos, habiendo quedado enterrados centenares de fanegas de aceituna. En tal estado se encuentra este preciado fruto, que no se podrá utilizar ni para la fabricación de aceite industrial. Existe el propósito de convocar a los vecindarios de los pueblos que han experimentado perjuicios a una reunión magna para impetrar del Gobierno auxilios y la reparación de los daños que se han originado. (La Correspondencia de España 12.09.1902)

-          Tormenta del 22 de septiembre de 1908: “Ayer descargó en este término municipal una tormenta que destrozó en gran parte la cosecha de uva y aceituna. Los olivos se ven con el fruto en el suelo como si estuvieran vareados; las cepas en su mayor parte han quedado sin pámpano y la uva hecha polvo. Las huertas de patatas, unas destrozadas por la piedra y otras secándose por causa de la epidemia que aquí llaman arenilla.” (Crónica de Vinos y Cereales 23.09.1908)

-          Tormenta eléctrica del mes de junio de 1912: “Ha descargado una formidable tormenta acompañada de grandes truenos. Un rayo mató en el campo a una vecina de Miguelturra, Argimira Pardo, de 26 años de edad. La infeliz se hallaba buscando malvas para venderlas en la ciudad, con lo cual ganaba el sustento de su familia. Deja dos niños de corta edad. Un individuo, Higinio Arenal, que se hallaba con ella al caer la chispa eléctrica, sufrió síntomas de asfixia, pero pudo salvarse.” (El Pueblo 04.06.1911).

Conociendo los fenómenos actuales y los estragos que causan con todos los avances que poseemos, resulta espeluznante pensar qué pudieron suponer para las gentes que moraban nuestras tierras este tipo de fenómenos hace más de 100 años, teniendo en cuenta que afectaban directamente a su principal medio de subsistencia: la agricultura. Y todo ello en un marco en el que raro era el año en el que los cultivos no se veían afectados, además, por grandes sequías o terribles plagas como la de la langosta.

Fuente de la imagen:

Boletín del Instituto Central Meteorológico (08.09.1902)

EN BUSCA DE LA ENCOMIENDA DE MEMBRILLA

 

Artículo publicado en el número 5 de la Revista de Investigación Malastardes de la Asociación Cultural Malastardes. Septiembre de 2024.

Realizado junto a José Nieto González.


1.- El campo de la Membrilla

El campo de la Membrilla fue una extensa zona que pudo alcanzar hasta las 5000 has (1) y que estaba situado entre los actuales términos de Torralba de Calatrava, Almagro, Pozuelo de Calatrava y Miguelturra. Hasta nuestros días han llegado zonas, fincas y caminos que se denominan así, como de la Membrilla o su diminutivo, la Membrilleja todas ellas cercanas a lo que conocemos actualmente como Las Cañadas. Durante la Edad Media pudo ser una zona habitada y en ella se pudo albergar una encomienda, con una ermita o parroquia y una fortificación.

1.1.- Etimología

El origen del nombre de la Membrilla puede estar relacionado con una característica de la topografía del lugar y podría encontrarse en una derivación del término latino «mammula», diminutivo de «mamma», con el significado de pequeña colina o, más literalmente, de «teta pequeña», como expone Martínez Ruíz para su explicación del topónimo burgalés «Mambrilla». Asimismo, el Diccionario de la Lengua sigue recogiendo actualmente entre sus acepciones el término «Mambla», en femenino, con el significado de «montecillo en forma de teta de mujer» o mota. (2)

Si, desde el lugar donde están situadas las ruinas de lo que pudo ser el eje principal de la Encomienda, observamos en dirección noroeste el Monte Cayo, podremos ver que esta elevación tiene esa forma descrita. 

1.2.- Origen

La llanura que se extiende por el territorio de la Membrilla tiene su origen en el relleno de una cuenca sedimentaria y los materiales más antiguos que afloran a la superficie corresponden a los situados en las Cañadas, San Isidro y Sierra Lucía (volcán situado al sur y al que está adosado un maar u hoya), datados en la Era Primaria o Paleozoica, en concreto dentro del periodo Ordovícico (unos trescientos cincuenta millones de años), momento en el que se produce la acumulación de abundantes materiales, principalmente arenas y arcillas. En las partes más altas encontramos las cuarcitas armoricanas, de tonos blanquecino, con espesores de 200/300m. con una apariencia externa de crestas de barras rocosas, siendo las responsables de las mayores elevaciones de la zona. (3)

El Campo de la Membrilla, al igual que toda la provincia de Ciudad Real, destacó por la abundancia de asentamientos del Paleolítico Medio, con población correspondiente al hombre de neandertal que se expandió proliferando por lugares pantanosos, hoyas, arroyos, zonas encharcadas y lagunas.

En esta zona hay multitud de topónimos, que nos ofrecen una antigüedad contrastada, incluso del Bronce de la Mancha. En la zona se han localizado restos de cerámica sigillata hispánica, al igual que una posible villa romana en la zona perimetral. 

1.3.- Características físicas

Como hemos apuntado, la zona se encuentra en las cercanías de Las Cañadas, donde está situado el Monte Cayo. Al sur de éste se aprecian restos de ruina, en una cota de 666 metros. Al norte está el cerro de los Castillejos y a la derecha, tenemos la Minilla.

Entre los recursos hídricos, además de lagunas y un maar, está documentada la existencia de un arroyo, el Arroyo de la Membrilla, situado en la linde entre Almagro y Torralba: “e dende va por los mojones e padrones que fiso faser el dicho tenient Pedro de Fontiveros, fasta dar en el arroyo de la Membrilla”. “Otro ejemplo es la casa e Quintería de Alonso Lópes Cannizares que se encontraba cerca del Arroyo de Membrilla, en el límite del término de Almagro”. Dicha quintería se menciona en un amojonamiento realizado de una propiedad de la encomienda del Pozuelo. (4)

1.4.- Flora

Aunque en su origen pudo tener una vegetación típica de los hielos: coníferas, sabinas, enebros, robles, etc., la vegetación actual corresponde al monte mediterráneo, existiendo principalmente dos tipos de suelos que son los que determinan el tipo de vegetación que ha existido y existe: suelos cuarcíticos (Las Cañadas, Cabezuelas, Sierra Lucía y San Isidro) y suelos calizos correspondientes a las llanuras cultivadas. También están presentes los suelos volcánicos en forma de cabezos y maares.  

El principal tipo de vegetación de la zona corresponde al encinar, conservándose dicho paisaje en Sierra Lucía, Cabezuelas y zonas aledañas de la llanura. Estos lugares se han conservado a pesar de la ganadería secular y la extracción de leña y otras acciones naturales y humanas, aunque en él no se muestra la máxima expresión del monte mediterráneo cuyo proceso de progresión no ha concluido en su plenitud. (5)

1.5.- Fauna

Refiriéndonos a la fauna, hace unas pocas centurias Alfonso XI, conocía estos territorios para la caza de osos y puercos. 

En la zona existieron especies como lobos, jabalíes, ciervos, linces e incluso osos pardos desplazados de las sierras de Picón y Piedrabuena (Alfonso XI, conocía estos territorios para la caza de osos y puercos), gatos monteses, meloncillos, zorros, etc. En los cielos, se veían las aves como buitres, águilas que aún se pueden observar en la actualidad.

Un dato a tener en cuenta es que en esta área es frecuente la aparición de restos de ictiofauna. (5)

1.6.- Vías de comunicación

Por el Campo de la Membrilla transcurría la calzada romana de Toledo a Cástulo como eje principal conectando a su vez, con un entramado de ramales articulando el territorio de los diferentes poblados (4).

