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HUELLAS DE TINTA Y PAPEL. RADIOGRAFÍA DE LA PRENSA EDITADA EN MIGUELTURRA 1888-1913

Artículo publicado en el Nº 6 de la revista de la Asociación Malastardes de Miguelturra del año 2025.

La prensa escrita en España experimentó una transformación significativa entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, consolidándose como un actor clave en la vida política, social y cultural del país.

En este periodo, debido a los avances tecnológicos en la impresión y a un lento pero constante aumento de la alfabetización, se asistió a un crecimiento notable en la cantidad de periódicos, revistas y semanarios publicados, no solo en las grandes capitales, sino en la gran mayoría de ciudades y pueblos de la geografía nacional. Este aumento del número de publicaciones estuvo acompañado por una gran diversidad temática y de formatos: diarios de información general, periódicos políticos de diferentes ideologías (republicanos, socialistas, carlistas, etc.), prensa satírica, revistas ilustradas, publicaciones especializadas en literatura, arte, oficios, deportes, prensa femenina, etc.

La prensa se convirtió en un importante medio de expresión y difusión de las diferentes corrientes políticas e ideológicas que agitaban la sociedad española de la época. Los periódicos actuaban como portavoces de partidos políticos, sindicatos y otros movimientos sociales y muchos periódicos adoptaron un tono polémico y partidista, incluso dentro del mismo espectro ideológico solían debatir de forma agresiva y combativa.

Por otro lado, se comenzó a profesionalizar la figura del periodista, con la aparición de asociaciones de prensa y una mayor conciencia de la importancia de la ética y la objetividad (aunque esta última no siempre se practicara).

Miguelturra no fue ajeno a este movimiento, más bien al contrario, pues en el periodo comprendido entre los años 1888 y 1913 se llegaron a editar, publicar y difundir hasta cuatro periódicos desde la localidad. Entre las características de estos periódicos tenemos:

- Todos tuvieron una vida breve. El que más se mantuvo activo, La Juventud Leal, no llegó a los tres años de vida.

- No ha llegado ningún ejemplar de ellos hasta nuestra época, pero si se conocen datos de todos a través de referencias que se hicieron en otras publicaciones coetáneas. Al respecto, es muy curioso, por ejemplo, que un periódico editado en Palma de Mallorca se haga eco de un artículo publicado en uno de Miguelturra. Esto era algo muy normal en esa época, básicamente en las publicaciones editadas en provincias y pueblos y se debía a que las redacciones de los periódicos mantenían correspondencia con las de otras a nivel nacional. Esa correspondencia era recíproca y servía para tres cosas: darse a conocer a través de otras publicaciones (que hablaban de lo que había publicado la emisora), intentar ganar suscriptores (existía la suscripción por correo) y tener noticias de lo que publicaban otros diarios para poder rellenar sus propias ediciones alabando o criticando los artículos y noticias que publicaban los demás.

- Ninguno de ellos fue de información general, tres eran de temática política y uno laboral.

Para poner en perspectiva la importancia de estas publicaciones hay que dar un repaso a su línea temporal. Hubo tres que surgieron en el espacio de 11 años (dos de ellas coincidieron en el tiempo), 14 años después apareció la cuarta y, desde entonces, no se publicó (con Depósito Legal) nada en Miguelturra -exceptuando los programas de ferias y fiestas- hasta 1979 con La Estrella. Nuestra patrona; publicación anual (solo salieron cuatro números, el último en 1982) editada por los sacerdotes de la parroquia. Y tras ella, la revista cultural Aquilice editada desde la Biblioteca Municipal de Miguelturra ya en 1983. Es decir, en el espacio de 25 años surgieron cuatro publicaciones, pero tuvieron que transcurrir 66 años para ver de nuevo en la calle una publicación editada en Miguelturra.

Los periódicos editados en Miguelturra en los años comprendidos entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX fueron: La Juventud Leal (1888-1892), Los Soldados de Cristo (1891), El Heraldo de la Mancha (1899) y Vida Labriega (1912-1913).  Paso a analizar lo que se conoce de cada una de ellas.

LA JUVENTUD LEAL

La Juventud Leal fue una publicación decenal con ideología carlista que extendió su vida desde noviembre de 1888 hasta 1892. Su fundador y director fue Segundo Galán Rivas.

“Se anuncia la próxima publicación en Miguelturra de un nuevo periódico carlista con el título de La Juventud Leal” (La Unión Católica 10.11.1888). Con esta rimbombante frase se hace público en el diario católico-conservador editado en Madrid La Unión Católica la aparición del periódico La Juventud Leal en Miguelturra. Además, afirma que con él serán ya “cuatro periódicos que destacan la política carlista pura” los que se publiquen en la provincia de Ciudad Real. Al respecto, en el diario liberal La Iberia anuncian que “al carlismo le ha salido un nuevo adalid” refiriéndose a ese primer número (La Iberia 02.12.1888).

En la portada del primer número, dejando ya muy clara su ideología carlista, y como encabezamiento, publicó una carta remitida a Carlos María de los Dolores de Borbón y Austria Este (al que los carlistas reclamaban como rey legítimo).

Dado el interés histórico que supone el conocimiento de las primeras palabras escritas en el, hasta ahora, primer periódico conocido que se editó en Miguelturra, la transcribo de forma completa:

“Vos que ahora, desgraciadamente, lamentáis la ingratitud de súbditos antes fidelísimos a vuestra santa causa; Vos que sois intransigente en cuestión de principios, por más que las calumnias de algunos de vuestros antiguos servidores, hoy rebeldes digan lo contrario; Vos que anatematizáis el liberalismo, ya manso, ya fiero, como lo anatematiza la Esposa de Cristo; Vos que ¡tantas y tantas veces! salvasteis la tradición gloriosa de nuestros padres y la conserváis aún incólume y sin mácula para dicha del pueblo español y honra de los leales; Vos, SEÑOR, admitid con vuestra R... benevolencia esta nueva publicación, la más humilde, sin duda, de la comunión carlista; pero también la que está más pronta a obedeceros. Su Redacción, compuesta de jóvenes manchegos católicos tradicionalistas, exclaman en este día, llenos sus corazones de entusiasmo y júbilo verdadero: ¡Viva la Religión católica! ¡Viva León XII, Papa-Rey! ¡Viva España! ¡Viva el R... D. Carlos! ¡Muera el liberalismo con todas sus formas y ramificaciones!” (La Fe 01.12.1888)

No solo entre los periódicos de tendencias políticas distintas se producían grandes polémicas a través de artículos críticos, satíricos e hirientes en esa época; sino que también eran comunes entre los de la misma tendencia. Segundo Galán y, por ende, La Juventud Leal tuvo unas cuantas. Un claro ejemplo es el periódico carlista La Unión Católica que tuvo varias con la publicación miguelturreña.

