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EL PERALVILLO DE MÉXICO

Para terminar con la trilogía de lugares denominados Peralvillo en América, tras analizar el Peralvillo de Perú y el de la República Dominicana, le toca al turno al de México que en realidad es la colonia Peralvillo, uno de esos rincones de la Ciudad de México cuya historia revela, con especial claridad, las capas profundas de la ciudad: el pasado prehispánico, la etapa colonial, los cambios del siglo XIX y la urbanización moderna. 

Uno de los aspectos más curiosos de Peralvillo en México es el origen de su nombre actual, pues no existe un antecedente claro en los archivos de la Ciudad de México que explique por qué comenzó a llamarse así. 

Existen dos versiones, la primera es que proviene del topónimo español de Peralvillo en Miguelturra, famoso por ser en tiempos de la Santa Hermandad lugar de ejecuciones y que también dio lugar a un municipio peruano y, posiblemente, a otro dominicano. Otras fuentes apuntan a que el nombre se debe a que era una zona en la que había perales. Esa falta de certeza añade un aire misterioso a una colonia cuya historia, en cambio, sí está profundamente documentada desde la época prehispánica.

Antes de llamarse Peralvillo, el lugar formaba parte de Atenantitech, un asentamiento prehispánico asociado a la ciudad de Tlatelolco. Su nombre en náhuatl se interpreta como “bordo de piedra”, una referencia que habla de la geografía y del entorno lacustre del Valle de México. Esto significa que Peralvillo no nació como una colonia moderna, sino como un espacio con raíces indígenas muy antiguas, anterior incluso a la conquista española.

Tras la conquista, el sitio fue rebautizado como Santa Ana Atenantitech, nombre que refleja la imposición de la organización religiosa y política colonial sobre el territorio indígena. En ese periodo se fundó una ermita dedicada a Santa Ana de Nazaret, que funcionó como visita del convento franciscano de Santiago Tlatelolco. Durante los dos primeros siglos de la colonia, la zona fue habitada principalmente por indígenas y mestizos que no tenían lugar dentro de la traza española, lo que marcó desde temprano su condición periférica dentro de la ciudad.

La historia temprana de Peralvillo está estrechamente ligada a los márgenes sociales de la capital novohispana (Ciudad de México). No fue un barrio privilegiado ni un centro de poder, sino un espacio de residencia para grupos excluidos. Esa situación se agravó con la gran inundación de 1629, que arrasó construcciones y debilitó aún más a la población local, afectada después por epidemias. La zona sobrevivió, pero quedó marcada por la pobreza y por una larga historia de desatención institucional.

A mediados del siglo XVIII, Peralvillo adquirió una nueva relevancia por razones económicas. Con el aumento del consumo de pulque (bebida alcohólica tradicional mexicana de origen prehispánico, elaborada mediante la fermentación del aguamiel extraído del corazón del maguey pulquero) en la ciudad, las autoridades instalaron una garita o aduana para cobrar impuestos a esta bebida al ingresar a México. Ese episodio es importante porque muestra que Peralvillo dejó de ser solo un borde urbano y se convirtió también en un punto estratégico de control fiscal y comercial. Su historia, por tanto, no es únicamente la de un barrio pobre, sino también la de un espacio donde la ciudad vigilaba lo que entraba en ella. 

Con el tiempo, el antiguo barrio fue absorbiéndose dentro de la expansión urbana de la capital. En el siglo XIX, los cambios administrativos y territoriales fueron transformando la vieja organización de parcialidades y barrios adyacentes. En 1882 se inauguró el hipódromo de Peralvillo donde se organizaron carreras de caballos, carreras de bicicletas y la primera carrera de automóviles de la ciudad en 1903, lo que convirtió a Peralvillo en un destino de moda para las élites urbanas. Cronistas de la época subrayan cómo la cercanía del hipódromo, las estaciones de ferrocarril y la llegada de personajes influyentes impulsaron la “mejora” del barrio y el crecimiento del interés en la parroquia de Santa Ana.

Finalmente, en octubre de 1926, Peralvillo fue formalizado como colonia por el presidente Plutarco Elías Calles, consolidando un proceso de urbanización que ya venía gestándose desde décadas antes. Ese momento marca el nacimiento oficial de la colonia, aunque su historia real era mucho más antigua y en su territorio conviven el pasado indígena de Atenantitech, la resignificación colonial de Santa Ana Atenantitech, la etapa de control económico ligada al pulque y la colonia moderna surgida en el siglo XX. 

En 1980, la Ciudad de México fue declarada zona de monumentos históricos. En 1987, la UNESCO reconoció el Centro Histórico como Patrimonio de la Humanidad. Peralvillo quedó excluido de ambas declaratorias. Un barrio con más de quinientos años de historia continua, con edificios coloniales, monumentos fabriles y vínculos directos con el nacimiento del Himno Nacional, permanece oficialmente invisible para las instituciones del patrimonio.

Y sin embargo, Peralvillo está ahí. En la fachada barroca de la antigua garita, en la plaza de Santa Ana, en los nombres de las calles que recuerdan a músicos de otro siglo, en la Casa de la Música Mexicana que ocupa lo que fue una fundidora. Está en la memoria de los que saben que en esas calles nació Mariano Matamoros, héroe insurgente, y que allí vivió Jaime Nunó mientras componía el himno de una nación que todavía no terminaba de nacer.

Por eso, más que un simple barrio de la capital, Peralvillo representa la evolución de una zona que ha permanecido durante siglos en los márgenes, pero nunca fuera de la historia de la ciudad.

Fuentes:

Nuestra historia. Peralvillo / Varios autores. Alcaldía Cuauhtémoc. 2021

Imágenes: 

Henryficar - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0

LA CRUZ DE LOS CASADOS DECONSTRUIDA

Al final del paseo principal del Parque de Gasset, en Ciudad Real, se erige un monumento que la tradición oral ha vinculado secularmente a una trágica y romántica leyenda medieval. El relato hunde sus raíces en los convulsos conflictos fronterizos e institucionales que enfrentaron, durante la Baja Edad Media, a la Corona —a través de Villa Real (actual Ciudad Real)— y a la Orden de Calatrava, cuyo bastión avanzado y foco de hostilidades era la vecina localidad de Miguelturra.

Según la crónica popular, en el contexto de estas cruentas escaramuzas, Alvar Gómez de Piedrabuena —defensor del Maestre calatravo— sufrió el saqueo de su hacienda y el asesinato de su progenitor. Este suceso enquistó un profundo odio interfamiliar que marcaría el destino de dos jóvenes amantes: Sancho, natural de Miguelturra, y Blanca, hija de Remondo, un influyente prohombre de Villa Real.

Ante la imposibilidad de un consenso familiar y el temor a un rapto que recrudeciera las hostilidades, fray Ambrosio, prior de los franciscanos de Ciudad Real, intervino como mediador. Al fracasar la vía diplomática, el religioso optó por desposar en secreto a la pareja en el paraje del Humilladero. Sin embargo, la huida fue frustrada por Remondo y su mesnada. En el altercado subsiguiente, el padre de Blanca, cegado por la ira, atravesó con su espada al fraile e infligió una herida mortal a su propia hija. Sancho, en un intento de venganza, cayó abatido por las lanzas de los perseguidores.

La tradición afirma que los cuerpos de los jóvenes amantes fueron sepultados en el mismo lugar de los hechos y que los vecinos de Villa Real erigieron una cruz conmemorativa sobre su túmulo, bautizándola como la «Cruz de los Casados».