Entre 1217 y 1221 el convento principal de los calatravos y residencia del maestre fue trasladado a un nuevo emplazamiento más meridional, situado probablemente en la fortaleza de Dueñas o en sus inmediaciones, pero en cualquier caso ubicada frente al castillo de Salvatierra, que permanecía todavía bajo dominio musulmán. El lugar sería conocido a partir de entonces con el nombre de Calatrava la Nueva, mientras que la primitiva sede tomaría el nombre de Calatrava la Vieja. (6)

Según el mapa de vías pecuarias se puede marcar una ruta entre las dos calatravas, con un primer tramo entre Carrión y Pozuelo. Desde Carrión y hacia el sur está el camino llamado de la Membrilla (pasa muy cerca de la que pudo ser la edificación principal de la encomienda) que continúa hasta el camino antiguo que llega a Pozuelo. Este camino se utilizó como calzada militar, comercial y ganadera. A principios del siglo XVI aún tenía actividad como nos demuestra López-Salazar: “La noche del 26 de marzo de 1516, unos carreteros de Badajoz metieron en la dehesa de la Membrilleja, propiedad de la Mesa Maestral, 136 bueyes; el guarda de la finca efectuó diversas prendas y a la mañana siguiente intervino la justicia ordinaria de Pozuelo que detuvo a los carreteros. El mismo día, Luis de Guillamas, tesorero de la Mesa, se querelló criminalmente contra ellos ante el gobernador del Campo de Calatrava. Y todo esto a pesar de los privilegios que tenía la cabaña de carreteros”. Este documento demuestra que la zona era territorio de importancia a nivel del movimiento ganadero en esa época y que los caminos deberían estar en buen estado pues, en caso contrario, sería imposible el tránsito de carretas.

2.- La Encomienda de Membrilla

Una vez establecidas las características del campo de la Membrilla en la Edad Media, analicemos si pudo existir en él una encomienda, la Encomienda de la Membrilla, transcribiendo y analizando la información que nos han ido aportando diversos investigadores, así como nuestras conclusiones teniendo en cuenta estas aportaciones y tras haber reconocido el terreno en persona. 

2.1.- Introducción 

Una encomienda era una institución de carácter feudal, que establecía servidumbre a los señores a cambio de protección para los siervos. En concreto, con respecto a las órdenes militares, eran el espacio y rentas que otorgaban a un comendador, caballero de hábito que había recibido la más alta distinción dentro de su orden. Los maestres de la Orden de Calatrava dieron territorios con rentas tanto en dinero como en tierras y edificios a sus caballeros para el buen gobierno y administración del territorio de la Orden, a modo de merced, y con el objetivo originario de repoblar el territorio. Los comendadores, además del cobro y gestión de determinados impuestos del territorio asignado, tenían la obligación de reglamentar la vida y trabajo de las personas que habitan en los municipios que caen en su jurisdicción, con atribuciones sobre el gobierno municipal.

Los elementos significativos de una encomienda son: una fortaleza o casa fuerte, que es la cabeza que le da nombre, y es el asiento de ella; un territorio, del que obtiene las rentas necesarias para sustentar las actividades militares y religiosas de la Orden y un comendador, un freire caballero de la Orden, nombrado por el Maestre, con carácter vitalicio, que tiene la autoridad en la encomienda. (7)

2.2.- Datos ofrecidos por distintos investigadores:

Ocaña Barba se muestra partidario de la existencia de la Encomienda de la Membrilla afirmando que “en 1230, fecha de la Carta Puebla de Miguelturra, el campo de la Membrilla era una población con entidad jurídica. En esta época el Campo de la Membrilla era un “conflictivo paraje” en el que coinciden los términos de Miguelturra, Carrión y, sobre todo, Almagro y Pozuelo. Se trataba de un fortín que jugó un papel importante en el proceso de Reconquista como avanzadilla y origen de una de las primitivas encomiendas de la Orden. La Encomienda de la Membrilla sería una de las más antiguas de las creadas por la Orden de Calatrava, junto a las de Benavente, Caracuel y Guadaleza y es la que mayor e importante presencia tiene en Miguelturra: participa (junto a la Clavería) en las congruas del cura rector de la parroquia de Miguelturra, posee tres sernas (Cruces, Campillo y Cabeza de Juan Obizo), recibe los diezmos (de huertas, colmenas, semillas, legumbres, animales, frutos…), recibe el tercio de diezmo de todos los vecinos de Miguelturra que labre en el campo de Membrilla y también le pertenecen el horno y el zocodover, las primicias del queso, las penas y caloñas y los mostrencos del ganado”. Un dato documental que aporta fue que, en 1347, el comendador de Membrilla suscribió como testigo un documento de la Orden. Con respecto a la fortificación de la Membrilla, afirma que “podría ser las de unas actuales ruinas entre el límite territorial de Almagro y Pozuelo, muy próximo al de Miguelturra. Están situadas al sureste del denominado Monte Cayo muy próximas a éste. En ellas existe también una ermita que podría haber sido en su época la parroquia de la Membrilla.”  (8)

Según Rodríguez-Picavea “a mediados del siglo XIII, la red parroquial de las tierras limítrofes a Calatrava la Vieja había experimentado un cierto crecimiento, existiendo las parroquias de Miguelturra, Membrílla, Carrión y Torralba.” Y nos deja los siguientes datos: Esta encomienda calatrava se encontraba asentada en el siglo XIII en un actual despoblado que se localiza en la intersección de los términos municipales de Miguelturra, Carrión, Torralba, Pozuelo y Almagro, en la zona conocida como la Membrilleja o el Campo de la Membrilla. El lugar existía ya en la primera mitad del siglo XIII, pues en el fuero de Miguelturra de la década de 1230 se documenta como uno de los términos concedidos a esta última población el «camino que va a La Membrilla e parte con Calatrava la Viexa». A mediados del siglo XIII se constata la presencia de su iglesia; en 1254 el cabildo toledano transfirió todas sus competencias sobre la misma, fundamentalmente la tercera parte de la tercia pontifical, a su concanónigo Domingo Pascual. Cuatro años después el deán y el propio cabildo de Toledo arrendaron sus derechos sobre esta parroquia, junto a la tercera parte del portazgo de Calatrava y de la tercia pontifical de Miguelturra y Torralba, a Rodrigo Martínez de Mosquera, arcediano de Calatrava, por 20 maravedís anuales, cantidad que el mismo documento consideraba muy reducida. Tales datos indican por sí solos la existencia de población. Poco después debió constituirse la encomienda de La Membrilla con el objetivo principal de controlar los territorios centrales del Campo de Calatrava, aquellos que se extendían entre la cuenca del Guadiana y el cauce del Jabalón, y en los que sólo había otra encomienda calatrava, la de Almagro, cuya constitución data también de la segunda mitad del siglo XIII. La encomienda permitiría así articular el espacio en favor del poder señorial de la Orden y contrarrestar el territorio de realengo que se acababa de crear en torno a Villa Real, englobando para ello zonas de los actuales términos de Miguelturra, Torralba y, en menor medida, de Carrión, Pozuelo y Almagro. Es posible que la encomienda guardase también relación con el tránsito de las cañadas ganaderas por el Campo de Calatrava, ya que el primero de sus comendadores, don Gutier Pérez, aparece entre los representantes calatravos que acudieron a un juicio con pastores de la Mesta en abril de 1285. A finales del siglo XIII, ya había sido sustituido al frente de la encomienda por Fernando Pérez Collón. (6) 

Por último, Arias Sánchez manifiesta que “esta encomienda ayudaría a articular el poder señorial frente al realengo de Villa Real. Además, y como en los casos anteriores, pudo tener cierta relación con la cabaña ganadera, pues su primer comendador, Don Gutiérrez Pérez, aparece mencionado en el pleito con la Mesta en 1285.” (9)

2.3.- Conclusión 

Actualmente lo que pudo ser la encomienda de la Membrilla está prácticamente irreconocible siendo un espacio geográfico que ha sido alterado en el tiempo por las modificaciones realizadas en los principales caminos de la época y, posteriormente, por la construcción de la vía férrea.