Así comenta refiriéndose precisamente a la salida de La Juventud Leal: “En Miguelturra, provincia de Ciudad Real, ha empezado a publicarse un periodiquito de tendencias carlistas, pero de formas integristas y sardanescas. Como que en su último número llama a los de Nocedal «ruines villanos, vestidos de guiñapos a guisa, de miserable librea que sacan a relucir la podre e inmundicia que llenan las manchas de su falsa intransigencia». [Qué asco! Pero dice luego La Juventud Leal y fuerte de estómago: «Nuestra humilde publicación ha caído cual una bomba en el campo liberal.» — ¿Cual una bomba? Quizás; pero al estallar creemos que no habrá parte dolorida más que las narices. Las cuales tendrán que ser tapadas cuidadosamente por donde quiera que pase esa bomba” (La Unión Católica 12.12.1888). De este artículo de La Juventud Leal se hace también eco La voz de la Patria (13.12.1888), mostrando su disconformidad con el ataque que se produce en la publicación editada en Miguelturra a los seguidores de Nocedal (que acababa de fundar el Partido Integrista, una escisión del carlismo), pero sin tanta vehemencia.

Otro capítulo más de los enfrentamientos de La Juventud Leal con La Unión Católica lo tenemos el 12.02.1889 cuando este último publica: “Escribe La Juventud Leal, de Miguelturra: ¡Oído a la caja!... ¡Alerta, pistolos! «Han sido arrojados a escobazos del Centro Moral de Gerona, los periódicos ramoniles El Siglo Futuro, Dogma y Razón y El Integrista, cerrándoles per omnia secula seculorum las puertas de dicha sociedad.» A los noce-ladinos de acá le aplicaremos por último remedio, ya que no bastan buenas razones, unas cuantas dosis de jarabe de palo limpio. En la farmacia de El Veneno darán razón. —Feria, 6, Ciudad-Real.»—¡Jarabe de palo limpio...! Estos carlistas de Miguelturra son, por lo visto, grandes lógicos y donde no llega la lógica, aplican el palo. Por si llega. Pues auguramos mal de los integristas de Miguelturra, si sus ex-correligionarios les aplican ese jarabe de que La Juventud Leal habla.”

Otras publicaciones aparecidas en La Juventud Leal y que conocemos de diferentes fuentes son las siguientes:

- En el periódico de Valdepeñas con nombre El Legitimista se da fe de un artículo publicado en La Juventud Leal por el entonces seminarista Ignacio L. de Megereliza sobre una polémica ocurrida en Villanueva de la Fuente por el matrimonio no muy bien visto de un profesor y una profesora de la localidad y la conveniencia de si debían seguir ejerciendo como profesores (El Legitimista de Valdepeñas 25.01.1889).

- En junio de 1890 La Juventud Leal ofrece una primicia: la revista político-militar de ideología carlista El Estandarte Real va a realizar para 1891 un almanaque “elegantísimo y lujoso” (El Estandarte Real 07.1890).

- Y en febrero de 1891 se publica en La Juventud Leal un artículo a favor de la creación de la Liga católica nacional de periódicos que había promovido El Norte Andaluz de Jaén (El Norte Andaluz 21.02.1891).

La Juventud Leal participó en dos proyectos de índole carlista a través de donaciones. Ambos tenían como principal protagonista al aristócrata, historiador, arqueólogo y político carlista Enrique de Aguilera y Gamboa, Marqués de Cerralbo (con su legado se construyó el actual Museo Cerralbo de Madrid).

El primero se produjo a inicios de 1899 cuando se lanzó una campaña a nivel nacional para erigir un monumento conmemorativo del establecimiento de la Unidad Católica en España. El monumento, proyectado por el mencionado marqués de Cerralbo, consistiría en una gran pirámide representando la conversión de Recaredo que se instalaría en Toledo. La Juventud Leal se une a la cuestación (El Legitimista de Valdepeñas 12.04.1899). Aunque, entre otras iniciativas, se organizó un acto en Toledo para colocar la primera piedra del monumento al que fue invitado La Juventud Leal (El Eco de Daimiel 22.05.1889), finalmente, la pirámide no se construyó y, hasta la fecha, se desconoce el paradero del dinero recaudado (El XVII Marqués de Cerralbo 1845-1922. Iglesia y carlismo, distintas formas de ver el XIII centenario de la unidad católica. Agustín Fernández Escudero).

El segundo corrió a iniciativa de El Correo Español y consistió en la adquisición de una obra de arte como regalo por los servicios prestados a la causa carlista al Marqués de Cerralbo. La Juventud Leal colaboró con la cantidad de 80 reales (El Correo Español 28,10,1892).

Una de las cosas que más llamó la atención en la prensa afín de la época fue la publicación por parte de La Juventud Leal desde el verano de 1890 de un álbum de tradicionalistas o carlistas manchegos, según podemos leer el 01.08.1890 en el semanario ilustrado de ideología carlista publicado en catalán Lo Crit d’Espanya. Esta publicación añade que lo harán con una mejora del papel que le hará ser un periódico más elegante y están convencidos que con esta idea ganarán más adeptos. Para llevar a cabo esta idea, Segundo Galán, director del periódico, pidió permiso a través de una misiva al mismísimo Carlos María de los Dolores de Borbón y Austria Este; permiso que concedió gustoso (La Fe 11.06.1890). El único personaje del que tenemos constancia que apareció en este álbum fue el del carlista, alcalde de Ciudad Real y tío de Segundo Galán, José Serrano Curruchaga. Tras el fallecimiento de este último se publicó en esa galería un artículo en el que se alabó hasta el extremo toda su trayectoria vital (El Correo Español 12.11.1892).

En mayo de 1892 se anuncia la suspensión temporal del periódico (El Oxomense 07.05.1892) y es en noviembre de ese mismo año cuando aparece su último número.

La Juventud Leal se puede considerar como una publicación unipersonal, ya que, su creador, alma máter, editor, redactor y director fue Segundo Galán Rivas y la utilizó para dar a conocer y defender sus ideales tradicionalistas y carlistas. Si que contó con colaboradores y articulistas, pero todo el peso de la publicación recaía en él.

Segundo nació en 1870 y era hijo de un carlista asesinado (La Lid católica 10.06.1896). Se desconoce su lugar de nacimiento, pero sí que vivía en Miguelturra desde niño donde asumió los ideales de su padre y se convirtió en un joven y radical carlista muy activo, emprendedor y luchador. Fundó La Juventud Leal cuando contaba con apenas 18 años y no le importó viajar por parte del territorio nacional para dar a conocer su periódico y confraternizar con diarios de ideología afín. Así lo atestiguan sus visitas a Badajoz (El Avisador de Badajoz 20.12.1888), Barcelona (El Estandarte Real 06.1889), Madrid (La Fe 11.11.1889) o Girona (Boletín de Primera Enseñanza 13.10.1891).