Más allá del innegable valor antropológico de la leyenda, el análisis histórico y documental ofrece una realidad vinculada no al romanticismo, sino al aparato punitivo y jurisdiccional del Antiguo Régimen. La estructura original que dio pie al mito —una columna de fuste circular y capitel rematado por una cruz— responde a la tipología de un rollo jurisdiccional o picota.

Durante siglos, la ejecución de la pena de muerte y la posterior exhibición de los restos humanos formaron parte del engranaje disuasorio del ordenamiento jurídico. Si bien es de sobra conocido el centro de ajusticiamiento que la Santa Hermandad poseía en Peralvillo (Miguelturra), la historiografía —con autores como Villegas Díaz— constata la existencia de varios rollos y picotas en el tejido urbano y los accesos de Ciudad Real.

El rollo jurisdiccional era símbolo de autonomía jurídica y condición de villa frente a aldea y estaba compuesto por una columna cilíndrica rematada por esferas, granadas o motivos heráldicos.

La picota tenía un uso explícitamente punitivo y de castigo público e incorporaba argollas, grilletes y garfios para exponer miembros o cabezas.

En la práctica, ambos términos se utilizaron de manera intercambiable, ya que los rollos asumieron con frecuencia funciones punitivas. Existen testimonios documentales de ajusticiamientos en estos emplazamientos en Ciudad Real bien entrada la Edad Moderna, como la ejecución del bandido Pérez Ponce en 1686, o la de Andrés Merlo y María González en 1741, acusados de asesinar a la mujer del primero. Incluso a finales del siglo XIX, algunos testigos locales recordaban la presencia de despojos humanos expuestos en estos rollos.

El monumento que hoy nos ocupa se situaba originalmente a la salida de Ciudad Real, en el camino histórico hacia Alarcos y en las inmediaciones de la desaparecida Puerta de Alarcos.

El historiador Rafael Ramírez de Arellano ofreció una valiosa descripción técnica de su estado original antes de su deterioro decimonónico:

«Tenía sobre el restante fuste una especie de ménsula; sobre esta un prisma rectangular con las caras rehundidas a modo de hornacina y terminaba en una pirámide truncada y sobre ella una crucecita.»

Este prisma albergaba los garfios empleados para la exhibición post-mortem de los reos o  partes de sus cuerpos. Con la progresiva pérdida de sus funciones penales a partir del siglo XIX, y siguiendo una práctica común en la geografía española, el monumento sufrió un proceso de cristianización e hibridación patrimonial, reforzando la presencia de la cruz en su remate superior.

La fisonomía del monumento ha variado notablemente a lo largo del último siglo debido a sucesivas reconstrucciones:

1924: Tras sufrir un grave deterioro en su ubicación original del Paseo de Alarcos, el rollo fue reconstruido respetando el prisma rectangular y trasladado al interior del Parque de Gasset (inaugurado en 1915).

Remodelación del parque de Gasset en 1986: Se realiza una nueva réplica que simplifica el diseño, eliminando definitivamente el prisma rectangular donde se alojaban los antiguos garfios de ejecución.

2024-2025: Tras sufrir el expolio de la cruz, en 2025 el monumento fue restituido mediante una nueva réplica, presentando el aspecto que exhibe en la actualidad.

La denominación de la «Cruz de los Casados» constituye un excelente ejemplo de resignificación patrimonial. El pueblo de Ciudad Real, despojado ya del recuerdo terrorífico del cadalso y la justicia sumaria bajomedieval, transformó un antiguo y macabro rollo jurisdiccional en el escenario de una de sus leyendas más bellas y trágicas, inmortalizando la memoria de Sancho y Blanca allí donde un día se aplicó la ley de los hombres.

Fuentes:

Maldonado Felipe, Miguel Ángel: Rollos jurisdiccionales, horcas y picotas en la provincia de Ciudad Real. Ciudad Real: Diputación Provincial de Ciudad Real. 2022

Villegas Díaz, L. R.: Sobre el urbanismo de Ciudad Real en la Edad Media (datos y reflexiones). Ciudad Real. Ayuntamiento de Ciudad Real. 1984

Tres obras sobre Ciudad Real: Ciudad Real artística (1893), Paseo artístico por el Campo de Calatrava (1894), Memorias manchegas (1911) / Rafael Ramírez de Arellano. - Primera edición facsímil. - Ciudad Real: Servicio de Cultura, Diputación Provincial, 2016

Golderos Vicario, José: Ciudad Real: siete siglos a través de sus calles y plazas, 1245-1945. Ciudad Real: Ayuntamiento de Ciudad Real, 1998.


DESASTRES METEOROLÓGICOS EN MIGUELTURRA A FINALES DEL SIGLO XIX Y PRINCIPIOS DEL SIGLO XX

 

Los fenómenos meteorológicos adversos son una constante en nuestra actualidad, con eventos extremos cada vez más frecuentes e intensos que nos recuerdan nuestra vulnerabilidad ante la fuerza de la naturaleza. Inundaciones devastadoras, olas de calor asfixiantes y tormentas violentas nos azotan generando pérdidas humanas y materiales incalculables. Ante este panorama, es fácil pensar que nos enfrentamos a un desafío sin precedentes, una consecuencia directa del cambio climático global. Sin embargo, ¿es esta percepción completamente precisa? ¿O acaso nuestros antepasados también lidiaron con desafíos similares en un contexto diferente?

Con este artículo propongo dejar constancia de una serie de ejemplos de este tipo de fenómenos ocurridos en Miguelturra, la gran mayoría en época estival, y que fueron recogidos por la prensa a finales del siglo XIX y principios del XX describiendo la devastación que produjeron:

-          Temporal del mes de diciembre de 1860: “Continuamos recibiendo noticias de los estragos causados por el temporal. Las inundaciones son generales. Las aguas, que tienen a Madrid casi incomunicado con el resto de España, han causado grandes destrozos en las vías férreas. En Miguelturra, las inundaciones han sido terribles y ha habido que salvar a las familias en carros y caballerías. Afortunadamente no hay que lamentar desgracias personales. Se socorre con dinero a las familias pobres.” (La Época 28.12.1860)

-          Granizada del lunes 23 de mayo de 1864: “descargó sobre el pueblo de Miguelturra y su término una granizada tal, que en pocos momentos destruyó los sembrados y ocasionó grandes daños en los árboles. El ayuntamiento de aquel pueblo estaba formando el oportuno expediente para que a los labradores se les hiciera alguna gracia por el gobierno en sus cupos de contribución.” (El Contemporáneo 28.05.1864)

-          Pedrisco del 20 de agosto de 1884 en la zona del Campo de Calatrava: “Los viñedos y olivares que se habían librado de los estragos de la paga de langosta fueron completamente destruidos, en términos que las cepas quedaron limpias por completo de pámpanos. La piedra era tan gruesa, y caía en tal cantidad, que muchos vecinos de Ballesteros, el Villar y otros pueblos sufrieron contusiones de importancia al salir aterrorizados en sus casas en la creencia de que éstas se derrumbaban por efecto de la piedra y el viento. La cosecha de patatas, que en aquella comarca representa una riqueza de muchos millones, ha desaparecido por completo, parte destruida por la langosta, parte por una enfermedad de las plantas, que no se acierta a combatir, y el resto por la nube del día 20. Imposible es describir el pánico y abatimiento que se ha apoderado de los manchegos, en vista de la ruina completa en que los dejan las diversas calamidades que afluyen a aquella rica provincia. Los términos municipales donde el pedrisco ha causado daños de más importancia son Ballesteros, Miguelturra, Manzanares. Almagro, Pozuelo, La Cañada, Villar del Pozo, Poblete y el Corral. También han sufrido bastante Ciudad Real, Carrión. Torralba, Bolaños y Daimiel.” (El Áncora 28.08.1884)