Pero, una vez analizados todos estos testimonios de distintos autores y los distintos datos aportados, podemos concluir que la zona del campo de la Membrilla era idónea para ser poblada, ya que disponía de recursos hídricos (arroyo, ictiofauna y lagunas y maares) y, fundamentalmente, se encontraba en el camino entre Calatrava la Vieja y Calatrava La Nueva, camino muy transitado y donde, además, se crearon otras encomiendas y aldeas como Carrión, Miguelturra o Pozuelo.

Evidentemente existe una relación directa entre vías de comunicación y asentamientos. Y en la zona en época medieval existían estas vías dedicadas al tránsito de ganados, pero sin olvidar su uso para el tráfico comercial y militar.

Igualmente, la Orden de Calatrava, una vez pacificado el territorio y con el fin de promover el poblamiento del territorio, fue creando las encomiendas con el fin de vertebrar la gestión de los maestres y los intereses económicos a través de estos núcleos de población.

Por otro lado, fortalezas, iglesias, aldeas y explotaciones rurales (granja, casa, quintería y cortijo) desempeñaron un papel notable como unidades de articulación espacial en la repoblación del Campo de Calatrava. (6)

Las ruinas descritas por Ocaña Barba bien pudieron ser las de la vivienda o fortificación principal de la Encomienda (según Arias Sánchez el campo de Membrilla se estructuró en torno a una torre o elemento defensivo), es decir, en ellas se encontraba la casa del Comendador, además de las de sus más cercanos colaboradores, así como los establos y la ermita o parroquia de la Membrilla.

Con estos datos, hay indicios suficientes para afirmar que pudo existir la encomienda de la Membrilla localizada en la zona denominada el campo de Membrilla donde coinciden los actuales términos de Miguelturra, Torralba, Almagro y Pozuelo y debió constituirse con el objetivo principal de controlar los territorios centrales del Campo de Calatrava, aquellos que se extendían entre la cuenca del Guadiana y el cauce del Jabalón, y en los que sólo había otra encomienda calatrava, la de Almagro.

Esta Encomienda tendría como núcleo central la fortificación ya descrita, con la ermita que ahora se está reconstruyendo (desconocemos si a lo largo de los últimos años han existido estudios y trabajos arqueológicos y si se habrán sacado conclusiones o ha existido un seguimiento o mínima vigilancia sobre la reciente reconstrucción de la ermita de la encomienda de la Membrilla) pero alrededor existirían viviendas de las personas que dependían de la Encomienda pero que se dedicaban al cultivo de tierras o a la ganadería.

Un dato concluyente es el que existía, según varios documentos la figura del comendador de Membrilla, dato inequívoco de que existió esta encomienda.

3.- El final de la Encomienda de Membrilla

 A mediados del siglo XIV desaparece toda referencia a la Encomienda de la Membrilla en los distintos escritos de la época, pero una zona habitada, no desaparece porque sí, debieron existir unas razones de peso para que eso ocurriera. Las analizamos a continuación.

3.1.- Opinión de los autores

Ocaña Barba nos cuenta que, “en 1368, en la ampliación de fueros (privilegio) de la carta puebla de Miguelturra, en la firma ya no aparece ningún Comendador. Es el propio Maestre el que la firma, a diferencia de la firma de la carta Puebla en la que sí firma el Comendador como la mayor autoridad. A partir de esta fecha, coinciden los autores en que la Encomienda de la Membrilla ya no existe como tal. Precisamente en este privilegio, como compensación a los terrenos concedidos a Villa Real, es donado el término de Peralvillo a Miguelturra. Al consolidarse la repoblación del territorio y perder poder estratégico pierden su razón de ser y va desapareciendo, apostando, en su lugar, por la Encomienda de Pozuelo y por la posición estratégica de Miguelturra al estar junto a Villa Real, marcando el límite del territorio de la Orden de Calatrava. (8)

Una posible causa de la desaparición de la Encomienda de Membrilla según Ocaña Barba sería el desmembramiento, es decir, la división del terreno en parcelas más pequeñas entregadas a distintos propietarios, algo que pudo hacer la Orden de Calatrava por la pérdida de poder estratégico de esa zona, apostando por la Encomienda de Pozuelo porque le venía mejor para sus intereses políticos y estratégicos. Otro posible motivo de este cambio es “la posición estratégica de Miguelturra junto a Villa Real lo que hizo que el Maestre prefiriese ejercer su control exclusivo sobre Miguelturra.” (8)

Rodríguez-Picavea afirma que “La encomienda de La Membrilla sigue documentándose a lo largo del siglo XIV, pero en el siglo XV desapareció y sus rentas fueron absorbidas por el comendador de Pozuelo.” (6)

Mientras, Ciudad Ruiz ofrece otra posible causa de la desaparición de la Encomienda de la Membrilla: el despoblamiento y, como consecuencia, la falta de interés de ese territorio para la orden al no poder obtener impuestos ni beneficios. Incluye la idea de un simple cambio de denominación por la Encomienda de El Pozuelo debido al cambio de residencia del comendador tras la despoblación. Se basa en un escrito de 1489 del maestre García López de Padilla en el que dice: “que la dehesa de la Membrilla no se vende por los maravedíes que debe valer y causa que no se guarda en ella la vecindad que los vecinos solían tener cuando estaba poblada” (10)

3.2.- Conclusión

Como en cualquier acontecimiento histórico, las causas que lo producen son múltiples, nunca una sola, por eso nos inclinamos a pensar que la desaparición de la Encomienda, que no del campo ni de todos sus habitantes, se debió al conjunto de todas ellas. La zona perdió su posición estratégica y, en ella, se inició el despoblamiento por lo que fue perdiendo rentabilidad económica. Además, hay que tener en cuenta otros factores que ocurrieron en la primera mitad del siglo XIV y que pudieron influir en los momentos finales de lo que fue la Encomienda: los conflictos bélicos y las epidemias. Así, sabemos que “en 1328 lucharon el Maestre D. Garcí López de Padilla con los descontentos que acaudillaba Núñez de Prado y vencido y herido aquel, los vencedores entraron a saco la villa de Miguel Turra y la incendiaron” (11). Esta descripción corresponde a lo que conocemos como Batalla de Malas Tardes). Por otro lado, “la epidemia de la peste negra, tras entrar en España en 1348, en 1350 se extendió por La Mancha hasta 1352”. (12)

Es lógico que el fin de la Encomienda como tal se debió producir al desaparecer la figura del Comendador de la Membrilla, seguramente para trasladarse a la Encomienda de Pozuelo (aunque puede existir una incongruencia en este cambio, ya que era un lugar malsano y enfermizo como ocurría con Calatrava la Vieja y Alarcos) y, con él irían su gente más cercana, pero ¿y el resto de habitantes? Seguramente es cierto que, poco a poco, la mayoría optarían por trasladarse a residir a las aldeas más cercanas como Miguelturra o Pozuelo, aldeas de las que pasaron a depender las tierras que conformaron la encomienda, principalmente por seguridad, pero no es descartable que una parte siguieran cuidando sus tierras en el ya campo de la Membrilla.