En abril de 1891 se traslada a vivir de Miguelturra a Ciudad Real, concretamente a la calle Caballeros, 6, figurando esta dirección desde entonces como la del periódico (El Avisador de Badajoz 30.04.1891).

Falleció en Madrid donde fue a tratarse de una grave enfermedad que padecía el 17 de mayo de 1896, cuando solo contaba con 26 años. Dejó viuda. (El Correo Español 20.05.1896 y La Lid Católica 10.06.1896).

 

LOS SOLDADOS DE CRISTO

Fue un semanario de carácter monárquico católico que se empezó a publicar en Ciudad Real en noviembre de 1888. Su fundador fue Romualdo Fuentes Altafaj (antiguo redactor de El Manchego) y se consideraba un periódico de lucha, de combate, de batalla contra el liberalismo (El Eco de Daimiel 03.11.1888 y 14.11.1888).

En febrero de 1891 se trasladó su edición a Miguelturra llegando a coincidir con La Juventud Leal (La Controversia 19,02,1891). En cuanto a las posibles causas de este traslado pudo estar la económica, con la intención de abaratar costes debido a la pérdida de suscriptores.

Una vez instaurado en Miguelturra y al igual que La Juventud Leal, Los Soldados de Cristo se suma a la creación de la Liga Nacional de la prensa católica (El Norte Andaluz 21.02.1891).

La única noticia aparecida en la prensa sobre lo publicado por Los Soldados de Cristo mientras se editaba en Miguelturra es referente a un artículo sobre Nocedal y la posibilidad de que su ideología no fuera monárquica, sino republicana y, por lo tanto, alejada del carlismo (El Guadalete 31,03,1891 haciéndose eco de lo publicado en El Siglo Futuro).

A pesar del traslado a Miguelturra, los suscriptores siguieron disminuyendo y en agosto de 1891 el semanario cierra para siempre, algo que sus enemigos recogen con regocijo como se expresa en la publicación satírica editada en Barcelona La Carcajada: “También ha resultado muerto cadáver el órgano de los íntegros, en Ciudad Real, titulado Los Soldados de Cristo. Gracias a Dios que se le ha dejado de profanar. La causa ha obedecido a la falta de suscripciones. Esta nueva decepción es el testigo más fiel de que ha bajado el papel del comediante Ramón.” (La Carcajada 14.08.1891). La alusión a Ramón es a Ramón Nocedal de quien sí eran partidarios los editores de Los Soldados de Cristo, al contrario que los de La Juventud Leal.

 

EL HERALDO DE LA MANCHA

Semanario, seguramente de carácter liberal, que se editó en Miguelturra en 1899 pero que también se distribuyó en Ciudad Real. Tuvo una corta existencia.

Como ya observamos en La Juventud Leal, una forma de promocionar la nueva prensa que iba saliendo a la calle era la de visitar redacciones de otras publicaciones para que estas se hicieran eco de ello. El Heraldo de la Mancha no fue ajeno a esta actividad y a través de algún responsable del periódico, de algún emisario o de alguien de confianza que vivía en esas zonas, se pasó por algunas redacciones.

La primera noticia que se tiene de El Heraldo de la Mancha la encontramos publicada el 10.11.1899 en el periódico toledano La Campana Gorda en la que se notifica que han visitado su redacción y define este periódico como: “semanario independiente, defensor de los intereses generales de Miguelturra”.

La siguiente visita se produce en Gerona. Con una escueta nota se hace referencia a ella: “Hemos recibido la visita de El Heraldo de la Mancha, periódico que se publica en Miguelturra (Ciudad Real)” (El Heraldo de Gerona 16.11.1899). En el siglo XIX e inicios del XX era muy común bautizar a periódicos con el nombre de Heraldo seguidos de la localidad, ciudad, comarca, etc. sin necesidad de que siguieran una misma ideología o intereses políticos similares. Era un nombre recurrente debido a las dos acepciones que recoge el diccionario: “mensajero” o “aquello que anuncia algo que va a suceder”.

El 21.01.1900 en el periódico editado en Daimiel, El Daimieleño, podemos leer que se ha producido una nueva incorporación en la redacción de El Heraldo de la Mancha de Miguelturra: «Ha entrado a formar parte de la Redacción del Heraldo de la Mancha, nuestro querido amigo el bizarro teniente de infantería D. Ramón D’ Opazo y Majan, redactor- jefe de El Daimieleño.” A continuación, le dan la enhorabuena y aclaran que Ramón D’Opazo seguiría escribiendo también en El Daimieleño. Efectivamente, se trató de un gran fichaje para El Heraldo de la Mancha, pues Ramón D’Opazo y Maján (o Magán en algunas fuentes), natural de Daimiel y de descendencia gallega era un héroe de la guerra de Filipinas y, posteriormente y tras casarse con una torralbeña, llegó a ser alcalde de Torralba de Calatrava, escribiendo algunas publicaciones sobre esta villa donde está considerado uno de sus personajes ilustres (Lanza Digital 03,10,2015).

La última noticia que se conoce de El Heraldo de la Mancha de Miguelturra fue sobre un artículo que publicó acerca de la visita a Ciudad Real de la maestra, periodista, primera mujer miembro del Partido Republicano Federal y activista feminista Belén de Sárrega. Del texto se desprende que en El Heraldo de la Mancha no se le tenía mucha simpatía ni a ella ni a sus ideales: “Muy en breve llegará a Ciudad Real doña Belén Sárraga, «célebre librepensadora» y representante del partido feminista. El objeto que la conduce es el celebrar una o… más conferencias, según la acogida que tenga. Nosotros prometemos «honrarla» con la ausencia, aunque diera muchas. Las «majaderías» que pueda decir las estamos oyendo casi a diario. ¡Hay tanta sensatez!”. Este artículo lo conocemos porque el periódico La Unión Republicana de Palma de Mallorca que si era afín al pensamiento de Belén de Sárrega lo saca a la luz criticándolo de la siguiente manera: “Vamos a ver Sr. «Heraldo» ¿quién resulta más majadero, el que por medio de escrito y publicidad se atreva a insultar a una respetable, dignísima y virtuosa joven, cuyo grado de ilustración sea tal vez muy superior al que desde las columnas del «Heraldo» denigra a aquella, ola que en uso de su perfecto derecho y en defensa de un ideal al que rinde culto fervoroso, acude al terreno legal de la propaganda de una idea? Para nosotros no ofrece dudas el dilema que dejamos planteado, lo que tal vez no tengan caletre para comprender, los topos sacritanescos que cometen la «valentía» de insultar desde «El Heraldo de la Mancha» a la joven directora de «Conciencia Libre». ¡¡¡Cuánta desvergüenza!!!” (La Unión Republicana 14.02.1900)

Tras esta fecha no se vuelve a saber nada más del periódico miguelturreño, por lo que nos hace suponer que poco después se dejó de editar; aunque en diciembre de 1900 apareció otra publicación con el mismo nombre en Ciudad Real comandada por el abogado, concejal del ayuntamiento de Ciudad Real, diputado provincial y gobernador interino Julián Arredondo Viñas. Perduró hasta abril de 1901 y se desconoce si esta publicación fue una continuación de la de Miguelturra o solo tomó su nombre.

