Al final del paseo principal del Parque de Gasset, en Ciudad Real, se erige un monumento que la tradición oral ha vinculado secularmente a una trágica y romántica leyenda medieval. El relato hunde sus raíces en los convulsos conflictos fronterizos e institucionales que enfrentaron, durante la Baja Edad Media, a la Corona —a través de Villa Real (actual Ciudad Real)— y a la Orden de Calatrava, cuyo bastión avanzado y foco de hostilidades era la vecina localidad de Miguelturra.
Según la crónica popular, en el contexto de estas cruentas escaramuzas, Alvar Gómez de Piedrabuena —defensor del Maestre calatravo— sufrió el saqueo de su hacienda y el asesinato de su progenitor. Este suceso enquistó un profundo odio interfamiliar que marcaría el destino de dos jóvenes amantes: Sancho, natural de Miguelturra, y Blanca, hija de Remondo, un influyente prohombre de Villa Real.
Ante la imposibilidad de un consenso familiar y el temor a un rapto que recrudeciera las hostilidades, fray Ambrosio, prior de los franciscanos de Ciudad Real, intervino como mediador. Al fracasar la vía diplomática, el religioso optó por desposar en secreto a la pareja en el paraje del Humilladero. Sin embargo, la huida fue frustrada por Remondo y su mesnada. En el altercado subsiguiente, el padre de Blanca, cegado por la ira, atravesó con su espada al fraile e infligió una herida mortal a su propia hija. Sancho, en un intento de venganza, cayó abatido por las lanzas de los perseguidores.
La tradición afirma que los cuerpos de los jóvenes amantes fueron sepultados en el mismo lugar de los hechos y que los vecinos de Villa Real erigieron una cruz conmemorativa sobre su túmulo, bautizándola como la «Cruz de los Casados».
Más allá del innegable valor antropológico de la leyenda, el análisis histórico y documental ofrece una realidad vinculada no al romanticismo, sino al aparato punitivo y jurisdiccional del Antiguo Régimen. La estructura original que dio pie al mito —una columna de fuste circular y capitel rematado por una cruz— responde a la tipología de un rollo jurisdiccional o picota.
Durante siglos, la ejecución de la pena de muerte y la posterior exhibición de los restos humanos formaron parte del engranaje disuasorio del ordenamiento jurídico. Si bien es de sobra conocido el centro de ajusticiamiento que la Santa Hermandad poseía en Peralvillo (Miguelturra), la historiografía —con autores como Villegas Díaz— constata la existencia de varios rollos y picotas en el tejido urbano y los accesos de Ciudad Real.
El rollo jurisdiccional era símbolo de autonomía jurídica y condición de villa frente a aldea y estaba compuesto por una columna cilíndrica rematada por esferas, granadas o motivos heráldicos.
La picota tenía un uso explícitamente punitivo y de castigo público e incorporaba argollas, grilletes y garfios para exponer miembros o cabezas.
En la práctica, ambos términos se utilizaron de manera intercambiable, ya que los rollos asumieron con frecuencia funciones punitivas. Existen testimonios documentales de ajusticiamientos en estos emplazamientos en Ciudad Real bien entrada la Edad Moderna, como la ejecución del bandido Pérez Ponce en 1686, o la de Andrés Merlo y María González en 1741, acusados de asesinar a la mujer del primero. Incluso a finales del siglo XIX, algunos testigos locales recordaban la presencia de despojos humanos expuestos en estos rollos.
El monumento que hoy nos ocupa se situaba originalmente a la salida de Ciudad Real, en el camino histórico hacia Alarcos y en las inmediaciones de la desaparecida Puerta de Alarcos.
El historiador Rafael Ramírez de Arellano ofreció una valiosa descripción técnica de su estado original antes de su deterioro decimonónico:
«Tenía sobre el restante fuste una especie de ménsula; sobre esta un prisma rectangular con las caras rehundidas a modo de hornacina y terminaba en una pirámide truncada y sobre ella una crucecita.»
Este prisma albergaba los garfios empleados para la exhibición post-mortem de los reos o partes de sus cuerpos. Con la progresiva pérdida de sus funciones penales a partir del siglo XIX, y siguiendo una práctica común en la geografía española, el monumento sufrió un proceso de cristianización e hibridación patrimonial, reforzando la presencia de la cruz en su remate superior.
La fisonomía del monumento ha variado notablemente a lo largo del último siglo debido a sucesivas reconstrucciones:
• 1924: Tras sufrir un grave deterioro en su ubicación original del Paseo de Alarcos, el rollo fue reconstruido respetando el prisma rectangular y trasladado al interior del Parque de Gasset (inaugurado en 1915).
• Remodelación del parque de Gasset en 1986: Se realiza una nueva réplica que simplifica el diseño, eliminando definitivamente el prisma rectangular donde se alojaban los antiguos garfios de ejecución.
• 2024-2025: Tras sufrir el expolio de la cruz, en 2025 el monumento fue restituido mediante una nueva réplica, presentando el aspecto que exhibe en la actualidad.
La denominación de la «Cruz de los Casados» constituye un excelente ejemplo de resignificación patrimonial. El pueblo de Ciudad Real, despojado ya del recuerdo terrorífico del cadalso y la justicia sumaria bajomedieval, transformó un antiguo y macabro rollo jurisdiccional en el escenario de una de sus leyendas más bellas y trágicas, inmortalizando la memoria de Sancho y Blanca allí donde un día se aplicó la ley de los hombres.
Fuentes:
Maldonado Felipe, Miguel Ángel: Rollos jurisdiccionales, horcas y picotas en la provincia de Ciudad Real. Ciudad Real: Diputación Provincial de Ciudad Real. 2022
Villegas Díaz, L. R.: Sobre el urbanismo de Ciudad Real en la Edad Media (datos y reflexiones). Ciudad Real. Ayuntamiento de Ciudad Real. 1984
Tres obras sobre Ciudad Real: Ciudad Real artística (1893), Paseo artístico por el Campo de Calatrava (1894), Memorias manchegas (1911) / Rafael Ramírez de Arellano. - Primera edición facsímil. - Ciudad Real: Servicio de Cultura, Diputación Provincial, 2016
Golderos Vicario, José: Ciudad Real: siete siglos a través de sus calles y plazas, 1245-1945. Ciudad Real: Ayuntamiento de Ciudad Real, 1998.