4.- El campo de Membrilla tras la Encomienda

Hasta nuestros días han llegado diversos topónimos que hacen alusión al campo de la Membrilla (camino de la Membrilla, finca de la Membrilleja…), unas ruinas y poco más. De la época medieval hasta el siglo XIX hay dos referencias muy significativas hacia esta zona. Una de ellas hace alusión a que en las primeras décadas del siglo XVI aparece La Membrilleja como dehesa perteneciente al Colegio de Doncellas Nobles de Toledo, enajenada ya del patrimonio de la Orden (2)

La otra hace referencia a Manuel Ángel Indo que fue “un gran comprador de bienes desamortizados a principios del siglo XIX. En Castilla-La Mancha compró entre 1837 y 1838 una cantidad de 3.809 hectáreas por 1.783.500 reales. El grueso de las compras lo efectúa en el Valle de Alcudia, en Almodóvar del Campo, pero también realiza compras en otras comarcas como el Campo de Calatrava (entre los términos de Carrión, Pozuelo, Miguelturra y Torralba) donde compra las dehesas de Celadilla y del Montecillo (dentro del amplio espacio denominado campo de la Membrilla). Indo no vendió estas fincas, sino que rápidamente las puso en explotación bajo la fórmula clásica del arriendo a terceros. A su muerte en 1850 la mayor parte de sus fincas pasan a su sobrina María de las Bárcenas Indo, hermana de Francisco de las Bárcenas. La Celadilla en Pozuelo, pertenecía en 1853 a Manuel Martínez Indo que bien podría ser por las coincidencias de apellidos, otro sobrino.” (13)

En este dividir y pasar las tierras de unas manos a otras nos encontramos un ejemplo significativo del fin que en su día tuvo esta zona habitada de la Orden de Calatrava que no se mantuvo a lo largo de los años y siglos posteriores.

5.-Epílogo

El objetivo principal de este artículo es llamar la atención sobre todas las construcciones y zonas históricas locales que han desaparecido, están abandonadas o en peligro de desaparecer y ayudar a valorar nuestro patrimonio cercano, que, aparte del valor cultural, histórico o antropológico, podría ayudar a reforzar aspectos económicos relacionados con el turismo.

Fuentes:

1: Estudio histórico-económico-jurídico del Campo de Calatrava /Manuel Corchado Soriano.  -- Ciudad Real: Instituto de Estudios Manchegos, 1982-1984.

2: Celtiberia.net / La Membrilleja: un topónimo del Campo de Calatrava

3: Miguelturra en red, número dos.  Apuntes en reconocimiento al Geoparque Volcanes de Calatrava, reconocido por la Unesco como Global Geopk

4: Frontera, medio ambiente y organización del espacio: de la Cuenca del Guadiana a Sierra Morena (Edad Media). Tesis doctoral de Clara Almagro Vidal.

5: Colaboración de Ramón Nieto González

6:  La villa y la encomienda de Calatrava la Vieja en la Baja Edad Media. La formación del feudalismo en la meseta meridional castellana. Los señoríos de la Orden de Calatrava en los siglos XII XIII. Rodríguez-Picavea

7: La encomienda de Calatrava la Vieja / Juan Rodríguez Jiménez.  -- Miguelturra (Ciudad Real): Luis Rodríguez y Julio Rodríguez,2018 (Artes Gráficas Hermanos Lozano)

8: Miguelturra entre la Edad Media y la Edad Moderna / José Luis Ocaña Barba (BIM febrero a septiembre 1995)

9: Pastos y rebaños en los dominios de las órdenes militares en la mancha, siglos XIII al XV / Beatriz Arias Sánchez. Memoria para optar al grado de doctor.

10: Evolución de la peste negra en la corona de Castilla: nuevos datos para la reconstrucción histórica / David Fernández Sánchez.  

11: Origen, naturaleza y extensión de los derechos de la Mesa Maestral de la Orden de Calatrava / Manuel Danvila.

12: Torralba de Calatrava, estudio de una villa del Campo de Calatrava (1488-1510) / Manuel Ciudad Ruiz. Puertollano (Ciudad Real): C&G, [2006] (Biblioteca Oretana. Colección Historia; 3)

13: Desamortización y cambio social en La Mancha, 1836-1854 / Ángel Ramón del Valle Calzado. -- Ciudad Real: Área de Cultura, Diputación Provincial, 1996. (Biblioteca de autores manchegos; 101)

MIGUELTURRA EN OBRAS LITERARIAS Y PUBLICACIONES - LA SOIRÉE DE LOS SEÑORES DE MACACO DE SEBASTIÁN DE MOBELLÁN

 “En la cuarta plana: «Parece que el célebre y humanitario Sr. de Macaco saldrá electo diputado por unanimidad en el distrito de Miguelturra.»

—Pero Ruperto, ¡si ni sabes dónde está ese pueblo!

—Ahí del mérito.”

Este es el fragmento del relato corto titulado La soirée de los señores de Macaco, escrito por Sebastián de Mobellán en la que aparece el nombre de Miguelturra y lo hace, como ocurre en muchas publicaciones de esa época, con un sentido cómico.


Ruperto Macaco es un comerciante que había estado en Cuba haciendo fortuna (a base de malas artes) y ahora, en Madrid quiere ascender en la escala social durante el reinado de Amadeo I de Saboya. Para ello acuerda con un periodista conocido suyo que publique en su diario que Ruperto Macaco va a donar gran parte de su fortuna para fines humanitarios (algo que no es cierto). Y así lo hace, se inventa un artículo con todo tipo de falsas alabanzas, entre ellas, la que se refiere a su futura elección como diputado por el distrito de Miguelturra. Para publicitar más su candidatura a noble, organizan una cena nocturna (soirée) en la que intentan invitar a la nobleza madrileña. En realidad, no va casi nadie perteneciente a esa nobleza, pero se vuelven a inventar los títulos de las personas presentes y con todas estas estratagemas consigue finalmente que lo nombren marqués. La “moraleja” en este caso no es nada moral (valga la redundancia): se puede conseguir cualquier cosa deseada a base de engaños, trampas, subterfugios y triquiñuelas.

Este relato es uno de los muchos que aparecen en el libro Madrid por dentro y por fuera. Una guía para incautos; publicado y dirigido en 1873 por Eusebio Blasco, autor dramático, poeta, narrador y periodista muy conocido a finales del XIX tanto por sus escritos en el periódico político-satírico Gil Blas, como por ser el fundador de la revista Vida Nueva.

El volumen está compuesto por colaboraciones de hasta 37 literatos, periodistas o autores dramáticos (entre ellos Pérez Galdós) que llegaron a componer un cuadro de cuarenta y seis artículos costumbristas que constituían una guía por los lugares y aspectos más significativos de la capital de España; ofreciendo un interesantísimo fresco de la vida madrileña en el último tercio del XIX, en un tono ligero y periodístico que sobresale por el sentido del humor.

No son muchos los datos que se conocen del autor del artículo en el que menciona a Miguelturra. Su nombre completo es Sebastián Fernández de Mobellán, conde de Casa Fiel. Fue periodista, escritor, funcionario de los ministerios de Estado, Gobernación y Fomento y cónsul español en diversos países. Como periodista trabajó en los periódicos madrileños La Patria (hacia 1850) y La Verdad (1862).