 

VIDA LABRIEGA

Fue un periódico mensual de seis páginas dedicado a la agricultura aparecido en las navidades de 1912 y que se repartió, al menos, en los primeros meses de 1913 de forma gratuita.

De esta publicación es de las que menos datos se conocen, no obstante, gracias a una pequeña noticia aparecida en el periódico El Pueblo Manchego de Ciudad Real, en la que denomina a Vida Labriega como “hoja de propaganda”, seguramente por su carácter gratuito, sin pretender tener un sentido peyorativo; sabemos que surgió en el seno del Sindicato Agrícola de Miguelturra, que seguía las directrices de nuestro ilustre paisano Francisco Rivas Moreno y que sus redactores eran personas de la localidad que colaboraban de forma entusiasta y altruista (El Pueblo Manchego 08,01,1913). Lógicamente debía estar dedicado exclusivamente a noticias relacionadas con el mundo de la agricultura.

 

Fuentes:

Ciudad Real y su Prensa: 1811-2021 / Isidro Sánchez Sánchez; [prólogo de José María Barreda Fontes]. Ciudad Real: Serendipia, 2022

De las gacetas al .com: la prensa en la provincia de Ciudad Real (1812-2007) / Ricardo Ortega Olmedo, Isidro Sánchez Sánchez. Ciudad Real: Centro de Estudios de Castilla-La Mancha, 2007.

DESASTRES METEOROLÓGICOS EN MIGUELTURRA A FINALES DEL SIGLO XIX Y PRINCIPIOS DEL SIGLO XX

 

Los fenómenos meteorológicos adversos son una constante en nuestra actualidad, con eventos extremos cada vez más frecuentes e intensos que nos recuerdan nuestra vulnerabilidad ante la fuerza de la naturaleza. Inundaciones devastadoras, olas de calor asfixiantes y tormentas violentas nos azotan generando pérdidas humanas y materiales incalculables. Ante este panorama, es fácil pensar que nos enfrentamos a un desafío sin precedentes, una consecuencia directa del cambio climático global. Sin embargo, ¿es esta percepción completamente precisa? ¿O acaso nuestros antepasados también lidiaron con desafíos similares en un contexto diferente?

Con este artículo propongo dejar constancia de una serie de ejemplos de este tipo de fenómenos ocurridos en Miguelturra, la gran mayoría en época estival, y que fueron recogidos por la prensa a finales del siglo XIX y principios del XX describiendo la devastación que produjeron:

-          Temporal del mes de diciembre de 1860: “Continuamos recibiendo noticias de los estragos causados por el temporal. Las inundaciones son generales. Las aguas, que tienen a Madrid casi incomunicado con el resto de España, han causado grandes destrozos en las vías férreas. En Miguelturra, las inundaciones han sido terribles y ha habido que salvar a las familias en carros y caballerías. Afortunadamente no hay que lamentar desgracias personales. Se socorre con dinero a las familias pobres.” (La Época 28.12.1860)

-          Granizada del lunes 23 de mayo de 1864: “descargó sobre el pueblo de Miguelturra y su término una granizada tal, que en pocos momentos destruyó los sembrados y ocasionó grandes daños en los árboles. El ayuntamiento de aquel pueblo estaba formando el oportuno expediente para que a los labradores se les hiciera alguna gracia por el gobierno en sus cupos de contribución.” (El Contemporáneo 28.05.1864)

-          Pedrisco del 20 de agosto de 1884 en la zona del Campo de Calatrava: “Los viñedos y olivares que se habían librado de los estragos de la paga de langosta fueron completamente destruidos, en términos que las cepas quedaron limpias por completo de pámpanos. La piedra era tan gruesa, y caía en tal cantidad, que muchos vecinos de Ballesteros, el Villar y otros pueblos sufrieron contusiones de importancia al salir aterrorizados en sus casas en la creencia de que éstas se derrumbaban por efecto de la piedra y el viento. La cosecha de patatas, que en aquella comarca representa una riqueza de muchos millones, ha desaparecido por completo, parte destruida por la langosta, parte por una enfermedad de las plantas, que no se acierta a combatir, y el resto por la nube del día 20. Imposible es describir el pánico y abatimiento que se ha apoderado de los manchegos, en vista de la ruina completa en que los dejan las diversas calamidades que afluyen a aquella rica provincia. Los términos municipales donde el pedrisco ha causado daños de más importancia son Ballesteros, Miguelturra, Manzanares. Almagro, Pozuelo, La Cañada, Villar del Pozo, Poblete y el Corral. También han sufrido bastante Ciudad Real, Carrión. Torralba, Bolaños y Daimiel.” (El Áncora 28.08.1884)

-          Tormenta del 2 de agosto de 1885: “La tormenta que se dejó sentir en Ciudad Real el domingo anterior, causó grandes destrozos en muchos puntos de aquel término, pero principalmente en la Poblachuela, en donde la piedra arrasó casi por completo aquellas hermosas huertas. También sabemos que ha hecho grandes destrozos en El Campillo, La Barraca, La Celada, Las Casas, Sancho Rey, parte de Santa María y Las Navas de Miguelturra, calculándose las pérdidas en muchos mites de duros.” (La Correspondencia de España 04.08.1885)

-          Temporal de septiembre de 1902: “En Miguelturra se ha desprendido el fruto de los olivos, habiendo quedado enterrados centenares de fanegas de aceituna. En tal estado se encuentra este preciado fruto, que no se podrá utilizar ni para la fabricación de aceite industrial. Existe el propósito de convocar a los vecindarios de los pueblos que han experimentado perjuicios a una reunión magna para impetrar del Gobierno auxilios y la reparación de los daños que se han originado. (La Correspondencia de España 12.09.1902)

-          Tormenta del 22 de septiembre de 1908: “Ayer descargó en este término municipal una tormenta que destrozó en gran parte la cosecha de uva y aceituna. Los olivos se ven con el fruto en el suelo como si estuvieran vareados; las cepas en su mayor parte han quedado sin pámpano y la uva hecha polvo. Las huertas de patatas, unas destrozadas por la piedra y otras secándose por causa de la epidemia que aquí llaman arenilla.” (Crónica de Vinos y Cereales 23.09.1908)

-          Tormenta eléctrica del mes de junio de 1912: “Ha descargado una formidable tormenta acompañada de grandes truenos. Un rayo mató en el campo a una vecina de Miguelturra, Argimira Pardo, de 26 años de edad. La infeliz se hallaba buscando malvas para venderlas en la ciudad, con lo cual ganaba el sustento de su familia. Deja dos niños de corta edad. Un individuo, Higinio Arenal, que se hallaba con ella al caer la chispa eléctrica, sufrió síntomas de asfixia, pero pudo salvarse.” (El Pueblo 04.06.1911).