-          Tormenta del 2 de agosto de 1885: “La tormenta que se dejó sentir en Ciudad Real el domingo anterior, causó grandes destrozos en muchos puntos de aquel término, pero principalmente en la Poblachuela, en donde la piedra arrasó casi por completo aquellas hermosas huertas. También sabemos que ha hecho grandes destrozos en El Campillo, La Barraca, La Celada, Las Casas, Sancho Rey, parte de Santa María y Las Navas de Miguelturra, calculándose las pérdidas en muchos mites de duros.” (La Correspondencia de España 04.08.1885)

-          Temporal de septiembre de 1902: “En Miguelturra se ha desprendido el fruto de los olivos, habiendo quedado enterrados centenares de fanegas de aceituna. En tal estado se encuentra este preciado fruto, que no se podrá utilizar ni para la fabricación de aceite industrial. Existe el propósito de convocar a los vecindarios de los pueblos que han experimentado perjuicios a una reunión magna para impetrar del Gobierno auxilios y la reparación de los daños que se han originado. (La Correspondencia de España 12.09.1902)

-          Tormenta del 22 de septiembre de 1908: “Ayer descargó en este término municipal una tormenta que destrozó en gran parte la cosecha de uva y aceituna. Los olivos se ven con el fruto en el suelo como si estuvieran vareados; las cepas en su mayor parte han quedado sin pámpano y la uva hecha polvo. Las huertas de patatas, unas destrozadas por la piedra y otras secándose por causa de la epidemia que aquí llaman arenilla.” (Crónica de Vinos y Cereales 23.09.1908)

-          Tormenta eléctrica del mes de junio de 1912: “Ha descargado una formidable tormenta acompañada de grandes truenos. Un rayo mató en el campo a una vecina de Miguelturra, Argimira Pardo, de 26 años de edad. La infeliz se hallaba buscando malvas para venderlas en la ciudad, con lo cual ganaba el sustento de su familia. Deja dos niños de corta edad. Un individuo, Higinio Arenal, que se hallaba con ella al caer la chispa eléctrica, sufrió síntomas de asfixia, pero pudo salvarse.” (El Pueblo 04.06.1911).

Conociendo los fenómenos actuales y los estragos que causan con todos los avances que poseemos, resulta espeluznante pensar qué pudieron suponer para las gentes que moraban nuestras tierras este tipo de fenómenos hace más de 100 años, teniendo en cuenta que afectaban directamente a su principal medio de subsistencia: la agricultura. Y todo ello en un marco en el que raro era el año en el que los cultivos no se veían afectados, además, por grandes sequías o terribles plagas como la de la langosta.

Fuente de la imagen:

Boletín del Instituto Central Meteorológico (08.09.1902)

“CONÓCEME, CARNAVAL DE MIGUELTURRA. 40 + 5 ANIVERSARIO DE LA ASOCIACIÓN DE PEÑAS” DE BERNA MARTÍNEZ

El pasado 6 de febrero tuve la oportunidad de presentar el libro “Conóceme, carnaval de Miguelturra. 40 + 5 aniversario de la Asociación de Peñas” de Berna Martínez enmarcado en la programación de las IV Jornadas Culturales del Carnaval de Miguelturra; libro que viene a enriquecer el patrimonio bibliográfico y documental tanto de Miguelturra como de su fiesta emblema, el carnaval. Antes de la presentación intervino el presidente de la Asociación de Peñas del carnaval de Miguelturra, Diego Rodríguez y, tras ella, el autor del libro, Berna Martínez

Presentación

Antes de que Berna nos hable, voy a hacer una breve semblanza de su persona y su obra.

A Berna la mayoría lo conocéis, hijo del entrañable y añorado Paz, el del quiosco y de Pilar, hermano de María del Prado, marido de Esther, la chica del Chaplin, y padre feliz y orgulloso de Fran y César, sus dos hijos. Informático de profesión, aficionado a la fotografía, amante del asociacionismo y del deporte, por ejemplo, de las carreras de fondo, donde compartimos afición en el club local Fondistas de Miguelturra, del que también es presidente Diego Rodríguez. 

Pero, sobre todo, es un apasionado y un entusiasta del carnaval, pero no de cualquier carnaval, del carnaval de Miguelturra, el de su pueblo, el pueblo que le vio nacer y donde ha vivido y vive. En este carnaval ha participado desde que tiene uso de razón, pasando por la Peña El Jamón, por la charanga El Bufón, por la Peña La Cabra y por la peña Máscaras Mayores, porque hace un año fue proclamado, junto a Esther máscaras mayores del 2025. De hecho, por unos días aún son las actuales máscaras mayores. También pertenece, en este sentido, a la Asociación Histórico Cultural carnavaldemiguelturra.es, y es el responsable y diseñador de la web oficial de la Asociación de Peñas del Carnaval de Miguelturra, web imprescindible para cualquier amante o curios que se quiera acercar a nuestro carnaval.

Berna siempre ha disfrutado y disfrutará del carnaval, pero me da en la nariz que siempre va a tener un cariño y un recuerdo muy especial a una peña, no clandestina, sino oficiosa, que durante más de 30 años compuso con sus amigos. Nada más y nada menos que la peña La Agüela, que a saber por qué motivos no ha tenido a bien mencionar en el libro.

Todos estos son datos conocidos de Berna, pero quizás lo que mucha gente no sabe es que Berna es un poco cabezón, algo testarudo, tozudo y hasta obcecado, vamos, que es un pelín terco y, cuando algo se le pone en la cabeza, pone todo el empeño del mundo en conseguirlo. Que se le pone hacer un maratón, pues lo hace, que se le pone hacer un libro, también lo hace, que considera que ese libro hay que actualizarlo, pues actualizado queda.

Y precisamente este último libro es el que hoy presentamos “Conóceme, carnaval de Miguelturra. 40 + 5 aniversario de la Asociación de Peñas”; libro que trae una gran novedad, pues va a tener dos formatos, el físico y el digital.


El otro día, en la previa de estas jornadas culturales celebrada en la BPE de Ciudad Real, entre las muchas cosas interesantes de las que hablamos, estaba el tema de la evolución del carnaval, en el sentido de respetar la esencia, pero al mismo tiempo ir adaptándose a los nuevos tiempos para evitar quedar estancado y pasar al olvido. Este es un ejemplo claro de ello.

Quizás alguien piense que no ha pasado mucho tiempo entre la publicación del libro original y esta ampliación, pero teniendo en cuenta la rapidez con la que circula el mundo y sus acontecimientos, que en apenas 5 años hay 30 páginas de novedades con respecto al libro original y el hecho del nuevo formato digital, seguro que llegamos a la conclusión que esa ampliación era necesaria.

El libro en sí es un recorrido por la historia del carnaval de Miguelturra desde tiempos inmemoriales hasta la actualidad. Pasando por las primeras noticias que se tienen de la fiesta; por los bailes en asociaciones, centros y casinos; por haberlo celebrado durante la dictadura a pesar de esta prohibido; por el paso del carnaval anárquico al institucional; por murales, pregoneros, reyes, carteles, concursos, jornadas culturales, embajadores, etc., etc. 