Entre sus obras están Cuestión de Méjico (1857), Sobre la necesidad de reformar y proteger el teatro español (1860), Memorias mejicanas (1862), Teatro Nacional (1864) y Jerusalem: viaje pintoresco, romántico y caprichoso por Grecia, Asia Menor, Tierra Santa ... (1876). También colaboró en las obras Napoleón en España Drama en tres actos y en verso (1856) y la que nos ocupa, Madrid por dentro y por fuera. Guía de forasteros incautos (1873). Además, tiene publicadas cuatro cartas: a Manuel Catalina (1871) a Francisco A. Barbieri (1872) y dos a Juan Eugenio Hartzenbusch (marzo y junio de1872).

Se jubiló en 1891 desconociéndose la fecha de su muerte.

 

Fuentes:

-          Madrid por dentro y por fuera. Guía de forasteros incautos /Eusebio Blasco / Edición de María Ángeles Ayala, Madrid, Editorial Biblioteca Nueva Universidad de Alicante, 2008.

-          Ensayo de un catálogo de periodistas españoles del siglo XIX / Manuel Ossorio Bernard, Madrid, 1903

"MÁSCARAS Y SILENCIOS: EL CARNAVAL DE MIGUELTURRA BAJO LA (NO) MIRADA DE LA PRENSA ESCRITA (1845-1980)”

Texto completo de la conferencia con el mismo título celebrada el 22 de febrero de 2025 perteneciente a las III Jornadas Culturales del Carnaval de Miguelturra.

Consideraciones generales:

- El motivo de elegir estas fechas es porque de 1845 data la primera noticia hasta ahora conocida en la que se menciona el carnaval de Miguelturra en la prensa escrita. En cuanto a 1980 como fecha final es porque en esta fecha, con la implicación del ayuntamiento y su área de cultura (desde abril de 1979 con el primer ayuntamiento democrático encabezado por Román Rivero, siendo Julián Arévalo el concejal de cultura) y la creación de la asociación de Peñas (desde diciembre de 1981), el carnaval va a evolucionar, aun manteniendo su base en la máscara callejera, de un carnaval “anárquico” (salvo los bailes de sociedad en los distintos centros) a un carnaval organizado con elementos que fueron naciendo en esa época y son ya muy conocidos hoy en día como el cartel (1980), los desfiles de piñata (1980), los programas (1981), las máscaras mayores (1981), el rey del carnaval (1982), los pregones (1982), el concurso de fruta en sartén (1984)…

- En cuanto al título la palabra silencio se debe a que, aunque parecen muchas noticias vistas todas juntas, en realidad se producen en más de 130 años, por lo que si hacemos una media son realmente pocas. Y las máscaras porque, como veremos, a pesar de prohibiciones y problemas, nunca dejaron de existir en Miguelturra.

- Las publicaciones periódicas iban dirigidas a un público determinado. Fundamentalmente, y aunque suene a obvio, a personas que sabían leer y que tenían cierta capacidad adquisitiva para poder comprar los periódicos. Es de sobra conocido que durante el siglo XIX y gran parte del siglo XX, en general, la cultura y la educación estaban reservadas a una parte de la sociedad, la que tenía cierta riqueza. El analfabetismo alcanzaba unas cotas extremas que, con el paso de los años, ya muy metidos en el siglo XX, fueron disminuyendo. Para hacernos una idea, según refleja Domingo Clemente en su “Guía de Ciudad Real", en Ciudad Real capital el 71% de la población era analfabeta en 1869, cifra que en las poblaciones rurales alcanzaba al 85% de la población; en 1900 aún lo era el 60% o el 40% en 1930, siendo el 15% en 1960 y sobre el 8% en 1980.  Por lo tanto, durante gran parte de todos estos años que nos ocupan la lectura de los periódicos estaba reservada a personas de la clase alta y a ellos iban destinadas sus noticias como es lógico. De ahí se puede considerar normal que esas noticias se hicieran eco de, por ejemplo, los bailes la alta sociedad, pero no de las celebraciones del pueblo llano.

- Cada publicación ha tenido y tiene una línea editorial, unos intereses políticos, religiosos, económicos, etc. que reflejan en cada una de sus noticias y editoriales. Como es lógico, también se reflejan en las publicaciones los problemas políticos, sociales y culturales de cada época.

- Durante todas las épocas, pero especialmente a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, existieron muchas publicaciones monotemáticas que solamente hablaban de una determinada línea o afiliación política o de determinados oficios como la agricultura, la ganadería, etc. No trataban temas de interés general o de otra índole salvo de lo que les afectaba directamente.

- Por regla general hubo una falta de corresponsales en Miguelturra de las distintas publicaciones provinciales y, especialmente, de las editadas en Ciudad Real capital (con alguna excepción que trataré en su momento), algo que disminuye drásticamente la posibilidad de obtener información de los acontecimientos ocurridos en la localidad, salvo cuestiones trágicas o polémicas y mucho menos de celebraciones festivas de carácter profano como es el carnaval.

El carnaval de Miguelturra en la prensa:

La primera mención conocida hasta la fecha del carnaval de Miguelturra aparece durante el reinado de Isabel II (1833-1868) el 12 de febrero de 1845 en El Católico (1840-1857) que está considerado como el primer periódico de afiliación carlista y, por tanto, de carácter católico militante y representante del absolutismo teocrático. En él, dentro de la crónica religiosa, hace mención a las “Solemnes Cuarenta Horas que se han celebrado en Ciudad Real…  Mientras que los modernos y flamantes españoles se divertían muy a su sabor, en las grandes capitales y en otros pueblos que no son capitales, con los gentílicos y bulliciosos bailes de máscaras, inmundas bacanales etc.”. Como postdata de esta noticia el autor afirma que el jefe político ha instado al vicario eclesiástico para que el orador del primer día en ciudad Real que repitió en Miguelturra el tercer día de carnaval no vuelva a ejercer como tal.

El 27 y 28 de febrero de 1849 aparecen las siguientes noticias conocidas sobre el carnaval churriego en El Clamor Público (1844 – 1864) que fue un periódico progresista de carácter agresivo y polemista, muy enfrentado a los gobiernos moderados. En ambas explican la simulación de un ahorcado como parte de la celebración profana del carnaval en lo que también puede ser un antecedente de “los judas”, con gente disfrazada de frailes, otras de familiares que disimulaban llorar, con toques de tambor y gran asistencia de público, expectación y algarabía general. Por cierto, dice el autor de la noticia que es “costumbre de tiempos seculares” lo que ya puede dar una idea de la antigüedad de este tipo de celebraciones.

Ya dentro del sexenio revolucionario (1868-1878) hay una publicación muy curiosa por su título y que puede inducir a duda. De enero a marzo de 1873 se publicó en Ciudad Real un periódico llamado El Carnaval, su director fue Ceferino Sauco Díez que fundó esta publicación tras licenciarse en farmacia. Luego dirigió también los periódicos La Libertad, El Manchego y El Labriego (periódico de cuya puesta en marcha tuvo la responsabilidad el ilustre miguelturreño Francisco Rivas Moreno). Destacó en la epidemia de cólera de 1885 regalando medicamentos y retirando cadáveres de las calles para darles sepultura y evitar contagios. Luego llegó a ser gobernador civil de varias provincias, diputado y alcalde de Ciudad Real. También fue fundador de la Escuela de Artes y Oficios de Ciudad Real. La duda que surge acerca de esta publicación es sobre su temática (desgraciadamente no he encontrado ningún dato más aparte del título, director y fecha de publicación). En una época en la que abundaban las publicaciones satíricas podría tratarse de una de ellas, pero dadas las fechas de publicación podría ser también referente a la festividad del carnaval. La personalidad y el historial del director en su época de madurez no hace pensar en ninguna de las dos opciones, aunque al ser en su juventud, cualquiera de ellas podría ser válida.