Conociendo los fenómenos actuales y los estragos que causan con todos los avances que poseemos, resulta espeluznante pensar qué pudieron suponer para las gentes que moraban nuestras tierras este tipo de fenómenos hace más de 100 años, teniendo en cuenta que afectaban directamente a su principal medio de subsistencia: la agricultura. Y todo ello en un marco en el que raro era el año en el que los cultivos no se veían afectados, además, por grandes sequías o terribles plagas como la de la langosta.

Fuente de la imagen:

Boletín del Instituto Central Meteorológico (08.09.1902)

LA BODEGA DE FRANCISCO MAYORGA. MIGUELTURRA 1916

 Francisco Mayorga Calcerrada fue un industrial afincado en Miguelturra durante el primer cuarto del siglo XX. Tenía una bodega, una fábrica de alpargatas y también se dedicaba a la exportación de vinos, aceites y cereales.

En 1916 figuraba en la lista de los 56 mayores contribuyentes de Miguelturra con derecho a elegir compromisarios para las elecciones de senadores, en concreto estaba en el lugar 39 con una cuota de 148,80 pesetas (Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real 07.02.1916)

Conocemos algo de él, de su actividad y de su bodega gracias a un reportaje que le realizó Enrique Lérida, redactor de la revista Vida Manchega, en 1916.

Tenía dos hijos, Amable y Francisco, que en esos momentos estaban estudiando Bachillerato y le define el periodista como “un hombre correcto, muy trabajador… y entusiasmado por su profesión” y también comenta “que con el fruto de su perseverancia se ha alzado en Miguelturra, montando bodegas que ya exportan sus vinos muy lejos de la Mancha.”

Con respecto a las instalaciones y las dependencias de la bodega, inaugurada pocas fechas antes, las define como “amplias y adecuadas a su fin”.

Con respecto a su forma de trabajar, explica Lérida que trata de dar facilidades a los cosecheros de la uva para que lleven su cosecha a esta bodega sin tener que desplazarse a otros pueblos lejanos que implicaban gastos importantes en transporte y que ofrecían muy poco precio por el fruto; a lo que añade que “buena prueba de la feliz apertura de estas bodegas, es que todos han acudido a depositar en los grandes lagares del Sr. Mayorga su recolección salvándose las exigencias a que eran sometidos en centros vinícolas de fuera.”

Francisco Mayorga opina que en La Mancha aún se pueden producir muchos miles de hectolitros de vino más, pues “no se limitan los viñedos a los pueblos de Alcázar, Tomelloso, Manzanares, Criptana, etc. sino que también se extiende la plantación en grande escala con resultados positivos a los productivos términos de Miguelturra, Carrión, Ciudad Real, Malagón, Argamasilla, Almodóvar etc.” A lo que añade, hablando de su actividad exportadora que “La Mancha debe especializar sus vinos y también sus aceites, pues requieren muy poca mejora para abrirse paso franco en el extranjero, donde ya los conocen algo.”

Como conclusión, Enrique Lérida añade que “el señor Mayorga hace de Miguelturra abastecedor de vinos de los grandes centros importadores de España.” Y que Miguelturra debe reconocerle haber “puesto en vías de engrandecimiento la industria vinícola local.”

Desgraciadamente, a Francisco Mayorga los negocios no le fueron tan bien como presagiaba y, cuando falleció en 1921, según atestigua el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del 31.08.1921, los acreedores promovieron un juicio “ab intestato” (se produce cuando no existe testamento) para poder subastar el vino que tenía en las bodegas de Miguelturra. Era el siguiente:

- En el sótano de Ia bodega del Pirrao, en la calle del Ramo: Siete tinajas que contenían sobre 1100 arrobas de vino blanco.

- En la bodega de D. Lope Roldan, en la calle del Cohombro, diecisiete tinajas con 2700 arrobas de vino blanco.

- En la bodega del propio Francisco Mayorga diecisiete tinajas con 4050 arrobas de vino blanco.

Sus bienes también acabaron subastados (El Pueblo Manchego 03.11.1922)

El autor del reportaje, Enrique Lérida Rubio, fue redactor gráfico y literario de la revista Vida Manchega. Posteriormente montó una papelería-Librería en la calle Toledo de Ciudad Real. En los años cincuenta del siglo XX la trasladó a la calle General Aguilera donde permaneció, regentada por sus hijas tras su fallecimiento en 1961, hasta 1985.

Publicó, desde 1929, la Libreta geográfica y estadística, y de curiosidades diversas de la provincia de Ciudad Real en la que ofrecía los nombres de todos los barrios y calles de la capital con sus entradas y salidas y otros nombres antiguos, así como los anejos, aldeas, caseríos y lugares cercanos a Ciudad Real y sus distancias de otras capitales por ferrocarril y carretera. Respecto a la provincia, se detallaban el escudo, partidos judiciales, anejos, obras públicas, estadísticas comparadas de extensión, población enseñanza y fuentes de riqueza, además de relaciones de las localidades más destacadas en diversos órdenes, lugares notables o pintorescos, industrias más importantes, curiosidades, tradiciones y mil detalles más que hacían la obrita -así "obrita" la llamaba humildemente el propio autor y editor sumamente atractiva, útil y de lectura fácil.

La publicación Vida Manchega fue una revista literaria e ilustrada, pero también de información general, con profusión de información gráfica de las provincias de Ciudad Real, Albacete, Toledo y Cuenca. Comenzó a publicarse en Ciudad Real el siete de marzo de 1912, aunque inicia su numeración el cuatro de abril, siendo su fundador, propietario y director artístico Enrique Pérez Pastor, en cuya imprenta y taller de grabado se estampaba, y el director literario, el maestro y escritor Isaac Antonio Vicente.

Además de textos de creación literaria (en prosa y en verso), de ciencia, arte, patrimonio arquitectónico, escultura, bibliografía, ofrece otros de la vida oficial, social y cultural, y sobre educación, industria, minería, comercio, agricultura, reforestación, tradiciones, carnavales, fiestas, semana santa, sucesos, teatros, toros, etc., tanto de la vida de las capitales como de destacados pueblos manchegos, a través de gacetillas, comentarios, crónicas, o reportajes.