Por lo tanto, es un libro para recordar, pero también para conocer el presente de nuestro carnaval. Es un libro escrito con un lenguaje llano y entendible para llegar a todo el mundo por lo que resulta de fácil y amena lectura y que cuenta con una colección de imágenes espectacular (se nota su afición a la fotografía) en cuanto a la cantidad y a la calidad. En este sentido, recomiendo encarecidamente que, cuando tengan tiempo, se fijen en todas y cada una de las imágenes, en los rostros, en los detalles, en las ropas, en el espacio, en los lugares, en los edificios, en todo lo que rodea a cada escena. Seguro que hallan una forma de revisitar, de volver a vivir o incluso de vivir sin haber estado presente carnavales de tiempos pretéritos.

Por supuesto, también tiene un espacio muy especial para las peñas del carnaval de Miguelturra y en él, describe la historia de las que existen en la actualidad. También hay un listado para añorar aquellas peñas que existieron y ya no están y a las que quiero rendir un pequeño homenaje primero en forma de texto:

Eran peñas como esas Viejas Glorias que soñaban con el Siglo XXI; o esos Jóvenes Rebeldes, que tras estar abocados al Desastre lograban convertirse en Pioneros del Oeste que untaban de Betún sus botas mientras realizaban Artesanía Manchega sin hacerse ni Los Sopones ni Los Sofocaos. Las había también con componentes de mediana edad que lucían orgullosos y orgullosas en los desfiles de alta costura sus Chambras, Sombreros y Chisteras. Y, por último, otras fueron gran fuente de inspiración de numerosos poetas románticos para componer sus versos por sus sutiles y delicados nombres que sugerían belleza, encanto y elegancia; eran, como no, los Chotos Impotentes y los Calzoncillos Zurraspaos. 

Y luego en forma de coplilla:

En este Siglo XXI, Miguelturra es una locura,

ya no salen las Viejas Glorias luciendo su dentadura.

Lucían La Chambra de Artesanía Manchega con soltura.

Más tarde llegaban Los Jóvenes Rebeldes

Que iban disfrazados de Pioneros del Oeste

y se ponían El Betún de las botas en los mofletes.


Aquel desfile fue un desastre,

Los Sopones y los Sofocaos se confundieron de traje;

unos llevaban El Sombrero, los otros La Chistera,

¡parecían un entierro de la sardina de tercera!

"¡Apartad, Chotos Impotentes! El público les gritaba

¡que hoy no es miércoles de ceniza, sino domingo de piñata!".


¡Ay, qué risa en la calle, qué momento más salao!

Cuando el alhiguí estaba agachao,

se le rajó el pantalón y se vieron Los Calzoncillos Zurraspaos.


Para finalizar, e insistiendo con las coplillas carnavaleras le voy a dedicar unas a Berna, aunque al final me han salido un poco al estilo Gloria Fuertes. 

Para los entendidos se trata de unas estrofas de cuatro versos, de arte mayor, de métrica libre, con rima consonante y que siguen el esquema AABB.

Espero me perdone alguna vez, y que también lo hagáis todos vosotros y vosotras por tener que aguantarlas. ¡Ahí van!

En Miguelturra vive el Berna que es leyenda de la fiesta,

que lo mismo te corre un maratón que te da la siesta,

con su cámara al cuello retrata cada momento,

porque el Carnaval lo lleva muy grabado dentro.


Pero no se crean que el Berna es solo un hombre ilustrado,

que en el grupo de "La Agüela" ya lo hemos visto liado.

Cuentan que, a una presentadora, de esas de la televisión,

la invitaron a cerveza y a tapas de salchichón.


El Berna en el mes de febrero era un espíritu errante,

desaparecía de casa, ¡no hay quien lo viera delante!

Esther lo buscaba en Google, ponía avisos en la radio,

mientras él estaba de juerga, ¡ese era su único horario!


Solo asomaba la cabeza el domingo, muy formalito,

para llevar a sus hijos al carnaval infantil... ¡qué bonito!

Pero el resto de días, se volvía invisible,

desaparecía de casa, ¡su juerga era algo increíble!


Y para ir bien pintado, no se cortaba ni un poquito,

se presentaba disfrazado en el trabajo de su amorcito.

Esther, con mucha paciencia, le perfilaba hasta la ceja,

mientras él ya estaba pensando a quién darle "bromeja”.


Una noche de locura, de esas que el Berna disfruta,

se vistió de Conejita de Play Boy, ¡con una percha absoluta!

Iba el tío con orejas, con colita y con tacón, 

moviendo con mucha gracia su pequeño pompón.


Pero en un descuido grande, entre el tumulto y la gente,

alguien por la espalda le hizo un robo sorprendente.

¡No le quitaron el móvil, ni el dinero, ni la estola!

¡A nuestra Máscara Mayor... le mangaron la cola!


Se quedó el pobre Berna con el traje "capao",

buscando el rabo de conejo por todo el “descampao”.

"¡Que me han dejado sin cola!", gritaba con desconsuelo,

mientras los de "La Agüela" se partían por el suelo.


¡Ay, Berna, presenta ya el libro en este foro!

que entre carreras y "Agüelas" nos tienes a todos locos.

Eres Máscara Mayor, corredor y de la fotografía, artista,

¡pero, por favor, vigila tu cola, no la pierdas de vista!


Muchas gracias


EL JUEVES LARDERO


Texto completo de la conferencia con el mismo título celebrada el 7 de febrero de 2026 perteneciente a las IV Jornadas Culturales del Carnaval de Miguelturra.

El lema de estas IV Jornadas culturales del carnaval de Miguelturra del 2026 es: “Tradición, rito y sociedad. El carnaval como culminación del invierno festivo”. Por ello traigo hoy una tradición, un rito que marca el inicio de muchos carnavales en la provincia, en la región, en el resto del territorio nacional e incluso en muchos países de Europa; pero que, en nuestra localidad, Miguelturra, apenas es conocida. Se trata del Jueves Lardero, el último gran suspiro de alegría y abundancia comunitaria antes de que la fe llame al recogimiento y a la moderación.

Etimología

El nombre de la festividad es la clave de su significado:

La palabra "lardero" deriva del latín lardarius, que significa tocinero (lardum era tocino).

Forman parte de su familia semántica el sustantivo lardo (grasa o tocino) y el verbo lardear (untar en grasa).

Historia y Significado de la Fiesta

El Jueves Lardero (o Jueves Gordo) es una celebración popular de origen medieval ligada al calendario litúrgico cristiano y a los hábitos alimentarios de la Edad Media y que marca, tradicionalmente, el pistoletazo de salida a los festejos del Carnaval y la cuenta atrás para el inicio de la Cuaresma cristiana. Es una jornada de salida al campo, de alegría, convivencia y, sobre todo, una gloriosa despedida de la carne y la grasa antes del ayuno y la abstinencia.

La elección del jueves 

La Cuaresma simboliza los 40 días que Jesús ayunó en el desierto. En la Edad Media el ayuno de Cuaresma no empezaba el Miércoles de Ceniza como hoy, sino el viernes anterior. Esto se debe principalmente a cómo se contaban los días de ayuno y a la evolución del calendario litúrgico. La Iglesia Católica impuso un riguroso período de abstinencia y ayuno durante los cuarenta días de la Cuaresma, que comenzaban el Miércoles de Ceniza y terminaban en Pascua. Pero había un problema, los domingos nunca se consideraron días de ayuno, porque son días de celebración de la Resurrección. Si se empezaba a contar el Miércoles de Ceniza y se quitaban los domingos, no salían exactamente 40 días de ayuno. Entonces decidieron imponer el viernes como primer día de ayuno, siendo el jueves anterior el último día para poder disfrutar de los alimentos prohibidos durante la cuaresma. Posteriormente, la iglesia decidió que el ayuno comenzara el miércoles de ceniza.