En 1877, el 17 de febrero hay una noticia en La Correspondencia de España (primer periódico que inicia el periodismo de empresa en España como diario vespertino de carácter nacional estrictamente informativo e independiente de los partidos políticos y que se mantuvo entre 1860 y 1925) en la que habla que en Miguelturra hubo carreras de caballos, descabezos y música el miércoles de ceniza, actividades estas ligadas durante muchos años al carnaval.

Durante el reinado de Alfonso XII (1875-1885) no se conoce noticia alguna en prensa sobre el carnaval de Miguelturra, pero si durante el de Alfonso XIII en su minoría de edad (1885-1902). Como curiosidad, en esta ápoca se editaron tres periódicos en Miguelturra, todos ellos especializados en una sola temática, por lo que no se conoce ninguna noticia sobre el carnaval: La Juventud Leal (1888-1892) de ideología carlista, Los Soldados de Cristo (1891) con ideología integrista católica y Heraldo de La Mancha (1899)

El 20 de febrero de 1887 aparece en El Liberal de Alicante (1886 – 1907) una noticia que habla de que en el baile del carnaval del Teatro el Principal hubo “muchas comparsas animadas y divertidas” entre ellas “las de Miguelturra que vestían el traje de amazonas”. No existe ninguna mención más. Cabe interpretar que una comparsa de Miguelturra, por algún motivo, estuvo en el carnaval de Alicante este año.

En 1898, en el periódico La Juventud Torralbeña (1897-1898) que fue un semanario independiente que se imprimía en Ciudad Real y se distribuía en Torralba de Calatrava aparecen dos noticias sobre el carnaval de Miguelturra, el 19 y el 26 de febrero de 1898. En la primera, habla de la preparación de los trajes por parte de las mujeres, de la gran duración de los bailes o del flirteo que se producía bajo las máscaras. En la segunda habla de la poca vistosidad de los bailes que se hacían en el “Centro de la Amistad” y en el “Círculo Liberal”, de las bromas “ingeniosas y chirigoteras” y de la celebración del ya mencionado descabezo. De ambas noticias se extrae que el carnaval estaba muy asentado en Miguelturra y que contaba con gran respaldo popular

En 1913 se publicó en Miguelturra un nuevo diario, Vida Labriega, especializado en el mundo del campo. No se conoce ninguna noticia referente al carnaval publicada en este periódico. 

Pero el diario que asumió el protagonismo en las siguientes etapas históricas, el reinado de Alfonso XIII (1902- 1930) y la Segunda República (1931- 1936) fue El Pueblo Manchego (1911-1937), periódico de mayor difusión provincial de la época que estuvo vinculado desde sus inicios a la jerarquía católica ya que su fundador fue Javier Irastorza Loinaz, secretario del obispo y, desde 1915, sexto Obispo-Prior. En agosto de 1915 pasó a ser propiedad de los hermanos Demetrio y Ricardo Ayala que, en 1920, lo traspasaron al presbítero don Miguel Ruiz que luego sería conocido popularmente como «el cura del Pueblo Manchego». Entrada la II República, en 1932, pasaría a ser gestionado por la Confederación Española de Derechas Autónomas (C.E.D.A.). Incautado por el Frente Popular en julio de 1936, se publicaría sólo un año más.

Es curioso el tira y afloja que tuvo este diario con el carnaval. Por un lado, lo criticó duramente, pero por otro, informaba de los actos y del buen ambiente, en general, con el que se desarrollaba la fiesta profana, especialmente en los bailes de sociedad. Evidentemente las noticias sobre el carnaval religioso fueron más habituales, pero la primera noticia sobre el carnaval profano de Miguelturra aparece en la edición del 4 de marzo de 1911 en la que destaca que el carnaval “ha transcurrido con regular animación y sin incidentes… y armonía en conformidad con la nobleza y sensatez que en estos días caracteriza a este honrado pueblo, hijo del trabajo”. Noticias como esta, y en el mismo sentido, aparecen también en distintas ediciones de los años 1913, 1914, 1917 y 1920, que reflejan la existencia de un carnaval muy vivo.

Durante este tiempo, en el mismo diario aparecen muchas críticas al carnaval, así como solicitudes para que sea prohibido; aunque llama la atención que la mayoría, no es por motivos religiosos, sino por temas políticos: el país está en crisis, la gente pasa hambre, está en guerra con Marruecos y no hay gana de fiestas. Ese argumento lo esgrime en la edición del 30 de enero de 1918 y en la del 4 de febrero del mismo año. La vuelve a repetir el 17 de enero de 1921 (año en el que en Ciudad Real se prohíben las caretas en las vías públicas) o el 4 de febrero de 1922.

Pero el carnaval siguió su curso y antes que, en 1929, durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), se dictara que los días de carnaval pasaban a ser laborales (solo se permitía en los dos domingos), el 24 de febrero de 1928 encontramos una noticia en la que se destaca la animación en Miguelturra en los días del carnaval y nos habla, por primera vez, de la calle Ancha como epicentro del mismo. Eso sí, las máscaras las califica como “de poco gusto y originalidad”, coletilla muy empleada en las publicaciones durante muchos años.

Ya en la época de la Segunda República (1931-1936), en la edición del 7 de marzo de 1935 nos habla del carnaval profano que se ha desarrollado en Miguelturra en el que se vieron “en las calles y plazas máscaras, comparsas, murgas y estudiantinas a granel” y con los bailes que “han superado a otros años en derroche de disfraces y buen humor los celebrados en los Círculos Republicano, Centro de Cultura, salones, Escuela y Circulo Obrero, dándose cita en los salones, artísticamente adornados, lindas y encantadoras muchachas que con sus bromas y risas juveniles nos hicieron pasar horas de grata recordación”. Es llamativo la cantidad de lugares que menciona en los que se desarrollaban bailes y se sigue extrayendo de la noticia la gran participación que mantenían los carnavales.

Destacar que durante esta época existió una publicación, Vida Manchega (1921-1932), que fue una revista literaria e ilustrada en la que se pueden ver muchas imágenes de distintos carnavales de la provincia, pero ninguna del de Miguelturra. Esta ausencia se pueda explicar si leemos el artículo publicado en el número 235 de la revista firmado por su redactor jefe, José Saráchaga y la opinión que tiene del pueblo y, especialmente, de su clase política (Miguelturra en 1919 bajo el prisma del periodista José Saráchaga. Blog El Eco de Miguelturra. Enero 2025).

Como es lógico, durante el periodo de la Guerra Civil (1936-1939) desaparece cualquier noticia sobre el carnaval, a pesar que los miguelturreños se las apañaron para seguir con él, aunque de forma muy particular y restringida como es lógico.

No fue así en la siguiente etapa histórica, la Dictadura de Franco (1939-1975). Bien que intentaron que no se celebraran ya que desde 1937 los carnavales estaban suspendidos y, desde 1940, prohibidos, pero dieron con un hueso difícil de roer.

En esta época el periódico por antonomasia en la provincia fue el diario Lanza (1943- actualidad) que fue fundado el 20 de mayo de 1943 y editado por el Consejo Provincial de Ordenación Económica (en íntima relación con la Jefatura Provincial del Movimiento). En 1951 el jefe provincial de Falange Española Tradicionalista y de las JONS envió una comunicación a la Diputación ofreciendo la propiedad de Lanza a la institución provincial. Desde esa fecha es propiedad de la Diputación Provincial de Ciudad Real. En este traspaso la Diputación tuvo que aceptar firmar un documento en el que se le exigía la línea política, moral y ética que debía seguir; algo que mantuvo hasta la instauración de la democracia.