El número 255 es el último de la colección y corresponde al diez de julio de 1920. Este mismo año y con el mismo título comienza a publicarse y a imprimirse en el taller de Enrique Pérez Pastor un diario vespertino independiente de carácter republicano, hasta 1932.


Fuentes:

Vida Manchega 10.11.1916 (reportaje e imágenes)

Efemérides Manchegas de Antón de Villarreal Diario “Lanza” 27.12.1970 

Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España. Vida Manchega


LAS PLAGAS DE LANGOSTA A FINALES DEL SIGLO XIX EN MIGUELTURRA Y LA PROVINCIA Y LA IMPORTANCIA DE DOS MIGUELTURREÑOS PARA SU CONTROL

 Artículo publicado en el número 4 de la Revista de Investigación Malastardes de la Asociación Cultural Malastardes. Septiembre de 2023.


En el último tercio del siglo XIX, la agricultura en la provincia de Ciudad Real y en toda España pasaba por un momento inestable y muy preocupante que llevó a una situación de pobreza y atraso en el sector hasta bien entrado el siglo XX. Por un lado, las crisis económicas por la falta de recursos y la disminución de la demanda de productos agrícolas que provocaron una disminución de los ingresos de los agricultores. Por otro lado, la distribución de la tierra que era muy desigual, lo que provocó que muchos agricultores no tuvieran acceso a tierras suficientes para cultivar y que la mayoría de la tierra estuviera en manos de una élite acomodada, lo que limitaba la producción y el desarrollo agrícola en la zona. A eso, habría que añadir que la agricultura seguía siendo tradicional y poco innovadora, lo que dificultaba el aumento de la productividad y la eficiencia, contribuyendo a esta situación la falta de inversión en investigación y desarrollo agrícola. Luego estaban los fenómenos meteorológicos que aún agudizaban más esta situación: las tormentas, el pedrisco y, fundamentalmente, la sequía que provocaba la escasez de agua, agravada en extremo por la falta de sistemas de riego eficientes y la ausencia de políticas públicas para mejorar la gestión del agua.

Pero existía otro factor que amenazaba constantemente en esa época a los agricultores y a sus cultivos: las enfermedades y plagas, ya que el control de éstas requería de un conocimiento especializado y de recursos casi nunca disponibles para los afectados. Y dentro de estas plagas destacaba en el sentido negativo las de un insecto en particular: la langosta.

La langosta es un insecto perteneciente a la familia de los acridios, caracterizado por su gran tamaño, su capacidad para desplazarse en grandes grupos y su voracidad. Son insectos sociales que se agrupan en grandes bandas o enjambres que pueden alcanzar varios kilómetros de longitud. Estos grupos se mueven en busca de alimento y pueden llegar a devorar grandes extensiones de cultivos en muy poco tiempo y provocar hambrunas en las poblaciones afectadas. En España la especie de langosta que más frecuentemente se presenta como plaga es la del ortóptero Dociostaurus maroccanus, langosta común, aunque en algunas zonas predomina el Callyptamus italicus, langosta italiana. La langosta presenta dos fases, una solitaria e inofensiva, y otra gregaria que provoca enormes daños. La transformación de una fase en otra está en función de las condiciones ambientales, sobre todo en lo que a cantidad de alimento se refiere, siendo también factores de primer orden la humedad y la temperatura por su relación con el desarrollo de los huevos y la maduración de los ovarios en las hembras. La hembra introduce el abdomen en terrenos incultos y deposita los huevos rodeados de una substancia pegajosa que con la tierra adyacente forma el llamado "canuto". Emergen por abril y llegan a la fase adulta voladora por junio o julio, pasando por varios estados sucesivos: los llamados "mosquitos" que viven agrupados y apenas realizan daños, las "moscas" y "saltones", que progresivamente van ocupando mayor territorio y que, agrupados en un principio en "manchones", llegan a formar líneas o "cordones" avanzando en línea recta sin que ningún obstáculo las detenga y aumentando su voracidad paralelamente a su grado de desarrollo. Una vez alcanzada la fase adulta inician el vuelo y allí donde se detienen todo lo destruyen. La plaga es muy difícil de combatir una vez que se manifiesta en toda su virulencia. 

Las plagas de langostas han sido un problema recurrente en España desde hace siglos, afectando a la agricultura y la economía del país. A lo largo de la historia, se han registrado varios episodios de plagas de langostas en distintas regiones de España, desde la Edad Media hasta la época contemporánea. La primera referencia escrita a una plaga de langosta en España data del siglo XII, cuando el rey Alfonso VII ordenó una campaña para combatir una invasión de langostas en el norte de España. En el siglo XIII la plaga de langostas más conocida fue la conocida como "La Gran Langosta". Esta plaga afectó a la mayoría de las regiones de España y Portugal, y se caracterizó por la gran cantidad de langostas que invadieron los campos y cultivos, destruyéndolos por completo. Según los relatos de la época, las langostas cubrían el cielo y el suelo, y llegaron a causar hambrunas y escasez de alimentos en la población. Hay referencias de la aparición de la plaga en el siglo XIV y XV en Castilla, Valencia y Navarra y algunas zonas de Cataluña. En el siglo XVII la langosta atacó de nuevo duramente, sobre todo en los años 1619 y 1684.


Ya en el XVIII la plaga de langosta se presenta como un mal endémico en regiones como La Mancha, Extremadura o Andalucía. Entre los años 1720 y 1740, hubo una plaga que afectó especialmente a los pueblos del Campo de Calatrava. Estos pueblos llegaron a perder sobre la cuarta parte de la población debido a la hambruna provocada por un periodo intenso de sequía y plagas de langostas. Un dato estremecedor se expresa en abril de 1725 precisamente en Miguelturra, donde los pobres malviven en una “continua plaga de langosta que ha habido de 7 años a esta parte, siendo su mantenimiento diario el pan de voltico¿ y de cebada y más el de salvado y gachas de él y del de cebada sin poderse socorrer unos a otros”, y aunque no hubiera hambruna, podía haber carestía alimentaria, como dicen en 1781 “atemperándose a comer el pan que yo, fuese de centeno o panizo, porque la injuria de los tiempos no permitía otra cosa”.(1)

Llegado el siglo XIX el problema sigue sin solucionarse y aparecen plagas importantes. Alrededor de 1837 la langosta atacó intensamente la provincia de Ciudad Real. Los daños que producía y la falta de amparo administrativo hacían que el labrador no pudiera hacer frente a las pérdidas y muchos campos se dejaban sin sembrar por temor a sus daños. En 1860, concretamente entre mayo y junio de 1860 se informa al Ministerio de Fomento de la presencia de langosta en los términos de Alcolea, Cabezarados, Ciudad Real, Corral de Calatrava, Daimiel, Miguelturra, Villanueva de San Carlos y Villarrubia de los Ojos. Hay un testimonio que nos habla de que la plaga consiguió controlarse en casi todos los municipios hacia 1863, aunque en Miguelturra no sucedió así, si bien se había iniciado una disminución del problema: “Ha desaparecido el perjudicial insecto de la langosta en el término de Viso de Marqués. Noticias favorables han recibido respecto a los terrenos de los Pozuelos, Corral de Calatrava y aldea del Rey. No sucede lo propio por desgracia respecto a los de Ciudad Real, Picón y Miguelturra, si bien se nota alguna disminución en el insecto” (2). Ya en el último cuarto del siglo apareció otra gran plaga que afectó, entre otras muchas provincias a Ciudad Real y a gran parte de sus pueblos, entre ellos Miguelturra. A ella volveremos más tarde.