El ayuno medieval

Consistía en hacer solo una comida al día. Al principio era al atardecer, coincidiendo con la puesta del sol, aunque a lo largo de los años se fue adelantando dejándola al mediodía.

Además, los productos prohibidos iban mucho más allá de la carne:

- Carne de todos los mamíferos y aves.

- Lácteos: la leche y todos sus derivados como el queso y la mantequilla. 

- Huevos: para que no se echaran a perder, los cocían y los pintaban para diferenciarlos de los frescos. Así nació la tradición de los Huevos de Pascua.

- Grasa animal: no se podía usar para cocinar.

- Alcoholes fuertes (si estaban permitidos el vino y la cerveza en cantidades moderadas).

- Banquetes: ni siquiera los veganos.

Consecuencias de la imposición del ayuno:

- Por un lado, obligaba a los fieles a consumir las reservas de productos cárnicos, especialmente aquellos ricos en grasa y que podían estropearse, antes de que el ayuno diese comienzo.

- Por otro lado, el Jueves Lardero se convirtió en la última oportunidad para celebrar un verdadero festín antes de un largo periodo de privaciones de la cuaresma.

La salida al campo

Antes del cristianismo, en Europa ya existían fiestas de origen pagano al final del invierno. Eran unas celebraciones que servían para despedir el frío, en las que se realizaban ritos para asegurar la fertilidad de los campos y en la que se celebraban banquetes comunitarios. El cristianismo no eliminó esas fiestas, las reinterpretó.

Inicio del Carnaval

El Jueves Lardero también sirve como el pistoletazo de salida oficial a las festividades de Carnaval en muchas localidades. Es el primer acto de desorden y alegría que precede a la Cuaresma.

La palabra Carnaval procede del latín carnem-velare, que significa "dejar la carne". Y se trataba de los de los días en los que se despedían de los placeres que luego iban a estar prohibidos en cuaresma. Cuando se trasladó el inicio del ayuno al miércoles de ceniza, en muchos lugares, se mantuvo el jueves lardero como primer día del carnaval.

El Jueves Lardero en la actualidad

El Jueves Lardero se mantiene vivo hoy en día como un hermoso ejemplo de cómo el calendario religioso se entrelazó con las necesidades de la vida rural y las ganas de fiesta de la gente. Es un recordatorio de que, antes de la abstinencia, siempre hay tiempo para un último y delicioso atracón en buena compañía. Aunque la celebración tiene el denominador común de salir al campo a consumir productos grasos, en cada lugar se ha festejado según su propia idiosincrasia variando la forma de celebrarlo y los productos que se consumen. Veamos los ejemplos más significativos

La celebración del Jueves Lardero en Europa:

La tradición de un "jueves gordo" antes de la Cuaresma no es exclusiva de España:

Polonia (Tłusty Czwartek): Se celebra comiendo pączki (rosquillas grandes rellenas de mermelada) y faworki (alas de ángel, muy similares a nuestras borrachuelas). Es un día centrado en el dulce y la grasa.

Italia (Giovedì grasso): se celebra especialmente en Venecia y forma parte de la semana gorda que precede al Miércoles de Ceniza, con platos ricos y grasos, fundamentalmente dulces como chiacchiere o castagnole.

Alemania (Weiberfastnacht): Se trata de una variante muy peculiar, ya que, aunque también abundan los dulces, fundamentalmente los krapfen o berliner; la palabra weiberfastnacht significa carnaval de mujeres y se trata de un día de carnaval y desorden, donde las mujeres toman el control simbólico de la ciudad y cortan las corbatas a los hombres compensándolos con un beso.

El jueves lardero en España

En casi todas las regiones, la costumbre más extendida es organizar una merienda campestre o un día de campo con amigos y familiares, donde los protagonistas gastronómicos varían según las regiones:

- Aragón: Longaniza o chorizo asado.

- Castilla y León: Hornazo (pan relleno de embutidos como chorizo y lomo), tortilla y chorizo.

- La Rioja: Bollos preñaos (pan relleno de chorizo), tortilla y culecas. Curiosamente, en esta región hay un pueblo que se llama lardero que también celebra el jueves lardero, actualmente con fines solidarios.

- Cataluña: Butifarra de huevo, coca de chicharrones y tortillas variadas. 

El Jueves Lardero en Castilla-La Mancha

Su esencia sigue siendo la de salir al campo o a un paraje natural con amigos y familiares para disfrutar de un festín de viandas ricas en grasa y proteína, despidiéndose así de ellas antes de la Cuaresma. En cada lugar se utilizan distintos productos gastronómicos:

- La mona, típica especialidad del jueves lardero en Albacete, es un bollo de masa esponjosa, a menudo endulzado con azúcar, que se decora con uno o más huevos duros enteros en su centro. En Albacete también existe el hornazo, un bollo de masa parecida al pan que se rellena o decora con ingredientes salados como chorizo, sardinas, pimientos, o panceta.

- El Hornazo es una especie de empanada o pan redondo que se cuece al horno con un relleno contundente de productos del cerdo. Los productos más comunes usados como relleno son el chorizo y el lomo de orza. Es típico de Cuenca y de lugares de la Mancha Oriental. En Albacete también existe el hornazo, un bollo de masa parecida al pan que se rellena o decora con ingredientes salados como chorizo, sardinas, pimientos, o panceta.

- Tortilla de Patatas con o sin chorizo. 

- Embutidos: Chorizo y lomo asados o simplemente en bocadillo.

-       El jueves lardero en la provincia de Ciudad Real:

-          Ciudad Real: en la capital apenas hay indicios de la celebración del jueves lardero, solamente de la segunda década del siglo XX cuando se celebraba esta fiesta en el Hospicio de Ciudad Real, un lugar que no solo acogía a niños y niñas huérfanos, sino que también tenía un espacio para personas mayores que no se podían valer por sí mismas o estaban solas, a modo de residencia de ancianos. Ese edificio se construyó en el terreno que ocupaba anteriormente el convento de los Franciscanos (uno de los nueve conventos que existían en Ciudad Real en el siglo XIX) y que actualmente ocupa la Residencia Santo Tomás de Villanueva en la popular, para miguelturreños y miguelturreñas, Plaza de san Francisco por ser donde está situada la parada final de la línea de autobuses Ciudad Real – Miguelturra.

Los dirigentes de la institución invitaban a una comida a diversas autoridades, personalidades de la época, que era amenizada por una banda de música. Con esa comida también eran agasajados los trabajadores y los internos del Hospicio. De ella hay testimonios gráficos en la revista Vida Manchega (06.02.1913 y 05.03.1919). Mi teoría es que esa celebración del jueves lardero es un hecho aislado en Ciudad Real motivado, seguramente, por la procedencia del director del centro de algún pueblo o ciudad donde si se celebraba esta fiesta.

-          Pedro Muñoz: se sale al campo a merendar y a pasar la tarde, es decir, lardear y comer la típica torta con huevo.

-          Socuéllamos: tradicionalmente es un día dedicado a la comida, en Socuéllamos es típico ir a merendar al campo, así como comer típicos dulces como la mona o el hornazo.