En tiempos en los que el carnaval estaba prohibido por ley, las primeras noticias publicadas en este diario no podrían ser otras que referentes a esta prohibición. Así, pocos días antes de la celebración del carnaval, y prácticamente todos los años de la dictadura aparecía una nota en la que desde el Gobierno Civil se recordaba esta prohibición: “Suspensión de fiestas y bailes de carnaval” rezaba un titular en la edición del 04/02/1948. Aunque en todas ellas se especificaba que sí que estaban autorizados los bailes “que periódicamente se vienen celebrando en las distintas localidades”, eso sí, debía dar el visto bueno de forma expresa el propio Gobierno Civil. Si pensamos en el tipo de personas que podían permitirse el lujo de ir a esos bailes llegaremos al motivo de su no prohibición.

Además, abundaban en este diario artículos en contra del carnaval, tratando de convencer de todo lo malo que este conllevaba. Son ejemplos el titulado Todo el año es carnaval (11/02/1948) de Miguel García de Mora, la editorial El carnaval (22/01/1953), Ni ñoños ni paganos (30/01/1959) de Carlos María San Martín, ¿Todavía hay carnaval? (31/01/1959) de C.C.G., El eterno carnaval de la vida (19/02/1966) de Carlos María San Martín. El Carnaval (2102/1969) de A.R.J., Carnaval (12/02/1975) de D.N. Ramírez Morales…

La primera noticia sobre el carnaval profano de Miguelturra en el diario Lanza no aparece hasta el 09/02/1951, en un breve artículo junto a la noticia del carnaval religioso en el que se da cuenta que los bailes en el Centro Obrero y en el Casino han resultado “desanimados”, debido al mal tiempo y a los cortes de luz. Recordemos que los bailes si estaban permitidos bajo supervisión del Gobierno Civil. 

Pasarán bastantes años hasta la próxima noticia en este diario sobre el carnaval de Miguelturra, en concreto en 1973, pero unos días antes, Miguelturra y su carnaval fueron mencionados en un diario de ámbito nacional, fue en Pueblo (1940-1984), diario que era propiedad de los sindicatos verticales del régimen y que a finales de la década de los setenta, coincidiendo con la dirección de Emilio Romero, fue uno de los tres periódicos más importantes de la España franquista (tras ABC y La Vanguardia). Fue el 08/03/1973, en primera página y bajo el epígrafe de El Carnaval en la Mancha donde dice: “El Unicornio, el Cerdo, la Muerte, figuras de hoy y del ayer, mezcladas en colorido; máscaras goyescas, a la vez alegres y tremendas, corren estas fiestas del carnaval en numerosos pueblos de la Mancha: Villafranca de los Caballeros, Miguelturra, Malágón, Almadén”. En páginas interiores el reportaje se centra solamente en el carnaval de Herencia. Por cierto, uno de los periodistas enviados fue Jesús María Amilibia que luego, en los años 80, fue muy popular por presentar varios programas en TVE.

En la introducción comenté la ausencia de corresponsales en Miguelturra en los diferentes periódicos con una excepción. Esta excepción se produce en el Lanza donde, desde 1972, ejerce como corresponsal en Miguelturra Félix Abundio García Sánchez. Era funcionario del Ayuntamiento de Miguelturra y su primera crónica, sobre una exposición escolar de alumnos del “XXV Años de Paz” la realizó en la edición del 16 de junio de 1972. Desde 1975 se especializó en las crónicas de los partidos que disputa como local el C.D. Miguelturreño (fundado ese mismo año). Falleció a los 66 años a primeros de agosto de 1984 y su última crónica fue el 5 de junio sobre el partido C.D Miguelturreño – San Fermín, último de la temporada de 1ª Regional Preferente Grupo I con una noticia – rumor que podría ser una bomba: el C.D. Miguelturreño podía ser filial del Manchego la siguiente temporada; afortunadamente nunca se cumplió. Además del fútbol, cubrió otro tipo de noticias locales, la mayoría de índole cultural como actividades del colegio “XX Años de Paz” (luego Pradillo) y noticias que provenían del área de cultura del primer Ayuntamiento democrático cuyo concejal era Julián Arévalo. También publicó, es esta época de dictadura, dos noticias sobre el carnaval, al que mencionaba de un modo muy curioso.

La primera de ellas la encontramos en la edición del diario Lanza del 15/03/1973 y junto a dos fotografías del carnaval y la noticia de la construcción del que sería el complejo del “Jani” habla sobre las “fiestas tradicionales” celebradas recientemente en Miguelturra “coincidentes con las suprimidas del carnaval”. Como decía, es muy curiosa la forma de referirse al carnaval como fiestas tradicionales que sustituyen al carnaval, ya que en Miguelturra nunca he oído utilizar esta denominación. Si, por ejemplo, en el carnaval de Cádiz (se tuvieron que llamar así e incluso, durante bastantes años, cambiar de fecha a mayo para poder disfrutarlo), lugar en el que seguramente se inspiraría el autor para utilizar esa expresión con la única intención de salvar la censura y no tener problemas, porque, evidentemente todo el mundo sabía que hablaba del carnaval. En la noticia destaca que “habían estado animadísimas… concurridas por muchas personas de Ciudad Real y pueblos limítrofes; viéndose por las calles y plazas varias comparsas musicales, ataviadas con trajes mejicanos y, cómo no, también una carroza simulando el programa de televisión Un. dos, tres… Los bailes que se celebraron en el casino y círculo de Artesanos y Obreros, estuvieron concurridísimos, reinando alegría y buen humor… en resumen, han sido unos días de esparcimiento...”

En el año siguiente, el 01/03/1974, Abundio publica otra noticia del carnaval de Miguelturra siguiendo el mismo modelo anterior que tituló: “Con gran brillantez y esplendor se celebraron las fiestas tradicionales”. En ella destaca que el domingo de carnaval apenas había lugar para el estacionamiento de los coches debido a la gran cantidad de personas que se desplazaron desde la capital y pueblos limítrofes. También habla de la gran animación y concurrencia a los bailes del casino y centro Obrero, así como hace un guiño al que, posteriormente, sería nuestro primer rey del carnaval, José Gornés, del que alaba su “euforia y alegre juventud derrochada… por las calles, casinos y bares, siendo un hombre incansable en este tipo de diversiones”

Unos días antes, el 22/02/1974 hay un artículo en el Lanza del escritor y poeta de Campo de Criptana, José González Lara, titulado “El carnaval y la foca” donde, de forma muy sutil, analiza y justifica el carnaval profano. José fue posteriormente el primer pregonero de nuestro carnaval en 1982.

Es bastante obvio que, durante todos estos años de prohibición, en Miguelturra… se siguió celebrando el carnaval, con algún alcalde destituido por permitir la fiesta, con persecuciones a la carrera de máscaras que contaban con la complicidad de los vecinos para escabullirse, con pago de multas, etc., pero el carnaval seguía muy vivo y cada vez contaba con más participación ciudadana. Y esto se conocía en el resto de la provincia, pero en la prensa, debido a la censura dominante, no lo podían decir explícitamente, por lo que lo hacían a través de insinuaciones. En la edición del diario Lanza del 10/03/1949, en una crónica sobre Fuente el Fresno, el autor se alegra que en esa localidad solo se celebró la festividad religiosa “mientras en otros sitios se lanzaban voces de no me conoces”. 