Posteriormente, ya en el siglo XX, España siguió experimentando algunas plagas de langostas que afectaron diversas regiones, aunque ya no hubo eventos a gran escala como los que ocurrieron en otros lugares del mundo y las ocurridas en siglos anteriores en el propio país. Sí que hubo algunas plagas más destacadas como la que ocurrió en la década de 1950 cuando las langostas invadieron el sur de España, especialmente las regiones de Andalucía y Murcia causando importantes pérdidas en cultivos agrícolas, principalmente en olivares y viñedos, así como en pastizales. El gobierno español implementó medidas de control para combatirlas y se llevaron a cabo campañas de fumigación utilizándose el DDT (dicloro-difenil-tricloroetano) para eliminarlas. Estas acciones lograron reducir las poblaciones de langostas y controlar las plagas en cierta medida. En el siglo XXI se han seguido produciendo casos aislados (el último importante en Extremadura en 2022) pero las plagas de langostas en España son menos comunes gracias a las medidas de control y prevención implementadas por las autoridades como la aplicación de insecticidas, la fumigación y el control biológico con la introducción de depredadores naturales de las langostas.

Pero ahora nos situamos en el último cuarto del siglo XIX, concretamente en 1875, en Ciudad Real. Aunque en 1872 y 1873 la langosta atacó la provincia extendiéndose posteriormente a otras limítrofes, en este año en particular la invasión adquirió tintes dramáticos. Ciudad Real tenía afectados por la plaga más de la mitad de sus pueblos, en concreto 63 y 286.000 hectáreas de terreno. (3)

Para darnos una idea del problema, en Miguelturra, en marzo de 1876 se publicó un anuncio en el Boletín de la Provincia que decía: “el Ayuntamiento de Miguelturra tiene solicitada moratoria para el pago del tercer y cuarto trimestres de contribuciones del año económico actual, con motivo de la sequía y plaga de langosta que ha devorado la mayor parte de sus cosechas, y para lo cual tiene instruido el oportuno expediente”. (4)


Una serie de factores hizo que el problema se incrementara y agravara en los años sucesivos. Entre estos factores nos encontramos con los sistemas de control usados hasta el momento que se basaban en la quema de rastrojos, la fumigación con humo, el control manual, la introducción de depredadores naturales como aves rapaces e insectos y las barreras con trampas (cercas con fosos llenos de agua, aceite o sustancias pegajosas que atrapaban a las langostas en su camino hacia los campos de cultivo), sistemas que eran muy limitados y en muchos casos ineficaces. Aunque si es cierto que estas medidas fueron el inicio de una larga historia de investigación y desarrollo de técnicas más avanzadas y efectivas para prevenir y controlar las plagas de langostas. Luego estaba la oposición de los propios particulares a cumplir con las disposiciones vigentes evitando la arada de los terrenos infestados, a lo que había que añadir la falta de recursos, los pocos fondos que aportaba el gobierno y la malversación de estos fondos.

Así, la langosta volvió a reaparecer con fuerza a partir de 1882, asolando la provincia de Ciudad Real en el año1883 y ampliándose en los siguientes años hasta casi final de siglo. 

Las noticias sobre los daños ocasionados por la langosta en Miguelturra en los años correspondientes a las últimas dos décadas del siglo XIX eran alarmantes y descorazonadores al inicio y algo más leves al transcurrir de los años. En los siguientes fragmentos de noticias de prensa sobre los efectos de la plaga en Miguelturra de esos años ordenadas cronológicamente podemos observar esa evolución: 

“Ya se ha presentado la plaga de langostas en Miguelturra. Los hortelanos hacen esfuerzos por salvar su cosecha, valiéndose de banderolas de lienzo para espantarla, pero estos esfuerzos son caros por los brazos que se necesitan e inútiles al fin por la mucha que hay.”  (5)

“En las huertas de Manzanares y Miguelturra no ha quedado hortaliza alguna que no se haya comido.” (6). 

“Los pueblos más importantes de La Mancha como Almagro, Daimiel, Miguelturra, La Calzada, Valdepeñas, etc., etc. han visto desaparecer sus cosechas en pocos días.” (7)

Acerca de los mosquitos de langosta enterrados: “En Ciudad Real van ya enterradas 5.000 arrobas y 2.000 en Miguelturra.” (8)

“Autorizar al alcalde de Miguelturra para emplear el ganado de cerda en el saneamiento de las tierras infectadas de canuto de langosta” (9)

 “En el término municipal de Miguelturra hay 263 hectáreas; divididas en 7 parcelas de terrenos de labor y pastos acotadas por hallarse infectadas de germen de langosta.” (10)

“En Miguelturra han aparecido estos últimos días bastantes cordones de langosta.” (11)

Entre la desesperanza y catastrofismo de los primeros años y la esperanza de los últimos ocurrieron varios factores que aliviaron y controlaros las plagas. En ellos tuvieron gran parte de responsabilidad dos miguelturreños que dedicaron su vida en esos años a mejorar las condiciones de los agricultores y a luchar por resolver sus problemas.

El primero de ellos es nuestro ilustre Francisco Rivas Moreno que además de ser, entre otras cosas, periodista, político, escritor, intelectual, regenerador social e impulsor y creador de las cajas de ahorro rurales; era hijo de familia de agricultores a los que la tragedia que ocasionaron las plagas de langostas había afectado directamente y que se volcó en intentar solucionar y aliviar este grave problema. De hecho, escribió varios libros en la época que nos ocupa en los que intentaba expresar soluciones para acabar con las plagas: La plaga de la langosta, Juicio crítico del proyecto de ley de Extinción de la Langosta, La crisis agrícola: sus causas y remedios o La plaga de la langosta: sus estragos y medios para combatirla.

Rivas Moreno argumentaba que no se había innovado nada desde hace muchos años en los procedimientos utilizados en las campañas contra las plagas de langosta, que existía una gran apatía por parte de los propietarios y juntas locales que se conformaban con pensar que las plagas eran un castigo del cielo contra el que no se podía luchar y que los estamentos oficiales hacían oídos sordos a las reclamaciones de ayuda de los agricultores.