-          Villanueva de los Infantes: antiguamente se salía al campo para merendar tortas con chocolate, actualmente esta costumbre ha quedado para los escolares que lo celebran almorzando esas viandas.

-          Malagón: la tradición del jueves lardero es una de las más arraigadas y características del carnaval malagonero (junto a las banderas de ánimas). Marca el inicio del carnaval y es una jornada de campo y gastronomía (Lanza 07.02.1970). La jornada comienza con la gente paseando hasta la Plaza de los Moros (monte cercano a Malagón). Después, ya por la tarde, bajan al entorno del Molino y el depósito de agua donde degustan sardinas asadas y limoná que, actualmente, prepara el ayuntamiento.

-          Calzada de Calatrava: el jueves lardero se celebra en esta localidad de una forma especial y distinta a las del resto de municipios: con el manteo de peleles, tradición que proviene de tiempo inmemorial, que cuenta con gran raigambre popular y que consiste en la confección de unos muñecos de cartón y trapo que, generalmente, representan, de forma burlesca y satírica a personas y hechos de la actualidad de cada año a los que pretenden criticar o ridiculizar. Estos muñecos se exponen desde la mañana del jueves formando escenas en la calle y, ya por la tarde, se procede a su manteo por niños, jóvenes y mayores. Durante el manteo se cantan canciocillas típicas del día como la que dice: “Al pelele le gusta el vino, al pelele le gusta el pan, al pelele le gusta todo, menos ir a trabajar”.

-          Granátula de Calatrava: el jueves lardero es conocido como el día de los “Judas”, tradición que se pierde en el tiempo y, que al igual que en Calzada con los peleles, son muñecos realizados a mano con ropas viejas que representan personajes y hechos de la actualidad de forma burlesca y satírica y que sitúan en la calle formando escenas para ser visitados.

-          Miguelturra: La única referencia del jueves lardero en el carnaval de Miguelturra la hizo, en 1985, el cuarto pregonero de nuestro carnaval, el escritor y dramaturgo Lorenzo Píriz Carbonell, al emular en su pregón lo que recordaba del carnaval de su tierra, Cataluña.

De todas formas, si podemos observar ciertas similitudes en algunos aspectos de esta celebración con otros que se realizan en Miguelturra.

Podríamos hablar de las actuales comidas o sardinadas que hacen las peñas actualmente al haberlas “copiado” de otros lugares que las realizan el jueves lardero, aunque seguramente nada tengan que ver. Sí veo más similitud en otros aspectos de nuestro carnaval. Así, los faworki polacos y los chiachiere italianos son unos dulces semejantes a alguno de los que componen nuestra famosa fruta en sartén, en la que se utiliza materia grasa para su realización.

Por otro lado, en las celebraciones del manteo de peleles de Calzada y los Judas de Granátula se puede observar cierta similitud con los “Judas” y los “dómines” de Miguelturra.

Conclusión:

El jueves lardero es un ejemplo de cómo cada localidad o comunidad adapta las fiestas populares a su pasado, a sus tradiciones y a su entorno cultural, social y físico.


Fuentes:

-          El carnaval en La Mancha: Miguelturra y la provincia de Ciudad Real / Aula de Estudios de la U.P. de Miguelturra; [coordinador], Julián Plaza Sánchez; prólogo, José López Martínez. - Ciudad Real: Área de Cultura, Diputación Provincial, 1992. Biblioteca de autores y temas manchegos.

-          El carnaval en Europa / edición, selección, prólogo y notas de José Luis Sánchez. - Madrid: Miraguano, 2007

-          Página web del ayuntamiento de Malagón

-          Página web del ayuntamiento de Calzada de Calatrava

-          Página web del ayuntamiento de Pedro Muñoz

-      Cuadernos manchegos: “Los satíricos y reivindicativos Judas protagonizan este jueves el inicio del carnaval”. 08.02.2024

LA RESISTENCIA DE LA MÁSCARA CALLEJERA

Contenido de la charla con el mismo título realizada, con motivo de la charla debate previa a las IV Jornadas Culturales del Carnaval de Miguelturra, el 31 de enero de 2026 en el salón de actos de la Biblioteca Pública del Estado en Ciudad Real.

Antecedentes:

La Prohibición del carnaval ha sido un tema recurrente a lo largo de la historia española ya que su espíritu, que permite temporalmente la burla del poder y las convenciones sociales, ha chocado repetidamente con la Iglesia y las autoridades civiles, que lo veían como una amenaza al orden moral y público, así como al control de ambos. Entre los principales motivos de la prohibición están el considerar los carnavales como un peligro para el orden social y político (uso de la sátira, crítica al poder, inversión de roles, anonimato y descontrol) y una amenaza a la moral y religión (exceso, transgresión moral, libertinaje y pecado y paganismo)

Ya en el siglo IV hubo una presión eclesiástica reflejada desde los primeros concilios, como el de Laodicea y los Concilios de Toledo, en los que la Iglesia condenó y prohibió el Carnaval en estatutos sinodales a lo largo de toda España.

Carlos I impuso en 1523 severas penas para quienes fueran disfrazados de máscara en la vía pública durante el día (100 azotes o seis meses de destierro), doblando la pena si la celebración era de noche.

Felipe IV, sin embargo, fue una excepción ya que se mostró partidario de la fiesta y llegó a protegerla.

Felipe V volvió a ser contrario a la celebración y en 1716 elevó las penas contra los carnavaleros, que podían ir desde 30 días de cárcel hasta cuatro años de galera.

Carlos III, muy influido por la moda italiana, fue más tolerante y favoreció ciertas celebraciones, aunque las prohibiciones no cesaron completamente.

Fernando VII no consintió la celebración del Carnaval.

Con la llegada del liberalismo y la Constitución de Cádiz (1812), cesaron muchas de las prohibiciones. Se permitió el uso de máscaras bajo ciertas condiciones marcadas por las autoridades para velar por la "pública moralidad y decencia".

En 1832 se permitió el uso del antifaz en los carnavales.

A finales del Siglo XIX ya no se prohibía la fiesta en general, aunque se instaura la censura sobre el carnaval y ese control va a durar hasta 1931

En la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) por motivos de orden público, censura política y por el control nacional tras un periodo de crisis se prohibió parte del carnaval (se eliminaron los días festivos de carnaval). Sin embargo, ya en esta época encontramos una noticia en El Pueblo Manchego, el 24 de febrero de 1928, en la que se destaca la animación en Miguelturra en los días del carnaval y nos habla, por primera vez, de la calle Ancha como epicentro del mismo. Eso sí, las máscaras las califica como “de poco gusto y originalidad”, coletilla muy empleada en las publicaciones durante esos años.

La prohibición definitiva del carnaval llegó con la Dictadura Franquista (1937-1978) y fue el periodo de prohibición más estricto y duradero de la historia contemporánea de España. El régimen consideraba el carnaval como una fiesta paganizante y, por lo tanto, contraria a la estricta moral católica del nacionalcatolicismo y peligrosa, pues el anonimato de las máscaras permitía la crítica política y la subversión del orden público. El Carnaval se prohibía porque desafiaba al poder en sus tres formas fundamentales: el poder político (mediante la sátira), el poder religioso (mediante la transgresión moral) y el poder social (mediante la inversión jerárquica).

El 3 de febrero de 1937, en plena Guerra Civil el Boletín Oficial del Estado publicó una orden circular firmada por el Gobernador General en la que se suspendían las fiestas de Carnaval. La razón oficial era la situación bélica, pero tras la victoria franquista en 1939, la prohibición se mantuvo indefinidamente (reafirmada en 1940 por Serrano Suñer). La prohibición permaneció oficialmente hasta 1978 inclusive, año en el que aparece la última nota acerca de esta prohibición en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del 30/01/1978.