En el año 1966 había nacido un nuevo periódico en Ciudad Real, La Hoja del Lunes (1966-1983) que perteneció al grupo de periódicos editados por las asociaciones de prensa provinciales. En Ciudad Real estuvo dirigida por Cecilio López Pastor y, como su nombre indica, solamente salía los lunes. La mayor parte de la información era deportiva, pero había espacio para otras noticias y editoriales o artículos de opinión. En él hubo varias alusiones al carnaval de Miguelturra, especialmente en una sección titulada “La Plaza del Pilar” firmada por C. (Cecilio López Pastor) en la que, a modo de editorial, comentaba distintas cuestiones de actualidad.

Así, en la edición del   09/02/1970 podemos leer que los jóvenes de Ciudad Real durante los carnavales “se llegaron a otros pueblos donde las reuniones sociales están más animadas … ustedes nos entienden”. En la del 22/02/1971 leemos: “Con febrero ha llegado el carnaval, fiesta que, si en muchos lugares de por aquí ha quedado reducida a los bailes de sociedad, no falta tampoco alguno bien próximo, donde el consabido a que no me conoces es la coletilla para pasar un rato distraído y animado”. En la edición del 14/02/1972 aparece el siguiente texto: “Ayer fue domingo de carnaval. Aquí en Ciudad Real no se notó, pero si en los pueblos próximos donde los jóvenes salieron mañana y tarde para ver las máscaras y participar en los bailes” (aquí ya se reconoce abiertamente la existencia de máscaras). Ya el 17/02/1975, comenta: “Con motivo de la Piñata aún circularon no pocas máscaras por las calles de nuestros pueblos más carnavaleros y hasta algún mascarón, que hicieron pasar un buen rato a los nativos y visitantes que se desplazaron, con el aligüí del no me conoces. Y algunos se trajeron para la capital el cabello un tanto enmarañado y lleno de papelillos…”

Tras la muerte de Franco llegó el periodo de Transición democrática (1976-1982) y con él desapareció la prohibición del carnaval, aunque, oficialmente, continuó estando suprimido hasta 1978 inclusive, año en el que aparece la última nota acerca de esta prohibición en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del 30/01/1978. El carnaval de Miguelturra vive también en este periodo una transición que empezará a tomar forma a partir del carnaval de 1980 con la aparición del primer ayuntamiento democrático (desde abril de 1979) y con la creación de la Asociación de Peñas (diciembre de 1981).

No obstante, las noticias sobre el carnaval de Miguelturra en los primeros años de transición no son muy abundantes.

Veinte mil kilómetros cuadrados (1975-1979) fue una revista trimestral de la Diputación Provincial de Ciudad Real, dirigida por Pedro Peral que trataba temas referidos a la propia Institución y aspectos culturales, históricos y socio-políticos de la provincia. En ella, en la edición de marzo de 1976, hay un artículo firmado de nuevo por nuestro primer pregonero, José González Lara, titulado “El carnaval sin diablo” primero de esta época en el que se nombra al carnaval de Miguelturra junto al de Herencia, manifestando que están “liberados de intención demoniaca”.

En La Hoja del Lunes del 01/03/1976 se vuelve a incidir en la masiva presencia de ciudadrealeños en el carnaval de Miguelturra. El 21/02/1977 menciona el mal tiempo en ese año que redujo la presencia de visitantes en Miguelturra “cuyos carnavales tienen fama por esta comarca”

El diario Lanza en esta época, al privatizarse los llamados medios de comunicación social del Movimiento, quedó como uno de los pocos casos de diarios bajo titularidad pública al seguir dependiendo de la Diputación Provincial, aunque ya liberada de las normas de la época histórica pasada. La primera noticia sobre el carnaval de Miguelturra en la transición aparece en la edición del 04/02/1978 en la que Eduardo Muñoz Martínez (miguelturreño de nacimiento, que ya colaboraba con este diario y que, posteriormente, tomó la corresponsalía de Miguelturra tras el fallecimiento de Abundio) en una sección titulada “Estampas de Miguelturra” publicó un artículo sobre el carnaval bajo el epígrafe de “El alma del carnaval” dedicado a José Gornés. En él, alababa su figura y su persona, mencionaba a dos de sus fieles acompañantes carnavaleros, Herminio Gornés y Félix Ramos, a la calle Paquito León (actual calle Carnaval) como epicentro de la fiesta, destacaba los bailes del Centro Obrero y que el carnaval churriego, tras algunos vaivenes “está llegando otra vez a la cumbre”.

En La Hoja del Lunes del 6 de febrero del mismo 1978, de nuevo en la sección “Plaza del Pilar”, se rememora los antiguos carnavales reconociendo lo que todo el mundo sabía, que habían existido en Miguelturra durante la prohibición y, además, contaban con gran popularidad y participación: “Y aunque el carnaval estuvo prohibido, siguió perviviendo en las últimas décadas en algunos pueblos de la provincia. Bien cerca de la capital, en Miguelturra, se celebraba con gran animación callejera y luego por la noche en los bailes llamados de sociedad...”. Al año siguiente, en 1979, en la edición del 26 de febrero critica la falta de carnaval en Ciudad Real y el “exilio” de sus habitantes al carnaval churriego, reconociendo que “Miguelturra, como siempre, habrá visto sus calles paseadas por numerosos vecinos de la capital en busca de la broma de las máscaras, que allí nunca faltan”.

Conclusión: 

Parafraseando el inicio de los cómics de Astérix “Estamos en el siglo XX después de Jesucristo. En toda España no se celebra el carnaval ¿En toda? ¡No! Un pueblo poblado por irreductibles churriegos resiste, todavía y como siempre, al poder. Y es que desde tiempo inmemorial hubo un pequeño reducto en La Mancha en el que la fiesta del carnaval continuó año tras año sin observar leyes ni mandatos vigentes: Miguelturra.

El carnaval de Miguelturra nace del pueblo y en él siempre ha participado TODO el pueblo, dando igual los colores políticos, el sexo o la religión y la mayor parte de sus habitantes participó y participa como máscara callejera independientemente de los acontecimientos políticos, sociales o culturales que se han ido produciendo en cada época. Además han participado y participan todo tipo de personas, desde las más extrovertidas y dicharacheras hasta las más tímidas e introvertidas.

A pesar de las censuras, las prohibiciones e incluso los silencios de la prensa, las máscaras continuaron su inquebrantable camino por la línea temporal… hasta nuestros días.

El carnaval de Miguelturra también ha sabido ir evolucionando y adaptándose a cada nuevo tiempo. Así, el cambio producido a finales de la década de los setenta e inicios de la de los ochenta del siglo pasado con el impulso desde el ayuntamiento y desde la asociación de peñas del carnaval y trajo como recompensa primero, el nombramiento del carnaval como fiesta de interés turístico regional en 1983, luego el de fiesta de interés costumbrista y cultural en 1984 y, como colofón, el reconocimiento como fiesta de interés turístico nacional en 2018.

Fuentes:

- Ciudad Real y su Prensa: 1811-2021 / Isidro Sánchez. Ciudad Real. Serendipia. 2022

- El carnaval de Miguelturra durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX a través de su impacto en la prensa escrita / Francisco M. Peco. Revista de Investigación Malastardes. Asociación Cultural Malastardes. Septiembre 2023

- Carnaval de Miguelturra (página web oficial de la Asociación de Peñas del Carnaval de Miguelturra)

- Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España

- Biblioteca Virtual de Prensa histórica

- Biblioteca virtual del Centro de Estudios de Castilla La Mancha

- Imágenes: archivo personal y carnavaldemiguelturra.es


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