Ante esta situación, y después de haber estudiado concienzudamente como se intentaban controlar estas plagas en otros países afectados como Chipre, la India, Italia, Argelia o México, estableció la estrategia a seguir en varios frentes para acabar o mitigar este problema:

En cuanto a las formas de combatir la langosta, propugnaba que era básico atacar al insecto cuando aún estaba en la etapa de “mosquito”, ya que cuando se convertía en adulto era prácticamente imposible su exterminio y apostó principalmente por:

    •  la quema de combustible: se utilizaba principalmente gasolina para, una vez conducidas las larvas de langosta a trampas o corralillos realizadas en el suelo prenderles fuego; posteriormente se empezó a usar el cinc para hacer esos caminos y esos “corrales”

    • el uso de depredadores naturales, como, por ejemplo, cerdos y aves insectívoras y 

    • los tratamientos químicos: se esparcían sobre los cultivos y áreas donde los canutos de las langostas estaban presentes productos como el arsénico, sulfato de cobre o ácido sulfúrico.

Defendía que las campañas debían estar dirigidas por ingenieros agrónomos que, a su vez, debían contar con peritos agrícolas para que la labor fuera rápida y eficaz.

Otra de las batallas de Rivas Moreno fue la de crear Juntas Centrales contra la plaga de langosta y legislar las acciones que había que tomar para combatirlas y de ahí conseguir subvenciones del Ministerio de Fomento para que los agricultores pudieran comprar los materiales necesarios para combatirla. Además, que ese dinero llegara de forma rápida, directa y en tiempo adecuado a los afectados y no se perdiera por el camino, acabara en manos que nada tenían que ver con el tema o llegara tarde cuando ya no había solución para los cultivos.

Rivas Moreno dio un paso más allá e intentó también que los agricultores se pudieran beneficiar de la langosta gracias a su aprovechamiento. Para ello recopiló información y propuso varias ideas: como alimento para los animales, como abono y para obtener de la grasa de langosta productos como jabones, aceites perfumados, aceite para adobar pieles, aceite para obtener luz, margarinas, etc.

Por último, también apostó por algo que tuvo presente durante toda su trayectoria profesional: la formación de los agricultores, algo que consideraba básico para que éstos pudieran saber hacer frente a todas las situaciones que se le plantearan en su trabajo.

La importancia y el empeño de Francisco Rivas resultó vital esos años para controlar este terrible mal para el campo y las familias que vivían de él.

Pero también destacó otro miguelturreño en la labor de controlar las plagas por esos años, fue precisamente el hermano de Francisco, Ramón Rivas Moreno. Ramón nació en Miguelturra el 4 de junio de 1859 y obtuvo con brillantez el título de ingeniero agrónomo en el Instituto Agrícola de Alfonso XII. 


Para hacer frente a la extinción de las plagas de langosta en esa época, y como hemos apuntando anteriormente en las soluciones que propugnaba Francisco Rivas, se elaboraron una serie de disposiciones legislativas y se crearon unas comisiones encargadas de llevar a cabo las labores de extinción. Estas comisiones para la extinción de la langosta tenían carácter provincial y estaban formadas por ingenieros agrónomos y peritos que estudiaban las formas de extinguir las plagas, examinaban las zonas infectadas de langosta y coordinaban los trabajos necesarios para su erradicación. Pues bien, Ramón era desde 1887 el jefe de la Comisión técnica de extinción de la plaga de langosta en la provincia de Ciudad Real. En ella desarrolló una gran labor, tanto que “al haber realizado su trabajo con tanto celo y acierto en las dos campañas que dirigió, la plaga estaba próxima a desaparecer.” (12)

Desgraciadamente, trabajando para esta Comisión, sufrió un trágico accidente cuando la barca en la que viajaba junto con otras cuatro personas por una de los parajes de las Tablas de Daimiel conocido como el Cachón de la Leona volcó un 6 de mayo de 1890. Perecieron además del propio Ramón que era el ingeniero jefe, el teniente alcalde de Daimiel Salvador Torres, el estudiante de derecho Manuel Mauri y el alguacil de Daimiel Vicente Madridejos. Solo pudo salvarse el perito auxiliar Juan José Villegas.

Ramón tenía apenas 30 años y la muerte le sorprendió truncando lo que prometía ser el brillante futuro de una persona que se había consagrado en absoluto a su carrera, apartándose de luchas políticas y enemistades y disfrutando haciendo el bien a los demás. “Contaba con un carácter afable y bondadoso que le había conquistado generales y merecidas simpatías en la provincia de Ciudad Real, y entre sus jefes y compañeros se le estimaba por su modestia y laboriosidad.” (13)

Francisco Rivas escribió al respecto de su hermano: “Yo he luchado con perseverancia para evitar que otros pasen por ciertas tristezas, a consecuencia de los estragos que desde hace bastantes años viene haciendo la plaga de langosta y cuando mis aspiraciones estaban próximas a realizarse colmando mi satisfacción el hecho de ser mi hermano uno de los que más eficazmente contribuían a librar a la agricultura del terrible azote, la fatalidad ha querido que tengamos que llorar su pérdida a consecuencia de una de esas desgracias que abren en el corazón tan profunda herida que jamás cicatriza.”

Es muy posible que, sin el trabajo, la dedicación y el desvelo de estos dos miguelturreños, el problema de este tipo de plagas hubiera tenido unas consecuencias aún mucho más trágicas y demoledoras de lo que ya lo fueron.


Citas:

    (1) Plagas de langosta y meteorología adversa como calamidades públicas en el Campo de Calatrava (siglo XVIII) por Santiago Donoso, Sociólogo y Doctor por la Universidad Rey Juan Carlos. AEMET Blog. 1 de julio de 2016.

    (2) La Correspondencia de España (16/06/1863).

    (3) La provincias y pueblos invadidos por la langosta (Agustín Salido). Murcia. 1875

    (4) Boletín Oficial de Ciudad Real (17/03/1876)

    (5) El Correo (11/07/1883)

    (6) El Correo (20/07/1883)

    (7) La Crónica (10/08/1883)

    (8) El Correo (16/05/1884)

    (9) Boletín Oficial de Ciudad Real (22/10/1884)

    (10) El Eco de Daimiel (27/10/1886)

    (11) El Eco de Daimiel (22/05/1889)

    (12) La Ilustración Española y Americana (15/06/1890)

    (13) La Ilustración Española y Americana (15/06/1890)


Fuentes: 

    • La plaga de langosta en España. Ministerio de Agricultura

    • La plaga de la langosta: sus estragos y medios para combatirla. Francisco Rivas Moreno. Imprenta de José Quesada. Madrid. 1890

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