Pocos días antes de la celebración del carnaval, y prácticamente todos los años de la dictadura aparecía una nota en la que, desde el Gobierno Civil, se recordaba esta prohibición publicada en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real y reflejada en la prensa (diario Lanza). “Suspensión de fiestas y bailes de carnaval” rezaba un titular en la edición del 04/02/1948. Aunque en todas esas notas se especificaba que sí que estaban autorizados los bailes “que periódicamente se vienen celebrando en las distintas localidades”, siempre y cuando diera el visto bueno de forma expresa el propio Gobierno Civil.

Apoyando la prohibición abundaron en la época de la dictadura numerosos artículos en contra del carnaval, tratando de convencer de todo lo malo que este conllevaba. Son ejemplos el titulado Todo el año es carnaval (11/02/1948) de Miguel García de Mora, la editorial El carnaval (22/01/1953), Ni ñoños ni paganos (30/01/1959) de Carlos María San Martín, ¿Todavía hay carnaval? (31/01/1959) de C.C.G., El eterno carnaval de la vida (19/02/1966) de Carlos María San Martín. El Carnaval (2102/1969) de A.R.J., Carnaval (12/02/1975) de D.N. Ramírez Morales…

El caso de Ciudad Real

El antiguo Carnaval ciudadrealeño era un Carnaval sin organización institucional, muy similar al de Miguelturra, cuyo protagonista era la máscara callejera y que se celebraba en el recorrido de la calle Morería (por entonces, calle General Margallo y luego Juan II), donde estaba su epicentro, calle Postas y Plaza Mayor. Además, como actividad de cierto prestigio se realizaban los tradicionales bailes de carnaval en el antiguo Casino y en otros centros sociales. En 1919 se produjo un hecho crucial en el devenir del carnaval ciudadrealeño: el Ayuntamiento, cuyo alcalde era Cruz Prado, trasladó la celebración del Carnaval al Parque Gasset (El Pueblo Manchego 07.02.1919). Con este paso, el carnaval se institucionalizó y perdió el sabor popular. Además, desde el propio ayuntamiento se comenzó a prohibir las caretas y máscaras en las vías públicas (El Pueblo Manchego 03.02.1921)

Estos dos hechos hacen que el carnaval popular de máscara callejera desparezca de Ciudad Real, manteniéndose el de los desfiles y bailes de sociedad.

El caso de Miguelturra

Con el carnaval prohibido en toda España, existieron lugares donde su tradición no fue solo una celebración, sino un acto de rebeldía. Miguelturra es el escenario de una de las historias más singulares de la posguerra española.

La pregunta resuena a menudo entre historiadores y curiosos: ¿Es un mito o una realidad que este pueblo siguió celebrando el carnaval a pesar de la férrea prohibición de la dictadura de Franco?

La respuesta es rotunda: Es una realidad. Y no solo se celebró, sino que se convirtió en una seña de identidad inquebrantable que hoy le vale el título de Fiesta de Interés Turístico Nacional.

No obstante, la celebración durante la dictadura no era cómoda; era una carrera constante, una adrenalina compartida entre vecinos llevando a cabo un carnaval sin altercados, solo con desobediencia civil. La Guardia Civil y la Policía Municipal tenían órdenes de detener a cualquiera que fuera disfrazado. 

Problemática de las fuentes

De toda esta época no quedan muchos testimonios gráficos salvo fotos particulares (teniendo en cuenta que la mayoría de personas no se podían permitir el realizarlas) y el testimonio de nuestros antepasados se realizó a través de la transmisión oral.

¿Cómo logró un pueblo manchego burlar a la autoridad durante 40 años? 

La clave principal no estaba en grandes desfiles organizados, sino en la anarquía de la máscara callejera. Esta figura es el alma del carnaval churriego y su herramienta de supervivencia. A diferencia de los carnavales de plumas y lentejuelas, la máscara callejera se caracteriza por:

- Los trapos y los pingajos: Se utilizaba cualquier ropa vieja, colchas, cortinas o sábanas para cubrir el cuerpo. El objetivo no era la belleza, sino el anonimato absoluto.

- El rostro cubierto: Un trapo con dos agujeros para los ojos o caretas de cartón bastaban.

- La voz de falsete: Para evitar ser reconocidos por los vecinos o la autoridad, los participantes agudizaban la voz hasta hacerla irreconocible.

- El grito de guerra: La frase que resonaba (y resuena) en las calles no era un saludo, sino un desafío: "¡A que no me conoces!". Esta frase encierra la esencia de la fiesta: la burla, el juego y la victoria de la identidad oculta sobre el control social.

Otras claves fueron:

- Alcaldes, concejales y hasta algún que otro Gobernador Civil, se atrevieron a romper las prohibiciones que ellos mismos recordaban año tras año. Así, Amalio Segura, segundo Rey del Carnaval de Miguelturra, dejó escrito lo siguiente: “El 31 de enero de 1948 fue la última acta firmada por el alcalde Manuel Ramos. El primero de febrero de 1948 fue domingo de carnaval y el ocho domingo de Piñata. Sobre el nueve o el diez de febrero es Manuel Ramos destituido de alcalde, telegráficamente y de orden del Gobernador Civil de la Provincia por no querer respetar la orden de prohibición del Carnaval de Miguelturra”.

- La estructura urbana de Miguelturra que, con sus callejones y casas conectadas, jugaba a favor de los carnavaleros. Las máscaras salían, molestaban (la broma pesada es parte de la tradición) y, al ver el tricornio de la Guardia Civil, corrían a esconderse en casas vecinas que dejaban las puertas abiertas para dar refugio. A menudo, los propios agentes locales hacían la "vista gorda" porque, bajo la máscara, podía estar su hermano, su primo o su vecino. Las multas, cuando se imponían, a veces se pagaban de forma simbólica o colectiva.

- El carnaval estaba tan introducido en el acervo popular que reunía en Miguelturra a personas de todas las tendencias políticas y religiosas.

- Las mujeres fueron fundamentales en esta resistencia. Muchas veces eran las más atrevidas a la hora de increpar a la autoridad o de mantener viva la confección de disfraces con ropas viejas.

El hecho es que la celebración del carnaval en Miguelturra durante esos años de la dictadura fue algo aceptado y, con el paso del tiempo, adquirió total normalidad a pesar de la continua prohibición que sobre él se ejercía.

Las autoridades provinciales e incluso nacionales optaron por ignorarlo y por silenciarlo en lugar de perseguirlo.

El carnaval de Miguelturra fue silenciado en esa época por los medios de comunicación (todos bajo la censura del régimen). No obstante, hubo excepciones. Así, la primera noticia sobre el carnaval profano de Miguelturra en el aparece en el diario Lanza el 09/02/1951, en un breve artículo junto a la noticia del carnaval religioso en el que se da cuenta que los bailes en el Centro Obrero y en el Casino han resultado “desanimados”, debido al mal tiempo y a los cortes de luz. 

Pasaron bastantes años hasta la aparición de la siguiente noticia en ese diario sobre el carnaval de Miguelturra, de hecho, ya fue en los últimos años de la dictadura; en concreto en 1973, pero unos días antes, Miguelturra y su carnaval fueron mencionados en un diario de ámbito nacional, fue en Pueblo el 08/03/1973, en primera página y bajo el epígrafe de El Carnaval en la Mancha donde dice: “El Unicornio, el Cerdo, la Muerte, figuras de hoy y del ayer, mezcladas en colorido; máscaras goyescas, a la vez alegres y tremendas, corren estas fiestas del carnaval en numerosos pueblos de la Mancha: Villafranca de los Caballeros, Miguelturra, Malágón, Almadén”. 

A partir de aquí las noticias, aún sin abundar, ya fueron más frecuentes. Volviendo al diario Lanza, el 15/03/1973 y junto a dos fotografías del carnaval y la noticia de la construcción del que sería el complejo del “Jani” hay una noticia sobre las “fiestas tradicionales” (curiosa la forma de denominar a la fiesta para evitar la palabra carnaval) celebradas recientemente en Miguelturra “coincidentes con las suprimidas del carnaval”. En la noticia destaca que “habían estado animadísimas… concurridas por muchas personas de Ciudad Real y pueblos limítrofes; viéndose por las calles y plazas varias comparsas musicales, ataviadas con trajes mejicanos y, cómo no, también una carroza simulando el programa de televisión Un. dos, tres… Los bailes que se celebraron en el casino y círculo de Artesanos y Obreros, estuvieron concurridísimos, reinando alegría y buen humor… en resumen, han sido unos días de esparcimiento...”

El 01/03/1974 el diario Lanza publica: “Con gran brillantez y esplendor se celebraron las fiestas tradicionales”. En ella destaca que el domingo de carnaval apenas había lugar para el estacionamiento de los coches debido a la gran cantidad de personas que se desplazaron desde la capital y pueblos limítrofes. También habla de la gran animación y concurrencia a los bailes del casino y centro Obrero, así como hace un guiño al que, posteriormente, sería nuestro primer rey del carnaval, José Gornés, del que alaba su “euforia y alegre juventud derrochada… por las calles, casinos y bares, siendo un hombre incansable en este tipo de diversiones”

Unos días antes, el 22/02/1974 hay un artículo en el Lanza del escritor y poeta de Campo de Criptana, José González Lara, titulado “El carnaval y la foca” donde, de forma muy sutil, analiza y justifica el carnaval profano. José fue posteriormente el primer pregonero del carnaval de Miguelturra en 1982.

Conforme iban avanzando los años, comenzaron a aparecer ciertas insinuaciones en la prensa acerca de lo que todo el mundo sabía: en Miguelturra se celebraba el carnaval. En La Hoja del Lunes del 09/02/1970 podemos leer que los jóvenes de Ciudad Real durante los carnavales “se llegaron a otros pueblos donde las reuniones sociales están más animadas … ustedes nos entienden”. En la del 22/02/1971 leemos: “Con febrero ha llegado el carnaval, fiesta que, si en muchos lugares de por aquí ha quedado reducida a los bailes de sociedad, no falta tampoco alguno bien próximo, donde el consabido a que no me conoces es la coletilla para pasar un rato distraído y animado”. En la edición del 14/02/1972 aparece el siguiente texto: “Ayer fue domingo de carnaval. Aquí en Ciudad Real no se notó, pero si en los pueblos próximos donde los jóvenes salieron mañana y tarde para ver las máscaras y participar en los bailes” (aquí ya se reconoce abiertamente la existencia de máscaras). Ya el 17/02/1975, comenta: “Con motivo de la Piñata aún circularon no pocas máscaras por las calles de nuestros pueblos más carnavaleros y hasta algún mascarón, que hicieron pasar un buen rato a los nativos y visitantes que se desplazaron, con el aligüí del no me conoces. Y algunos se trajeron para la capital el cabello un tanto enmarañado y lleno de papelillos…”

Incluso en los primeros años del periodo de transición democrática las noticias sobre el carnaval de Miguelturra no son muy abundantes.

En la edición de marzo de 1976 de Veinte mil kilómetros cuadrados hay un artículo firmado por José González Lara, titulado “El carnaval sin diablo” en el que se nombra al carnaval de Miguelturra junto al de Herencia, manifestando que están “liberados de intención demoniaca”.

En La Hoja del Lunes del 01/03/1976 se incide en la masiva presencia de ciudadrealeños en el carnaval de Miguelturra. El 21/02/1977 menciona el mal tiempo en ese año que redujo la presencia de visitantes en Miguelturra “cuyos carnavales tienen fama por esta comarca”

En 1978, último año de prohibición “oficial” del carnaval y en el diario Lanza, se publicó el 04/02/1978 un artículo sobre el carnaval bajo el epígrafe de “El alma del carnaval” dedicado a José Gornés. En él, alababa su figura y su persona, mencionaba a dos de sus fieles acompañantes carnavaleros, Herminio Gornés y Félix Ramos, a la calle Paquito León (actual calle Carnaval) como epicentro de la fiesta, destacaba los bailes del Centro Obrero y que el carnaval churriego, tras algunos vaivenes “está llegando otra vez a la cumbre”.

En La Hoja del Lunes del 6 de febrero del mismo 1978, se rememora los antiguos carnavales reconociendo lo que todo el mundo sabía, que habían existido en Miguelturra durante la prohibición y, además, contaban con gran popularidad y participación: “Y aunque el carnaval estuvo prohibido, siguió perviviendo en las últimas décadas en algunos pueblos de la provincia. Bien cerca de la capital, en Miguelturra, se celebraba con gran animación callejera y luego por la noche en los bailes llamados de sociedad...”. Al año siguiente, en 1979, en la edición del 26 de febrero critica la falta de carnaval en Ciudad Real y el “exilio” de sus habitantes al carnaval churriego, reconociendo que “Miguelturra, como siempre, habrá visto sus calles paseadas por numerosos vecinos de la capital en busca de la broma de las máscaras, que allí nunca faltan”.

Conclusión: 

Los motivos por los que la prohibición fracasó tan estrepitosamente en Miguelturra mientras triunfaba en pueblos vecinos apuntan a: 

- arraigo identitario (el carnaval no era una fiesta más; era la fiesta y renunciar a ella era renunciar a ser churriego), 

- carácter transgresor (la máscara callejera es, por definición, incordiante y prohibirla solo aumentó el deseo de salir) 

- la cohesión social (fue una desobediencia civil colectiva; no eran unos pocos rebeldes, era el pueblo entero protegiendo su tradición).

Esta resistencia, esta lucha de la máscara callejera de sobrevivir en situaciones tan adversas contribuyó de manera especial a que la sociedad (pueblo de Miguelturra) convirtiera el carnaval en un rito, en una tradición; claves en la popularidad y el gran prestigio con el que esta fiesta cuenta en la actualidad, refrendada por su declaración como Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Fuentes:

- Carnaval de Miguelturra (página web oficial de la Asociación de Peñas del Carnaval de Miguelturra)

- Conóceme, Carnaval de Miguelturra: 40 aniversario Asociación de Peñas / Berna Martínez Romero. - Miguelturra [Ciudad Real]: Asociación Histórica-Cultural carnavaldemiguelturra.es, 2022

- El carnaval / [realizado por María del Castillo González Garrido]. - Miguelturra (Ciudad Real): Universidad Popular, D.L. 2001

- El carnaval en La Mancha: Miguelturra y la provincia de Ciudad Real / Aula de Estudios de la U.P. de Miguelturra; [coordinador], Julián Plaza Sánchez; prólogo, José López Martínez. - Ciudad Real: Área de Cultura, Diputación Provincial, 1992

- Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España

- Centro de Estudios de Castilla La Mancha



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